Cada vez más gordos

Rata obesa

No es difícil ver por la calle perros demasiado gordos. Me refiero a mascotas obesas, algunas de las cuales tienen dificultades para moverse. Me suelen dar lástima esas mascotas. Pienso en sus dueños, en el poco cuidado que ponen en el estado de salud del pobre perro. Quizás les dan demasiado de comer, o quizás no los sacan a correr y a pasear tanto como debieran.

Pero quizás debiera empezar a pensar de otra manera, porque resulta que es posible que la culpa del sobrepeso no la tengan los dueños, o al menos no del todo.

Todos sabemos que la obesidad es una epidemia que ha venido creciendo de manera imparable en los países occidentales durante las últimas décadas. Escenas que antes solo se veían en los Estados Unidos las vemos en Europa, entre nosotros, cada vez en mayor medida. Y si bien es cierto que se ha responsabilizado a los hábitos alimenticios y a la escasa actividad física de ese estado de cosas, también lo es que se trata de un fenómeno que no acaba de comprenderse suficientemente bien.

Por esa razón, hay quien se ha planteado la posibilidad de que, además de la dieta y la actividad física, otros factores estén también ejerciendo algún efecto en ese fenómeno. Y si ello así fuera, podría ocurrir que ese o esos factores también estuvieran teniendo el mismo o similar efecto en otras especies de mamíferos cuyo modo de vida está muy relacionado con el nuestro.

Con esa hipótesis de partida, en un trabajo reciente se han analizado las tendencias de variación de la masa corporal en diferentes grupos (o poblaciones) de varias de esas especies a partir de datos disponibles en la literatura científica. En el trabajo han considerado los valores de masa corporal correspondientes a un periodo de la vida equivalente al intervalo de 35-40 años de edad en la especie humana (mitad de la esperanza de vida en la población norteamericana) y siempre que se contara con datos que cubriesen, al menos, una década. Han estudiado macacos (Macaca mulatta), chimpancés (Pan troglodytes), cercopitecos (Chlorocebus aethiops sabaeus), titíes (Callitrichix jacchus jacchus), ratas de laboratorio, gatos domésticos, perros domésticos y ratas (Rattus norvegicus).

En todos los grupos estudiados aumentó la masa corporal media, aunque ese aumento solo fue significativo en cerca de la mitad de los casos. No obstante, la probabilidad de que todos los aumentos se hubiesen producido por azar habría sido de 1’2 10 -7. Y algo similar ocurre con los síntomas de obesidad: también aumentaron en todos los grupos, aunque los aumentos solo fueron significativos en menos de la tercera parte de los casos; pero aquí también la probabilidad de que esa coincidencia hubiese sido fruto del azar es bajísima, de 3 10 -6.

Esos resultados se suman a numerosas observaciones “informales” del tipo de la recogida en mi comentario inicial. Y además de las observaciones hay otros elementos indicadores anecdóticos. En Estados Unidos, por ejemplo, ha aumentado el número de mascotas aseguradas debido a la percepción de la obesidad como fuente de riesgo; y la Food and Drug Administration norteamericana ha aprobado el primer fármaco contra la obesidad para su uso con perros. También hay informes relativos al aumento de la obesidad en caballos criados principalmente con pasto.

Que las ratas que pululan por las ciudades estén ahora más gordas que hace unas décadas puede tener una explicación trivial. Es muy posible que su tendencia a engordar comparta causas de carácter estríctamente alimenticio con la tendencia a engordar de los seres humanos cuyos despojos consumen: más restos orgánicos, de mayor contenido calórico, de más fácil digestión, etc. Pero esa explicación no vale para los animales que se encuentran bajo condiciones controladas de modo estricto. Los macacos, chimpancés, ratas de laboratorio, etc. que se mantienen estabulados con fines de investigación no han visto variar sus dietas durante décadas.

Por supuesto, no tiene por qué haber un único factor que sea el que induce el aumento de sobrepeso en todos esos animales; quizás son distintos agentes causales los que hayan dado lugar a esa tendencia en unas especies y en otras. Pero tampoco cabe descartar la incidencia de algún factor común. Los autores de la investigación especulan acerca de esa posibilidad.

Como posibles agentes causantes de este fenómeno, proponen los disruptores (o interruptores) endocrinos, que son sustancias químicas que se encuentran en el ambiente y que interfieren en los sistemas hormonales; como consecuencia de dicha interferencia, pueden provocar diferentes anomalías, dependiendo del proceso fisiológico en el que incidan. El aumento de la obesidad también podría ser debido a la acción de agentes infecciosos. Se sabe, por ejemplo, que el adenovirus 36 (AD36) provoca obesidad en numerosos modelos experimentales, y que los anticuerpos del AD36 están correlacionados con la obesidad en seres humanos. El mismo AD36 u otros agentes infecciosos podrían, pues, estar contribuyendo al aumento de la incidencia de la obesidad en diferentes poblaciones animales. Y finalmente, también podría ocurrir que determinados factores ambientales hayan dado lugar, mediante fenómenos epigenéticos, a una alteración de los patrones de asignación de recursos a diferentes destinos coporales (línea somática, acumulación de reservas o reproducción).

Sea como fuere, la hipótesis planteada merece ser investigada con mayor profundidad y detalle, pues el sobrepeso y la obesidad se han convertido en graves problemas de salud pública en las sociedades opulentas en las que vivimos los ciudadanos occidentales. No es descartable que, además de la abundancia de alimento y la sobreingestión calórica, haya otros factores que nos estén haciendo estar cada vez más gordos. Más de uno, entre los que me incluyo, agradecerían que la ciencia avanzase más en este terreno de lo que lo ha hecho hasta ahora.

Fuente: Yann C. Klimentidis, T. Mark Beasley, Hui-Yi Lin, Giulianna Murati, Gregory E. Glass, Marcus Guyton, Wendy Newton, Matthew Jorgensen, Steven B. Heymsfield, Joseph Kemnitz, Lynn Fairbanks y David B. Allison (2011): “Canaries in the coal mine: a cross-species analysis of the plurality of obesity epidemics” Proc. R. Soc. B 278: 1626-1632.

Juan Ignacio Pérez Iglesias es biólogo, catedrático de Fisiología en la Universidad del País Vasco (UPV/EHU). Dirige la Cátedra de Cultura Científica de su universidad. Es miembro de Jakiunde, la Academia de las Ciencias, las Artes y las Letras de Vasconia, del Consejo Científico y Tecnológico de la FECyT, y de los patronatos de Ikerbasque, Fundación Vasca para la Ciencia, y de la Fundación Cursos de Verano de la UPV/EHU.



Por Juan Ignacio Pérez
Publicado el ⌚ 30 mayo, 2011
Categoría(s): ✓ Biología • Medicina