La verdadera divulgación… ¿aún lejos?

Un científico o científica tiene incentivos para desarrollar su carrera. Lograr proyectos de investigación, formar jóvenes investigadores, lograr financiación, conseguir admisión de patentes… Y, por supuesto, publicar. Nada es ciencia hasta que no esté publicado. Y no en cualquier sitio, sino en revistas al efecto, no dirigidas a la población general sino a aquellos que trabajan en el mismo campo. Revistas con un filtro previo; en las que otros científicos leen, corrigen, juzgan y finalmente admiten el trabajo de sus compañeros y compañeras de profesión (lo que se llama revisión por pares o peer-review).

Gracias a todo ello crea el científico su currículum.

Viñeta | Clay Bennet

¿Ves en esos méritos algo relacionado con comunicar sus investigaciones a la población? No hay nada. No reciben ningún mérito por divulgar a la población general. A pesar de que no es fácil traducir una investigación a lenguaje asequible, hacerla llegar a través de un medio adecuado, convertirlo en un hábito… Además, muchos investigadores no creen que sea necesario, o ni siquiera se han planteado la necesidad de hacerlo, o directamente piensan que no es posible.

Descuidar la faceta divulgadora en la ciencia, no premiarla convenientemente, puede tener graves efectos. Como ilustra el caso del “Climategate“, en el que quedaron expuestos archivos y mails cruzados entre investigadores que participaban en un estudio sobre el cambio climático. Su trabajo no fue escrupuloso y existía el miedo de que la opinión pública perdiera confianza en que esta cuestión esté científicamente zanjada, y bien zanjada (a pesar de que no es así para grupos de presión empresariales, que actúan a través de medios de comunicación y personajes públicos capaces de perseguir intereses espurios). Fue un caso en el que un equipo investigador, actuando mal, deja en entredicho, ante cientos de millones de personas, tanto miles y miles de horas de buen trabajo de muchos otros como lo sólida que es la evidencia acerca del cambio climático.

Una oportunidad para los que pretenden engañar a la población en beneficio propio, que da alas a los escépticos climáticos y permite rediscutir algo que está científicamente zanjado.

Y eso ocurre porque las encuestas dejan claras dos tendencias muy profundas, y contradictorias, en la opinión pública.

  • Por un lado, la gente confía en los científicos. P.ej., cree firmemente en el cambio climático de origen antrópico y quiere que las administraciones hagan algo al respecto.
  • Pero por otro, evalúan información procedente de muchas fuentes, la mayoría no científicas. Y las evalúan como si fueran equivalentes. Normalmente en función de intereses personales y creencias previas (como, p.ej. fiabilidad que concedan a la fuente no científica por otras cuestiones).

Si ambas tendencias coexisten, si la población no da primacía aún a las fuentes científicas, es que aún queda mucho por hacer. Y aún está en riesgo mucho de lo que la ciencia cuenta.

Ya se han dado pasos, pese a todo. Los científicos asumen que han de suministrar información a la administración y a los políticos que están al frente. Y que sea clara, fiable, relevante, útil y a tiempo. Todo ello ya sí es un mérito investigador que puede uno incluir en su currículum.

Pero esa línea tropieza con un problema. Sin dejar de ser clara, fiable, relevante, útil y a tiempo, esa información debe incluir lo que más odia un gestor: las incertidumbres inherentes a la ciencia. Y ante tales incertidumbres, un gestor atenderá aquello que más le preocupa: la opinión pública. Esa misma que está desatendida. Obviamente, generar información sólo para gestores y políticos es algo incompleto, algo que aún requiere más.

Requiere aumentar la confianza de la población en las fuentes de información científica, que consultarlas se convierta en algo habitual, estar capacitada para hacerlo.

Y eso precisa rediseñar los méritos que un científico pueda adquirir, de modo  que sea normal pensar cómo contar a la gente (claro, breve, sencillo) lo escrito en artículo para una revista.

27 Comentarios

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CarlosCarlos

Yo creo que el problema de fondo es que al “pueblo llano” no le interesa los avances científicos, aunque sean auténticos hitos para la ciencia. La población “media” se interesa por la prensa del corazón, el fútbol, la política (a un nivel plagado de tópicos y opiniones precreadas), y demás temas “mundanos”.

Sin ir más lejos, tengo un par de amigas que afirmaban categóricamente que la construcción del LHC (después, lógicamente, de que les explicase qué era) era un gasto innecesario de dinero, y que ese dinero “deberían habérselo dado a los negritos en África”. Imposible era hacerles entrar en razón, explicándoles la importancia de los experimentos que se van a llevar a cabo en él, y que pueden cambiar radicalmente la concepción de la física que se tiene hoy en día.

Eso sí, ven “lógico” que el estado se gaste 25 millones en la visita de un líder religioso, 30 millones anuales para mantener la monarquía o los miles de millones que ha valido el mundial de África.

