Te mostramos NASA: la aventura del espacio

El Pabellón XII del Recinto Ferial de la Casa de Campo de Madrid acoge desde el 15 de diciembre de 2011 hasta el 3 de junio de 2012 la exposición NASA: la aventura del espacio, una exposición itinerante sobre la exploración del espacio desde el punto de vista del programa espacial estadounidense.

El pasado 21 de enero, una expedición de Amazings.es formada por Mario, Miguel y yo mismo nos acercamos a verla y ésta es la crónica de aquella visita.

Esta exposición, que forma parte de NASA: A Human Adventure, es la más grande que recorre Europa y ha llegado a Madrid después de haber recalado en el Museo Nacional de Ciencia y Tecnología (Tekniska Museet) de Estocolmo a principios del año pasado. La exposición recorrerá otras ciudades europeas durante una gira que durará cinco años.

La entrada

Una entrada que recuerda la pasarela del Apollo 17 sirve para introducirnos en una exposición de 2500 metros cuadrados que presenta la historia de la exploración espacial en seis secciones en las que se exponen unos 400 objetos que harán las delicias de cualquier aficionado a la astronáutica. Alguno de estos objetos forman parte de la colección de la Cosmosphere de Kansas.

Entrada a la exposición que recrea la pasarela del Apollo 17.

Los soñadores

Esta sección está dedicada a los pioneros de la ciencia-ficción. Destaca la capacidad de anticipación de Julio Verne (1828-1905), que concibió un viaje a Luna un siglo antes de que fuera posible en las novelas De la Tierra a la Luna y Alrededor de la Luna. A pesar de que el método del lanzamiento y la cápsula se basaban en la tecnología disponible en la década de los 60 del siglo XIX, los cálculos fueron bastante certeros e incluso el lugar de lanzamiento (Tampa, Florida) estaba a sólo 200 kilómetros de Cabo Cañaveral, la localización elegida por la NASA para realizar sus lanzamientos.

Además de «inventar» la máquina del tiempo y una invasión marciana, H. G. Wells (1866-1946) también coqueteó con el viaje a la Luna en su novela de 1901 Los primeros hombres en la Luna.

Sala de estética steam-punk sirve de introducción a la exposición

En 1902, el cineasta francés Georges Méliès (1861-1938) se encargaría de hacer una adaptación libre de las novelas de Verne y Wells en su clásico Le Voyage dans la lune, considerada como la primera película de ciencia-ficción.

Tampoco podemos olvidar a Chesley Bonestell (1888-1986), cuyas ilustraciones inspiraron el programa espacial estadounidense y es considerado por muchos el padre del  arte espacial.

La fiebre del espacio

La era espacial se inició el 4 de octubre de 1957, fecha en la que la Unión Soviética puso en órbita el primer satélite artificial, el Sputnik I, una esfera de aluminio de unos 60 centímetros de diámetro de la que salían cuatro antenas. El Sputnik II, lanzado pocas semanas después, llevaba a bordo a la perra Laika.

Réplica del Sputnik I corona esta sala.

El lanzamiento del Sputnik I supuso un duro mazazo para el orgullo estadounidense y fue la mecha que prendió la carrera espacial entre ambas potencias. La Unión Soviética volvería a adelantarse el 12 de abril de 1961 cuando Yuri Gagarin se convirtió en el primer ser humano en órbita con la Vosktok. Veintitrés días después, el 5 de mayo de 1961, Alan Shepard se convertiría en el primer estadounidense en ir al espacio a bordo de la Freedom 7.

Algunos objetos relacionados con Yuri Gagarin

Malheridos en su orgullo por ir detrás de los rusos, los Estados Unidos se plantearon un ambicioso objetivo. En su famoso discurso ante el Congreso el 25 de mayo de 1961 para conseguir fondos, el presidente John F. Kennedy lanzaba un reto a la comunidad científica estadounidense:

Creo que este país debería comprometerse a alcanzar el objetivo, antes del final de esta década, de poner un hombre sobre la superficie de La Luna y hacerle regresar a la Tierra sano y salvo.

La fiebre del espacio también caló fuerte entre lo niños como demuestra el pijama, los libros y otros objetos de uso infantil.

Resistencia

En la segunda sala más grande de la exposición, podemos ver una gran cantidad de objetos relacionados con el programa espacial, desde muestras de comida hasta la evolución de los trajes presurizados pasando por tres espectaculares reproducciones: el Lunokhod I, un rover lunar no tripulado ruso de 1970, el famoso rover lunar tripulado que usaron los astronautas en las misiones del Apollo 15 al 17 y el módulo de ascenso del módulo lunar.

Panorámica de la sala
Reproducción del Lunokhod (izquierda) y el rover lunar del programa Apollo (derecha)
«Disección» de un traje de astronauta mostrando todas sus capas
Varios prototipos del módulo lunar

El Mercury 13 fue un programa privado que sometió a trece mujeres al mismo programa de entrenamiento que los hombres para convertirlas en astronautas aunque fue cancelado sin que llegara a fructificar. En este punto, los rusos también se adelantaron y Valentina Tereshkova se convirtió en la primera mujer en el espacio el 16 de junio de 1963. Tuvieron que pasar 20 años desde aquello para que los estadounidenses mandaran a su primera mujer al espacio, Sally Ride, a bordo del malogrado transbordador Challenger.

