El día en que Richard Feynman se encontró con Uri Geller

* Versión española de José María Bello. Publicada en la revista El Escéptico (ver PDF)

“Cuando en 1975 me encontraba en Malibú probando la flotación de John Lilly en tanques con sales Epsom, pasó por allí todo tipo de gente relacionada con el mundo místico. Un individuo empezó a hablarme de Uri Geller, a quien se suponía capaz de doblar llaves mediante alguna clase de fuerza sobrenatural, de torcer un alambre dentro de un tubo, etcétera. Este hombre me dijo que Geller había convencido de sus poderes sobrenaturales a algunas personas en Inglaterra -por ejemplo, al catedrático de física David Bohm-. Pensaba que me podría gustar investigar este asunto, y me preguntó si estaría interesado en hacerlo. Por supuesto, respondí que sí. Dije: Se supone que las leyes físicas describen todos los fenómenos, y no veo cómo Geller puede hacer esas cosas aplicando las leyes que conozco. Por lo tanto, si eso es demostrable, significa que no sé todo lo que hay que saber acerca de las materias sobre las que me dedico a pensar; como sí que lo sé, me parece interesante.

Desde luego, ya he vivido lo mío, y mis palabras fueron un poco hipócritas, por así decirlo. Digamos que disimulé ligeramente. Ya saben, he conocido un montón de experiencias de ese tipo, y sé que una y otra vez esas cosas no funcionan. He leído mucho material sobre percepción extrasensorial, y estudié todo lo que se sabe al respecto, porque me resulta muy interesante, pero siempre acabó todo en un rimbombante oropel con nada en su interior. Así pues, siempre me espero que haya algún tipo de truco. Pero esas cosas siguen interesándome mucho; quiero decir que me gusta ver cómo lo hacen, por lo que tiene de divertido. Por eso dije: .Sí, me gustaría muchísimo verme con Uri Geller. El tipo se extendió acerca de cómo los profesores escépticos habían estudiado las llaves dobladas por Geller mediante un microscopio electrónico, a fin de comprender las fuerzas que podían haberlas retorcido, y cómo podían haber sido fundidas o no fundidas, y necedades de ese estilo. Yo sabía ya que los magos son muy listos, y que es fácil que nos embauquen, por lo que le dije: Oiga, quiero entrevistarme con Uri Geller, pero le diré algo que me diferencia de los otros: soy lo suficientemente espabilado como para saber que puedo ser un pardillo. [...]

Unas semanas más tarde suena el teléfono, y es Uri Geller: está en Hollywood, y puedo ir a verlo a su hotel. Le pregunté si podía ir acompañado por mi amigo Al Hibbs, que estaba interesado en hacer unos programas de televisión (y que es mucho más rápido que yo en descubrir trucos) y mi hijo Carl. Geller asintió. Le gustó en particular que fuese con mi hijo, porque por lo visto es especialmente bueno delante de los niños. Carl dijo: “¡Estupendo! Voy a inventar algunas pruebas para que las haga”. Y preparó unas cuantas. Escogió unos finos trozos de plomo procedentes de una máquina sumadora que estaba desmontando, mucho más fáciles de doblar que una llave. También metió en un sobre un trozo de papel en blanco junto a una hoja de papel carbón; todo lo que Geller tenía que hacer era obtener una marca en el papel. Y añadió un tubo de vidrio con tapones en sus extremos, en el que previamente había introducido un trozo de alambre delgado que se suponía debía ser doblado por Geller. Carl inventó estas pruebas, que deberían ser más fáciles que doblar una llave si el resultado fuese debido a efectos mentales, como decía Geller.

Fuimos a la habitación de Geller, y nos encontramos con un hombre muy nervioso, que caminaba sin cesar arriba y abajo mientras contestaba al teléfono que sonaba continuamente. Carl le dio una caja con sus sencillas pruebas, pero Geller la puso a un lado sin mirarla siquiera. Entre telefonazo y telefonazo, nos explicó que sus poderes unas veces funcionaban y otras no, y que él no sabía de dónde venían. Nos relató varias teorías que la gente había sugerido: debido a tal y cual, debe ser esto y lo de más allá; por tumba y dale, debe ser algo extraterrestre. Yo estaba allí, sentado, dejando pasar ese batiburrillo.