Hablo de dos muchachas que llevan una pulserita Power Balance y son muy, muy beatas… para que tengáis más información.

Intenté razonar con ellas… de verdad que lo intenté. Pero al final llegué a esa conclusión: a la gente “normal” (entiéndase por normal a la inmensa mayoría de la población) no le interesa la ciencia, los avances tecnológicos, la política per se (sí los políticos), los verdaderos problemas mundiales…. en definitiva: no sienten esa curiosidad que todos los que tenemos mente científica compartimos.

Por tanto, me parece algo inviable que la ciencia sea algo de divulgación general. Sólo los que nos interesamos por ella somos los que intentamos acceder a la información, a través de medios directos (como las propias revistas) o, cuando el tema nos interesa pero no tenemos conocimientos amplios, a través de los blogs que tratan sobre el tema que ya realizan ese fabuloso trabajo de digerir ese montón de datos para formar una opinión lo más objetiva posible.

Pan y circo, señores. Eso quiere el pueblo.

Sergio L. Palacios

Efectivamente, la investigación está premiada, incentivada mediante la publicación de resultados en revistas que se caracterizan por su factor de impacto. A mayor factor de impacto, mayor prestigio para la publicación y para sus autores. Si, además, el investigador trabaja en la universidad entonces puede acceder con esos méritos a los consabidos “sexenios” o tramos de investigación que se conceden por períodos de seis años permitiéndole incrementar (eso sí, de forma bastante modesta) sus ingresos. Ahora bien, cuando uno pretende divulgar esos mismos resultados de investigación y publicarlos en revistas especializadas en divulgación, la cosa cambia. Dichas revistas no suelen tener factor de impacto y, cuando lo tienen, es bajísimo, muy lejos del de las revistas de investigación. Esto hace que no cuenten prácticamente para nada a la hora de “hacer méritos” del que firma el trabajo. Si no hay méritos, el interés se pierde y solamente unos pocos científicos deciden tomar el camino de la divulgación, de la comunicación de sus resultados a gente no especialista en su mismo campo. Y entonces el tema se convierte en la pescadilla que se muerde la cola, pues al no publicar, tus colegas no citan tus trabajos y al no citar tus trabajos la revista pierde factor de impacto y así, volvemos al principio.

Yo creo que si en la universidad, por ejemplo, que es donde yo trabajo, se crearan unos “sexenios” de divulgación (o similar) la cosa podría tender a invertir la tendencia. Al poder hacer méritos y que éstos sean remunerados equivalentemente a los méritos de investigación, los científicos podrían decidirse a descender de su poltrona hasta el nivel de la sociedad que, al fin y al cabo, es la que paga nuestros trabajos y tiene derecho a exigir que les comuniquemos debidamente los resultados obtenidos.

José L. Castillo

¡Hola Sergio!

Personalmente estoy MUY de acuerdo en el planteamiento que haces de sexenios de divulgación. Aún sabiendo que el beneficio total logrado en forma de sueldo o currículum pueda ser reducido. Por cuatro razones.

1) Sería un reconocimiento de que la mayor parte de los avances en el conocimiento de la naturaleza se producen al combinar descubrimientos, no al hacerlos. Y la divulgación potencia esta línea.

2) Se haría un esfuerzo presupuestario, lo cual significaría, a los ojos de la gente, que es un aspecto relevante.

3) De rebote, se daría oportunidad a la gente para que defendiera sus proyectos de investigación más allá de las ocurrencias de los gestores del momento, potenciando unas líneas u otras en función de modas, mercados, lobbys, etc., y acercaría la ciencia a un enfoque más democrático.

4) Y también de rebote, esa misma divulgación sería inmediatamente útil para segmentos de la población que pudieran ser usuarios de la misma en un contexto concreto para una finalidad concreta. Sin hacer más, sin gastar más.

¡Gracias por la aportación!

drameydramey

Estando de acuerdo con vosotros no lo veo tan claro. El proceso de divulgar al final resta tiempo al de investigación propiamente dicho, y eso puede llevar a una bajada en la producción científica. Entonces exagerando mucho llegamos a la pregunta ¿Prefieres que los científicos te cuenten lo que han hecho o que hagan cosas nuevas?
De acuerdo que la divulgación es 100 % necesaria, pero no veo claro el camino para hacerla.

Offler

Esta claro, la solución es que divulgar de pasta :-)

El problema es que la ciencia no levanta pasiones y grandes audiencias entre el público general. Hay fantásticos documentales de astronomía muy bien explicados y que nos fascinan a los que ya somos aficionados, pero no tendrán nunca un 15% de audiencia ni emitiéndose fuera de prime time.

Hawking (http://es.wikipedia.org/wiki/Historia_del_tiempo) vendió 9 millones de libros en todo el mundo en 4 años y es un gran éxito editorial. Si CSI tuviera 9 millones de audiencia en todo el mundo en un capítulo (ya no digo 4 años) sería un fracaso.

