El programa

Siempre recordaré su nombre, sus propiedades y el lugar en que la encontramos: molibdenita, una fina lámina de intenso brillo plateado que estaba incrustada entre otros minerales, en unos enormes pedruscos con los que hicieron el espigón de la playa de Foz, el pueblo en el que crecí. No es un mineral fácil de encontrar, pero eso no era un inconveniente para la ilusión de sabueso con que los cuatro amigos husmeábamos buscando rocas por los alrededores del pueblo. Lo hacíamos en las horas libres, al salir del instituto.

Las desapacibles tardes de invierno siempre fueron para nosotros una caja llena de sorpresas que alimentaba una curiosidad voraz. De esa manera descubrimos granates, dodecaedros de pirita o brillantes bosquecillos de columnas de cuarzo. Todo estaba ahí afuera, no había más que salir a pasear con los ojos bien abiertos.

Era algo que hacíamos por nuestra cuenta. ¿Cómo es posible que jamás, ningún profesor del instituto, ni siquiera el de geología, nos llevara a dar una vuelta para buscar, conocer y estudiar las rocas y minerales de la zona? ¿Cómo puede ser?

En esa época tuve clases de geología, pero no recuerdo nada. Lo que sí recuerdo, y muy bien, son las rocas y minerales que recogí por mi cuenta. La emoción y la ilusión son buenos aliados de la memoria y el conocimiento.

Dodecaedro de pirita, uno de los primeros minerales de mi colección

Estábamos a comienzos de los años 80 y habíamos visto en la película “Juegos de guerra” a unos adolescentes manejando ordenadores personales. En España ninguno de nosotros había tocado nunca un ordenador personal, unos cacharros que parecían extremadamente interesantes. Inicié una campaña de intenso desgaste emocional para que mis padres se decidieran a invertir su dinero en el ordenador personal más barato del mercado, un aparato que acababa de empezar a venderse en algunas tiendas de las grandes ciudades: se llamaba ZX-81, tenía 1K de memoria RAM y carecía de disco duro. Para mí era como pilotar una nave espacial.

Ese invierno todos los amigos nos reunimos alrededor de mi flamante ZX-81; recuerdo perfectamente la primera vez que lo conecté. Aprendimos a programar y comprendimos de manera natural y espoleados por nuestra curiosidad cómo funcionaba por dentro.

Esto de los ordenadores personales no era la materia de ninguna asignatura, no estaba en EL PROGRAMA, ni siquiera existía la materia de “informática”; lo nuestro era simplemente curiosidad. En la sociedad empezábamos a conocer en qué consistían los ordenadores, pero en el instituto todavía eran inexistentes.

¿Cómo es posible que en esos primeros años en que surgía una tecnología fascinante, jamás, a ningún profesor del instituto se le ocurriera decirnos dos palabras sobre esas máquinas? Ah, ya… no entraba en EL PROGRAMA.

Así y todo, algunos de nosotros aprendimos a programar por nuestra cuenta, con ganas, de manera “natural”; primero con el ZX-81 y más adelante con el ZX-Spectrum y el Commodore 64. Más adelante, conocer las tripas y el lenguaje de los ordenadores me fue muy útil para sumergirme en la investigación científica.

Mi viejo ZX-Spectrum

También recuerdo muy bien las noches en que descubrí y aprendí los nombres de las estrellas. Nos juntábamos y, en vez de buscar piedras, nos alejábamos al anochecer unos 2 km del pueblo para dejar atrás las luces. Y ahí estaban todas: Rigel, Sirius, Aldebarán, Capella, Vega, Deneb… y muchas otras. Las sigo visitando hoy en día cuando las nubes se abren. Jamás ningún profesor nos habló de las estrellas, o si lo hizo, fue sin pasión; si no lo recordaría.

En uno de esos años de instituto visitó la Tierra el cometa Halley. Se trataba de un acontecimiento extraordinario, algo que ocurre una vez en la vida. Nuestra incipiente afición a la astronomía nos llevó con gran pasión a seguir el cometa. Pero no era tan fácil, había que saber por dónde andaba: se movía algo todos los días y además no brillaba gran cosa. Con todo, no se nos escapó. Con mucho pesar decidí que merecía la pena vender el ZX-81 para comprar con el dinero obtenido unos prismáticos que nos permitieran seguir al cometa. El Halley era el Halley.

Vendí el ordenador por 7000 pesetas (unos 43 euros), la mitad de lo que había costado, y con otras 2000 pesetas (12 euros) que conseguí arrancar a mis padres, compré unos prismáticos rusos de 10×50 de los que no me he separado nunca. Para localizar el cometa llamaba por teléfono a la Casa de las Ciencias de A Coruña; con las coordenadas que nos daban, los cuatro amigos andábamos esos 2 km que nos alejaban de las luces del pueblo, nos tumbábamos en la hierba y ¡allí estaba el famoso cometa! Mientras todo el mundo de nuestro entorno dormía, nosotros estábamos pegados al cielo. Nunca lo olvidaré.

Sin embargo… ¿cómo es posible que jamás a ningún profesor del instituto se le ocurriera darnos unas clases o seminarios especiales sobre el cometa –ya no digo excursiones nocturnas, que también podría ser– y ayudarnos a localizarlo y seguirlo? ¿Cómo puede ser? Sencillamente, ese tema no estaba en EL PROGRAMA.

La ría de Foz, como muchas otras rías de la costa gallega, es un entorno excelente para las aves. Ahí están, todos los días, es gratis, solo hay que mirar. Cuando descubrí la imponente elegancia de una garza real no sentí placer, sino turbación: llevaban toda la vida ahí delante, pero nadie me lo había dicho y habían pasado desapercibidas a mi vista. Los prismáticos del Halley me mostraron otro mundo aquí en la Tierra. Recuerdo la primera vez que vi, adentrándome por el río, un martín pescador: no tiene nada que ver con las fotos, ni con lo que se aprecia en la tele. Es una bola viva, de un azul intenso, que se mueve a toda velocidad.

