Selva, malaria, dinero

Los servicios ecosistémicos son algo esencial en nuestra vida. No los percibimos habitualmente, es cierto. Hasta que nos faltan o lo que nos dan se convierte en escaso. Es decir, hasta que hay que ponerles precio. De hecho, que un ecosistema (o algo que nos proporcione) tenga precio es una mala noticia. Significa que es escaso.

Hay una manera de averiguar qué nos suministra un ecosistema: quitándolo de en medio. No es una buena manera, pero es la que parecemos haber elegido.

Es el caso de la selva amazónica. Seguro que no tienes ni idea de si guarda alguna relación con tu vida, de si te proporciona algo. Ni yo. Ni la inmensa mayoría de la gente. ¡Pues nada, a quitarlo! A convertirlo en productos. De los cuáles sólo unos poquitos serán de primera necesidad. La mayoría, probablemente, serán perfectamente prescindibles.

Y mientras, a expandirse la malaria.

Incidencia de la Malaria

Sí, porque entre bosque amazónico y malaria existe una relación. Ya se había detectado en África. Ahora en Sudamérica. En concreto, en Brasil, haciendo un seguimiento de la tala y de la incidencia de malaria en más de 54 distritos de ese país. ¿El resultado? Pues que parece haber una correlación estrecha. Allí donde la tala fue más intensa la malaria aumento hasta en un 50% su incidencia.

Sí, es cierto. Te puedes estar preguntando si puede ser coincidencia. O si puede ser otra la causa de la malaria. Yo, después de ver que los resultados que se lograron en Kenya en 2008, creo que no, para nada. Creo que sí que existe la correlación. Porque a algunas fases del mosquito que transmite la enfermedad le va mejor con el aumento de temperaturas que experimentan los sitios deforestados. O con el aumento de encharcamiento que experimenta un lugar que ha perdido mucha de su biomasa vegetal.

¿Qué precio le ponemos a la malaria que sufre toda esta gente? ¿El precio de los productos fabricados con la madera obtenida de la tala? No olvides la relación, de retroalimentación positiva, que existe entre salud y riqueza!

No, no… Definitivamente los árboles no dan dinero, no. SON el dinero. Allí, plantados, en su sitio. Creciendo. Prestando servicios ecosistémicos. Sin gastar en su mantenimiento. Ya se apañan ellos.

Cuando acabé mi carrera de Biología, especialidad botánica, no sospechaba que iba a hacer cosas como: docente acompañante de alumnado, autor de un blog científico y educativo, “Community manager” de la Educación Semipresencial para Adultos en la Consejería de Educación en Andalucía durante su primer año de andadura, profe participante en EABE, formador de formadores del CEP de Almería o Educación Permanente de Andalucía.



Por Jose Luis Castillo
Publicado el ⌚ 20 julio, 2010
Categoría(s): ✓ Divulgación • Ecología