Geller nos entregó entonces un pequeño bloc de papel y un lápiz, y nos pidió que trazáramos un dibujo: se suponía que iba a adivinar lo que dibujásemos. Fue fácil ver cómo pretendió hacerlo, pues el extremo del lápiz se mueve al dibujar, y además actuó como suelen hacer los adivinos, sugiriendo que podía tratarse de esto y aquello mientras escudriñaba nuestras caras en busca de una señal de excitación que le indicase que iba por el buen camino. Desde luego, ponía sus manos sobre la cabeza, pero ¿qué podemos saber? Dijo cosas tales como “Hay círculos…” (había visto el movimiento del lápiz). Pero con nosotros no funcionó, porque todo el tiempo pusimos cara de póquer.

La lectura mental de Geller se saldó con un completo fracaso. Entonces cogió una llave, pero dijo que no le venían los poderes. Lo mirábamos como aves de presa. No debimos hacer eso: debimos haberle dejado que fuese adelante con su truco de lectura mental, que se relajase, y dejarle hacer sus tonterías. Atendió el teléfono unas cuantas veces, diciendo entre ellas que no tenía poderes en ese momento. De repente dijo: “¡Hey! A veces funciona mejor bajo el agua. Intentémoslo bajo el agua”. No entendí lo que quería decir, pero se metió en el cuarto de baño llevando la llave, y abrió el grifo. Lo seguimos de inmediato, Al a su izquierda, Carl a su derecha, y yo detrás de Geller, los cuatro apechugados en el diminuto cuarto de baño, y nosotros tres vigilándolo estrechamente para ver si tenía una herramienta en la manga o algo así. No ocurrió nada. Me quedé un tanto desilusionado: no había sido capaz de hacer ni un solo truco, no era el mago superstar que me esperaba.

Más tarde me llamó Al para comentarme su hipótesis acerca de la llave doblada bajo el agua. Habíamos estado buscando una herramienta, y no vimos ninguna; pero si Geller hubiera podido distraernos durante un momento, habría podido hacer deslizar la llave hasta la cañería y doblarla con facilidad, y el chorro del agua habría impedido verlo. No sé si es esto lo que intentaba hacer: no le dimos una segunda oportunidad”.

* Si queréis leer el artículo completo de Feynman podéis acceder aquí. A visit to Uri Geller, by Richard Feynman. El artículo se publicó en 1999 en la revista El Escéptico (página 32). Acceder al PDF

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13 Comentarios | Participa |

DavidDavid

Según tenía entendido uno de los trucos de las cucharas es que usaban una aleación en la que se volvían muy maleables y frágiles a bajas temperaturas. Frotando con los dedos llegaban a alcanzar dicha temperatura, ocurriendo lo que se veía en pantalla. Hace tiempo que vi varios vídeos explicativos al respecto, me pareció una manera lógica, siendo una de las posibilidades de los magos doblacucharas.

AbraxasAbraxas

El metal del que hablas es el Galio, que tiene una temperatura de fusión de algo menos de 30 grados. El caso es que este tipo de trucos se hacen con cubertería que tú mismo puedes llevar de casa, e incluso se deja al público verificar que son cucharas normales. Pero no te líes, como en todos los trucos de mago, la explicación más obvia, la que pasas por alto, es la buena.

En realidad, simplemente doblan la cuchara cuando no puedes verla. No estamos hablando de una viga de acero de 5 cm de corte, es una cuchara…

JavierJavier

Eso que dices, David, sin duda es parte del imaginario popular. Los métodos que usaba eran bastante más simples.