En el instituto, al comienzo, no teníamos clase de informática, pero sí de biología o ciencias naturales o como quisieran llamarlo. No recuerdo qué nos contaban, en qué consistía EL PROGRAMA. Supongo que nos hablarían de la célula, las bacterias, las plantas, los animales… lo que fuera que estuviese estipulado en los documentos oficiales. Nunca salimos a un charco a tomar una muestra de agua para observar al microscopio esos seres unicelulares de los que nos hablaban. Charcos hay en todas partes. Y, desde luego, jamás dimos el mínimo paseo para, asomándonos a la ría, descubrir un mundo fascinante de aves.

La garza real no venía en EL PROGRAMA.

¿Cómo puede ser que jamás a ningún profesor del instituto se le ocurriera llevarnos a observar la naturaleza que teníamos delante de nuestros ojos? ¿Cómo es posible?

No todos los pueblos tienen a su alcance unos restos arqueológicos como el castro que hay en Fazouro, en el municipio de Foz. En Galicia, la arqueología no es una disciplina histórica y científica, es la propia tierra. Sin embargo, nunca nos enseñaron a mirar para ella. No viene en EL PROGRAMA. Al castro de Fazouro me llevaron mis padres y luego, cuando ya podía andar solo por ahí, hice andando los 8 km que hay por la costa hasta llegar a él. Tendría unos 15 años.

El arqueólogo Xurxo Ayán, dando una improvisada lección de arqueología popular en el castro de Fazouro

En esos 15 años de colegio y de instituto jamás fuimos de excursión con ningún profesor para visitar ese castro ni ninguno de los muchos otros restos arqueológicos que hay por la comarca. Eso sí, hicimos excursiones en autobús, de cientos y miles de kilómetros, para visitar iglesias y monumentos de todo tipo, que también es importante conocer, desde luego. Pero nadie nos enseñó lo que teníamos a unos metros de distancia. ¿Cómo es posible?

Desde que descubrí las obras inmortales de la literatura y la filosofía, no he dejado de leerlas con avidez. En los buenos libros está condensada la mente de otras personas, las cuales tienen además cosas interesantes y útiles que contar. Como es natural, en cualquier época, la mayoría de esas personas ya están muertas, ya que los grandes autores vivos son únicamente la punta de la lanza. La emoción que tengo hoy en día al descubrir una buena obra de literatura es similar, o mayor, a la de ver el cometa Halley, el vuelo de una garza real o enchufar por vez primera el ZX-81.

Pero la literatura y la filosofía llegó tarde y despacio ya que, según EL PROGRAMA, los alumnos que elegíamos la rama de “ciencias” no debíamos exponernos a esas cosas que solo se le mostraban a los de “letras”. Y viceversa. Soy incapaz de comprender semejante crueldad. ¿Cómo es posible que a alguien se le ocurra cortarnos las alas de esa manera? Pues a alguien se le ocurrió, y se le sigue ocurriendo. Pero es que ni siquiera, a los alumnos de “letras”, les dejaban observar a sus garzas reales. No recuerdo que nos visitaran poetas o escritores, que también los hay vivos, para hablarnos de su pasión por la literatura.

En definitiva, ¿cómo es posible que sigamos aplicando a los jóvenes unos métodos de enseñanza ridículos, inútiles y crueles? ¿Cómo puede ser que la época de la vida de una persona en donde la emoción, la pasión y la curiosidad están a flor de piel se convierta en muchos casos en un trauma?

Desde luego que, afortunadamente, en algunos centros de enseñanza hay profesores que, interpretando EL PROGRAMA a su manera, les enseñan a sus alumnos a descubrir el mundo que tienen a su alrededor. Salen del aula y miran hacia las estrellas y hacia la naturaleza de su entorno. Yo tuve que hacerlo por mi cuenta, en compañía de mis amigos y ayudado por la mente abierta de mis padres. Ahora doy clases en la Universidad, cuyo PROGRAMA sigue siendo una ridícula soga que constriñe la imaginación.

¡Qué ganas tengo de romper EL PROGRAMA!


55 Comentarios

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Marcos

Enhorabuena, has conseguido entretenerme un buen rato.

Y ahora toca reflexionar !

Saludos desde Asturias !

Dr. Litos

Magnífica reflexión. Soy un convencido de que los que intentamos difundir y despertar pasión por la ciencia erramos nuestros objetivos. Deberíamos darle la mayor importancia a los colegios, institutos, donde muchísimos jóvenes van a interesarse por cualquier cosa que resulte curiosa, divertida; aunque sólo sea uno de cada X. Se trata de enseñar a entender y conocer el mundo, y el mundo está ahí fuera, no encerrado en las cuatro paredes del aula.

La enseñanza es tan importante como la investigación, y tristemente no se le da la misma importancia (y eso que tampoco la investigación va sobrada…).

El Navegante

Completamente de acuerdo. Pero añadiría una cosa: nada como descubrir uno mismo las cosas. ¿Qué es mejor, que un profe te muestre el Halley o encontrarlo tu mismo? Ahí está lo complicado. Despertar inquietudes, no darlo todo hecho

AbraxasAbraxas

“¿Cómo es posible que en esos primeros años en que surgía una tecnología fascinante, jamás, a ningún profesor del instituto se le ocurriera decirnos dos palabras sobre esas máquinas?”

Sinceramente, si en aquella época algún profesor hubiese intuido siquiera que esas maquinas llegarían a ser importantes para las vidas de todos, ese profesor sería un auténtico visionario.

Yo me inicié con los ordenadores muy muy joven, se me daba realmente bien (crecí con ello) y ahora me dedico a estas cosas. Hasta que no cumplí los 16 años no supe que se podía hacer carrera de la informática, e incluso cuando entré en la universidad 2 años después no podía ni sospechar que la informática iba a convertirse en algo tan importante a tantos niveles, internet era algo de lo que solo 4 marginados (entonces no “existían” los frikis) habíamos oído hablar por aquella época, aún faltaban años para que llegase la tarifa plana.