No todo el mundo es Hawking, y los científicos son humanos y prefieren dedicar el tiempo a algo que les de de vivir. Y afortunadamente vivimos en la época de internet en la que pueden publicar algo divulgativo en blogs, y por otra parte sobretodo en USA muchos proyectos (por ejemplo el posible viaje a Marte) dependen en última instancia de conseguir apoyo político que se basa en votos. Si no fuera así la divulgación quizás se limitaría a un Carl Sagan cada 30 años.

Bueno, quizás exagero un poco, pero la base es esa : El día que divulgar de dinero cambiarán las cosas, y mientras siempre nos quedarán los blogs :-p

louis87louis87

Solamente destacar la labor de la revista eclipse en relación con el post

SchyzSchyz

Dos cosas:
– No TODOS los científicos apoyan una de las posturas, entre las dos posturas hay muchos matices.
– Hay algo mucho peor que los intereses de las empresas: los intereses de los gobiernos. El Climategate duele porque ha puesto de relieve imparcialidad en la ICCP.

No podemos olvidar quién paga esos estudios y cuánto está deseando extender sus garras sobre el ciudadano con nuevos impuestos, mayor control sobre la industria energética y subvenciones para molinillos parados y placas solares que funcionan por la noche… con diesel.

Recuerdo estudios muy científicos que demostraban el impacto del videojuego en los niños (pagados por jugueteras), los peligros de internet y la adicción que crea (pagados por medios de comunicación tradicionales), o las bondades del vino tinto y el jamón serrano para el corazón (pagados por quién ya suponéis).

El científico también tiene que abordar cuál es el impacto del hombre (en comparación, por ejemplo, con la naturaleza), cuales son las posibles soluciones, cuales son las consecuencias de esas soluciones, y trabajar junto con expertos en ciencias sociales y económicas, además de someter sus estudios a debate en lugar de abordar su tesis como verdad única y dogmática al estilo de Marx, “quién no piense como yo es un burgués capitalista”.

Estos científicos enemigos del CO2 son los que consumen millones de galones de diesel en la estación de McMurdo en la Antártida (desde el cierre de su “malvada” central nuclear en el 72) y dependen de los medios del ejército estadounidense para sobrevivir.

SchyzSchyz

No puedo editar, donde pone “imparcialidad” quiero decir “parcialidad”.

pupspups

La divulgación es imposible. La solución es la enseñanza básica de la ciencia en las escuelas. Debería ser lo más importante en el sistema educativo. La ciencia no puede competir con el futbol o con otros shows de la tele, ahi no hay nada que hacer.

José L. Castillo

¡Hola Pups!

No estoy de acuerdo en los presupuestos que usas. La ciencia no puede competir en el terreno del ocio, aunque tenga su hueco. Pero es que hay más, muchos más terrenos en el que la divulgación es precisa. De hcho, el ocio es el menor de los segmentos.

Un usuario concreto, en contextos concretos, hará uso de la ciencia. Se convertirá en usuario de ella. Y la aplicará, p.ej., a entornos laborales, o sociales, o familiares. No sólo de ocio. Y estará interesado por información concreta, no por información general, claro.

Y podrá convertir ese uso de información en eficacia, productividad, riqueza, bienestar, etc.

Lo único que realmente se necesita es un buen sistema de producción informativa y un buen sistema de búsqueda. Educar a la gente en general, no tanto en ciencia general (que también), sino en búsqueda de ciencia relevante.

¡Un saludo!

Angel

Se han dado varias ideas en el post y en los comentarios. Os comento alguna más haciendo un poco de abogado del diablo.
La divulgación es cosa de dos: el emisor y el receptor. No vale de nada divulgar, explicar tu trabajo en términos más generalistas que en un artículo científico, si luego no hay un interés en una parte sustancial de la sociedad por leerlo. Este punto es bastante obvio pero debe realzarse para combatir la idea de que a más divulgación, más interés general. Al día de hoy hay material de divulgación suficiente y de suficiente calidad entre revistas, libros y blogs como para satisfacer las necesidades del público interesado. ¿Hace falta más? Tal vez pero dudo que redunde en más lectores.

La divulgacion científica no tiene la misma dinámica que la ciencia lo cual puede contribuir a explicar el divorcio entre ambas. La divulgación es mediática por esencia y funciona más con un diseño de espectáculo donde debe captarse y mantenerse la atención de un cliente que puede dejarnos por otro programa. Ahí los científicos no está en su medio natural y funcionan mejor los “divos” con gancho (Sagan, Attenborough, Cousteau, Rodríguez de la Fuente, Asimov, Gardner…). La intersección de los conjuntos “ser científico”, “saber explicar a nivel de calle” y “tener gancho” es muy pequeña.

