Flatulencias espaciales (II)

Sulfuro de Carbonilo. Crédito: Ben Mills (Benjah-bmm27).
Sulfuro de Carbonilo. Crédito: Ben Mills (Benjah-bmm27).

Hace unos meses, desde el facebook de Astromol, planteamos un reto: si conseguíamos alcanzar los cuatrocientos seguidores, escribiríamos más reportajes sobre gases pestosos en el universo. Y los superamos. De hecho, desde la publicación de “Flatulencias espaciales (I)” , hemos superado los ochocientos. Así que aquí tenéis la segunda parte de “flatulencias espaciales”, dedicada, en esta ocasión, al sulfuro de carbonilo.

“La naturaleza no deja de sorprendernos”. Como si del guion de un documental se tratase, me veo pronunciando esta frase mientras elijo el título de este reportaje. Sé que es algo escatológico, pero es totalmente cierto: vamos a hablar de algunos de los gases que están en nuestras flatulencias. Ojo, que en nuestras flatulencias no sólo hay gases, hay más cosillas, pero de esas no vamos a hablar. Los compuestos que dan a los pedos ese olor (que no todos huelen igual, todo dependerá de lo que hayamos ingerido) se conocen bien. Y algunos de ellos también están en el espacio. Ahora entenderán por qué yo, que suelo hablar de astrofísica y astroquímica, me meto en estos temas.

Tras hablar del sulfuro de hidrógeno (H2S) en “Flatulencias espaciales (I)”, hoy vamos a centrarnos en el sulfuro de carbonilo (OCS) que, aunque tenga un nombre muy mono, parecido a un diminutivo, no se queda corto en cuanto a peligrosidad frente al anterior compuesto.

En nuestro planeta, el sulfuro de carbonilo, un gas incoloro, se produce en ciénagas, en el interior de volcanes, en los océanos, en fuentes hidrotermales y, ojo al dato, en suelos fertilizados (estiércol) y en otros entornos. Está presente en algunos granos y semillas, y en algunos quesos y repollos preparados.

Los humanos liberamos al medio sulfuro de carbonilo tras ciertos procesos (no, aún no hablamos de pedos), por ejemplo, de combustión, cuando usamos el coche, en centrales de energía de carbón, al procesar el pescado (todo esto lo dice Wikipedia y yo me lo creo), en la fabricación de algunos productos, pero en todos estos casos son un resultado, una impureza generada tras un proceso (lo que se denomina un subproducto).

Se sabe que inhalarlo en altas concentraciones durante un tiempo breve puede causar efectos narcóticos en humanos (vamos, que te quedas sopa o alelado/a) y puede irritar los ojos y la piel. Pero si nos pasamos de tiempo, puede causar convulsiones y llevar hasta el colapso y la muerte por parálisis respiratoria. Esto ocurre porque, al igual que ocurre con el sulfuro de hidrógeno, afecta a nuestro sistema nervioso, anulando nuestras capacidades olfativas y dejándonos expuestos al peligro. Así que ya sabéis: si oléis algo pestosillo, alejaos por si acaso.

Otro peligro es su capacidad de combustión: es un gas altamente inflamable [1]. Y según esta empresa de Canadá, bajo presión es corrosivo.

Por último, como ya sabíais, este compuesto del azufre se encuentra en las flatulencias, aunque en una proporción muy baja. De hecho, su presencia en el ambiente es, en general, bastante baja, aunque apesta a huevos podridos que da gusto.

Al parecer, esto que tan mal huele puede estar relacionado con… (mira que somos cansinos y repetidos en astroquímica y astrobiología, pero es que vende mucho decirlo) ¡el origen de la vida!

Sulfuro de carbonilo en el espacio… y en Venus

Corría el año 1971 [2] cuando Jefferts y su equipo detectaban la presencia de OCS en el medio interestelar, en concreto en Sagitario B2 (Sgr B2), una de las nubes moleculares más grandes de nuestra galaxia (su masa total es de tres millones de veces la masa del Sol y su tamaño de unos 150 años luz). De nuevo, al igual que con el sulfuro de hidrógeno, Penzias y Wilson, los premiados por el Nobel gracias a su descubrimiento del fondo cósmico de microondas, firman el artículo en el que se describe este hallazgo junto con P.M Solomon, astrónomo de las universidades de Columbia y California (recordemos que Jefferts, Penzias y Wilson trabajaban para la Bell Telephone Laboratories). [3]

En 1995 Mauersberger et al. informaban sobre la primera detección de sulfuro de carbonilo en una fuente extragaláctica: la galaxia de la moneda de plata o NGC253, una galaxia muy brillante que se encuentra a casi 13 millones de años luz de nosotros.

El mismo año, la molécula OCS fue detectada también en los mantos de hielo que cubren granos de polvo interestelares, cerca de la protoestrella W33A.

Paradójicamente, tardó en confirmarse su presencia en nuestro Sistema Solar. En el año 1997 L.M. Woodney lideraba el equipo que encontró esta molécula en el cometa Hyakutake. (Como recordarán, en “Flatulencias espaciales I”, también hablábamos de cometas y de la importancia de detectar estos compuestos en estos objetos).

Pero hoy nos vamos a centrar en la detección de OCS en la atmósfera del planeta Venus, llevada a cabo en 1990. Hay estudios que sugieren que, debido a la dificultad del sulfuro de carbonilo para producirse de forma inorgánica, y dado que, en la Tierra, la presencia de este gas se considera un indicador de actividad biológica, sería interesante revisar la química atmosférica del planeta. Pero qué pasa, ¿que alguien sugiere que hay vida en Venus?

No exactamente. Pero, al parecer, en la atmósfera de Venus, a unos 50 km de la superficie, se encuentra el único lugar (después de la Tierra) del Sistema Solar con una presión atmosférica de casi un bar, temperaturas que permitirían la existencia de agua líquida (de 0 a 100 °C), energía proporcionada por el Sol y elementos fundamentales para la vida como carbono, oxígeno, nitrógeno e hidrógeno.

Hasta ahora, las misiones lanzadas a Venus no han detectado vida microbiana. Lo que sí se ha hecho ha sido confirmar la distribución de OCS en la atmósfera venusiana gracias a la misión Venus Express de la ESA y al instrumento VIRTIS, a bordo del satélite. Los datos confirmaron en 2008 que hay más sulfuro de carbonilo en las regiones ecuatoriales que en las latitudes altas.

Lo cual quiere decir que, si nos vamos a Venus, lo mejor será ir preparados para oler lo que, seguramente, no será plato de gusto. Porque allí también huele a flatulencias. Aunque no, no es nuestra última palabra.

Continuará…

Notas

[1] Límites de inflamabilidad en aire (en condiciones estándar de temperatura y presión): 12.0-28.5 vol%

[2] 1971

Cómo me gusta empezar con esta frase, por todos los gases del universo… Ejem.

[3] Diez años más tarde, en 1981, ya eran diez las fuentes interestelares y circunestelares en las que se había detectado la presencia de OCS.

Enlaces:

  • Hoja informativa sobre sustancias peligrosas (New Jersey Department of Health): Sulfuro de carbonilo

Dedicado a nuestra seguidora número 700 en la cuenta de Facebook de ASTROMOL: “La Sargantana Bcn”.

Esta entrada participa en el LIV Carnaval de Química (@CarnavalQuimica) alojado en el blog ‘Siempre con ciencia‘ de Marta I. Gutiérrez (@MartaI_Soria).


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