EmilioEmilio

Una de las formas más sencillas de descartar a cualquiera que se crea con poderes «sobrenaturales» es ver que dice cosas como «no sé como suceden» o «a veces pasa y a veces no» o «es un misterio». Cualquiera con un poco de curiosidad por el mundo primero se pregunta por qué pasan y luego trata de comprobar si está en lo cierto. En cambio personas como Uri Geller y todos ellos van sólo de show en show, engañando gente porque saben que aquello no es más que un truco de magia.

No sé, pero creo que si un día me levantara con la capacidad de doblar cucharas con la mente, lo primero que haría sería ir a averiguar qué me está pasando…

franciscofrancisco

Tengo una llave doblada por fuerzas extrañas, sali de casa, cuando volví, no pude introducirla en la cerradura. Los fenomenos extraños fuera de la leyes fisicas existen.

AnonAnon

No es que tengas la llave doblada, es que tu parienta ha cambiado la cerradura para que no vuelvas soltando chorradas.

LeandroLeandro

Pues Emilio, eso solo se podrá saber urgando en tu cabeza. Yo le daría un fin más… para todo el mundo. Si puedo doblar metal, ¿conseguiría con el tiempo reventar cabezas? Una limpieza política no nos vendría mal, aunque sea por un ser sobrenatural.

Lo peor de esta clase de trucos, no es demostarle al que lo hace que miente, pues el lo sabe de sobra, lo peor es tener que discutirlo con alguien que no atiende a razones lógicas y se defiende con suposiciones, “teorías” fantásticas y falacias como la de que solo usamos el 10% de nuestro cerebro.

Que por cierto, si a alguien le interesa, leí por ahí que esa falacia viene, de experimentos con ratas (lobotomias) en las que se percibía que estas podían cumplir sus funciones básicas (no vivir con dignidad) durante un tiempo, a parte dependía de que zonas se estirpaban. Si quereis saber más, os pongo en link directo de info sobre esta falacia eltamiz.com/2007/06/16/falacias-solo-usamos-un-10-de-nuestro-cerebro/

bonzobonzo

Bueno, el que quiera ver “magufos” solo tiene que encender la TV y poner los canales locales o provinciales repletos de charlatanes que supuestamente dominan las artes adivinatorias.

Además, cada vez se toman menos molestias en escenificar sus arcanos conjuros o sortilegios y en recurrir a objetos mágicos o a místicas relíquias para que potencien sus extraordinarios poderes.

Tales son las habilidades mágicas y los poderes sobrenaturales que han acumulado estos fabulosos hechiceros que con solo conocer tu nombre y fecha de nacimiento y escuchar tu voz, pueden desvelar los más sorprendentes y desconocidos eventos de tu vida en el presente, el pasado y el futuro ;)

En fin, al menos me queda el consuelo de que probablemente ningún seguidor de esta revista/blog será estafado por estos caraduras.

Celebes

No serían de madera, … esas cucharas? ;) También recuerdo que, en el programa de José M.ª Iñigo, arreglaba relojes.

Pedro J.

Lo de arreglar relojes tiene su explicación mecánico-estadística. Imagina esa época unos 2 ó 3 millones de espectadores viendo el programa de Iñigo. Ahora Uri dice que vayan a coger un reloj viejo que no funciona y se concentren delante de la tele. Imaginemos que un 1% de la gente lo hace. Tenemos 20.000 personas con un reloj viejo que no funcionaba. Imaginemos que al moverlos de su sitio uno de cada mil vuelve a funcionar debido al movimiento. Ya tienes 20 personas sorprendida. Ya tienes 20 posibles llamadas confirmando los poderes de Uri. Por supuesto, los números son inventados, pero creo que da una idea de por qué funciona. Sólo hay que tener la cara dura suficiente.

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[...] En el medio de esos años, el físico norteamericano Richard Feynman (1918 – 1988), Premio Nobel de Física en 1965, tuvo la oportunidad de encontrarse con el mismísimo Uri Geller, de quién se decía que tenía la capacidad de transgreder las más básicas leyes de la física. ¡¿Qué es lo que ocurrió en ese encuentro?! Mejor dejemos que nos lo cuente la gente de Amazing.es en el excelente artículo El día en que Richard Feynman se encontró con Uri Geller. [...]

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