No creo que crear sexenios por divulgar que comenta Sergio fueran una idea con buenos resultados. Por un lado habría que evaluar esa divulgación (no deberían darse gallifantes a los malos trabajos) y la revisión por pares en este terreno no existe. Por otro, no conozco a nadie que sea investigador de verdad que haga su trabajo por los sexenios (130 euros al mes con promoción cada 6 años). Todos lo hacen porque les gusta. Con la divulgación pasa lo mismo: tiene que gustarte, tienes que tener algo de vocación para dedicarte, aunque sea parcialmente, a ello. Si alguien se pone a escribir sólo por que le pagan algo más será fácil que su trabajo carezca del entusiamo necesario para ser bueno en este terreno tan delicado.

Alguna cosa más: Sergio, disiento amable pero profundamente de la frase “los científicos podrían decidirse a descender de su poltrona hasta el nivel de la sociedad que, al fin y al cabo, es la que paga nuestros trabajos y tiene derecho a exigir que les comuniquemos debidamente los resultados obtenidos”.
Por un lado no sé de qué “poltrona” hablas, un científico serio (hablamos de ellos, supongo) trabaja muchas horas y en situaciones no necesariamente cómodas. Por otro lado sabes que a los que nos dedicamos a eso de investigar en la universidad tenemos que hacer docencia, investigación y gestión (me he pasado julio redactando proyectos para conseguir dinero y solucionando problemas administrativos). Creo que decir que tenemos una obligación ética de añadir una tarea más no es razonable. Tal vez la solución fuera que las universidades tuvieran un servicio de divulgación con personal especializado pero no meternos en un jaleo nuevo porque el día tiene 24 horas solamente.
Finalmente, la frase ““[la sociedad] tiene derecho a exigir que les comuniquemos debidamente los resultados obtenidos” parece correcta pero tiene bastantes trampas detrás. Primero da a entender que los científicos estamos fuera de la sociedad cuando somos una parte más de la misma que hace su trabajo. Segundo, por suerte o por desgracia, “la sociedad” no está pidiendo nada de eso sino más bien pan y circo. De hecho ” la sociedad” es como “los mercados”, algo que todo el mundo usa para justificar hechos, conductas o demandas como su tuviera una voluntad y comportamiento unitario y claro.
Tercero, nuestra función esencial es hacer avanzar a la ciencia y eso es una labor diferente de la comunicación divulgativa. Es bueno hacerla pero no es para lo que estamos en la universidad ni para lo que nos hemos preparado.
Y cuarto (ya me callo, vale), una pregunta: suponiendo que con cada artículo financiado con dinero público hiciéramos uno de divulgación (es una idea que lanzo) ¿cuánta gente del resto de la sociedad estaría dispuesta a invertir parte de su tiempo en leerlos?
Y después de este rollo os comentaré que no estoy nada seguro de tener razón en nada de lo que he dicho y que, por supuesto, seguiré publicando divulgación en mi blog por la simple razón de que me gusta. Como hacemos todos aquí. Saludos a todos y buen tema para el debate.

Sergio L. Palacios

Vaya, parece que he levantado polvareda. Como casi siempre.

La verdad, Ángel, es que no puedo estar más en desacuerdo contigo. Y lo que deduzco de todo lo que acabas de decir es que ahora entiendo aún más por qué los científicos son reacios a la divulgación. Porque seguramente piensan como tú y no como yo. Me parece que te das por vencido antes de siquiera batallar un poco.

Me importa muy poco que la gente quiera pan y circo. Cuando vas al supermercado y ves que hay una gran variedad de productos y la calidad media sube, compras más y consumes más. Cuando hay poco y malo comes poco y mal.

Cuando hablas de divulgación como algo mediático te estás refiriendo a la gran divulgación y yo creo que hay otra divulgación más humilde. No hace falta salir en los medios para hacer buena divulgación. Pasa lo mismo con la investigación. No todos los que investigamos lo hacemos en temas punteros como el cambio climático o en el LHC. Todo somos necesarios. ¿Qué hubiera sido de las leyes de Kepler sin las cuidadosas medidas de Tycho Brahe? ¿Le hubieran dado el premio Nobel a Anthony Hewish por explicar el funcionamiento de los púlsares si Jocelyn Bell no hubiera hecho el trabajo sucio de rastrear el cielo palmo a palmo con su radiotelescopio?

Mi propuesta de los sexenios es solamente una sugerencia inicial, una idea lanzada al aire, pero se podría tomar como punto de partida. Claro que te pagan muy poco por un sexenio, pero es que esos mismos sexenios de investigación son méritos que te sirven después para presentarte a una oposición a cátedra. Tú lo sabes. Además, yo nunca he dicho que no se arbitraran esos méritos, esos sexenios de divulgación. Hay sexenios de investigación que no se conceden porque no superan un cierto umbral de calidad y por eso no dejan de existir. ¿Por qué no va a incentivar el dinero y los méritos a que la gente se anime a divulgar más? Ya lo sé que se hace por vocación y por gusto, pero la investigación también y, sin embargo, se remunera y se reconoce. La divulgación no.

