Ébola, políticos, homeopatía y páginas web

Mientras algunos temas científico-técnicos como la sanidad, el medio ambiente o las fuentes de energía sean vistos en el parlamento como un tema exclusivamente político, seguirán planteándose políticas ajenas a la realidad científica. Si no frenamos esa desconexión entre la política y la ciencia seguirán aumentando los riesgos para la ciudadanía.

“El arte de vender mierda”

Los hechos

Siento recurrir a una autocita para comenzar a hablar de este tema, pero me es imposible explicar lo que siento sin recurrir a ese párrafo. No es ninguna sorpresa que, en el parlamento español, hay una fuerte desconexión entre ciertos conceptos científico-técnicos, la realidad social y, por otro lado, la interpretación política.

Dicho esto, quiero intentar especular sobre algunas relaciones que veo entre este hecho y muchas de las “cagadas” que se hacen en España a nivel científico-técnico, y para ello quiero comenzar contándoos una historia, la de unos remedios mágicos contra el ébola.

Hace unas semanas publiqué un artículo sobre la gran cantidad de falsos remedios homeopáticos que están surgiendo contra el ébola [1], pero ahora la situación ha cambiado considerablemente. Estamos acostumbrados a ver morir gente más allá de nuestras fronteras, lo que un buen amigo mío y compañero de aventuras denomina desensibilidación ante las tragedias. En la televisión se alternan imágenes de niños muriendo de hambre, genocidios y guerras, con los resultados del partido de fútbol del domingo, el último disco de un cantante o, llegados el caso, gente bañándose en la playa porque hace calor. Estamos acostumbrados a ver morir gente en los telediarios, y es por eso por lo que, cuando hace unos meses el ébola comenzó a comerse África, la noticia no llamó excesivamente la atención en nuestras conciencias.

Pero ahora la cuestión es diferente: el gobierno repatrió a dos curas enfermos de ébola y entonces ambos murieron dentro de nuestras fronteras. La noticia alcanzó más relevancia junto a las críticas por haber traído aquí a los dos misioneros, y hace unos días ocurrió lo que, por otro lado, para mí no ha sido ninguna sorpresa: el primer contagio de ébola dentro de nuestras fronteras. Ahora el miedo ayuda a que los telediarios hablen de forma continuada sobre la enfermedad, y como el miedo es un arma poderosa, también los buitres de la pseudociencia están haciendo su trabajo.

Gracias a mi artículo sobre el ébola he podido ser testigo de una triste realidad: desde hace dos días mi página está recibiendo, considerablemente, muchas más visitas de lo habitual. ¿Por qué debería ser esto algo negativo? Porque el motivo de ese auge es que, a través de los buscadores más usados, hay mucha gente introduciendo términos como <medicamentos homeopáticos para combatir el ebola>, <curar el ébola con homeopatía>, <homeopatía prevención ébola>, y muchas otras búsquedas similares.

Ahora bien, es inevitable que una gran parte de la población no conozca que la homeopatía es una estafa, pero creo que, en todo esto, hay un factor político importante ya las autoridades competentes no hacen nada para evitarlo. Y claro, cuando estamos hablando de que la gente se gasta su dinero para “tonterías” la cosa no es tan relevante, pero recordemos que hay “medicamentos” homeopáticos que dicen poder curar el cáncer, el SIDA y, en este caso, el ébola.

Bienvenidos al parlamento

Llegados a este punto quiero explicaros unos cálculos que hicimos para el libro con el cual comenzaba este artículo. En primer lugar tendría que comentar que la UNESCO cataloga todos los conocimientos y las actividades profesionales en su Clasificación Internacional Normalizada de la Educación (CINE). Si nos fijamos en esa clasificación, en concreto en la ISCED-1997, podemos obtener una clasificación y representación bastante realista de cómo están distribuidas las ramas del conocimiento humanas. En resumen, podríamos concluir que hay 25 sectores del conocimiento, los cuales a su vez se catalogan en 8 grupos más amplios en función de sus similitudes.

Para que os hagáis una idea de cómo funciona, hay un grupo amplio denominado Salud y Servicios Sociales, que incluye sectores como la medicina, los servicios médicos, los servicios sanitarios, la odontología y la asistencia social. Otro ejemplo es el grupo denominado Ciencias, donde se incluyen ciencias de la vida como pueden ser la bioquímica o la biología, ciencias físicas como pueden ser la química o la física, y disciplinas como las matemáticas o la informática.

Un dato interesante es que los médicos, a pesar de que sus estudios son científicos, no están catalogados dentro del grupo Ciencias, ya que los objetivos de un médico y de un científico son completamente diferentes; la finalidad de un médico es mejorar la salud de las personas, y la de un científico es ampliar el conocimiento mediante la comprensión de fenómenos complejos. Hay médicos que se dedican a la investigación científica, pero no es la norma general.

