Rompamos una lanza a favor de la religión… que es Navidad

Jesusito Tesla

(Durante este artículo de opinión usaré el término “religión”para referirme principalmente al cristianismo)

Es navidad, esa pequeña época del año en la que los seres humanos de medio mundo se reúnen en grupos familiares para compartir alimentos. Todo esto forma parte de un comportamiento tan humano que, probablemente,  interesaría a cualquier primatólogo, antropólogo… o a cualquier sacerdote cristiano, pues, lo queramos o no, la festividad del solsticio de invierno es algo completamente dominado por la religión.

Así que, ¿por qué no dejar que la religión se apodere también de esta entrada del blog? Vamos a intentar romper una lanza en favor de la religión, “¿Qué? ¿En favor de la religión? ¿Me habré equivocado de blog?” No te preocupes, esto sigue siendo un lugar escéptico.

Aunque mi opinión con respecto a la religión continua siendo similar a la de Steven Weinberg, también creo que de no ser por el cristianismo no estaríamos hoy aquí, leyendo este texto en una pantalla electrónica a través de internet, y ni mucho menos hablando de la ciencia tal y como la conocemos.

No, no me estoy refiriendo a la relación de la que S.J. Gould probablemente nos hablaría, como esa que pudiera existir entre la nalga del ministro y el origen de las especies de Darwin (ver obra de Gould), pues, aunque el valor de los procesos estocásticos no lo descarto, lo que aquí defiendo tiene un efecto directo de primera mano.

¿Por qué ha sido necesario el cristianismo para la ciencia? Pues precisamente por gran parte de lo que pueda alejar a cualquier naturalista de la religión… Precisamente por el desprecio selectivo del que la religión cristiana ha hecho gala a lo largo de su historia, desprecio por todo lo llamado natural, material, físico, real, animal, racional… en favor de lo sobrenatural o sagrado. En este proceso de adquisición y desprecio, la religión se ha cobrado con el derecho a quedarse con todo lo que ha considerado valioso. Muy a pesar de muchos ateos, también se ha apropiado del misticismo, pero no me importa, ¡que se lo queden!, lo que merezca la pena reflotará cuando la religión se hunda del todo.

El desprecio por lo natural ha favorecido que la ciencia occidental florezca como ninguna otra, a diferencia de lo que ha ocurrido a lo largo de la historia en otras culturas en las que la ciencia nunca pudo librarse de la superstición, el miedo y la voluntad manipuladora de la religión.

En palabras del biólogo Jacques Monod, extraídas de su obra “El azar y la necesidad”:

Es en definitiva esta distinción radical, puesta como un axioma, la que ha creado a la ciencia. Me siento tentado de hacer notar aquí que si este acontecimiento único en la historia de la cultura se produjo en el Occidente cristiano antes que en el seno de otra civilización es quizá, por una parte, gracias al hecho de que la Iglesia reconocía una distinción fundamental entre el dominio de lo sagrado y lo profano.

Esta distinción no solo permitió a la ciencia buscar sus vías (a condición de no invadir el dominio de lo sagrado), sino que preparó al espíritu para la distinción mucho más radical que planteaba el principio de objetividad.

Los occidentales pueden tener alguna dificultad para comprender que para algunas religiones no existe, no puede existir, ninguna distinción entre lo sagrado y lo profano. Para el hinduismo todo pertenece al dominio sagrado; la noción misma de “profano” es en él incomprensible.

Así que, oye, si el solsticio de invierno ahora resulta que es una fiesta religiosa, voy a celebrarlo. Voy a celebrar que la religión construyó sin saberlo el morfoespacio que la debilitaría, el que la ciencia iba a usar para encauzar nuestro camino hasta sacarnos de la oscuridad, de la superstición y de la esclavitud intelectual.

Biólogo-Ninja Ph.D. Sociópata, felizmente obsesionado con el comportamiento/cognición animal. Autor de El error del pavo inglés y del blog Biotay.



Por Biotay
Publicado el ⌚ 24 diciembre, 2011
Categoría(s): ✓ Escepticismo