Que un profesor de instituto no prestase atención a los Spectrum cuando salieron es lo más normal del mundo, me parece a mi :-)

Antonio Lopez

Voy a romper una lanza por los profesores, por lo menos en mi época, el temario del curso era muy extenso y siempre terminábamos el curso sin completarlos.

El ejemplo mas claro fue en 5º o 6º cuando al profesor de matemáticas no le dio tiempo de enseñarnos las integrales, en el curso siguiente el profesor de física tuvo que perder un día en enseñarnos, y bastante cabreado.

Yo también empece con un zx-80 transformado despues zx-81, aunque le saque mas partido al comodore 64

Francis

Xurxo, en un curso de formación continua de profesorado uno de los instructores nos habló del temario y del corsé del temario. Tras dos horas de amena clase magistral, que fue aderezada con algo de interacción con los que éramos alumnos, su conclusión fue clara (resumo dos horas de matices en una sola frase): el temario está para saltárselo.

El temario es como el sendero cuando paseas por el campo, marca el lugar donde tienes que llegar, pero el disfrute está en lo que le rodea.

Emotiva entrada que me ha traído buenos recuerdos. Yo me inicié con el ZX Spectrum y tengo en casa más de 150 ejemplares de la revista Microhobby desde el primer número hasta que años más tarde me cansé.

Saludos,
Francis

Fisilosofo

Xurxo, muchísimas gracias por escribir esto y condensar en un sólo post reflexiones que tendrían que oírse más a menudo entre profesores.

Saludos

Arturo Quirantes Sierra

Yo tuve algo más de suerte con eso de “El Programa.” Estuve en un colegio donde los profes nos llevaban a ver los estratos y los sinclinales, y nos pasábamos una mañana con un mapa militar en la mano buscando minerales de yeso. Llevábamos botes de casa para hacer experimentos en el laboratorio. Un profe nos puso a hacer una colección de minerales, otro un herbario de plantas que ibas recogiendo y clasificando tú mismo. Aún flipo cuando lo recuerdo. Por supuesto, en un colegio de pago. Ahora mis hijos están en ese mismo colegio. Me cuesta un huevo, pero lo vale.

En lo de la informática, tuve la grandísima suerte de estar … fuera del país. Mi padre me mandó a hacer el COU a EEUU, y también le costó lo que no está en los escritos. Pero valió la pena. Era 1983, y ya estaban con los TRS-80 de Radio Shack, la clase de Computer Science estaba ya en El Programa, y gracias a eso aprendí a programar y a dominar al ordenador. A mi vuelta, la gente ya estaba alucinando con el ZX-81. Cuántos años tardó en llegar a El Programa, no lo sé. Yo nunca di informática en el aula. Pero gracias a mi experiencia americana y a que sabía Basic, pude dar el salto a Fortran, y ahora me gano las lentejas (investigadoras) con ello.

El problema es ¿cómo compaginar el Club de los Poetas Muertos con El Programa? Queda muy bonito eso de ir por la playa viendo garzas, o explorando el cometa Halley, pero el tiempo que dedicas a ello lo pierdes de El Programa, y yo (profe de Universidad) rechino los dientes cada vez que me viene un alumno a primero de carrera sin saber lo que es una derivada.

Estoy hecho un mar de dudas. ¿Es mejor el sistema americano, que te deja escoger las asignaturas que te dé la gana pero donde se asume que el 90% de los alumnos van a acabar en el McDonalds o en el taller de chapa y pintura? ¿El español que te da un montón de conocimientos pero carece de flexibilidad?

No es una queja. Realmente, no sé cuál es el punto de equilibrio óptimo, ni cómo llegar a él. Quizá sea una mezcla de todo.

Pero sí sé algo muy cierto. Cualquier posibilidad de ver garzas, recoger minerales o explorar el cielo, cualquier esfuerzo extra que un profesor pueda dedicar a sus alumnos, está siendo aplastado por las políticas actuales. Los recortes nos van a amputar miembros enteros. Aún no nos hacemos idea, pero va a doler como nada nos ha dolido hasta ahora.

Javi Maravall

A mi modo de ver, la clave consiste en valerse del programa para “sembrar la semilla del asombro”, que diría Carl Sagan. Se debe saber impartir una clase de manera que despiertes el interés, el deseo de saber, en el alumno. Conseguir que espere la clase con ilusión porque sabe que, a diferencia de todo el resto, en ella va a aprender, va a sentir, va a participar. Va a experimentar la euforia del conocimiento.

Y luego anhelará que le lleves a ver garzas.

Dani

Xurxo, soy de tu generación (creo que nos separan pocos meses) y me he sentido totalmente identificado con tu post.

No era del ZX Spectrum como tú y Francis, sino del Dragon32 pero por lo demás, cambiando el ordenador y los lugares, es también MI historia.

Muchas gracias. Apasionante relato.

Un abrazo

FélixFélix

Coño que buenos recuerdos me has traído. Sigo teniendo minerales pero sobre todo muy buenos recuerdos de aquella época. Llevo todo el año revisitando las clases de Walter Lewin (mit 8.02) y Anant Argawal (mit 6.002) para saltarme el programa de mi asignatura a ratos el año que viene. Este año ya lo hice un poco y ha sido un éxito. Cuando tenga listos algunos experimentos caseros ya te contaré.

Lo que no deja de ser curioso de aquella época es que casi lo único fuera del programa fuese que alguien decidiera que las clases de informática las diésemos nosotros (chavales de 14años) en lugar del profesor asignado, que no tenía ni muhca idea, ni mucho interés.

Doctor Mapache

Joder, completamente identificado.

Lo mejor que me pudo pasar fue un profesor de matemáticas en 2º de BUP que nos dío un trabajo al principio de curso con preguntas como cual es el número más alto que se puede obtener con 3 nueves usando cualquier opración matemática usándola sólo una vez, o si un glo asciende su sombra es más grande, más pequeña o igual… cada viernes nos dejaba tiempo para currarnos el trabajo. Gracias a él empecé a apasionarme por las matemáticas recreativas.

