Enviando políticos a Marte

El otro día, tras explicar que “con el dinero del rescate, España podría enviar un hombre a Marte”, Daniel Marín terminaba su entrada diciendo que:

No estaría mal destinar parte del dinero del rescate en mandar a unos cuantos políticos y banqueros al planeta rojo. Con un billete de ida solamente, por supuesto.

Como chiste es bueno, y como opinión es algo que seguramente muchos compartiríamos: sin ánimo de generar ninguna polémica, personalmente no tengo ninguna duda de que buena parte de la responsabilidad por la situación económica en general y por la necesidad del rescate bancario en particular recae sobre unos cuantos políticos y banqueros. Y, si me apuran, más de los primeros que de los segundos. Pero creo que la frase también plantea una cuestiones interesantes:

¿de verdad podríamos enviar a unos cuantos políticos a Marte?

El Corpus Iuris Spatialis.

Entre 1963 y 1996, la ONU aprobó una serie de convenios y resoluciones que se conocen en su conjunto como el Corpus Iuris Spatialis, el cuerpo de Derecho del Espacio. Se compone, por orden cronológico, de los siguientes documentos:

  • Declaración de los principios jurídicos que deben regir las actividades de los Estados en la exploración y utilización del espacio ultraterrestre (1963).
  • Tratado sobre los principios que deben regir las actividades de los Estados en la exploración y utilización del espacio ultraterrestre, incluso la Luna y otros cuerpos celestes (“Tratado del Espacio”, 1966).
  • Acuerdo sobre el salvamento y la devolución de astronautas y la restitución de objetos lanzados al espacio ultraterrestre (1967).
  • Convenio sobre la responsabilidad internacional por daños causados por objetos espaciales (1971).
  • Convenio sobre el registro de objetos lanzados al espacio ultraterrestre (1974).
  • Acuerdo que debe regir las actividades de los Estados en la Luna y otros cuerpos celestes (“Tratado Lunar”, 1979).
  • Principios que han de regir la utilización por los Estados de satélites artificiales de la Tierra para las transmisiones internacionales directas por televisión (1982).
  • Principios relativos a la teleobservación de la Tierra desde el espacio (1986).
  • Principios pertinentes a la utilización de fuentes de energía nuclear en el espacio ultraterrestre (1992).
  • Declaración sobre la cooperación internacional en la exploración y utilización del espacio ultraterrestre en beneficio e interés de todos los Estados, teniendo especialmente en cuenta las necesidades de los países en desarrollo (1996).

Por supuesto, existen también muchas otras normas nacionales y tratados y convenios bilaterales o multilaterales, pero por su carácter general y la cantidad de países que se han comprometido a acatar las declaraciones y han suscrito los convenios, estas diez (que reunidas en un práctico pdf aquí) son sin duda las más importantes.

Y probablemente lo sigan siendo hasta que la realidad vuelva a imponerse sobre las normas: si se fijan, el primero de estos instrumentos (la Declaración del 13 de diciembre de 1963) vio la luz seis años después del lanzamiento del Sputnik, el Tratado Lunar fue aprobado cuando habían pasado diez años desde que los astronautas de la NASA empezasen a dar saltitos sobre nuestro satélite, y la primera transmisión de televisión vía satélite, a través del Telstar, tuvo lugar casi dos décadas antes de que la ONU se pronunciase sobre el asunto.

Así que no sería de extrañar que veamos las primeras normas internacionales sobre el turismo espacial dentro de unos lustros, una regulación más exhaustiva de la explotación industrial de los cuerpos celestes cuando hayamos agujereado medio cinturón de asteroides, y un tratado para evitar la “basura espacial” cuando las compañías de seguros necesiten su propio rescate por tener que pagar indemnizaciones por esa cobertura de daños por caída de astronaves que nos colocan siempre en la póliza.

La idea que preside esas normas es la de la utilización pacífica del espacio, basada en la cooperación internacional, los fines de exploración científica y la no apropiación de los cuerpos celestes (y no se rían, que esto sí que lo digo completamente en serio, o al menos los de la ONU lo dicen completamente en serio). En principio, por tanto, no está prevista la utilización de ningún satélite o planeta como lugar de exilio para políticos incompetentes. Sin embargo, existen algunos resquicios legales que nos permitirían planificar la misión sin conculcar la legalidad internacional.

Así, por ejemplo, el Tratado Lunar (que a pesar de su nombre se aplica, como dice su artículo primero, “también a otros cuerpos celestes del sistema solar distintos de la Tierra, excepto en los casos en que con respecto a alguno de esos cuerpos celestes entren en vigor normas jurídicas específicas”), establece en su artículo 4.1 que

La exploración y utilización de la Luna incumbirán a toda la humanidad y se efectuarán en provecho y en interés de todos los países, sea cual fuere su grado de desarrollo económico y científico. Se tendrán debidamente en cuenta los intereses de las generaciones actuales y venideras, así como la necesidad de promover niveles de vida más altos y mejores condiciones de progreso y desarrollo económico y social de conformidad con la Carta de las Naciones Unidas.

Y a ver quién discute que un exilio masivo de políticos en Marte redundaría en provecho e interés de todos los países y, en especial, de las generaciones actuales y venideras.

De hecho, como dice el artículo 1 del Tratado del Espacio,

La exploración y utilización del espacio ultraterrestre, incluso la Luna y otros cuerpos celestes, deberán hacerse en provecho y en interés de todos los países, sea cual fuere su grado de desarrollo económico y científico, e incumben a toda la humanidad.

Por lo que casi podríamos considerar que una misión así no solo está permitida, sino que es prácticamente obligatoria a la luz de lo dispuesto en el Corpus Iuris Spatialis.

