#WomenInStem: Rita Levi-Montalcini

Cuenta la revista Nature que el 18 de noviembre de 2006, Rita Levi-Montalcini, senadora vitalicia, dio su voto a favor de los presupuestos presentados por Romano Prodi, que se aprobaron con una diferencia de sólo un voto. Aunque socialista y amiga personal de Prodi, Levi-Montalcini había amenazado con no respaldarlo a menos que no se diera marcha atrás en el recorte que iba a sufrir el presupuesto destinado a ciencia, y así se hizo.

Muy cerca de dónde se desarrollaba esa escena, yo me encontraba inmersa en un experimento sobre aprendizaje y memoria en ratones. Estaba pasando unos meses de estancia de investigación en Roma, meses en los que aprendí a manejarme con soltura en italiano y a cocinar spaghetti como una auténtica casalinga. Aunque el grupo de investigación en el que me encontraba trabajaba en la Universidad de Roma La Sapienza, algunas veces podían usar las instalaciones del European Brain Research Institute-Rita Levi-Montalcini (EBRI), donde me llevaron de visita. Ante mi tímida pregunta sobre si era cierto que Levi-Montalcini seguía trabajando, una de las investigadoras me contestó que por supuesto, que aún daba conferencias y que no era raro cruzársela por el pasillo. Y que era extremadamente pequeñita. Ya ven, una mujer tan enorme. No pudo ser, no me la crucé.

Figura 1. Rita Levi-Montalcini y sus colaboradoras
Figura 1. Rita Levi-Montalcini y sus colaboradoras

Rita Levi-Montalcini había nacido el 22 de Abril de 1909 en Turín. A pesar de su padre, que no veía con buenos ojos que las mujeres estudiaran, Levi-Montalcini se licenció en Medicina en 1936, y a continuación trabajó como históloga junto a Giuseppe Levi en la Università di Torino hasta 1938, año en que Benito Mussolini publicó el Manifesto per la Difesa della Razza que prohibía a los judíos ejercer cualquier carrera académica o profesional. “Agradezco profundamente a Hitler y Mussolini que me considerasen una persona inferior”- diría después Rita- “Gracias a ello, tuve el privilegio de trabajar directamente en mi habitación”. Efectivamente, Rita Levi-Montalcini montó un laboratorio casero en el que continuó estudiando embriología utilizando huevos de pollo, con la ayuda del que había sido su jefe, el profesor Levi.

Tras la guerra, a Rita Levi-Montalcini se le quedó corto el volver a ejercer de ayudante de Levi, de manera que en 1947, cuando Viktor Hamburger la invitó a una estancia en la Universidad de Washington en San Luis, hizo las maletas y emigró a Estados Unidos. Lo que debió haber sido una estancia corta, duró casi 30 años.

Hamburger estaba interesado en los mecanismos que promocionan la inervación durante la embriogénesis. Pensaba que debía existir algún factor liberado por el tejido que hiciese que las células proliferaran y se diferenciaran a neuronas. En una serie de experimentos, comprobaron que tejidos tumorales de ratón promovían el crecimiento de fibras nerviosas en embriones de pollo e hipotetizaron que esas células secretaban un factor soluble que alteraba las propiedades de crecimiento y diferenciación de las células nerviosas. ¿Pero cuál era ese factor? Levi-Montalcini pensó que debía mejorar la manera de cultivar las células para poder descubrir la naturaleza del factor de crecimiento, y como en San Luis no disponían de las instalaciones adecuadas, metió dos ratones con tumores en una maleta y se encaminó a la Universidad de Río de Janeiro (qué importante para avanzar en ciencia que ésta no tenga fronteras). En Río, su amiga Hertha Meyer había establecido protocolos experimentales avanzados para el cultivo celular bajo los auspicios del Profesor Chagas. La colaboración se reveló muy provechosa, y en palabras de Levi-Montalcini: “El tumor había dado las primeras pistas sobre su existencia [del factor de crecimiento] en San Luis, pero fue en Río de Janeiro donde se reveló, y lo hizo de una manera teatral y grandiosa, como salpicado de la brillante atmósfera y exuberante manifestación de vida que es el Carnaval”.

