
La vida del astrónomo profesional es bastante diferente a la visión romántica del imaginario popular: el señor sentado junto a su telescopio toda la noche, a la intemperie, mirando por el ocular mientras apura el termo de café, hace tiempo que pasó a la historia (no así el astrónomo aficionado, que por lo general sigue teniendo que pagar ese precio por desarrollar su pasión).
Hoy en día, las observaciones en telescopios profesionales se realizan desde la comodidad de la sala de control, a través de una serie de monitores que nada tiene que envidiar a la sala de guerra del Pentágono. Las condiciones meteorológicas, el estado del telescopio, los datos… todo se visualiza desde la sala de control. Hasta tal punto, de hecho, que ni siquiera es necesario salir afuera y contemplar el impagable firmamento con nuestros propios ojos.
¿Poco romántico? Puede. Pero la vida del observador también está plagada de pequeñas vicisitudes, anécdotas y momentos de gran intensidad que la hacen apasionante.
Y si, de todas las clases de astronomía, nos centramos en la que estudia el Cosmos en longitudes de onda de radio (más o menos a partir de 1 milímetro), todo el asunto cambia aún más, pues la realidad se parece aún menos a la idea romántica de marras. En concreto, he aquí siete cosas que (quizás) no sabías de la vida del radioastrónomo.
1. Los cascos, mejor para escuchar música

Todos recordamos a la Dra. Eleanor Arroway (Jodie Foster), en la película “Contact”, buscando señales de civilizaciones extraterrestres… a través de sus auriculares. Los radiotelescopios recogen la radiación electromagnética que llega del espacio en las frecuencias de radio, pero esto no quiere decir que uno vaya a escuchar la emisora de grandes éxitos de las estrellas si se pone los cascos (más bien lo que oiría sería un ruido ininteligible). Los datos, mejor, en el monitor del ordenador.
2. ¿Quién quiere fotografías?
Olvídate de esas fotografías a todo (falso) color de galaxias que producen los telescopios en luz visible. Sí, esas en las que casi se les distinguen las vergüenzas a las nebulosas y que asombran al público. Nada de eso. Un radiotelescopio no es más que una antena que recibe una potencia determinada a cada frecuencia y produce una sobria gráfica que no enseñarías a tus amigos pero que, sin embargo, nos da muchísima información sobre el Universo muy frío, gobernado tanto por hidrógeno atómico como por moléculas (monóxido de carbono, agua, amoniaco, etc.), así como sobre la radiación sincrotrón procedente de algunos de los fenómenos más violentos del Cosmos, como agujeros negros o supernovas… En resumen, aspectos del Universo sobre los que la luz visible no puede “iluminarnos”.
Si aún así tienes nostalgia de las fotografías, no te preocupes: hay unos pocos instrumentos, muy caros, que agrupan receptores como si de los pixeles de una cámara se tratase. Eso sí, comparadas con las imágenes producidas por el telescopio espacial Hubble, éstas parecen vistas por alguien que rozara la miopía magna.

Aunque, claro, todo puede mejorar. Si juntas muchas antenas tendrás un radiointerferómetro, capaz de combinar los datos de todos para producir imágenes de calidad —incluso se pueden combinar ambos sistemas, como en el australiano ASKAP. Y puede mejorar mucho: cuando ALMA, el radiointerferómetro más avanzado del mundo, cuente con sus 64 antenas ¡será capaz de producir imágenes aún más nítidas que las del mismísimo Hubble!
3. Observando a ciegas
El lector atento se habrá preguntado que, si el radiotelescopio no produce imágenes, ¿cómo puede uno estar seguro de apuntar al objeto correcto? Pues buscándolo de la misma manera que uno puede buscar el sol con los ojos cerrados en un día despejado, por la intensidad del color rojizo (y del calor) que atraviesa los párpados. Puede que sorprenda, pero siguiendo este método para corregir un apuntado a ciegas ya de por sí bueno, el error en la puntería de estos aparatos ronda los pocos segundos de arco, o, en otras palabras, unas pocas milésimas del tamaño de la Luna en el cielo.