Me despistas sinceramente al decir que no sabes de qué poltrona hablo. Debes de trabajar en la universidad del país de la felicidad o puede que yo esté en la del país de la tristeza. Conozco mucha gente que considera la divulgación algo de “segundo nivel” y que hacerla es rebajarse. De esa poltrona es de la que hablo.

Y, por supuesto, sigo en mis trece en que la sociedad tiene derecho a exigir conocer qué es lo que se hace con su dinero. No es que los científicos estemos fuera de la sociedad (aunque a veces lo parece) pero si yo formo parte de la sociedad (tal y como dices) estoy en mi derecho de exigir saber qué es lo que tú, como biólogo, has hecho con el dinero de mis impuestos. Yo soy físico y para nada especialista en biología. Por eso exijo divulgación, para poder entender lo que hace un biólogo como tú, un médico, un químico o un geólogo.

Pitágoras decía: “Enseñad a los niños y no será necesario castigar a los hombres”. Hay que educar a la gente, desde la edad escolar. ¿Por qué la gente que estudia una carrera científica solamente aprende a investigar, por qué no se les enseña a divulgar también? Si desde pequeñitos nos enseñan a interesarnos por la ciencia, cuando seamos mayores quizá estemos menos preocupados por pedir “pan y circo” y nos mostremos más interesados por probar “jamón de bellota y libros”.

Un saludo.

josepjosep

Creo que hay muchas formas de divulgar, el problema es encontrar la ideal para una sociedad acostumbrada a mensajes cortos, claros y concisos, prácticamente en blanco y negro, y si empiezas a matizar aburres.

Diría que todos los que tenemos cierto interés por la ciencia, no es por que hayamos nacido así, si no porque en algún momento de nuestra vida algo o alguien nos ha hecho despertar la curiosidad, el interés por saber cómo funciona el mundo que nos rodea. Y si ha sido así, normalmente es por que ese alguien o algo nos ha hecho disfrutar, divertirnos o emocionarnos. La solución, por lo tanto, no debería venir exclusivamente de los científicos, si no de la innovación y la colaboración entre científicos, creativos, guionistas, … Y empezar a considerar la posibilidad de ver la investigación des de la óptica del entretenimiento, no del adoctrinamiento.

Angel

Sergio, salgo de viaje ahora mismo por lo que no puedo hacer una réplica sosegada. Lo esencial es que aunque parece que estamos lejos en las opiniones los dos nos dedicamos a divulgar a través de los blogs con lo que tampoco debe ser tan grave la cosa.
Unos apuntes rápidos con el riesgo de generalizar:
>entiendo aún más por qué los científicos son reacios a la divulgación.
Los científicos (insisto en que hablamos de los buenos) no son generalmente reacios a divulgar, simplemente no tienen tiempo.
>Cuando vas al supermercado …
Ya hay una gran variedad de productos de divulgación gracias a los blogs: hay cientos en todos los idiomas y unas decenas son excepcionales.
>¿Qué hubiera sido de las leyes de Kepler sin las cuidadosas medidas de Tycho Brahe?
¿Qué tiene que ver? Todos los ejemplos que pones son de ciencia, no divulgación, NO existe esa dinámica en divulgación.
>Debes de trabajar en la universidad del país de la felicidad…
Trabajo con gente que trabaja mucho y desconocen eso de la “poltrona”.
Venga, saludos y hasta el lunes, si esta discusión sigue viva ya comentaré algo más.

ManuelManuel

Estoy de acuerdo con la mayoría de lo que decís. En el laboratorio no tenemos tiempo para la divulgación si queremos mantener un vida familiar aceptable (y eso los que se pueden permitir el lujo y tienen esa suerte). Mientras eres estudiante de postgrado o postdoc, vives por y para hacer CV para poder tener plaza de científico y asentarte en algún lado (y eso lleva años y en un ambiente muy competititvo, menos de 30 plazas en el CSIC este año, no me hagais reir). Cuando te conviertes en Investigado Principal añades a tus responsabilidades científicas las de gerente de proyectos, las de profesor e incluso la de guía espiritual de la gente que trabaja para tí (¿cuántas veces habeis tenido que lidiar con problemas extralaborales de los becarios/postdocs?). Total, que no hay tiempo.
Por otro lado no hay medios donde divulgar. En nuestros blogs o revistas de divulgación sólo predicamos a los ya conversos. No hay medios de masa (la tele) que haga ese trabajo en España hoy día. A muchos de nosotros nos sedujo para la ciencia un profesor o los documentales de Cousteau, Sagan o Rodriguez de la Fuente. En EE.UU. aun existe esta divulgación en PBS. En España sólo los documentales tripetidos de la dos en horarios donde los niños estan en el colegio. Es imposible divulgar sin canales adecuados a niños que no han sido expuesto a la misma en los colegios, con profesores poco motivados y donde el modelo a seguir es el de Belen Esteban.
Por último (qué pesado soy por una vez que escribo), es esencial que busquemos esos canales de divulgación y encontremos “misioneros” como deGrasse Tyson (no todos valemos para divulgar) que “prediquen” a las nuevas generaciones. Yo por mi parte voy una vez al año a institutos y colegios de mi zona a dar charlas divulgativas y estoy intentando organizar una jornada donde los niños puedan “cacharrear” en el lab con extracciones de ADN (hay algo casi mistico la primera vez que vez las hebras de ADN al precipitar con EtOH o cuando tiñes tu primer gel de agarosa). Pero esto último tiene problemas con los seguros del centro que trabajo y aún estoy viendo cómo hacerlo.