Por otro lado los ingenieros tampoco están catalogados según la UNESCO en el grupo denominado Ciencias, ya que al igual que ocurre con los médicos, el objetivo de un ingeniero no es ampliar la frontera del conocimiento, sino utilizar los conocimientos existentes para desarrollar soluciones tecnológicas para cubrir necesidades sociales. Un ingeniero necesita tener conocimientos científicos, pero es importante comprender que la visión de un ingeniero o de un médico no es la misma que la de un científico. Así que después de hacer estas aclaraciones os diré que, si intentamos clasificar a los diputados españoles según esas categorías, nos llevaremos una sorpresa negativa.

Después de tener claro cómo se pueden organizar las ramas del conocimiento, y después de valorar durante meses todos los currículums de los parlamentarios españoles, podemos decir que el 89,14% de los parlamentarios tiene estudios universitarios, el 22,85% tiene algún máster universitario y un 13,42% tiene estudios de doctorado.

Si valoramos todos los sectores del conocimiento presentes en el parlamento, podríamos resumirlos en la tabla 1. El colectivo más abundante es el de los especialistas en derecho, que representa el 39,37%. El segundo es el de los especialistas en sociología, con un 15.54%. Llama la atención la ausencia de sectores tan importantes como la protección del medio ambiente, el transporte o las matemáticas. De hecho, si vemos los datos más de cerca, podemos comprobar que el número de personas sin experiencia laboral previa ni formación es del 7.25%, una cifra casi siete veces superior a las del sector de las ciencias de la vida (1.036%) o al sector de las ciencias físicas (1.29%).

Tabla 1. En esta tabla podemos ver los sectores del conocimiento, el número de parlamentarios españoles con formación o experiencia dentro de ese sector y, finalmente, el porcentaje que representan. Si nos fijamos bien, la suma total de datos supera al número de parlamentarios, esto es así porque hay varios diputados que, al tener formación o experiencia en diversas aéreas, han puntuado dos o más veces. La tabla ha sido realizada con datos del año 2013.

Sector del conocimiento Número Porcentaje total
Educación Básica 28 7.25%
Programas de Alfabetización y aritmética 0 0%
Desarrollo Personal 0 0%
Formación de personal docente y ciencias de la educación 22 5.69%
Artes 1 0.25%
Humanidades 30 7.77%
Ciencias sociales y del comportamiento 60 15.54%
Periodismo e información 9 2.33%
Educación comercial y administración 16 4.14%
Derecho 152 39.37%
Ciencias de la vida 4 1.036%
Ciencias físicas 5 1.29%
Matemáticas y estadística 0 0%
Informática 1 0.25%
Ingeniería y profesiones afines 3 0.77%
Industria y producción 5 1.29%
Arquitectura y construcción 5 1.29%
Agricultura, silvicultura y pesca 5 1.29%
Veterinaria 2 0.51%
Medicina 25 6.47%
Servicios sociales 5 1.29%
Servicios personales 4 1.03%
Servicios de transporte 0 0%
Protección del medio ambiente 0 0%
Servicios de seguridad 4 1.03%
Total 386 100%

 

La desproporción de conocimientos dentro del parlamento es mucho más evidente si visionamos la gráfica 1, donde hemos representado el número total de parlamentarios adscritos en sus áreas del conocimiento, lo cual supone una clasificación mucho más amplia que la usada anteriormente y permite observar mejor las diferencias:

Gráfica 1. En esta gráfica de barras, podemos ver la comparativa de parlamentarios presentes en cada una de las áreas del conocimiento. Los programas de formación básica representan el 7.2% de los parlamentarios, la educación el 5.7%, las humanidades y las artes el 8%, las ciencias sociales, la educación comercial y el derecho ocupan el 61.4%, las ciencias el 2.6%, la ingeniería, la industria y la construcción representarían el 3.4%, la agricultura el 1.8%, la salud y los servicios sociales el 7.8% y el área de servicios el 2.1%. Este gráfico ha sido realizada con datos del año 2013.
Gráfica 1. En esta gráfica de barras, podemos ver la comparativa de parlamentarios presentes en cada una de las áreas del conocimiento. Los programas de formación básica representan el 7.2% de los parlamentarios, la educación el 5.7%, las humanidades y las artes el 8%, las ciencias sociales, la educación comercial y el derecho ocupan el 61.4%, las ciencias el 2.6%, la ingeniería, la industria y la construcción representarían el 3.4%, la agricultura el 1.8%, la salud y los servicios sociales el 7.8% y el área de servicios el 2.1%. Este gráfico ha sido realizada con datos del año 2013.

¿Hacen falta conocimientos técnicos para legislar bien?

