El Problema del Tranvía ó… “¿Mato al gordo?”

03 Tranvia

“El problema del tranvía” es un famoso dilema ético, propuesto por primera vez en 1967 por la filósofa Philippa Foot (1920-2010), que realizó importantes trabajos de actualización de la ética de Aristóteles para el contexto contemporáneo. Y si bien la forma clásica de este experimento mental ha sido materia de estudio ético-filosófico, ha cobrado mucha más relevancia también en varias ramas de la ciencia, como la neurofisiología o la inteligencia artificial, además de las nuevas relaciones que desarrollamos día con día con la tecnología, y en particular la tecnología militar.

El problema es así:

Hay un tranvía avanzando sin control, y directamente enfrente de él hay cinco personas atadas a la vía, que morirán sin remedio si el tranvía las aplasta. Hay un interruptor que permitiría que el tranvía fuera desviado a una vía alterna, pero en esa vía hay una persona también atada. El problema es: ¿usas el interruptor o no?

En este escenario, la mayoría de la gente responde que sí, que usaría el interruptor para cambiar una vida por cinco. Esta posición es llamada “utilitaria”.

La variación más interesante de este problema es llamada “Variación del Hombre Gordo”, que introduce un escenario más complejo:

La situación es parecida, con el tranvía sin control y las cinco personas atadas a la vía. Pero esta vez, te encuentras en un puente sobre las vías, y estás junto a un hombre gordo. Sabes que si lanzas al hombre a las vías, su cuerpo puede detener el tranvía y salvar a los cinco. Desde luego, muere en el proceso. ¿Lo arrojas?

Ante esta circunstancia, la gente ya no está dispuesta a arrojar al hombre para salvar a los cinco, y el utilitarismo se cambia por lo que se llama “posición deontológica”, que es basarse en valores para tomar la decisión, en lugar del sólo pensamiento racional y frío.

Algunas variaciones incluyen un detalle crucial: ¿quién está en las vías? Esto por supuesto cambia radicalmente la respuesta, si sucede que la persona sola es conocida, y las cinco son extraños.

El problema y sus variaciones, en especial el problema del Hombre Gordo, han sido analizados desde multitud de puntos de vista.

El primero, el clásico, apunta hacia el análisis de la “coherencia de valores”; esta es una especialidad de la ética muy útil en el estudio del comportamiento del hombre dentro de organizaciones o bien dentro del contexto político. La coherencia de valores investiga hasta qué punto los “valores declarados”, o admitidos teóricamente por el individuo, se distorsionan en cuanto son puestos en situaciones más y más complejas, ambiguas y extremas. Uno de los marcos en el cual se investiga es en el moderno debate acerca de la tortura y el famoso escenario de la “Bomba de Tiempo”. Si el lector quiere hacer una evaluación de su propia coherencia de valores, lo puede hacer en este excelente sitio de experimentos mentales, que incluyen preguntas preparativas así como análisis posteriores y comparaciones contra las respuestas promedio: Los porqués de las respuestas divergentes en ambos escenarios tienen muchas vertientes.

www.philosophyexperiments.com/fatman/

En la neurociencia moderna, se ha usado el dilema para observar la actividad cerebral por medio de RM (resonancia magnética), y se ha hallado que las respuestas en donde la respuesta utilitaria predomina, hace que el cerebro use regiones diferentes que cuando predominan las respuestas emotivas o de valores. Algunos neurofisiólogos como Josh Greene han sugerido que los dilemas morales tienen una base fisiológica, en la que regiones diferentes del cerebro actúan en conflicto.

Otra aplicación moderna del problema es en la moderna tecnología bélica. Algunos filósofos han sugerido que la respuesta es un problema de proximidad: la reticencia de arrojar al hombre, en contraste con la prontitud para usar el interruptor, es resultado de la intermediación de la tecnología, que pone una “barrera” entre el acto y su resultado. Esto puede verse más y más en la moderna tecnología de drones –por medio de los cuales se llega al extremo de separación entre acto y consecuencia– y que está siendo investigado intensamente por la sicología y la neurociencia. La deshumanización del enemigo en la guerra –no darle rostro y a veces ni siquiera estatus de ser humano– ha pasado a ser problema de los propagandistas, a un resultado de las nuevas técnicas.

Finalmente, las decisiones “estándares” que la gente toma es los tests referidos en el enlace de más arriba, son evaluadas en grandes cantidades y usadas en el desarrollo de inteligencias artificiales para la naciente industria de vehículos autónomos, en las que no es difícil imaginar escenarios peligrosos, y en las que la máquina eventualmente puede tomar decisiones “humanas”, en el sentido de que puedan ser generalmente aceptadas en el caso de escoger el menor de dos males.