Los pioneros

Esta sala está dedicada a los pioneros del vuelo espacial, a los sistemas de propulsión de los cohetes y puede considerarse la antesala a la sala más grande y espectacular de la exposición.

Una impresionante reproducción a escala del Saturno V mostrando todas sus fases.

Dejando a un lado los cohetes propulsados con pólvora que emplearon los chinos como arma de guerra contra los mongoles en 1232, Konstantin Tsiolkovsky (1857-1935) estableció en 1903 muchos de los principios básicos en los que se basan para el vuelo espacial. Por ello se le considera el padre de la astronáutica.

Robert Goddard (1882-1945) realizó experimentos con una nueva forma de cohete impulsado no con un combustible sólido como la pólvora, sino con uno líquido, gasolina y oxígeno líquido. Su primer prototipo de cohete voló 56 metros en 1926.

Hermann Oberth (1894-1989) también desarrolló cohetes de combustible líquido y presentó conceptos y diseños desde un punto de vista matemático.

Los tres pioneros del vuelo espacial frente a las ecuaciones matemáticas que lo explican.

Wernher von Braun (1912) y Sergei Korolev (1906-1966) recogieron el testigo de estos tres pioneros e hicieron posible el vuelo espacial. Además de diseñar el primer misil balístico, el V-2, para la Alemania nazi, von Braun desarrolló el Saturno V, el cohete que hizo posible la llegada del hombre a la luna. Korolev fue el «Diseñador Jefe» que estuvo detrás del programa espacial soviético aunque su existencia no fue conocida en Occidente hasta después de su muerte en 1966. La desaparición de Korolev supuso un punto de inflexión en la carrera espacial, que acabarían ganando los Estados Unidos al llegar a la Luna.

La «marcha del progreso» en cohetes. De izquierda a derecha, V-2, Redstone (programa Mercury), Atlas (programa Mercury), Titan II (programa Gemini), Saturno IB (programa Apollo), Saturno V (programa Apollo) y transbordador espacial.

Innovación

Esta sala es, de largo, la más grande y espectacular de toda la exposición y en ella se condensa el programa espacial estadounidense desde el proyecto Mercury hasta el transbordador espacial. Incluye reproducciones a tamaño natural de las cápsulas Mercury y Gemini (primeras misiones tripuladas), el módulo Agena (un módulo de entrenamiento para encuentros orbitales durante el programa Gemini), el módulo de mando del programa Apollo y la cabina del transbordador espacial Atlantis y detalles sobre la misión conjunta Apollo-Soyuz y el Skylab, la tercera estación espacial después de las rusas Salyut y Almaz.

Panorámicas de la sala
Cápsula Mercury y su interior
Cápsula Gemini y su interior
Módulo de mando del Apollo y su interior
Morro de la Altantis y detalles la cubierta de vuelo, la cubierta intermedia y el retrete de la cubierta intermedia
Regla de cálculo y los primitivos ordenadores que llevaba el Apollo
Maqueta a escala del Skylab

The Next Generation

La última sala de la exposición muestra los recientes proyectos de la NASA: el telescopio espacial Hubble, la Estación Espacial Internacional y el Mars Science Laboratory.

Telescopio espacial Hubble (izquierda) y Estación Espacial y antenas de seguimiento (derecha).

Conclusión

NASA: la aventura del espacio hay que tomársela como lo que es: una exposición sobre la exploración espacial desde la perspectiva de Estados Unidos. La posibilidad de ver maquetas a escala real de cápsulas que han hecho historia, así como ver de cerca algunos artefactos que formaron parte de la exploración espacial (como el improvisado filtro de aire que construyeron los astronautas del Apollo 13 con los materiales que tenían a mano) bien merece los 14 euros que cuesta la entrada. La audioguía es imprescindible para no perderse ningún detalle y para ver la exposición con calma se necesita un mínimo de dos horas.

La centrifugadora, otro de los reclamos de la exposición

Sin embargo, el que vaya con la idea de ver también la historia del programa espacial soviético saldrá muy decepcionado porque solo se muestran algunos retazos y siempre dentro del contexto de la carrera espacial desde el lado estadounidense.

Personalmente, destacaría dos aspectos negativos: la tienda, poco surtida y algo cara para los objetos que vende, y la falta de una guía escrita que nos permita llevarnos un recuerdo duradero de la exposición.

Estudió química en la Universidad Autónoma de Madrid, donde se especializa en Bioquímica y Biología Molecular. Máster en Biosistemas en la Universidad de Tsukuba. Ahora trabaja como traductor de japonés-español y entre sus aficiones están la entomología y la cultura pop japonesa.



Por Entomoblog
Publicado el ⌚ 16 febrero, 2012
Categoría(s): ✓ Astronomía