Hemos visto que la desproporción (o ausencia) de algunas ramas del conocimiento es evidente, pero una vez llegados a ese punto habría que hacerse una pregunta clave: está claro que en el parlamento no hay mucha diversidad de conocimientos, pero, ¿se habla allí de cuestiones científicas o de salud pública? Si observamos las comisiones parlamentarias, vemos que hay una Comisión de Industria, Energía y Turismo, para la cual habría que tener algunos conocimientos técnicos, ya que son temas muy complicados y con muchas particularidades que hay que conocer. Lo mismo ocurre con una ponencia encargada de las Relaciones con el Consejo de Seguridad Nuclear.

Por otro lado, también hay una Comisión de Sanidad y Servicios Sociales, y una Subcomisión de Análisis de los Problemas Estructurales del Sistema Sanitario, para las cuales habría que conocer muy de cerca cuestiones de sanidad, administración, gestión y dirección de centros médicos.

Para finalizar con las comisiones, también encontramos una donde los conocimientos técnicos son imprescindibles, la Comisión para el Estudio del Cambio Climático, ¿cómo puede haber una comisión para el cambio climático sin ningún parlamentario con formación medioambiental? Es decir, sí que se necesitan parlamentarios con formación científica, y en el caso de las ciencias de la vida, la industria, la protección del medio ambiente o las matemáticas, se observa una representación anecdótica o inexistente.

No obstante, mucha gente podría argumentar que si el parlamento tiene la función de crear y modificar leyes, ¿realmente hace falta tener conocimientos científicos para hablar de ciencia? Al fin y al cabo, los temas tratados allí son temas legales y no cuestiones científicas. Para responder a esa pregunta voy a utilizar una historia que nos ocurrió durante la redacción del libro anteriormente mencionado:

Cuando nos dimos cuenta de la poca representación científica en el parlamento, quisimos averiguar qué ocurriría si les preguntábamos a los miembros de la Comisión de Sanidad sobre algunas terapias pseudocientíficas, ¿tendrían suficiente criterio sanitario a pesar de no tener formación médica ni científica? Al fin y al cabo, estábamos hablando de los máximos responsables de la sanidad española.

Les preguntamos abiertamente a los miembros de la Comisión de Sanidad su opinión sobre algunas pseudociencias conocidas. También les preguntamos si creían que los medicamentos homeopáticos estaban bien regulados. Pensábamos que nadie nos contestaría, pero a los pocos días recibimos una respuesta que superó todas nuestras expectativas.

Lourdes Ciuró i Buldó era la portavoz adjunta de la Comisión de Sanidad y es licenciada en derecho. Lourdes se mostraba firmemente convencida en su respuesta de que las terapias alternativas debían de estar al mismo nivel que la medicina científica, y de hecho llegó a decir literalmente que tendrían que estar financiadas por la seguridad social. Es decir, una parlamentaria perteneciente al máximo órgano legislador en temas de salud pública, estaba diciendo que algunas estafas biomédicas debían estar integradas en la Seguridad Social.

Justo en esa parte de su respuesta escribió algo que me impresionó tan negativamente que sentí una gran indignación, ya que dijo de forma literal que el uso de la homeopatía no tiene la predicación que debería entre la ciudadanía, ya que la gente se deja influir por falsos mitos como el del efecto placebo[1]. Es decir, una de las máximas responsables de la sanidad española estaba diciendo que el efecto placebo era un mito. El efecto placebo es un hecho científico comprobado por la medicina moderna y, de hecho, tiene que ser tenido en cuenta por cualquier estudio médico que pretenda probar un nuevo fármaco. ¿Qué hace una persona así dictando leyes sobre la salud de un país entero? Podríamos creer que este caso es una excepción dentro del parlamento, pero si ella fuera la única con ese pensamiento no se habrían aprobado las leyes que han permitido a la homeopatía entrar en las farmacias. Para legislar sobre un tema no basta con saber hacer leyes, sino que uno debe tener conocimientos sobre el tema que está legislando. Y es aquí donde rescataré nuestra historia original, para hablar del ébola y de nuestra Ministra de Sanidad.

Ministros de sanidad, pseudociencia y ébola

Después de ver todo lo anterior deberíamos preguntarnos por qué permitió el Ministerio de Sanidad que se aprobaran leyes que, en muy pocos años, han permitido a una estafa manifiesta como la homeopatía campar a sus anchas por nuestras farmacias. En el año 1992 el ministro de sanidad era José Antonio Griñán, y en 1994 la ministra de sanidad era Ángeles Amador. Esas dos personas eran, en teoría, los máximos responsables de la sanidad de todos los españoles, ¿por qué permitieron que se aprobaran las leyes favorables con la homeopatía?

Lo que ocurrió fue que ninguno de los dos estaba preparado para el cargo que ejercían, ya que tanto José Antonio Griñán como Ángeles Amador eran abogados sin ninguna formación científica. ¿Fue una terrible casualidad que hubiera dos personas sin formación científica en el momento equivocado?, yo diría que no. España ha tenido dieciocho ministros de sanidad desde el inicio de su democracia en el año 1977, y entre todos ellos podemos contar diez abogados, tres economistas, dos sociólogas, un físico, una ingeniera industrial, una persona con estudios básicos y tan solo dos médicos. De hecho, España tuvo que esperar 25 años para tener una ministra de sanidad con formación médica, ya que no fue hasta el año 2002 cuando Elena Salgado Ana Pastor (licenciada en medicina) accedió al ministerio.