Este artículo nos lo envía Alfonso Araujo, ingeniero y actualmente profesor de economía contemporánea en la Universidad de Hangzhou en China. Puedes visitar su blog “El mundo es extraño

Referencias y más información:

Reiner, Peter B. The trolley problem and the evolution of war. Neuroethics Canada: The Blog of the National Core for Neuroethics. Julio 11, 2011.

https://neuroethicscanada.wordpress.com/2011/07/11/the-trolley-problem-and-the-evolution-of-war/

Coste,Rick. A Solution to the Trolley Problem. PhilosophyWalk.com. Diciembre 12, 2013.

http://philosophywalk.com/solution-trolley-problem/

26 Comentarios

Participa Suscríbete

emepuntoemepunto

El problema del hombre gordo nunca he sabido enfocarlo bien.
Para mí es muy distinto pulsar un botón y que el tranvía cambie de vía a tirar un hombre gordo por un puente y CREER que PUEDE SER que el tranvía se pare. Creo que es esa incerteza la que no nos manda actuar en la segunda y sí en la primera. Y eso es algo que nunca veo mencionado en los infinitos debates sobre el tema.
Tirar al hombre gordo, en resumen, no te asegura que vaya a salvar al resto de personas, mientras que pulsar el interruptor sí.

YañezYañez

En el discurso original, si tiras al hombre gordo el tranvía se detiene de facto. Sólo en este artículo se cuenta de forma un tanto ambigua.

Alfonso AraujoAlfonso Araujo

Hola, el artículo dice:

“Sabes que si lanzas al hombre a las vías, su cuerpo puede detener el tranvía y salvar a los cinco.”

astrolfoastrolfo

Sí, claro. Ya sé que te dicen que si tiras al hombre gordo sabes que el tren se para. Pero es muy difícil ponerse en esa situación porque es poco realista. Entonces, ¿cómo pueden distinguir los que hacen este test que las respuestas negativas a tirar al hombre gordo se deben a problemas éticos, o a que no son capaces de ponerse en la situación que les explican?

También se obvia que no es lo mismo que alguien muera por una acción nuestra (le matamos) o por una inacción nuestra (le dejamos morir). No me parece que sea lo mismo matar que dejar morir, aunque luego hagas un recuento matemático y te cuadren los números. Apuesto a que desde el punto de vista neuronal requiere más energía matar que dejar morir.

NostramNostram

Para mi no es el mismo planteamiento el del hombre gordo, que el partida donde tenemos a una persona frente a cinco, en igualdad de condiciones los seis, es decir están expuestos a un riesgo y en ese caso sólo tomamos la menos mala de las decisiones.
Pero en el caso del hombre gordo, él es ajeno a la situación y somos nosotros los que lo asesinamos voluntariamente para salvar a otros, y ya metidos en ese terreno, están todos los asesinatos aberrantes que se han dado en el SXX, matar a unos por salvar y mejorar a otros, es decir exterminamos a una minoría, para que prospere una mayoría mejor.
Por tanto desde mi punto de vista no hay dilema, en un caso es tomar la menos mala de las soluciones y en el otro es simplemente asesinato, independientemente de que con ello se salven más o menos personas colateralmente.

ate

Nostram

El planteamiento de los dos escenarios es el mismo ya que en el primer caso la persona que está en la via alterna no está en peligro ninguno hasta que alguien toma la decisión de matarla al hacer cambiar de vía al tren para salvar la vida de los otros cinco que se encuentran en la vía principal por la que se mueve inexorablemente el convoy. http://lacienciaysusdemonios.com/201...ral-humana/

NaNNaN

Los números son los mismos, pero el planteamiento es totalmente diferente. En un caso es un problema casi matemático “en igual de condiciones, si pulsas un botón disminuyes el número de muertes”. En el caso del gordo, el planteamiento es mucho mas emotivo porque se te pide interactuar con una persona. Para mí no tiene nada que ver uno y otro.

Os recomiendo buscar sobre un estudio reciente dónde se planteo estos dilemas a gente en su lengua nativa o en un idioma aprendido. Resultó que la gente es más emocional cuando analizan problemas un su idioma nativo.

Txema M.Txema M.

En un caso la muerte la causa un tranvía, o la gente que ató a los otros a la vía. Quien actúa salva vidas. En el otro, se comienza matando para así poder salvar vidas. Es absurdo decir que son el mismo caso. No es lo mismo matar que tratar de salvar vidas; de ningún modo. Y no es lo mismo porque lo que se discute es la racionalidad de las respuestas de la gente al test. Lo razonable es dar respuestas acordes con el sistema de valores que tenga cada uno, y los sitemas de valores son, en buena medida, sociales y culturales. No existe, supongo, ningún grupo social que defienda valores según los cuales la respuesta adecuada fuera matar al gordo. La mayoría de nosotros hemos aprendido que el fin no justifica los medios; es con esa carga en la cabeza con la que hacemos el test y no nos sale arrojar al señor gordo a la vía.