De hecho, esta precisión es uno de los mejores argumentos para desmontar la teoría de la conspiración lunar: las señales de radio del Águila fueron seguidas en directo por multitud de radiotelescopios en todo el mundo. Si el Apollo XI no hubiera seguido la trayectoria que siguió, la Unión Soviética no habría tardado ni dos minutos en darse cuenta.
4. Móvil, wifi, bluetooth… ¿eso qué es?

Si no fuera por las pantallas planas, el ambiente en la sala de control de un radiotelescopio podría llevarnos a creer que estamos de vuelta en los 80. Los teléfonos y los ratones tienen cable, tu ordenador no detectará redes wifi en las cercanías, y una alarma sonará como loca si detecta que tienes el móvil o el wifi encendido (por cierto que la wifi es hija directa de la radioastronomía; fue desarrollada en el ATNF).
Y es que cualquier dispositivo que emita ondas de radio está absolutamente prohibido en todo el observatorio, debido a la interferencia que produce en los instrumentos que mezclan las ondas recibidas, llevándolas a las mismas bandas de frecuencia en la que operan todos estos aparatos. Por no haber, en algunos radioobservatorios no hay ni microondas.
Así que no te lleves el iPad, porque tampoco te servirá de mucho.
5. El día más largo
Olvídate de irte a dormir con la salida del Sol, que aún te queda: la atmósfera no dispersa la emisión de radio del Sol, de modo que poco importa que sea de día o de noche; el cielo es oscuro a las longitudes de onda de radio. El radiotelescopio funciona continuamente, y no entiende de fines de semana o festivos. Ni siquiera de Nochevieja (los observatorios están llenos de anécdotas navideñas en que las fiestas se celebran con una familia diferente a la habitual).
Eso sí, hablando de observar de día, ojo con apuntar al Sol. No sólo no verás a la Virgen, sino que la superficie de la antena, aún sin estar pulida como los espejos, refleja y concentra el suficiente calor proviniente del Sol como para quemar el instrumental situado en el foco primario. Por eso los radiotelescopios tienen mecanismos de seguridad que les impide apuntar demasiado cerca del Sol (excepto, claro, los radiotelescopios más pequeños o aquellos especialmente diseñados para observar nuestra estrella).
6. La atmósfera molesta pero no impide
La atmósfera es el peor enemigo del astrónomo que observa en el rango visible. Éste sueña con que un cataclismo la barra de un plumazo, de manera que no emborrone sus observaciones (¿a quién le importa respirar? ¡lo primero es la ciencia!). Pero a medida que nos alejamos del rango del visible hacia las ondas de radio, la molestia de la atmósfera disminuye progresivamente. En el extremo más cercano al visible, a longitudes de onda aún por debajo del milímetro, necesitamos una atmósfera bastante despejada y en relativa calma. Un poco más allá, a partir de 2 ó 3 milímetros, sólo el viento excesivo nos impediría observar, aunque las nubes, si son muy gruesas, pueden molestarnos por la gran cantidad de vapor de agua en suspensión, que absorbe parte de la emisión de los objetos e interfiere en las observaciones. Y mucho más allá, a longitudes de onda centimétricas, ni siquiera la lluvia nos detendrá.
7. Ermitaños en la montaña

Por lo general, los radiotelescopios se ubican en lugares aislados para evitar interferencias de radio, en altiplanicies desérticas y secas para minimizar el efecto del vapor de agua, o en alta montaña, pues, aunque la atmósfera no sea tan molesta como en el visible, cuanta menos tengamos sobre nuestras cabezas, mejor.
Así, llegar al observatorio puede ser una odisea. En invierno, la subida al radiotelescopio de 30 metros de IRAM, situado a 2850 metros de altitud en Pico de Veleta (Granada), requiere de un viaje en teleférico seguido de otro en snowcat, a veces sumidos en plena ventisca. Y en Plateau de Bure, en los Alpes franceses, se llega, o en helicóptero, o tras una larga caminata atado a un guía equipado con crampones.