Por otro lado, si repasamos la historia laboral de todos los exministros de sanidad, vemos que la mayoría han trabajado en cosas que no tienen nada que ver con el mundo de la salud, ¿cómo una persona puede estar preparada para funciones tan diversas sin una formación específica? La respuesta es sencilla, la mayoría de ellos no estaban preparados para ser ministros de sanidad. De hecho, en nuestra democracia ha habido casos de escandalosa incompetencia dentro del ministerio, como por ejemplo el de Leire Pajín, que llegó a lucir una Power Balance en su muñeca mientras lideraba la sanidad pública de todos los españoles, ¿realmente una persona que lleva una Power Balance puede gestionar un ministerio de sanidad? También ha habido más políticos y representantes del estado que han lucido pulseras mágicas, lo cual refleja muy bien el bajo nivel de conocimientos científicos de nuestros gobernantes. Algunos ejemplos de portadores de estos brazaletes han sido Esperanza Aguirre (exministra de Educación y Cultura), Patxi López (expresidente del País Vasco) o el rey Felipe VI.

Todas estas historias de analfabetismo científico, superstición e incompetencia política, nos ayudan a explicar por qué ocurren cosas como que nuestra ministra de sanidad, Ana Mato, comentara la posibilidad de sustituir algunas terapias por tratamientos pseudocientíficos [2], o por qué José Antonio Griñán y Ángeles Amador permitieron que la homeopatía fuera vendida en nuestras farmacias. Es decir, sí que hay una clara responsabilidad política en el auge de las estafas biomédicas que ocurren en nuestro país, pero además estas historias tienen un efecto legitimador que pone en peligro a todos los ciudadanos de nuestro país.

Legitimando problemas de salud pública

Mucha gente opina que temas como la homeopatía son males que no nos afectan, o que las terapias alternativas no son un problema real. Ahora bien, creo que con el estado de la situación actual se entenderá mejor lo que voy a explicar como conclusión.

Una vez que se ha permitido que la homeopatía, bajo premisas falsas y anticientíficas, se venda en las farmacias y que la población general crea que esta es efectiva, ¿qué daños colaterales podemos sufrir? Pues el primero y más evidente es que, aunque en las farmacias no se venden “medicamentos” homeopáticos contra el SIDA, el cáncer o el ébola, ya se ha legitimado a la palabra homeopatía frente a nuestra sociedad. Y como las empresas de medicamentos homeopáticos, y otros homeópatas independientes, sí que venden productos contra enfermedades graves como el ébola, la población puede recurrir a esos tratamientos ante los primeros síntomas, en vez de ponerse en manos de los organismos competentes.

Casos parecidos han ocurrido en África, donde muchos enfermos, en vez de acudir a los profesionales sanitarios, han buscan ayuda en curanderos locales. Esto puede ocasionar graves problemas, como por ejemplo el caso del curandero que ayudó a expandir el ébola por Sierra Leona por su total falta de criterio médico [3].

Para terminar quiero llegar a dos conclusiones básicas. La primera es que, bajo mi punto de vista, traer a dos enfermos de ébola a España no solamente fue un error de cálculo por parte del ministerio y de su máxima responsable, Ana Mato, sino que ese error se debió a que si uno carece de criterio médico, sanitario o científico-técnico, es más fácil tomar decisiones equivocadas, y en este caso no estamos hablando de cosas poco serias, sino de que este tipo de acciones temerarias, populistas y poco meditadas pueden costarle la vida a muchas personas.

Muchos podrán decir que los errores ocurren y que por eso el Ministerio de Sanidad no tiene la culpa, pero la realidad es que, como sabemos que los errores ocurren, hay ciertas cosas que no pueden hacerse, y bajo mi punto de vista el Ministerio de Sanidad debería saber que trasladar enfermos de ébola a España es una de esas cosas.

En segundo lugar ese escaso criterio no se refleja solamente en acciones como trasladar, contra todo criterio racional, a dos enfermos de ébola a nuestro país, sino también en cuestiones que también ocasionan problemas de salud pública, como por ejemplo permitir que se venda homeopatía de forma impune, y que eso tenga por resultado que ahora hayan miles de personas planteándose usar homeopatía para evitar el contagio del ébola o tratar la enfermedad.