Chris Stevens

El problema en España creo que es, como se comenta por ahí arriba, la multiplicidad de funciones de los profesores de las universidades. Se exige a los profesores que investiguen, que den clases, y a ser posible que también colaboren en proyectos con la empresa para generar ingresos extras.

Esto se agrava porque en muchos casos, la única salida para realizar investigación es trabajar en la universidad como profesor. Me he encontrado en la Universidad casos extremos de investigadores muy buenos que transmiten una desgana absoluta hacia su asignatura.

Cada persona tiene habilidades distintas, y si se quiere hacer la ciencia atractiva hay que buscar gente con los conocimientos necesarios pero que sepa comunicar. No hace falta que emplee su tiempo en investigar, sólo que sepa transmitir lo que otros investigan. Como se comenta por arriba, quizás un servicio de divulgación específico (bien a nivel de cada universidad o algo más global) sería una buena solución.

Si encima los programas de divulgación científica los ponen a horas imposibles (estoy pensando en “Redes” de Punset) pues ni siquiera la gente interesada tiene opciones fáciles para informarse de nuevos avances.

Ahora por lo menos, gracias a Youtube e Internet, es un poco más fácil estar informado que hace algunos años.

José L. Castillo

Perdón por entrar como elefante en cacharrería en esta discusión pero…

¡¡¡Creo que estás todos equivocados!!! Todos!

Jejejeje… Hala, haciendo amigos…. XD

Y es que creo que, en general, erramos el destinatario de la verdadera divulgación. No es la población general. Nunca lo ha sido. Sino segmentos de la misma. Y, de hecho, segmentos imprevisibles. Por eso el divulgador no debe pensar en el receptor. Es más. Le da igual. No lo conoce y no lo puede conocer. No puede prever todos los posibles usos que pueda tener su divulgación.

Que la información llegue es cosa más del usuario que del divulgador. Especialmente cuando los contenidos buscan al usuario en vez del usuario los contenidos en una web cada vez más semántica.

Y el segmento más interesado en los productos de divulgación es el propio científico, como no! Quiero decir… Si yo soy ecólogo, quiero que un economista divulgue sus logros para reutilizarlos en mi campo total o parcialmente. O quiero que un filólogo me pueda ayudar a pensar modos de comunicación de ideas.

El problema es que somos herederos de una concepción muy plana del científico, donde existen solamente dos áreas: lo conocido y lo por conocer. Con el investigador en la frontera. Y yo creo que todo esto es mucho más multidimensional. Que existe también el espacio de las interacciones ampliado exponencialmente por cada conocimiento adquirido. Un espacio muy poco explorado por el científico miope que no sale de su campo y que no comprende que la mayoría de sus futuros descubrimientos los puede producir leyendo divulgación de otras áreas y dejándose empapar por ella.

Remezclando y usando. Un uso de la divulgación científica que redundaría en un enorme impulso investigador.

En fin… Que era esta intervención con ánimo de pisar callos y meter dedos en ojos, jejejeje… Y que siga el debate, que es muy sano.

En serio. Que creo que los comentarios son siempre lo más rico de un post. Y éste no es la excepción. Felicidades por vuestras intervenciones.

Nicolasa QuidmanNicolasa Quidman

Como he mencionado en twitter, la divulgación y comunicación del conocimiento es esencial para todos los que trabajamos con el conocimiento desde todos los ángulos. No solo los científicos o investigadores de otras disciplinas, sino también los enseñantes, los técnicos de transferencia, etc… Creo que es labor de todos los implicados en la cadena de producir y transmitir conocimiento, a la vez que somos destinatarios. Podemos entenderlo como una comunidad en la que podemos ser consumidores o productores, o las dos cosas a la vez. Justificaciones sobre lo dura que es nuestra vida, en general, no caben: en todos los trabajos hay personas malas, mediocres o excelentes profesionalmente hablando, Para mí, un buen científico es el que trabaja con seriedad en investigación y es a la vez un gran comunicador, de lo que conoce, y en particular, de lo que produce. Un gran docente es alguien que comunica extraordinariamente, y a la vez investiga e innova en su trabajo y en la forma de transmitir y construir el conocimiento.
El resto, y no miréis a otro lado, somos del montón…
Y lo digo sin acritud ;D

José L. Castillo

¡Hola Nicolasa!