Lástima que sólo fuera uno entre la multitud de profesores que tuve.

yugurtungueyugurtungue

Has retratado perfectamente al profesor medio. Sumemos los resultados de nuestros estudiantes y ahora que vengan los profesores a quejarse de que les hacen trabajar 22 horas a la semana y que lo suyo es muy duro. Dan “el programa” (que sólo tienen que prepara el primer año que les toca) y punto. Y encima se quejan y pretenden que los demás nos movilicemos por ellos, que tanto se esfuerzan por “educar a nuestros jóvenes”. Espero que se les pongan las pilas y empiecen a esforzarse en su trabajo, a ver si vemos resultados.

Sergio L. Palacios

Creo que andas un tanto despistado/a. Has mezclado el tocino con la velocidad y no has entendido nada del artículo.

Un saludo de un profesor que se salta continuamente el programa y trabaja bastante más de 22 horas semanales.

Franciscoj

Y por suerte, no eres el único. El problema, el enorme problema, Es que cada vez quedáis menos.

Los que se preocupan por enseñar, preparar sus clases y despertar algo de inquietud en los alumnos se cansan cada vez más. Y a veces con razón. Desde padres que se quejan por que hacen que sus hijos trabajen un poquito más de lo que viene en el PROGRAMA, pasando por el profundo desprecio que esta sociedad tiene a los maestros… todos somos culpables.

En mi caso tengo la enorme suerte de tener en casa un señor en casa (mi padre), que no era maestro, no tenía ni estudios secundarios, pero se empeñó en inculcarme la curiosidad y las ganas de aprender. Ojalá hubiera muchos mas padres así y el trabajo de los maestros en ese sentido fuera mucho más fácil.

yugurtungueyugurtungue

Es posible que te lo saltes, y que trabajes “bastante más”, es posible que ese “bastante más” sean 4 horas, o 10, o 40. Pero muchísimos profesores NO lo hacen, no se saltan el programa y no hacen más que lo mínimo para cubrir el expediente. A las pruebas me remito, no puede ser que toda la culpa sea de los padres, algo de culpa tendrán los que enseñan.

Y no ando despistado, en el artículo se habla de que la mayoría de los profesores no saben despertar el interés de sus alumnos, y yo le echo la culpa precisamente a esos profesores, no a todos los profesores.

Fíjate que hablo del “profesor medio”, no de “todos los profesores”, lo cual implica que hay profesores mejores y también que los hay todavía peores.

Don Mostrenco

Por motivos personales, conozco a un elevadísimo número de profesores de instituto y, aunque siempre hay notables excepciones, lo cierto es que la gran mayoría muestran poco o muy poco entusiasmo a la hora de enseñar su materia.

Para una abrumadora mayoría de profesores los institutos son el edificio en el que trabajan, no el lugar dónde los alumnos aprenden.

Incluso no es raro que, si aparece un profesor con iniciativas originales y realmente educativas como las citadas en éste artículo, sean recibidas con abierta hostilidad por una gran parte de sus compañeros de trabajo.

jjjj

A la parte del ordenador puedo aportar algo: yo estudié industriales, mi primer curso de programación en BASIC lo recibí en el año 78, en aquella época la universidad politécnica de Valencia no tenía un ordenador central (ni lateral, posiblemente), solo una perforadora de tarjetas, una lectora y una impresora. Tu escribías tu programa, machacabas las tarjetas y las dejabas en una bandeja cogidas por una goma, la lectora se conectaba a un ordenador en Madrid al cual estaban conectadas no se cuantas universidades, ejecutaba el programa y generaba el listado que al día siguiente recogías en otra bandeja, entonces lo estudiabas, corregías errores, perforabas nuevas tarjetas y vuelta a empezar, depurar un programa de lo más básico te costaba una semana. ¿te extraña que en los institutos no supieran anda de ordenadores?.
Eso sí, reconozco que razón no te falta.

BecarioBecario

Pues mi experiencia educativa en colegio e instituto publico es muy diferente, hablo de mediados y finales de los 90’s. Yo he salido a recoger minerales, a observar la fauna y la flora de los galacho que hay en las afueras de mi ciudad, lo mismo en el Moncayo. Tuve una profesora de biología y botánica que nos hice preparar un herbario para final de curso (y continuamente usábamos el microscopio). Mis profesores de física y química cada 2 semanas nos llevaban al laboratorio, aprendí a prepara jabón, realice valorizaciones de ácidos/bases, etc.
Lo cual acabo entrándome el gustillo por la química y al final entre en la escuela de ingeniería para hacer ingeniería química. Sin esos profesores que alentaron y nos guiaron cuando sentíamos curiosidad, posiblemente no me hubiera dedicado a lo mismo. Por ellos a todos los profesores que realmente disfrutan dando sus clases, GRACIAS!!

P.D: Y todo esto en la denostada ESO!!

migmig

Aún recuerdo los ojillos brillantes de mi profesora de francés cuando me entregó mi primer examen aprobado con buena nota. O al profe de matemáticas dando una lección sobre estadística sobre un texto de un cuento en lenguaje aparentemente inexplicable.
Las salidas al campo para reconocer estratos y minerales, las ruinas, las charlas de ética, las clases prácticas sobre agricultura, incluso los vídeos del profe de religión.
Si hay algún profe leyendo este blog, gracias por el trabajo que realizan y mención a muchos de mis profesores de los que conservo ratos inolvidables en mi memoria.
Chapeau por el escrito Xurxo.