Este artículo nos lo envia Fernando Cervera Rodríguez, biólogo especializado en temas de salud pública. Escribe sobre temas científicos en diversos medios, es autor del libro “El arte de vender mierda” [Ed. Laétoli] y podéis encontrarlo en twitter con el usuario @FernandoCervera

[1] http://vendermierda.com/2014/07/30/homeopatia-para-combatir-el-ebola/

[2]http://www.publico.es/438171/ana-mato-predica-el-naturismo-para-ahorrar-en-medicinas

[3] http://peru21.pe/mundo/virus-ebola-africa-sierra-leona-science-investigacion-2196941

Para ver más información sobre el efecto placebo, podéis consultar la nota a pie de página número 4 de este libro.

40 Comentarios

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GoomerGoomer

Estando totalmente de acuerdo con lo que comentas de la homeopatía, power balance, y demás, sobre lo de traerse a los afectados de ébola no estoy tan seguro. En primer lugar, debido al oscurantismo tan habitual en nuestra fauna política, y a la politización de nuestro día a día, ¿se sabe quién propuso y aprobó el traslado de los afectados? Evidentemente la última palabra sería política, pero quiero pensar que fueron técnicos, especialistas en la materia los que lo propusieron, y el político de turno lo aprobó, por eso del interés general para su imagen si salía bien. Supongo que habrá un comité sanitario de expertos o similar para estos casos. Me gustaría leer sobre ello. No puedo creerme que todo dependa solamente de un ministro o un presidente del gobierno.

Fernando Cervera

Estoy seguro de que no dependió solamente de un ministro, pero quiero creer que el ministro/la ministra de sanidad de un país tiene algo que decir sobre estos temas, y creo que ayudaría a que pasaran menos cagadas como esta el que el ministro de turno supiera lo que es un virus. Bajo mi punto de vista, algo tan serio no puede generar culpas trasladables a un escalón inferior. Pero tal cual dije al principio, estoy especulando a partir de datos y también cargando la situación con mi opinión personal.

lukklukk

Hay ciertos talibanes catolicos, una organizacion que gusta de leer la biblia mientras cuenta billetes. Busca por esa linea y encontraras un importante grupo de presion. Echa cuentas de cuantos y quienes en politica pertenecen a este grupo.

OrbatosOrbatos

Lo que indicas no es mas que una aberración, por otro lado previsible de la política, pero no a nivel local, sino mundial.

La democracia no es perfecta, sin embargo creo que es generalmente descrita como “el menos malo de los sistemas” (menos para algunos que siguen defendiendo dictaduras, de todo tiene que haber en el mundo). NO obstante, eso nos lleva a preguntarnos ¿como se eligen a los representantes políticos?

Pues por votación, y a la gente vota al que mejor le vende la mercancía. Ocurre en cualquier campo, desde la automoción hasta a los chorizos de cantimpalo (y no estoy relacionandolos con política). Es posible literalmente, vender mierda si esta esta debidamente adornada y publicitada. De hecho hay gente que vota regularmente a opciones que allí donde han gobernado, han llevado a los países a la ruina, hambre y violencia indiscriminada, y sin embargo el ser humano parece curiosamente indiferente a la historia.

Pongamos el caso de la medicina. Tenemos por un lado a unos señores científicos, con varios doctorados e innumerables años de experiencia en investigación médica a sus espaldas, con curriculos irreprochables, y ellos te dicen que la enfermedad “A” es complicada de curar por las interacciones de la misma con las defensas del organismo, y que solo mediante grandes inversiones, esfuerzos en cambiar algunas costumbres (higiene por ejemplo) y tiempo es posible atajarla.

Por otro lado, tenemos a un par de caballeros con un bagaje científico nulo, pero con la moralidad de una mercachifle (iba a decir hiena, pero las hienas no me consta que tengan moralidad) o de un vendedor de seguros a comisión.

Mientras los cientificos, con bata blanca te han dado una charla árida llena de tecnicismos, pero rigurosamente cierta . Nuestros “amigos” van con traje discreto, sonrisa profident deslumbrante y con un publireportaje con música animada, diapositivas y dibujitos te cuentan que su remedio a la misma enfermedad está respaldado por una tradición milenaria (no me explico como puede serlo si no la han curado nunca) y que no se basa en esas cochinadas químicas ni están suvencionados por malvados gobiernos, agencias, “casta” o cualquier otro palabro tonto de los que se inventan algunos para etiquetar a sus “enemigos”.

Un numero sorprendentemente alto de personas, que probablemente se consideran educadas, formadas e incluso inteligentes eligirían la segunda opción sin pensarlo, porque “hemos visto que la primera no funciona”.

Claro, la primera no funciona aún, o lo hace parcialmente… la segunda no funciona nunca, pero mientras te das cuenta, esa gente maravillosa se lo llevará calentito y cuando quieras darte cuenta te habrán robado hasta la cartera, y si protestas serás un vendido a las multinacionales, un agente provocador, etc…

Es por tanto normal que la enorme mayoría de los políticos, exceptuando unos pocos casos, simplemente no tienen ni idea de como tratar con la enorme mayoría de los problemas, pero seguro que pueden venderte estupendamente la idea de que si pueden.