Importante: el desodorante, mejor en crema. Si llevas un roll-on, la bola saldrá disparada en cuanto abras la tapa, debido a la diferencia de presión atmosférica con la de tu lugar de origen. Las botellas que subiste silban y las tapas de los yogures están hinchadas y pueden provocar un accidente si uno no los abre con cuidado. La menor cantidad de oxígeno hace que te canses más al subir y bajar escaleras, y puede hacer que pienses con menos claridad. Y esto puede llegar a suponer un problema: los técnicos de ALMA —situado en el llano de Chajnantor, Chile, a la friolera de 5058 metros sobre el nivel del mar—, pueden saber perfectamente qué cable han de cambiar, pero eso no garantiza que cuando lleguen al observatorio, tras un largo ascenso, sustituyan otro cable diferente.
Y todo esto, claro, por no hablar de las dificultades de evacuar a un herido o enfermo en una emergencia, o la aventura de quedarse días aislado de la civilización por una tormenta de nieve.
(Mis agradecimientos al Lobo Rayado, el colaborador de Amazings que más sabe de radioastronomía, por dejarse torturar con el borrador de este artículo.)


















Mezclar la información con el humor es excelente cuando está bien hecho, como en este caso.
Muy interesante, sí
¡No fue una tortura, Miguel, sino todo un placer! Leer tus artículos es siempre ameno y entretenido, y todos aprendemos cosas. ¡Estoy deseando leer la versión final de tu novela El Legado de Prometeo! Además, al menos tú cumples con tus artículos, no como “otros” que llevan eones diciendo que lo van a hacer (ejem). Sinceramente, se te ha quedado muy bien, da una buena visión de lo que es trabajar en radioastronomía. En particular me ha gustado que pusieras la imagen de la Cabeza de Caballo en mm, ¿de dónde la has sacado? ¡Saludos y enhorabuena de nuevo!
Excelente como siempre, Miguel.
Un par de cosillas. Imagino que todos los equipos, fuentes de alimentación, ordenadores, cables, pantallas, estarán protegidas/blidadas/apantalladas electromagneticamente para evitar la radiación que emiten o prevenir contaminaciones de la señal.
Si toda la información se procesa ¿porque no enlazar el observatorio con un cable para trasladar toda la información a lugares más civilizados, por ejemplo hasta el pueblo más proximo. En el observatorio quedaria el personal tecnico de mantenimiento y reparación.
Con permiso de Miguel, te respondo yo rápidamente: sí, por supuesto, hay un estricto control sobre las cosas que “pueden” emitir radiación en frecuencias de radio, y se blindan especialmente para que no lo hagan. De hecho en muchas ocasiones en verdad se detectan esas “fuentes de radio” por las interferencias que producen (recuerdo cierto microondas en ATCA que fue “la bomba”).
Y lo segundo, ¡es justo lo que se está haciendo en algunas ocasiones ahora mismo! Tanto ATCA como la antena milimétrica de Mopra aquí en Australia (Mopra, de 22m, sería la “hermana pequeña” del Radiotelescopio IRAM de 30m de Pico Veleta que se describe arriba) se observa cada vez más remotamente desde Sídney… o desde cualquier otra parte del mundo. Por ejemplo, hace ni 3 semanas pasé todo un fin de semana observando en el interferómetro ATCA… ¡desde mi casa! usando a la vez varios ordenadores y pantallas para “similar” la sala de control (aunque se puede hacer con sólo 1, pero es un poco más jaleo). Algunos compañeros observan desde Europa o Estados Unidos, sobre todo para proyectos en los que quizá se tienen 3-4 horas… cada 3-4 días durante un par de meses. Así es muy lógico poder hacerlo remotamente. En ALMA no se observa desde la cumbre de la montaña a 5000 y pico metros, sino en el “campo base” a unos 3000 metros de altura, y quizás se puede hacer también desde Chile. Lo mismo pasará con ASKAP, el nuevo interferómetro australiano en mitad del desierto de Australia Occidental: se observará muchas veces desde Perth a… 2000 km de distancia.