(Qué trabajo me cuesta llamarte Nicolasa, María, jejejeje…)

Es completamente cierto lo que indicas de cadena de transferencia de información. Por eso es increíble que los equipos investigadores no cuenten con especialistas en divulgación.

Y es que llevas toda la razón. Sólo unos pocos son capaces de aunar en sí mismos todos los procesos que conlleva el descubrimiento y transferencia de conocimiento. Es más un trabajo de equipo.

Da igual que digamos que la divulgación genera valor (la gente está más dispuesta a admitir gasto en algo que conoce y entiende como propio, como cuenta muy bien Txema Campillo en http://naukas.com/2010/08/01/especie...la-protejo/ respecto al efecto “bandera”). En el fondo, es que es posible que muchos equipos investigadores no se crean su propia labor y no se vean capaces de contarla.

Porque no me creo que quien sí se lo cree no quiera contarlo. O incluir en su grupo de trabajo a alguien para que lleve a cabo esa tarea.

Y sí, los docentes somos miembros de esa cadena de creación de riqueza mediante el conocimiento. Otra cuestión es si ejercemos ese papel suficientemente, si nos llega suficiente información, si la buscamos, etc.

cienciacomun

Permíteme puntualizar: si estamos tratando un mensaje cuyo destinatario no es el público general sino un público especializado no me parece acertado hablar de divulgación, mucho menos de “verdadera” divulgación. ¿No sería más adecuado hablar de comunicación científica?

José L. Castillo

Pues yo creo que no… Quiero decir: cuando hablo de comunicación científica, hablo de que me dirijo a alguien que comparte una “cultura” y puedo dar mucha información por sobreentendida.

Es que es posible que caigamos en el “efecto tertuliano” también con los investigadores. El hecho de que domines y campo y seas reconocido por ello no te habilita en otros. Sigues requiriendo de divulgación para acceder a informaciones de otras disciplinas.

Creo…

Manuel Sanchez

Buenas

Voy a aportar mi granito de arena.

Personalmente creo que la “tarea de divulgación” podría ser reconocida como mérito docente, ya que podría considerarse que es una tarea de “educar a la sociedad”. (un pequeño inciso, los “quinquenios docentes” y “sexenios de investigación” sólo se les reconoce a los funcionarios en gran parte de universidades, los contratados, rien de rien).

Por otro lado. Idealmente, la divulgación debería ir dirigida a toda la sociedad. Creo que es una obligación ética explicar lo que hacemos a la sociedad que nos paga con sus impuestos. Pero en realidad va dirigida a segmentos. Hay muy buenos divulgadores científicos infantiles (Hans Magnus Enzensberger), como también hay muy buenos divulgadores científicos para científicos (no es por nada, pero si no fuera por algunos blogs me costaría entender algo de lo que es un “boson de Higgs”).

En mi ingenuidad yo creía que la ciencia es aquello que está demostrado científicamente y es reproducible. Pero es cierto que por desgracia hemos llegado a la situación que los anglosajones llaman “publish or perish” en la que “nada es ciencia hasta que no esté publicado”. (Por cierto, para mí lo más sucio de lo del climategate fue lo de intentar evitar que otros científicos publicaran trabajos que contradijeran la hipótesis del calentamiento antropogénico. Eso no es ser poco escrupuloso, eso es algo más grave http://curiosidadesdelamicrobiologia...matico.html)

Finalmente, que no me quiero enrollar. Creo que en la divulgación científica también tiene que haber cabida para contar las “meteduras de pata”. Y contarlas bien. (Ejemplo: Voodo Science traducido como ¿Ciencia o vudú? de R.L. Park). Los científicos también se equivocan y uno de los valores que debe de transmitirse es el sano escepticismo y que no existe el “consenso científico” sino el método científico basado en los experimentos. Si existiera dicho consenso todavía estaríamos pensando que no hay enfermedades infecciosas.

Saludos

CarolinaCarolina

El trabajo de un científico implica además de tu pasión, transformarte en profesor, economista, psicólogo, etc. sin contar con tus roles de padre/madre, esposo/a, hijo/a. No es que hacer todo esto me parezca injusto, sino que me parece poco eficiente, peor aún si se le agrega el tiempo que se necesita para hacer buena divulgación. Todos conocemos a un investigador que es brillante como tal pero como profesor un desastre o viceversa.