Vamos, que no se vota al que mejor programa tenga, o al que mejor lo haya hecho, sino al que mejor te venda la moto.

Afortunadamente, los políticos al final son solo las caras sonrientes que cobran mucho, mientras que otros que no sonrien tanto son los que solucionan problemas, mientras pelean con otros sonrisas que quieren meterse.

Ya lo dijo un ujier de las Cortes al referirse a un diputado, senador o lo que sea… “esos interinos…”

Pablo M.

Soy consciente de que este artículo habla sola y exclusivamente de la homeopatía; sin embargo, la homeopatía sólo es parte de un fenómeno mucho más grande: la vuelta a lo “natural”, huyendo de la malvada ciencia y de esos señores con bata que sólo debaten sus planes de dominación mundial.
Últimamente, todas las marcas quieren ser “sin químicos”, “naturales” o “sin añadidos”, lo que conduce a pensar que lo “artificial” es malo malísimo de la muerte y nos va a condenar a todos; entrando dentro de “lo artificial” toda la medicina moderna, llena de químicos y añadidos y cosas artificiales.
A lo que quiero llegar es que no es la homeopatía sola, o el reiki solo, o cualquier estupidez que se le pueda ocurrir al iluminado de turno. Es todo un movimiento social de huida de la ciencia.

(Nota: la primera ministra con formación sanitaria fue Ana Pastor en 2002)

Juanjo burgosJuanjo burgos

Hola. Lo que dices es tanto como decir que si nos enfermamos, deberiamos saber curarnos. Un cargo político debe saber asesorarse bien para tomar la decisión con conocimiento de causa. También cabria la posibilidad de que, aún siendo titulado del ramo, sea un especialista malo. Todos sabemos de médicos que practican la meficina , por ejemplo, y son auténticos aficionados. El político no tiene por qué ser del ramo de la cartera que representa, es más, eso es contraproducente.

JordiJordi

El problema no radica en que los cargos políticos no sean especialistas en los temas en los que toman decisiones, sino que carecen de la humildad para decir “esto no lo sé” y consultar a quienes sí saben antes de emitir su veredicto. Es más, se esfuerzan en mostrarse firmemente convencidos de lo que sea que digan, aunque no tengan ni la más remota idea.

Pero si los políticos son así es por el simple motivo que los que no son así no prosperan. Las reglas de juego tanto en las campañas electorales como las relaciones de influencia dentro de los partidos como la relación con los medios de comunicación hacen que aquellos que manifiestan dudas o desconocimiento son rápidamente eliminados de la competición frente aquellos que exhiben seguridad en sí mismos.

Mientras los votantes sigamos apoyando a quienes se comportan como rockstars que transmiten simpatía antes que a personas más introvertidas y dispuestas a hacer un buen trabajo será difícil que el panorama cambie. Y los medios de comunicación no solo hacen eco de esto, sino que lo alimentan y lo hacen crecer sin límites.

JavieroJaviero

Hola “desensibilidación” me suena raro… :) creo que quieres decir desensibilización ¿no?

ViridianaViridiana

Elena Salgado es ingeniera industrial y entró como Ministra socialista en 2004, pero no de Sanidad. Te refieres a Ana Pastor.

OrbatosOrbatos

Lo que algunos estáis sugiriendo, o pensando que es “lo adecuado” se llama tecnocracia. Algo que por cierto implanto en nuestro país hace bastantes años un señor bajito con voz de pito y bigote ridículo. No algo malo por si mismo, pero que no siempre es lo adecuado.
En realidad, lo que deberíamos de exigir de un político no son conocimientos exaustivos en el área donde vaya a ejercer, sino ideas claras, una buena formación y sobre todo que sea un buen gestor.

Un hospital puede tener médicos magníficos, y podemos coger al mejor de ellos y ponerlo al frente del hospital, y que este termine siendo un desastre y termine en la ruina. Gestionar un hospital, y un ministerio no requiere que la persona al cargo del mismo sea un experto en la materia con doctorado incluido. Claro, es conveniente que al menos conozca el área, eso es de cajón. Pero es mas importante aún que sea un buen gestor.

La función final de un gestor (o ministro) es organizar, ordenar, coordinar y si algo no lo entiende o no tiene conocimientos para tomar una decisión al respecto, consultarlo con varios expertos en ese campo. En cualquier campo, incluyendo la sanidad es ridículo pretender poner al frente de un ministerio a una persona que sea un médico extraordinario… en todos los campos posibles (porque deberá tomar decisiones sobre muchos campos de la medicina, no solo enfermedades infecciosas sino sobre todo) y encima… un buen gestor.

Si encontramos a una persona tan preparada, dudo que quiera meterse en política XD

Vamos, que lo que creo se necesita, son buenos gestores. Lo que no es de recibo desde luego es tener ministros con curriculums mas falsos que un euro de cartón o gente sin una mínima preparación para hacerse cargo de un puesto de estas características.