Figura 2. Rita Levi-Montalcini tenía un enorme talento artístico, patente en sus trabajos de investigación, que ilustraba a mano. En la imagen, los dibujos que envió a Hamburger desde Río de Janeiro, mostrando el crecimiento de las prolongaciones nerviosas en cultivo.
Figura 2. Rita Levi-Montalcini tenía un enorme talento artístico, patente en sus trabajos de investigación, que ilustraba a mano. En la imagen, los dibujos que envió a Hamburger desde Río de Janeiro, mostrando el crecimiento de las prolongaciones nerviosas en cultivo.

Gracias a las técnicas que aprendió de Meyer, Levi-Montalcini demostró que en los embriones cercanos, pero no en contacto con fragmentos de tumor, desarrollaban un halo de fibras nerviosas a su alrededor. Esto demostraba que el factor de crecimiento era soluble, pero ¿qué clase de molécula era este factor? Su caracterización definitiva la llevó a cabo Stanley Cohen. Cohen tenía la hipótesis de que era un ácido nucleico, y para comprobarlo, utilizó veneno de serpiente, cargado de fosfodiesterasa, que degrada este tipo de moléculas. Por supuesto, Cohen esperaba que el veneno suprimiese el crecimiento de las fibras nerviosas, pero por el contrario, éstas se incrementaron de forma espectacular. El veneno de la serpiente mocasín era una fuente del factor de crecimiento nervioso mucho más potente que las células tumorales de ratón. Pronto, Cohen identificó el factor de crecimiento nervioso como una proteína, en glándulas de ratón, y luego Levi-Montalcini demostró que el factor de crecimiento nervioso (NGF) era efectivo para promover la inervación en mamíferos. Al NGF le siguieron toda otra serie de factores de crecimiento, abriendo un nuevo campo de investigación. Hoy en día sabemos que los factores de crecimiento juegan un papel no sólo en la embriogénesis y la regeneración, sino también en la plasticidad sináptica, y por lo tanto son imprescindibles para el aprendizaje y la memoria. Levi-Montalcini y Cohen compartieron el premio Nobel de Medicina por este descubrimiento varias décadas después, en 1986.

Sorprende que pese a su larga vida, Rita Levi-Montalcini sólo tuvo una estudiante de doctorado, Ruth Hogue Angeletti, que cuenta cómo su mentora solía llamar a sus colaboradores a horas intempestivas, bien antes de las siete de la mañana, bien a última hora de la noche, para discutir sobre los próximos experimentos (para Angeletti este comportamiento era “inspirador”). Imagino a Levi-Montalcini como una de esas personas tan absorbidas por su trabajo que son incapaces de darse cuenta de que el común de los mortales no podemos aguantar ese ritmo de dedicación, y que son honestas hasta ser brutales. Viktor Hamburger, de hecho, declaró que se sintió ofendido cuando ella explicó públicamente por qué pensaba que él no merecía el Nobel; del mismo modo otros colaboradores afirman que nunca firmó un trabajo del que no sintiera que había hecho una cantidad significativa de trabajo (quien trabaje en ciencia sabrá que muchos “jefes” firman siempre, independientemente de su contribución). Y quizá por ello para Rita Levi-Montalcini el matrimonio era imposible “incluso entre dos personas brillantes, uno puede sentir rencor por el mayor éxito del otro”, afirmaba.

Pero incluso las más grandes como Rita Levi-Montalcini son imperfectas. Ella lo sabía, y quizá por ello escribió en su libro más celebrado, Elogio de la imperfección: “Que la actividad desarrollada de manera tan imperfecta haya sido y sea todavía para mí fuente inagotable de alegría, me hace percatarme de que la imperfección al llevar a cabo la tarea que nos hemos fijado o que nos ha sido asignada, se ajusta más a la naturaleza humana tan imperfecta que no la perfección.”

Figura 3. Rita y Paola Levi-Montalcini, en una foto de su fundación a favor de las mujeres africanas. http://www.ritalevimontalcini.org/chi-siamo/
Figura 3. Rita y Paola Levi-Montalcini, en una foto de su fundación a favor de las mujeres africanas. http://www.ritalevimontalcini.org/chi-siamo/

Rita Levi-Montalcini vivió con su hermana gemela Paola, pintora, hasta que ésta murió en el 2000. Rita murió el 30 de diciembre de 2012, a los 103 años.

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