De todas formas, antes de hacerlo así, “hay que saber lo que se hace” y hay que ir a las instalaciones a conocer con detalle todo: desde qué hacer si se va la luz (que puede pasar) hasta si llega una tormenta con aparato eléctrico o tienes “interferencias especiales”.
¡Saludos, esta vez desde el Anglo-Australian Telescope! (Hoy en verdad estoy de astrónomo óptico…)
Vaya, ya veo que te me has adelantado, Ángel… Nada más que añadir, lo has explicado perfectamente
Te he contestado la pregunta de la imagen de la cabeza de caballo en 1 mm en mi blog
¡Y gracias a todos por los comentarios!
Buena entrada, Miguel
Precisamente estaré trabajando en radioastronomía a finales de este año y la primera mitad del siguiente, si no pasa nada…
Me ha encantado el artículo, sobre todo porque no tenía ni idea de nada sobre este tema
Muy buena nota, Miguel. Sólo una aclaración respecto del punto 1. En la película pareciera que la protagonista compite con los equipos para oír antes que éstos la primera señal de contacto, pero en el libro la situación se aclara. Lo hace por una necesidad psicológica, no científica. Transcribo el párrafo más relevante de entre varios que trata el tema:
“[Arroway] Se sentó frente a una de las consolas y se calzó los auriculares. Sabía que era muy presuntuoso de su parte suponer que, escuchando uno o dos canales, podría llegar a detectar un esquema cuando no lo había logrado el complejo sistema de computadoras que examinaban miles de millones de canales. La idea, sin embargo, constituía al menos una modesta ilusión de sentirse útil.”
Saludos
@astrosofista
Sagan siempre hilando fino… Me encanta (no lo recordaba), ¡gracias!
Para comensar a descubrir civilizaciones fuera de nuestra galaxia los astronomos tendran que temer capacidad en sus radio telescopios de buscar ondas de radio en forma negativa y no positiva. O sea de un milimetro negativo (-1ml ) en adelante. Asi podra el hombre conocer la realidad de otros mundos. Y el trabajo del astronomo se convertira en poesia y bella literatura de ciencia.
Comentario que no tiene sentido ninguno… Aparte de que la abreviatura de milímetro es mm (y no ml de mililitro), una distancia negativa no es más que la misma distancia en sentido contrario. Y dado que la longitud de onda es una distancia entre dos puntos sin importar el sentido en el que se mida, recomiendas hacer exactamente lo mismo que se hace ahora. Bravo
Muy interesante, gracias. Estos datos curiosos sobre astronomía me encantan, y si mencionas algo de Contact me tienes ganado.
Y, ¿un radioastrónomo profesional tampoco es capaz de reconocer las constelaciones nocturnas a simple vista? Por lo menos, es lo que dicen las malas lenguas (astrónomos aficionados XD ) que les pasa a los astrónomos profesionales.
Artículo interesantísimo, por cierto.
Aquí también puedo responder yo. Ser astrofísico (o astrónomo profesional, pero prefiero usar lo primero) NO es lo mismo que se astrónomo aficionado, son cosas muy distintas. Los astrónomos aficionados (astrónomos) disfrutan del cielo estrellado, saben reconocer las constelaciones, los planetas, telescopios de aficionado e incluso en muchas ocasiones están más “enterados” de noticias astronómicas en general que los astrofísicos profesionales.
Un astrofísico, sea radioastrónomo, astrofísico que trabaja en el óptico, infrarrojo, usando datos de satélites artificiales o astrofísico que trabaja con modelos de computadora o teóricos, no necesita en absoluto conocer dónde están las estrellas sobre el cielo, identificar las constelaciones o los planetas, etc. Eso no es su trabajo. Su trabajo es estudiar la física subyacente a “un tipo de cuerpos”, que pueden ser planetas o asteroides, o nebulosas o galaxias. A veces el trabajo es tan especializado que a uno le cuesta conocer las noticias de otros campos dentro de la Astrofísica (por ello que astrónomos aficionados que siguen las noticias se enteran antes de algunas cosas). En muchas ocasiones, los astrofísicos no son vocacionales, como sí son los astrónomos aficionados, sino que llegan a la astrofísica al terminar la carrera de Física y están interesados, por ejemplo, en estudiar las atmósferas planetarias usando Mecánica Estadística, Termodinámica e Hidrodinámica, o cómo se emite la luz en las nebulosas usando Física Cuántica y Fenómenos de Transporte. Es así como llegan a ser astrofísicos, sin necesidad de haber mirado nunca al cielo.