Aunque también habría algunos obstáculos, claro. Y aunque quizá sea demasiado cínico pensar que los políticos pudieran entrar en la categoría de armas de destrucción en masa prohibidas por los artículos 4 del Tratado del Espacio y 3.3 del Tratado Lunar, lo cierto es que el artículo 7.1 del Tratado Lunar dice que:

Al explorar y utilizar la Luna, los Estados Partes tomarán medidas para que no se perturbe el actual equilibrio de su medio, ya por la introducción de modificaciones nocivas en ese medio, ya por su contaminación perjudicial con sustancias ajenas al medio, ya de cualquier otro modo…

Y esa ya es una objeción seria. Aunque, bueno, seguro que la podremos solucionar, que de algo tenemos que vivir los abogados, ¿verdad?

De modo que jurídicamente no parece que hubiera ningún obstáculo internacional al envío de políticos a Marte, pero, ¿y en la práctica? ¿Es posible?

One Way Mission to Mars.

Decía Daniel Marín que el viaje de los políticos y banqueros debería hacerse “con un billete de ida solamente”. Algo bastante evidente si queremos que la misión surta los benéficos efectos que podríamos esperar de ella.

Y la idea, en realidad, no es tan descabellada.

Hace un par de años los medios de comunicación se hicieron eco de una propuesta de Dirk Schulze-Makuch y Paul Davies para realizar una misión a Marte solo de ida. Como suele ocurrir en estos casos los medios la presentaron como la enésima chifladura científica o, todo lo más, como una idea romántica y absurda, entre otras cosas porque no se tomaron la molestia de leer el artículo original, que no planteaba una especie de misión suicida, sino de colonización. Se trataría de enviar al planeta rojo la infraestructura necesaria para la instalación de una base automatizada, que tras su puesta en funcionamiento iría recibiendo a los colonos a lo largo de varias décadas.

Ciertamente, el escenario ideado por Schulze-Makuch y Davies no contempla la posibilidad de un viaje de vuelta, así que los primeros colonos se trasladarían a Marte de forma definitiva, pero permitiría afrontar la exploración del planeta rojo y poner en marcha el primer asentamiento humano permanente fuera de la Tierra a una fracción del costo que supondría una misión tripulada de ida y vuelta. Por otra parte, no hay que ser muy listo para adivinar que tras esta idea se encuentra la esperanza de que los avances tecnológicos y el desarrollo de la colonia lleven a que algún día sea posible el establecimiento de viajes de ida y vuelta entre ambos planetas; probablemente, en el caso de los que partan desde Marte, empleando naves y propulsores elaborados por los propios colonos.

En cualquier caso, el principal atractivo de esta y otras ideas similares es que una misión a Marte solo de ida costaría muchísimo menos dinero que una de ida y vuelta. Como contaba Daniel Marín, el costo de una misión de ida y vuelta ascendería, dependiendo de la estimación, a entre 50.000 y 100.000 millones de euros; en octubre de 2010 Simon P. Worden, director del centro Ames de la NASA, aventuraba que una misión a Marte sólo de ida podría costar 10.000 millones de dólares, unos 8.000 millones de euros.

Desde el sector privado se ha especulado con cifras incluso inferiores (de hecho la última, facilitada por Bas Lansdorp, es de tan solo cien millones de dólares por viajero, una cifra tan disparatadamente baja que aún se discute si su propuesta simplemente es un hoax), pero vamos a ser prudentes y quedémonos con la cifra de Pete Worden: 8.000 millones para un viaje de cuatro astronautas. Eso nos daría la bonita cifra de cincuenta políticos (bueno, y banqueros) que enviar al planeta rojo si dispusiésemos de una cantidad similar a la que se va a destinar al rescate del sector bancario español.

¿Qué, se animan a hacer una lista? ¿O les pasa lo que a mí, y no saben ni por dónde empezar?

Disclaimer, o poniéndome la venda antes de recibir la herida. Visto lo visto tengo que aclarar con esta entrada no pretendo de ninguna manera cuestionar la necesidad o no del rescate bancario, aunque no puedo negar que en todo este proceso echo de menos una investigación para determinar cómo se ha llegado a esta situación y quiénes han sido sus responsables.

Para evitar que vuelva a pasar algo así y, bueno, también para hacer la lista de candidatos al viaje a Marte. Y tampoco pretendo comparar churras con merinas, ni frivolizar o hacer demagogia (¡!) con el rescate, sus cifras y sus consecuencias, pero creo que cualquier dato puede ser utilizado con fines didácticos, como hacen Daniel Marín y otros amazers haciendo comparaciones con las cifras del rescate bancario, o como he pretendido yo aprovechando todo esto para hablar un poco del Derecho espacial y para intentar arrancar alguna sonrisa, que buena falta nos hace a todos.

Tan legítimo es hablar de lo que podrían suponer, para la financiación de proyectos científicos, esos cien mil millones de euros, como emplear los parámetros de los saques de Nadal para hablar de física, los personajes de El Señor de los anillos para explicar bioquímica, o los datos biométricos de El increíble Hulk para hablar de anatomía. Y quien no lo entienda así… bueno, pues ya sabe lo que se pierde, ¿verdad?

Abogado, socio fundador de Círculo Escéptico y miembro de ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico. Además de El Fondo del Asunto mantiene los blogs La lista de la vergüenza, dedicada a dar cuenta de las titulaciones pseudocientíficas que imparten muchas Universidades españolas, y El remedio homeopático de la semana. Confiesa que cuando era un chaval probó la acupuntura para evitar la caída del cabello; hoy es rotundamente calvo.



Por Fernando Frías
Publicado el ⌚ 12 junio, 2012
Categoría(s): ✓ Curiosidades • Divulgación