Rompiendo el hielo

Como primera participación en Amazings nada mejor que hablar de los rompehielos. Barcos reforzados capaces de abrirse camino utilizando algunos inteligentes trucos físicos donde la fuerza bruta sería incapaz.

Imagino que los primeros barcos que se encontraron con el hielo se limitarían a huir del mismo. Un bloque de hielo de gran tamaño tiene una enorme energía cinética y gran momento lineal aunque se desplace a baja velocidad. Suficiente para dañar o hundir cualquier frágil embarcación de madera. En esas condiciones, la idea de viajar hacia el hielo o, aún peor, abrirse camino, estaba descartada.

Hubo que esperar al siglo  XIX para que los viajes de exploración a los polos y la búsqueda del Paso de Noroeste impulsasen el desarrollo de nuevos diseños pensados para surcar esas aguas.  La base de partida fue la construcción de cascos reforzados y de gran resistencia que pudiesen soportar golpes ocasionales con pequeños trozos de hielo. Si además se utilizaban dobles cascos y compartimentos estancos se reducía bastante el riesgo de hundimiento. Sin embargo, esto no era suficiente para acercarse a la banquisa polar. Las misiones de exploración podían provocar que un buque quedase atrapado al cerrarse el hielo a su alrededor. En estas condiciones, un barco sufre brutales presiones laterales capaces de destrozar su casco como sucedió con famosos navíos como el Endurance. Incrementar la resistencia del casco era una solución limitada que también aumentaba el peso y coste. Claramente, se necesitan nuevos diseños para los nuevos problemas.

La primera idea brillante fue utilizar la propia fuerza del hielo para elevar los barcos y protegerlos.  Diseñando barcos casi sin quilla, con cascos redondeados y  laterales curvados era posible construir buques capaces de “flotar” sobre el hielo una vez que quedaban atrapados. A cambio, estos barcos eran muy incómodos en la navegación normal ya que la falta de quilla hacia que se balanceasen mucho. Los mareos eran inevitables.

Esquema de casco del FRAM: cubierta, estancias y sección

Avanzar en verano y esperar bloqueados en invierno.  Este fue el método utilizado por algunas misiones como la expedición Fram. El Fram llego a estar tres años bloqueado en el hielo, volviendo a flotar sin daños cuando alcanzó aguas más cálidas.

Sin embargo, la idea de abrirse paso por el hielo presentaba muchas ventajas y se seguía soñando con un barco capaz de hacerlo. El problema era como conseguirlo. Un casco afilado como una cuchilla no era una buena solución, ni siquiera con motores muy potentes. La experiencia demostró que el mejor método para romper el hielo era apoyarse sobre él. Para conseguirlo, la proa debía tener una pendiente de muy pocos grados. Cuando se encontraba con hielo que no podía atravesar, la propia inercia del barco lo subía encima del mismo.

A continuación, podéis ver un vídeo de un rompehielos en operación, primero rompiendo el hielo y finalmente atascándose encima cuando es incapaz de romperlo.

Una vez ahí, un rompehielos tiene unas cuantas herramientas para liberarse. La primera, aumentar el peso sobre el hielo llenando con agua marina unos tanques de lastre situados en su proa. Incluso es posible “balancearlo” lateralmente moviendo el agua de unos depósitos a otros. Algo así como saltar sobre el hielo intentando romperlo. Si esto no es suficiente, también es posible inyectar burbujas de aire bajo mismo. De esta forma, pierde parte de su flotabilidad y puede romperse. Y si todo falla, siempre puede utilizar sus motores para intentar retroceder. Al menos durante algunas décadas, la naturaleza seguirá desafiándonos con su hielo e intentando cerrar el Paso del Noroeste.



Por Ambrosio Liceaga
Publicado el ⌚ 18 julio, 2010
Categoría(s): ✓ Curiosidades • Historia