Supongo que definimos como hombre gordo a aquel que tiene la masa suficiente como para parar el tranvía y que está implícito en el problema que el valor de la vida de ese individuo es igual que el de los condenados atados a la vía. De no ser así, el problema admite múltiples respuestas.

AlfonAlfon

Estarías condenando tanto a los cinco de una vía(que serían atropellados), como al único de la otra(que sigue atado a la vía y morirá de hambre o por otro tranvía 😀 ) o dejándole todo el marrón al gordo, lo que plantea: ¿Se tiraría el gordo para salvar a los cinco?
jajaja

Hector GE

Pues en realidad es muy difícil tomar una u otra medida. Como también se puede visualizar es que estarás acabando con la vida de unos u otro; desde ese punto de vista yo también me retiraría, porque no me gustaría tener en mi conciencia que decidí quitarle la vida a alguien.
Pero hasta los robots de Asimov tenían establecido evitar que por su inacción un humano sufriera daño.

Carlos AriasCarlos Arias

Este dilema esta bien trajinado, es la misma pregunta que le formulan a las candidatas de todo tipo de reinado: Si hay un incendio y se encuentran en peligro un mendigo y un perro fino, a quien salvarías? o entre un cuadro de un pintor famoso y un perro, a quien salvarías? O es que están creando un banco de respuestas para cargar el programa de una maquina asesina?

CarlosCarlos

Este tipo de decisiones se dan en guerras y suelen ejecutarlas los grandes dirigentes donde el fin sea el conjunto y donde los valores morales de la persona queden relegados a un segundo plano.

De todas formas hay una diferencia importante entre ambos dilemas, y es la diferencia entre acto y elección. En el primero perfectamente podríamos suprimir el interruptor y que te hagan la pregunta ¿A cuántas personas quieres que arroye un tren? ¿ A 5 o a 1? Obviamente tu eliges a 1, pero a ese 1 no lo matas, pues no es lo mismo elegir la opción menos mala que cometer un acto tu mismo por voluntad propia. En realidad no hay voluntad de matar, sino todo lo contrario, de salvar. Como soy católico creo que es bastante importante esta matización. En el caso del hombre gordo si que habría intención de matar aunque sea para salvar a 5 hombres, tu intención es matar para salvar, algo que está mal.

Creo que relacionamos el acto de pulsar el interruptor como una manera de salvar, esa es la intención, mientras que la otra forma, echar al hombre gordo si que es un asesinato. Creo que la clave está en la intención de nuestros actos y si la voluntad que tenemos es libre o no.

NostramNostram

Totalmente de acuerdo con Carlos.
En un caso eliges la menos mala de las opciones, pero en el otro caso tomas parte activa asesinando a una persona, porque eso beneficia a cinco.
Vamos por ejemplo, ahora que tenemos el tema del medicamento de la hepatitis C, con un precio marcado por la codicia y que podría venderse 100 veces más barato. Pues por ejemplo, si matamos al director general para que la empresa baje el precio, si no lo hace matamos al nuevo también. De esa forma se conseguirá una gran bajada de precio que permitirá que miles de personas salven sus vidas.
Qué opción elegirías ? – Dejar morir a los enfermos o matar al director ?

Txema M.Txema M.

Completamente de acuerdo. Intenté decir algo parecido, pero usted lo explica muchísimo mejor.

Daniel LópezDaniel López

Yo lo tengo claro, si voy con mi coche veo un camión sin frenos dirigiéndose hacia 5 personas y sé que puedo cambiar su trayectoria para que arree solo a una que está en la acera contraria… volantazo al canto y lo siento mucho, pero mejor uno que cinco. Creo que casi todo el mundo actuaría de la misma manera y es el mismo caso que el del tranvía.
Lo del hombre gordo introduce un cambio muy importante, aunque el resultado vaya a ser el mismo: te obliga a actuar directamente sobre el tipo, y en ese caso, yo no me veo capaz aunque fríamente sea el mismo caso.
Así que creo que no sirvo para genocida, ni siquiera para “gran estadista” 😀

Gonzalo Génova

Es un error, una simplificación bastante burda, considerar que los valores son emocionales y que la racionalidad se manifiesta sólo en el cálculo utilitarista de consecuencias. Los valores éticos también son racionales, tanto en su origen como en su aplicación. Soy ingeniero como tú y he dado clases de ética para ingenieros. Hace unos años escribí un artículo sobre esta cuestión que quizás te resulte de interés.