AreyoukiddingmeAreyoukiddingme

Mucho listillo y flipado leo por aquí; pues no creo que haga falta ser un lumbreras para darse cuenta de que EL PROGRAMA es lo que hay cuando tienes que tirar palante un aula con una ratio de 25 (y suma y sigue) canallas. Muchos de ellos, por cierto, sí salen a buscar pedruscos y rocas después de clases… de esos que se fuman y hacen escribir artículos mediocres como este.
Ya veríamos la motivación e implicación de muchos profesores si tuvieran grupos reducidos y tiempo y dinero para poder hacer todo tipo de experiencias pedagógicas. Criticar es muy fácil, ponerse en la piel del otro ya veo que NO. Ninguna novedad

Juan AusensiJuan Ausensi

Sorry. En mi época los grupos eran de 35 a 40 niños. Y profesores los vi de todas clases: verdaderos genios, mediocres amargados, divulgadores carismáticos, déspotas…

El número de alumnos en las aulas NO es EL problema (a no ser que hablemos de limitaciones físicas). Aunque tengas un solo alumno, si éste no está por la labor, no conseguirás nada.

Lo que quiero decir es que si hipotéticamente aumentaran el presupuesto para educación y este aumento sirviera sólo para reducir el ratio alumnos-profesor, me sentiría estafado. La historia se cuenta una vez para todos, ¿o es que hay que ir pupitre por pupitre contando la historia de manera personalizada a cada alumno?

Ahora bien, eres libre de interpretar toda crítica al sistema educativo como una afrenta personal. Tú mismo.

AxelAxel

La verdad es que esto sí que debería estar considerado en el programa, que hayan actividades prácticas a elección del profesor. Por mi parte no me quejo, mis profesores sí nos hicieron hacer muchos experimentos interesantes y excursiones.

Para ser un poco justos con los profesores, creo que el problema son los padres, si tienes 30 alumnos, tendrás que aguantar a 60 padres, y muy posiblemente varios de ellos serán neuróticos.

Simplemente me parece que los profesores tienen poco respaldo.

asdfasdf

Para ser de la sociedad hay que seguir el programa o serás un antisistema.

Supongo que todos nos hemos sentido asi alguna vez en nuestra vida escolar. Yo estoy desencantado con la vida cuando al querer salirme de la linde me soltaban a los perros para volver al rebaño.
En cierta manera los entiendo. Al igual que a mi se me adabn bien las matematicas y quería volar, habia gente que tenia que aprender a andar todavia. Lo mismo que a otros para las letras era inigualable, yo todavia no sabia que era un sujeto o un verbo.

El sistema educativo es muy estandar, si quieres explotar los dones de tus niños, paga.

ProgrammerProgrammer

Xurxo, siempre es fácil disparar al pianista. Existe algo llamado libertad de cátedra y, por cierto, cuando sale alguien sacando los pies del plato no son precisamente los compañeros los que lo fusilan. Ya sé que tú hablas del “PROGRAMA”, pero evidentemente la parte donde impacta la mierda es la más visible del tinglado, y evidentemente eres consciente de ello. Por otro lado, ya está bien de considerar “educadores” a los profesores de enseñanza. Bastante hacen con intentar desasnar al personal. La educación o las ideas que ellos puedan propagar o alentar son muy tenues en comparación con lo que maman en sus casas, en su círculo personal, sus amistades, la bazofia televisiva y el martillo mediático. Para todos ellos un profesor en el mejor de los casos es una “plasta enrollada”, y dicho también sea de paso, a muchos de los que conozco, no les importa perder tiempo (SU tiempo) en alentar cualquier cosa cuando realmente existe interés por parte del alumno. Hay de todo, naturalmente.

Si el sistema está mal, entonces no es el PROGRAMA, sino el SISTEMA, aunque probablemente lo que está muy podrida es la SOCIEDAD, porque al final, como animales absorbentes y procesadores de información (para la supervivencia y la prosperidad) que somos, sabemos perfectamente intuir lo que parece importante y lo que parece no serlo, por tanto no creo que sea posible reformar el PROGRAMA sin antes reformar la SOCIEDAD. Porque evidentemente, cambiando el programa no vamos a cambiar absolutamente nada, por mucho que lo convirtamos en un totum revolutum renacentista.

alvaroalvaro

Totalmente de acuerdo (se lleva intentando ponerlo en práctica desde los años sesenta).

Te recomiendo “The school our children deserve”, de Alfie Kohn. Si vas a ser profesor deberías leerlo.

Si me pasas tu dirección por correo te lo regalo, todo sea por la causa.

María L

Lo que cuentas nos ha sucedido a todos en mayor o menor medida. Yo tuve profesores y profesoras que nos sacaban de excursión a conocer la naturaleza que teníamos enfrente o que nos hablaban de cosas de actualidad y otros que se ceñían a lo marcado por el libro de texto y punto. De todo, desde primaria hasta la universidad.

Hoy en día sigue habiendo de todo, pero creo que las cosas han cambiado para mejor. Lo digo por lo que veo en mi centro. Soy profesora en un instituto y os aseguro aquí no paramos de hacer salidas, trabajos relacionados con el entorno, actividades, concursos, exposiciones (muchas de ellas elaboradas por el propio alumnado), intercambios, etc.

En mi época de estudiante los laboratorios y talleres no existían o no se pisaban y hoy se imparten clases allí, antes no había ordenadores y ahora sí, antes se dibujaba con tiralíneas y ahora haciendo clics en una pantalla, antes no existía Internet y ahora alucinas con todo el material y recursos que puedes encontrar en la red, o el alumnado puede publicar sus trabajos para compartirlos con el resto del mundo rompiendo las paredes del aula.

Desde luego que todavía hay mucha gente que defiende “El programa” o le gusta seguir un libro de texto al pie de la letra, pero también hay que decir que somos muchos los profesores y profesoras que queremos quemarlos y que hacemos otras cosas, y no veas la de críticas que recibimos por todas partes: desde los propios compañeros de departamento hasta algunos entes superiores que están en la universidad que se atreven a decir lo que debemos hacer o no, o que diseñan unos exámenes de selectividad que son pura chapatoria de los temas de un programa y poco tienen que ver con las capacidades que desean que adquiera el alumnado que después les llega. Por supuesto cabe señalar el desprecio que recibimos de nuestros queridos políticos, que de educación y pedagogía saben bien poco, pero quieren solucionar los problemas de la enseñanza a base de pruebas de diagnóstico en todos los niveles para evaluar si se ha cumplido o no un programa, eso sí, aumentando la ratio hasta el punto de que no quede espacio en los pupitres para acercarse al alumnado. Con presiones por todas partes tenéis que daros cuenta de que no es sólo cuestión de voluntad.