Vamos, que como mínimo se debería de exigir una cierta capacitación, titulación universitaria (al menos) y pondría además como exigencia experiencia en trabajos “de verdad”… que manda narices que hayamos tenido ministros no ya sin preparación, sino que por decirlo de forma cruda, “no han dado un palo al agua en su vida”.

Fernando Cervera

Yo tampoco creo que “el mejor” médico sea el posible mejor ministro de sanidad, pero si que creo imprescindible que tenga algún criterio sanitario.

conocimiento humanoconocimiento humano

Las ramas del conocimiento humanas (sic). No son humanas las ramas. Es el conocimiento el que es humano. Por lo tanto escribir: las ramas del conocimiento humano.

Fernando Cervera

Las ramas del conocimiento (¿de quién son?) humanas. Es como decir, por ejemplo, el conocimiento humano. No creo que nadie pueda pensar que esté diciendo que el conocimiento pertenezca a la especie humano, sino que el conocimiento del cual hablo pertenece a la humanidad. En la RAE no he encontrado nada que contradiga que eso está bien escrito. No obstante, me parece una tremenda tontería debatir sobre ello.

Girón ChicoGirón Chico

No entiendo que en el grafico haya una columna con las ‘ciencias sociales’ y otra con las ‘ciencias’. Parece indicar que las ciencias sociales no forman parte de las ciencias. Yo diría más bien: ciencias sociales y ciencias naturales.

Fernando Cervera

Según la UNESCO y la clasificación consultada no forman parte, no me he inventado la clasificiación. Además comparto la opinión de la UNESCO. Un saludo.

luisluis

Tampoco yo tengo tan claro que hubiese sido mejor opción intentar mandar un equipo medico a África a tratar a los dos españoles con ébola. Hubiera sido más probable que alguno de los médicos o enfermeros se hubieran contagiado y más posibilidades de morir que siendo atendidos aquí. Creo que es la típica decisión en la que ninguna de las opciones posibles es buena.

OrbatosOrbatos

En estos casos se toman decisiones, mejores o peores, y obviamente a “toro pasado” es muy sencillo criticar. Si los traes y se mueren… culpa tuya, si envías especialistas y se mueren, culpa tuya por no traerlos.

Los fallos en el protocolo de tratamiento son criticables desde luego, las cosas casi siempre “pueden hacerse mejor”, pero las decisiones de este tipo son así, salga bien o mal se pueden criticar. Tener a todos contentos es imposible.

OrbatosOrbatos

Seguro, pero por otro lado un estado tiene (o debería tener) una responsabilidad para sus ciudadanos de proveerles en estos casos de la mejor atención posible, algo cuestionable cuanto menos en los países de origen. A veces las decisiones se toman por criterios mas allá de lo puramente médico (para bien o para mal). Hasta la OMS recomienda (si no recuerdo mal) repatriar a los enfermos. Ahí ya podemos debatir si esa medida es puramente médica, o política.

La opción realmente inteligente habría sido invertir en serio desde hace muchos años en esos países para que pudieran tener unas infraestructuras adecuadas, pero así está el tema, que nos vamos a comprar tiritas cuando ya nos hemos cortado.

JorgeJorge

Opino como Fernando Cervera.
Un gestor/legislador tiene que conocer lo que está gestionando. No hace falta que sea un gran experto, pero al menos debería tener ciertos conocimientos mínimos.
Yo más bien diría que es importante una cultura científica básica, genérica si se quiere. El mínimo debería ser entender qué es y cómo funciona el método científico. Porque sólo con eso van implícitas muchas otras cosas (carga de la prueba, escepticismo científico, …)

¿Porqué?,… pues entre otras razones porque no basta con tener un equipo de asesores. Hace falta entender lo que nos dicen y porqué nos lo dicen. Y por supuesto ¿quien elige a los asesores?, ¿en base a qué criterios?.
No es difícil rodearse de los asesores equivocados si no se tiene criterio propio.

Por último, esa disonancia no se da en otros ministerios. Los ministros de economía y hacienda suelen ser siempre economistas. El ministro de justicia es jurista (abogado, pero eso son la mayoría),…
No creo que sea malo que el ministro de industria y energía fuera ingeniero industrial, o al menos tuviera experiencia en el sector. Porque si no tiene ni pajolera idea del tema, seguramente no va a entender ni a los asesores, y se puede meter en unos jaleos con la factura de la luz,….

OrbatosOrbatos

Cierto, pero buena parte se solucionaría si en las escuelas enseñaran… en lugar de obligar a la gente a aprenderse datos y luego comprobar si “se los saben”. Lo difícil no es enseñar una materia (y ojo que es difícil encontrar buenos profesores), lo difícil es enseñar a la gente a pensar.

De hecho, en lugar de tantas asignaturas en plan “educación para la ciudadanía” no estaría de mas una que se llamara “piensa por ti mismo, excepticismo y método científico”.