A lo que quiero llegar es a lo siguiente: un astrónomo aficionado no debería jactarse de que conoce el cielo mejor que la media de los astrofísicos profesionales, de igual forma que un astrofísico profesional no debería mirar “por lo bajo” a astrónomos aficionados, dado que a veces son ellos los que proporcionan datos muy importantes para el avance de la Astronomía (cometas, supernovas, asteroides, incluso lluvia de meteoros y observación planetaria, por poner algunos casos). Son cosas muy distintas.
Eso sí, respondiendo a tu comentario, si un astrofísico profesional normalmente no sabe reconocer el cielo estrellado, un radioastrónomo aún menos. Aunque por otro lado conozco varios radio-astrofísicos que son excelentes astrónomos aficionados. Normalmente los astrofísicos que conocemos el cielo hemos sido astrónomos aficionados de jóvenes, y por esa vocación nos “metimos” en el campo profesional. En mi caso, me considero ambas cosas: a diferencia de muchos de mis colegas astrofísicos, de vez en cuando me suelo “apartar de los tecnicismos profesionales” y usar telescopios de aficionado (tengo varios) para disfrutar del cielo estrellado como el astrónomo aficionado que sigo siendo.
Como la vez anterior, nada que añadir al comentario de Ángel. Coincido plenamente.
Está estupendo explicado. Yo tengo algún conocido que es físico, y tengo más afición yo a la nebulosas que él xD
Sin embargo el Máster en Astrofísica, ahí está, para los físicos que quieran hacerlo.
Me parece que lo has explicado muy bien.
Bueno, bueno. Unas cuantas puntualizaciones: Cuando se trabaja en el rango sub-milimétrico (“cerquita” del rango óptico) hay algunas cosas que cambian un poquito. Por ejemplo, en la sala de contro del JCMT en Hawaii hay frigoríficos y microondas preciosos, y es muy divertido ver un ordenador antediluviano junto a un macbook air conectado -como no- por wifi. Respecto a los punto 5 y 6… bueno, la atmósfera SÍ molesta en el rango sub-milimétrico, y mucho! (precisamente por eso los radiotelescopios se siguen situando a esas alturas y en esas localizacionese , donde la atmósfera es menos densa, el vapor de agua más escaso, la opacidad más pequeña. Y la luz diurna causa varias turbulencias en la atmósfera con lo cual sigue siendo óptimo observar de noche.
Por supuesto, tal como se indica en el artículo, según nos alejamos más y más del visible, todos estos inconvenientes van desapareciendo, pero no es así para el caso de ALMA, también mencionado
Un saludo
Tienes razón, asgard. Es el problema de juntar en un artículo tan básico cosas bastante diferentes como la observación en sub-milimétricas y en centimétricas, que están llenas de matices.
Mi intención en el texto era mencionar en pocas palabras que en sub-milimétrico la atmósfera molesta bastante (de ahí lo de despejada y en relativa calma), pero es muy posible que no haya hecho el suficiente hincapié en ello.
Es cierto que ALMA será muy susceptible a la atmósfera cuando observe en sub-milimétricas, y a la máxima resolución de imagen posible las condiciones idóneas son tan delicadas que probablemente sólo se darán unos pocos días al año.
Otro saludo
Ah, yo no me hice astrónoma porque realmente me lo imaginaba así xDD
Y como me gustaban más las fotos de nebulosas con falsa luz… xD ¡¿A quién no le gustan las fotos con falsa luz?!