A mí me gustaría pedir una cosa: Un poco de apoyo al profesorado. Si bien es cierto que hay gente que pasa de todo, también hay mucha gente que no (igual que sucede en medicina, en la investigación, en las oficinas o en el campo) y si os interesa esa otra forma de hacer las cosas, hablad de ellas, difundidlas, apoyadlas y ponedlas como ejemplo, pero en positivo. De otro modo, sobre todo generalizando, sólo se contribuye a crear una imagen distorsionada de la profesión docente que está haciendo mucho daño.

Quien esté hoy lejos de esta etapa educativa y le interese saber cómo funcionan hoy en día los institutos, le invito a que venga a ver uno. Sólo tiene que ponerse en contacto conmigo y le invito a que venga a asistir a una clase o a dar alguna. Estaremos encantados de recibiros! Y creo que sería bueno, pues opinar en base a lo que ocurría “en mis tiempos” no puede tomarse como ejemplo de lo que sucede en la actualidad ni es válido para solucionar los problemas actuales. Acercaros a mirar y seguro que os sorprenderá positivamente lo que os vais a encontrar.

Un saludo
María

MiKeL

Tú yo somos muy parecidos, gallego del demonio, y lo descubrimos nada más vernos. Tenemos historias paralelas y tanto lo que has contado de los ordenatas como lo de las visitas a la Naturaleza a buscar fósiles o anfibios en mi caso es mi propia historia. Por otra parte soy profesor de instituto y me he sentido vapuleado por tu verbo fácil, más cuando últimamente me han venido críticas por parte de padres y madres de mi alumnado porque no me ajustaba al Programa y les cuento de todo en clase o fuera de clase.

El drama de lo piramidal es notorio en los instis y los de Bachillerato se quejan de los de ESO porque no se machaca el programa, y a la vez los de la uni os quejáis de lo mismo respecto al Bachillerato. Parece que hay que dar mil cosas fundamentales, el tiempo es finito y el Programa es la sombra maldita que hay que cumplir sí o sí para que tu alumnado no vaya cojo al curso siguiente. El dilema es muy gordo.

Por otra parte he de decirte que no todo el mundo nace curioso, que hay personas de lo más “plof” que no se motivan nada, que no irían a buscar minerales ni con 5, ni con 10, ni con 15 años, que eso de ver las estrellas les parece de lo más soso y que en sus vidas, que parecen guionizadas a ritmo de clip musical. Todo eso que nos apasiona, querido Xurxo, les parece una moñada estúpida y que somos unos frikis del demonio. Mi alumnado me suele decir que cómo es que sé de todo y parece que lo he tocado todo y flipan cuando me paro en las escaleras de subida al insti para ver maniobrar a las hormigas. ¿Cuántos de mis alumnos aprovechan una de nuestras salidas a ver el estuario o la zona minera? ¿Cuántos de sus padres y algunos de mis compañeros de profesión piensan que eso es una pérdida de tiempo? Espero respuestas.

vagalumevagalume

Este es el comentario que más se ajusta a mi modo de verlo.
Si me retrotraigo a la época del instituto, mi MEJOR profesor fue sin ninguna duda el de francés, que hacía caso omiso de la existencia del programa (para él ESA COSA simplemente no existía). No teníamos libro de texto. El tipo llegaba a clase con cualquier obra maestra de la literatura francesa, y a partir de ahí hacía maravillas. Un soneto o un pequeño párrafo de una narración le daban para tres horas de clase, sin exagerar. Los aprovechaba para explicar “como quien no quiere la cosa” gramática, ortografía, pronunciación…, para introducir un riquísimo vocabulario jugando a familias de palabras (eran clases participativas), y… por si todo ello fuera poco, te hacía adorar a los autores franceses y te entraban ganas de comprar sus obras en versión original y leer más! (Que conste que quien esto escribe iba por la rama de “Ciencias puras”.)
Y ahora la otra cara de la moneda: Con este profesor todos los alumnos sabían de antemano que por el simple hecho de asistir a clase tenían aprobada la materia, porque estaba tan implicado en transmitirnos su pasión que lo de “evaluar conocimientos” era algo muy secundario para él (casi diría que un enojoso deber). El día de la evaluación solo servía para afinar las puntuaciones (la participación en clase le permitía seguir la evolución de cada alumno). Consecuencia de todo ello: NADIE (excepto yo) llevaba su materia al día. La mayoría de mis compañer@os limitaban a revisar por encima, el día anterior al “examen”, las notas tomadas en clase. Y punto. Sabían que estaban aprobados y que, a poco que se esforzasen, si su prueba no era un desastre, tendrían fácil el notable. ¿Para qué estudiar? ¿Para qué molestarse? Los dos años que me dio clase ese profesor aprendí muchísimo y me contagió su entusiasmo. Salí del instituto con un nivelazo de francés. No creo que mis compañer@s de aquel entonces puedan decir lo mismo, salvo un par de excepciones tal vez.
Conclusión: Esos profesores maravillosos que se saltan el programa y los métodos docentes ortodoxos solo son “apropiados” para el tipo de alumno que está dispuesto a “dejarse entusiasmar”. Con el resto el resultado es un completo desastre, ya que aprenden todavía menos que por los métodos convencionales. Por eso yo, como docente universitaria que soy hoy en día, no me atrevo a “pasar olímpicamente” de los programitas de marras. Precisamente porque recuerdo cómo era “estar al otro lado”. El post de @xurxomar me encantó, pero reviento si no digo que peca de ingenuidad, porque parte de la premisa de que “la buena semilla prende en cualquier terreno”.

María L

Vagalume, interpretar el temario de forma diferente o incluír temas y trabajos diferentes a lo establecido no significa necesariamente aprobar a todos de cualquier manera. En absoluto está reñido con la exigencia.