Por un lado, creo que deberíamos formar gente que sea un puente entre los científicos y las personas normales. En muy pocos sitios es posible encontrar programas de estudios para periodistas científicos, gente que puede llenar ese vacío. Y por el otro lado, si los profesores de ciencias para los colegios pasaran por estos mismos programas, otro gallo cantaría: quizás no sería yo física sino bióloga, de haberme tocado un profesor tan bueno de biología como aquel que tuve de física.

ghostDancerghostDancer

No todo el mundo vale para divulgar (hacerlo bien me refiero) , un ejemplo más mundano, antes del fenómeno Argiñano , en ETB el programa de cocina lo tenía Pedro Subijana (restaurante Akelarre) , que seguramente es mejor cocinero que “Charlie” pero es soso como una mata de habas, apareció Argiñano y revoluciono la forma y las audiencias, es un comunicador nato. Sagan, Hawking y otros son comunicadores natos o por lo menos han desarrollado las habilidades necesarias, la mayor parte de los investigadores ( y de la gente normal) no tienen ni el don ni el tiempo para trabajarlo, por eso como dice Carolina creo debería haber un grupo de personas que se dedicaran o que fueran preparados para eso.
Independiente del trabajo de siembra que hay que hacer en la educación , si no preparas el terreno, luego no vas a poder recoger nada. Son muchos los eslabones de la cadena, desde los profesores hasta los propios investigadores pasando por los medios de comunicación . Por eso es de agradecer el esfuerzo que realizáis los que escribís en vuestros blogs de estos temas, que seguramente no os van a llevar millones de visitas y además seguro que más de un sacrificio os supone.

@Carlos, tus amigas las “beatas” no son mas que un reflejo de la sociedad si acudes a cualquier templo de la religión mayoritaria en este país , y les dices cuantos Cristiano Ronaldos (medida actual para enormes cantidades de dinero) ha costado te dirán lo mismo, y eso sí lo que cuesta fichar a un jugador les parece totalmente razonable. A algún conocido que le he enseñado las páginas que veo en internet me mira raro y me dice que que peñazo , pero claro no me sorprende en un país donde la princesa del pueblo es una mujer que se ha hecho famosa por ser inculta y porque tuvo un hijo con un torero y donde programas como gran hermano y derivados se comen la tostada de las audiencias.
No se hace más divulgación científica porque no hay demanda (o no se ve) y la demanda hay que crearla de diferentes formas y por lo menos en España eso no creo que lo vayan a ver ni mis nietos ( y que conste que mi hijo tiene solo 4 años).

José L. Castillo

¡Hola Roberto!

Pues no, no es con dos cojones. Es con una bestialidad de horas de trabajo y publicaciones en revistas de impacto. “Público” no tiene factor de impacto pero Nature y Science y PLoSOne y… sí, esas sí tienen factor de impacto. ¿Las lees? Te las recomiendo vivamente, eh?

¿Sabes que? Que son tantas las horas de trabajo acumuladas por los científicos que lo han investigado, tantas las pruebas encontradas, tantos los experimentos hechos, que llevas razón. Es con dos cojones. A diferencia de los negacionistas que lo único que hacen es abrir la boca y balbucear “no me lo creo y si no me dejas hablar, no te ajunto”. Sin más estudios, sin más trabajo, sin lograr publicar en revistas con factor de impacto sin que se rían de ellos.

Pobres…

¡Un saludo!

Bender B. RodriguezBender B. Rodriguez

Vereis, cuando voy en el transporte público al trabajo, suelo llevarme un libro para amenizar el trayecto (1 hora) cosa que suele hacer bastante gente. En mi caso normalmente es de fantasía o de divulgación (actualmente, “El Espejismo de Dios” de Richard Dawkins), pero en el del la mayoría de la gente que me rodea suele ser la última recomendación de “Babelia” o del semanal cultural de turno, y ¡oh, sorpresa! practicamente ninguno es de ciencia.

La ciencia no interesa a la mayoría de la población (salvo los que te mencionan el nefasto “Redes” con el no menos nocivo Punset) a menos que sean noticias en plan LHC o similares. La divulgación científica no llega a toda la población y ahí gran parte de culpa la tiene la propia sociedad que ha permitido y alentado que desde la escuela no se eduque en ese sentido.

¿Que hay blogs a tutiplén sobre ciencia? Vale ¿y que?. El que ya los conoce va a ellos y el que no, tiene ochocientas chorradas en Internet en las que (mal)gastar su tiempo; además, ¿cuanta gente pensaís que usa la red para buscar divulgación? Por lo que yo veo, la gente no se mueve del “correo-facebook-tuenti-messenger-periódico-juego flash”.

Si no se ha creado primero la inquietud por la Ciencia, ¿a que quejarse luego de que no hay divulgación y de que no interese a nadie?

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Información Bitacoras.com…

Valora en Bitacoras.com: Un científico o científica tiene incentivos para desarrollar su carrera. Lograr proyectos de investigación, formar jóvenes investigadores, lograr financiación, conseguir admisión de patentes… Y, por supuesto, publicar. Nada e…..

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