Ambos enfoques éticos, el basado en las reglas y el basado en las consecuencias, son distintos sólo en apariencia, en realidad están estrechamente relacionados. No se pueden definir reglas de acción sin considerar los efectos (actuar es producir efectos), ni es posible evaluar los efectos sin una escala de valores (evaluar es valorar).

En todo caso, tanto el enfoque basado en reglas como el basado en consecuencias son producto de una misma racionalidad abstracta que pretende entender los problemas éticos como si fueran problemas cerrados, para los que sería posible encontrar y escribir una solución universal (como los problemas matemáticos e ingenieriles, vamos). Pero los problemas éticos son esencialmente problemas de relaciones humanas que no se pueden entender si los reducimos a problemas de relaciones mecánicas entre entidades no libres.

Alfonso AraujoAlfonso Araujo

La simplificación que hace el problema no le quita su valor; tiene 50 años y como menciono, sigue siendo estudiado con detenimiento.

Un dilema ético por definición no tiene “respuesta”, y creo que este es el error de muchos que lo quieren evaluar. Como menciono también, se está usando en neurociencia para ver cómo ciertas respuestas varían a nivel fisiológico cerebral cuando cambian las circunstancias de la pregunta, y también en el desarrollo de inteligencias artificiales para vehículos autónomos, que ya existen y tendrán más importancia en el futuro cercano.

La respuesta individual al dilema atañe al que la formula; pero las respuestas de muchos pueden ser estudiadas por la filosofía, la sociología, la sicología, neurociencia y muchas más.

Gonzalo Génova

Quizás no me he explicado bien. Estoy de acuerdo contigo en que el problema sigue siendo interesante de estudiar 50 años después. Ayuda a reflexionar sobre qué motivos son válidos y qué motivos no lo son para actuar.

Donde yo veo el error es en la asociación exclusiva de los valores con lo emocional, por la consecuencia implícita: los valores son irracionales, la ética es irracional. Pienso que se falsea la ética cuando se plantea como una alternativa entre valores/emociones y eficacia/razón.

Me parece muy interesante el análisis de coherencia de valores que mencionas. En cambio, pienso que el intento reducir la ética a fisiología es muy equivocado. Si el conflicto no es más que un conflicto entre regiones cerebrales, si no responde a algo real “fuera” del cerebro, entonces en realidad da igual qué opción prevalezca. Otra cosa es una fisiología no reduccionista, con esa no tengo ningún problema, pues al fin y al cabo todo acto humano tiene base biológica.

jklñjklñ

La culpa de las muertes es de quien ata a esas personas a las vías no del que pulsa o no el interruptor. El caso del gordo es más complejo, supongo actuaríamos de una u otra forma dependiendo de las circustancias que rodeen la situación, quiénes sean las victimas, cómo llegaron a estar en esa situación…

PabloPablo

Me gustaría cincunvalar un poco el tema de la acción moral en el ejemplo del gordo y comentar un tema paralelo, el del valor potencial humano. ¿Qué pasaría si el gordo fuese un científico que se encuentra a punto de encontrar la cura del SIDA, por ejemplo? ¿Son cinco vidas humanas siempre y en todo caso mas valiosas que una?

Txema M.Txema M.

¿Y si el señor gordo fuese Berlusconi? Aunque su masa dudosamente pudiera parar un tranvía, oye, ya que puede valer para algo bueno…

¿Y si el señor gordo fuera Berlusconi y en la vía no hubieran atado cinco personas sino cinco gatitos? Grave dilema…

francisco javierfrancisco javier

Como me ha dado mucha pena el señor obeso, planteo otro caso,creo que similar : escogemos a una infima porcion de “voluntarios” entre la poblacion para que nos sirvan de conejillos de indias para experimentacion medica con el espectacular resultado de poder salvar a cientos de miles, no, perdon, millones de personas.

Gonzalo Génova

Algunas explicaciones del dilema (y en general de la moralidad humana) van en la línea de reducir la ética a genética, codificada de alguna manera en el cerebro. Condicionamientos genéticos, y por extensión condicionamientos educativos y culturales, estudiados por las neurociencias.

Haya o no predisposición genética a actuar de una forma u otra (y probablemente la hay, especialmente si se ven implicados parientes cercanos en un lado u otro de la vía), lo que sí sabemos es que el sistema educativo puede confirmar o puede corregir esa predisposición.

Si nos preguntamos entonces cómo deberíamos diseñar el sistema educativo, vemos que la respuesta no puede darla la genética, pues precisamente nos estamos preguntando si debemos seguir o no sus dictados. La genética (y por extensión, la biología, la neurociencia y la sociología) no puede tener todas la respuestas a las preguntas que plantea la ética.

2 Trackbacks

Deja un comentario

Tu email nunca será mostrado o compartido. No olvides rellenar los campos obligatorios.

Obligatorio
Obligatorio

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>