Los años que he tenido grupos de 2º de bachillerato en los que ninguno estaba interesado en ir a selectividad con mi materia he dado muchísimo más nivel, más que nada porque simplificas aquellos temas menos relevantes y profundizas en aquellos que aportan más a las capacidades de razonamiento. Realmente lo que hago es aumentar la complejidad en la resolución de problemas e incluir prácticas y montajes reduciendo los contenidos más descriptivos. De esa manera los resultados son mucho mejores, pues el trabajo es más motivador que chaparse de memoria una serie de cosas que no aportan nada y que sólo valen para aprobar un examen externo.

Por otro lado, en una clase siempre va a haber gente con interés en lo que se trabaja y gente a la que todo le da igual, especialmente en la ESO, pero el trabajo hay que hacerlo igual y hay que intentar sacar a todos adelante. No es fácil en muchas ocasiones dada la diversidad de problemas que te encuentras en un aula de educación secundaria, y la solución no es siempre igual. Una determinada actividad puede funcionar muy bien en un grupo pero no en otro, y es necesario adaptarse para conseguir algo.

Los programas rígidos y, lo peor, los libros de texto, no permiten esa adaptación a la diversidad, pues establecen sólo una vía para alcanzar unos objetivos, cuando dicha vía no es aplicable o no es la más adecuada en todos los casos. Tampoco permiten adaptarse al entorno o a la actualidad, pues se escriben en el pasado y lejos de donde vive el alumnado.

Desde luego que es necesario establecer por niveles un currículo básico, pero debería ser suficientemente flexible y con un grado de apertura que nos permita utilizar diversas soluciones para alcanzar los objetivos que se desean. Las pruebas externas igual, no deberían encasillar la labor docente como lo hacen.

Un saludo
María

Vero fillodateresa netodorevidas

Concordó co que dis, pero de todas formas paréceme moi oportuno o debate porque queremos escoltar de vos directamente o día a día da educación, e así vos estar mais en contacto cos país para saber do voso pronto de vista. Envíenos no post eqiuivocado

AnxoAnxo

Muy buena reflexión, no hace falta aguantar auténticos tostones en un aula para conocer el medio que nos rodea, bajando a la playa ó al charco del lado de casa ya descubrimos infinidad de seres que nos abren los ojos a nuestro medio.

RicardoRicardo

He flipado leyendo tu artículo. Porque yo empecé con el sinclair 2K, vamos una versión del ZX81 que vendían en Inglaterra con 2K !!! y aprendía a programar en Basic, y luego me compré en apple II plus, pero me los conocía a todos, commodore64, espectrum, Atari…..

Yo estudiaba FP electrónica, pero en las horas de taller, el profesor me permitía que fuera a mi bola, así que intercambiaba programas con otros colegas y en lugar de hacer las prácticas de taller yo iba a mi bola. El profe se enrrolló bastante conmigo al no presionarme, me veía trabajar y me permitía un cierto margen de libertad. Además nos metía electrónica digital en el PROGRAMA. Ahora he terminado siendo profesor fe FP y tengo las dos especialidades, electrónica e informática.
Respecto de la filosofía y la literatura, las he tenido que descubrir por mi cuenta y considero un crimen no haber tenido en mi programa educativo de joven estas disciplinas.
NO DUDO EN MODIFICAR MI PROGRAMA PARA ADAPTARME A LAS CARACTERÍSTICAS ESPECIALES E INDIVIDUALES DE MIS ALUMNOS. Aunque a veces reconozco no entender del todo las motivaciones de los jóvenes de hoy en día.

PedroPedro

Creo recordar que en la residencia de Estudiantes en Madrid, años 20 (bueno hasta el 36) a los de Ciencias les obligaban a compartir algunas clases con los de Ciencias y al revés. ¡Quizá perdimos el programa!. Buena reflexión.

marmar

Es muy interesante eso que cuentas. En mi instituto había un profe de geología fantástico, que despertó muchas vocaciones. Y uno de historia que era maravilloso, conseguía interesar hasta a los alumnos mas “plof” como dicen por ahí, y sólo porque se preocupaba por ellos.

Yo, que estudié el bachillerato de letras, tuve una nefasta profesora de latín y griego que me hizo odiarlos y desechar una filología porque me imaginaba cinco años memorizando terminaciones. Hace unos años fui a grecia y casí lloro de la emoción al descubrir que entendía parte de las inscripciones, creo que hubiese sido muy feliz estudiando estas cosas… por no hablar de que quizá con otros profesores de mates o física (tiemblo aún al acordarme de ellos) hubiese acabado venciendo mi interés por la ecología y los bichos y me hubiese decantado por las ciencias.

Creo que la conclusión no es, sin embargo, como parecen haber entendido otros comentarios, que la culpa del desinterés por las materias o del fracaso escolar sea de los profesores, que son malos o no se esfuerzan.

Creo que la concluión que debemos sacar de éstas experiencias es que es muy muy importante mimar a los profesores, que estén bien formados, bien considerados, que los padres no les den por saco más de lo necesario, que tengan buenas condiciones de trabajo y, por qué no, que tengan tiempo para descansar y desconectar, para que no acaben odiando a sus alumnos y puedan dar el programa y lo que no és el programa. Y por supuesto premiar a los que lo hacen y entusiasman a sus alumnos.

marmar

Por cierto, en mi clase de latín, hace más o menos diez años, estábamos doce alumnos, todos con buenas notas y muchas ganas de aprobar. De un buen centro, con medios, alumnado sin problemas sociales, sin inmigrantes, sin alumnos conflictivos (al menos no en bachillerato) y en el que todos queríamos ir a la universidad.

El bachilerato de humanidades, como se llamaba, no era en mi centro al que iban los malos alumnos (era, no sé por que, el de ciencias sociales) y los que estábamos en él era porque queríamos. No sé como serían los padres de todos los alumnos, pero desde luego los míos no eran de esos que iban a exigir aprobados, más bien de esos que consideraban que los profesores siempre, en cualquier circunstancia, tenían razón.