Aunque esta propuesta seguro que levantaría ampollas, pero en vista de lo que se ve cada día, hace mucha falta

Fernando Cervera

Esa es la cuestión. Mucha gente dice que no hace falta que un ministro tenga conocimientos técnicos sobre lo que va a legislar, pero es curioso ver que esa premisa se aplica, generalmente, a temas científicos o de salud pública. Hay un doble rasero para medir estas cosas, el cual bajo mi punto de vista no tiene ninguna justificación.

ToñoToño

De acuerdo en todo salvo en que se trasladó a esos enfermos “contra todo criterio racional”. Traer a esos enfermos son las directrices de la OMS y el CDC, es lo que están haciendo los países de nuestro entorno (Inglaterra, Alemania, Noruega, etc.), y, en mi opinión, es necesario para atajar allí el brote: ¿qué personal va a querer irse a ayudar si saben que su país les va a dejar allí en caso de enfermar?. El peligro de vernos afectados de ébola no se combate aquí, sino allí, enviando medios y gente. Pero hay que ofrecerles unas mínimas garantías.

A partir de ahí ya se podrá discutir o aportar matices, pero quiero decir que no veo tan claro que traer a esos enfermos (curas o no, me da igual) sea una decisión política contra criterios racionales.

PD: felicidades por el libro, muy interesante y ameno.

Fernando Cervera

Estoy de acuerdo en que a los sanitarios hay que darles el mejor tratamiento posible, y que hay que ofrecerles garantías. La cuestión es que para hacer eso no hace falta trasladarlos miles de kilómetros y mover posibles focos de infección, y más cuando las infraestructuras del país receptor tampoco no están preparadas. Lo que deberían hacer los países es montar hospitales específicos para el personal sanitario y salas de cuarentena en los países donde la enfermedad es el problema.

ToñoToño

Por cierto, otra cosa: además de políticos con formación científica, sería necesario que hubiera una mínima cultura científica en la sociedad, incluyéndoles a ellos, claro. Si a un político le preguntas quiénes eran Shakespeare o El Greco y no lo sabe, sería el hazmerreir; pero si le preguntas cómo es un ADN y no es capaz ni de mencionar la doble hélice, lo veríamos normal. Seguro que hasta contestaría con un “huy, qué cosas me preguntas, ¡que yo soy de letras!”.

jorgejorge

Creo que Fernando Cervera está en lo cierto.

Una persona encargada de gestionar algo, debe tener conocimientos sobre ese algo.
No sólo consiste en rodearse de asesores, porque en última instancia hay que entender y valorar lo que nos dicen esos asesores, y por supuesto hay que elegir previamente a los asesores… porque entiendo que los asesores de los gestores los eligen los propios gestores, no es algo que “viene dado”.

El motivo es obvio: No se puede dar por hecho que los asesores, incluso en temas técnicos, tengan una opinión completamente libre de carga política e ideológica. Incluso hay que contar con que algunos de ellos defiendan intereses espúreos ajenos al interés del gestor (que en caso de la política es el llamado “interés general”).

Un ministro de industria y energía tiene que saber de industria y energía. Y sobretodo tiene que tener las herramientas mentales para comprender lo que le puedan aconsejar los asesores. Porque seguramente serán temas complejos.

Por ejemplo, el ministro de economía es un economista. Y el de hacienda también. El de justicia es un jurista… incluso el de defensa está metido hasta las cejas en el ramo de la defensa… lo que a su vez puede generar un conflicto de intereses, claro.

pasaba por aquípasaba por aquí

No creo que el error fuera traer a los enfermos. A mi entender el problema se debe a que de lo único que se han preocupado del sistema sanitario de Madrid, es en desmantelarlo y repartírselo entre amiguetes.
Por lo que se ha dicho, el hospital sí había estado capacitado para atender enfermedades infecciosas.

Pero esto es otro síntoma más de lo que dice el artículo: los políticos no tienen interés en dominar la materia sobre la que legislan. Simplemente en sacarle rendimiento económico.

Fernando Cervera

Creo que la solución no es traer a cada infectado (por cierto, a otros muchos europeos los dejaron en el país muriéndose), la solución es tratarlos allí con todas las garantías.

pasaba por aquípasaba por aquí

No creo que dejar morir a los ciudadanos en un país lejano sea un ejemplo a seguir. Y no creo que se pueda atender “con todas las garantías” a los enfermos a miles de kilómetros de distancia. Ni creo que se pueda enviar a personal sanitario a una zona infectada con plena seguridad.
Creo que lo que hay que hacer es estar preparado, con instalaciones y personal adecuado.
Un virus incluso más peligroso que el ébola podría aparecer en cualquier momento y en cualquier lugar. ¿Qué hacemos entonces? ¿Mandar a los infectados a una isla y olvidarnos de ellos?

El único error que se ha cometido es dejar la sanidad en manos de mercaderes.

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