El mismo grupo tuvimos una optativa de antropología con un profesor que nos puso películas, nos llevó a un yacimiento, nos hizo leer libros estupendos y al final sacamos todos un sobresaliente (que no nos regaló). De los doce que estábamos, dos son ahora antropólogos.

Quiero decir que aquella profesora no tenía ninguna excusa para usar las mismas técnicas pedagógicas que ya tenían en la edad media, ni para no preocuparse lo más mínimo por que odiásemos sus asignaturas.

marmar

Doctor Mapache: quizá no me expliqué bien. No digo que los inmigrantes sean un problema. No tengo ni idea y además estoy segura de que es una cuestión mal planteada. Tampoco sé hasta dónde es determinante el nivel cultural de los padres o la situación económica de la familia. Es sólo una más de las excusas que he escuchado para justificar la mala docencia.

Doctor Mapache

Pues para no decirlo bien que lo dejas clarito y si para estar segura de que es una cuestión mal planteada bien que lo has escrito. Y no, no parece una excusa dada por un tercero, es lo que tú pones como razón por la que tu centro era bueno.

Y si no quierías ponerlo te aconsejo releer el comentario antes de enviarlo.

Has sonado a eso de “yo no soy racista pero…”

marmar

Leelo tu: es una enumeración. De motivos que suelen darse: es un centro conflictivo, tengo muchos inmigrantes, mis alumnos están aquí obligados, tengo un montón de repetidores, tengo cuarenta alumnos.

Lo que creo que está mal planteado es si los inmigrantes son o no un problema en un centro educativo, pero está claro que tú sabes mucho mejor que yo lo que quería decir, lo que pienso de los inmigrantes y si soy o no racista, hay que joderse.

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marmar

Ah, tampoco tengo ningún problema con los repetidores, con los que no quieren ir a la universidad, con los hijos de divorciados, con los que tienen la desgracia de nacer en un entorno de delincuencia ni con los que hicieron bachillerato de Ciencias Sociales.

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Doctor Mapache

Mar, me parece bien todo lo que dices en ese caso debería aplicar esto:

“Y si no querías ponerlo te aconsejo releer el comentario antes de enviarlo.”

PaveranaPaverana

Quien fue el que dijo “Cuando dejé de estudiar empezé a aprender” ???

car_osvcar_osv

Hace unas semanas un cliente me comentó que en el Principado de Liechtenstein las personas jubiladas que habían desempeñado algún cargo importante empresarial, académico, investigador, etc., si lo deseaban, se comprometían a dar algo parecido a clases magistrales a los alumnos de institutos y universidades, y por supuesto ésto es bien recibido y agradecido. Eso aquí es casi impensable, por un lado no se desea puesto que interrumpe el normal desarrollo del temario, hay que coordinar a distintos profesores y disponer de un salón de actos. Por otro lado, en muchos centros no se ve con buenos ojos la presencia de personas ajenas al centro y menos si vienen gratis, no tienen nada que perder y pueden criticar.
Yo, personalmente, tengo que agradecer a un profesor las clases que nos daba. Era capaz de salirse del programa y ofrecernos una “clase magistral”. Claro que era una persona fuera de lo común, empresario de éxito, profesor y al mismo tiempo estudió la carrera de derecho porque le gustaba. Por supuesto, he tenido también pésimos profesores. De éstos nadie se libra

AlbertoAlberto

Muchas gracias por el artículo. Cuando se está hablando tanto de la calidad de la enseñanza, y de lo que costaría tener una enseñanza mejor, vemos que lo único que hace falta es tener buenos profesores que sean capaces de enseñar y no solo de cumplir lo que se espera de ellos.

XurxoXurxo

Muchas gracias por todos los comentarios, reflexiones y aportaciones.
Soy totalmente consciente de que ahora ya no estamos en los años 80; también soy consciente de que una cosa es criticar y otra ponerse todos los años delante de un grupo de alumnos a los que hay que transmitir una serie de conocimientos, pero que tienen unos intereses e inquietudes muy variados. Yo también soy profesor y sé que no es fácil conseguir el equilibrio entre el programa oficial, la responsabilidad de enseñar y la ilusión por emocionar.
Parece que algunos de los críticos no se han percatado de que en la última frase del artículo “¡Qué ganas tengo de romper el programa!” va implícito que yo, como no puede ser de otra manera, también aplico el programa. Lo hago, eso sí, a mi manera y aunque no me guste, porque es evidente que no es nada fácil romperlo y convertir a todos los alumnos en mentes inspiradas deseosas de dejarse subyugar por la emoción del conocimiento.
Claro que no es nada fácil.
El artículo tiene, ciertamente, un toque de ingenuidad; pero eso sí, es genuino. Cuento realmente lo que yo sentía a medida que iba descubriendo el mundo, y trata de reflejar la inmensa rabia que hoy sigo sintiendo al verme flotando en este mar de impotencia que es la enseñanza y la transmisión de la emoción.

Gracias de nuevo por todas las aportaciones!

XurxoXurxo

Ramón Núñez, director del MUNCYT y gran “aprendedor”, como dice él, resume muy bien la situación con una cita de Jean Piaget:

“Es importante comprender que si el derecho a la educación implica que éste supone el total desarrollo de la personalidad humana,(…) este ideal no podrá alcanzarse por ninguno de los métodos habituales. Ni la independencia de la persona que implica este desarrollo, ni la reciprocidad que supone ese respeto a los derechos y libertades de los demás pueden desarrollarse en una atmósfera de autoridad y constricciones morales e intelectuales. Por el contrario, ambos requieren con urgencia una vuelta a la experiencia vital y a la libertad de investigación, fuera de la cual cualquier adquisición de valores humanos no es más que una ilusión”.

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[…] libro me ha gustado. Me ha entretenido, he descubierto algunas curiosidades e incluso he saltado de emoción con uno de los artículos, pero si no me lo hubiesen regalado, no creo que me lo hubiera agenciado. Está bien como […]

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