El sesgo de confirmación, o por qué a veces somos menos listos de lo que creemos

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Viendo los debates políticos de estos días veo como ciertas posiciones opuestas parecen irreconciliables, ya que por muchos datos y argumentos que se presenten ninguna parte consigue convencer a la otra. Alguien debe de tener la razón, ¿verdad? Me recuerda un poco a mi propio trabajo examinando patentes y a las discusiones técnicas para demostrar si un invento es patentable o no. Convencer a otra persona, incluso si tienes los mejores datos y argumentos puede ser muy difícil.

Lo cierto es que el cerebro humano tiene más capacidad de procesamiento que cualquier ordenador que exista hoy en día. Además, si dos personas que parten del mismo punto inicial usan la lógica, deberían llegar siempre a la misma conclusión. ¿Cómo es posible entonces que sea tan difícil poner a dos o tres personas de acuerdo, y que a menudo ninguna parte logre convencer a la otra?

Tratándose de política esto suele deberse en primera instancia a la introducción de algún tipo de falacia lógica en nuestros argumentos. Y digo “nuestros” con toda la intención, pues ninguno de nosotros es inmune a las falacias lógicas. Yo mismo me sorprendo a menudo utilizando alguna de manera inconsciente, y eso que trato de poner atención. Las falacias lógicas más difíciles de detectar son aquellas que se usan de manera inconsciente.

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Falacias lógicas y sesgos cognitivos

Para ponernos en contexto: Una falacia lógica es, básicamente, un mal uso de la lógica, intencionado o no, que resulta en un argumento que parece válido pero que no lo es. Algunas son extremadamente sutiles y difíciles de detectar. Y otras se usan de manera tan generalizada en ciertos contextos que se aceptan sin más, nadie repara en ellas. Los antiguos griegos, tan aficionados a la retórica y a la política, ya sabían de su existencia y escribieron algún tratado sobre ellas.

Pero las falacias lógicas no son lo único que nos impide razonar sin cometer errores. La capacidad lógica de nuestro cerebro también se ve limitada por su propia biología: La marca de la evolución de la especie en nuestros genes, así como las conexiones que crean las neuronas durante nuestra vida en respuesta a estímulos externos influyen en nuestra manera de pensar. Es lo que se conoce como sesgos cognitivos.

Si las falacias lógicas son errores en el uso de la lógica, los sesgos cognitivos son deficiencias en nuestra manera de pensar que surgen debido a fallos de memoria, a ciertas atribuciones sociales o culturales e incluso a la propia evolución de nuestro cerebro. Y están grabados en la propia estructura de nuestra materia gris. Muchos psicólogos opinan que algunos sesgos cognitivos existen porque nos ayudan a procesar la información de manera más eficiente, sobre todo en situaciones de riesgo al descartar ciertos datos y procesar solo otros más útiles. Sin embargo en el mundo moderno, donde los riesgos difieren sustancialmente de aquellos a los que nuestros antepasados se enfrentaron en la edad de piedra, el descartar esos datos nos puede llevar a cometer errores importantes.

El prejuicio de confirmación

Hoy me gustaría hablar de uno de estos sesgos cognitivos, en concreto uno que en español se suele llamar sesgo o prejuicio de confirmación.

El sesgo consiste en, normalmente de manera inconsciente, seleccionar los datos o aquella información que confirman las hipótesis propias, haciendo caso omiso de todos aquellos ejemplos que puedan ponerla en duda o contradecirla. También se exagera la importancia de los datos que confirman la validez de nuestra posición argumental, mientras que se minimiza la importancia de los que no. De esta manera se puede construir un argumento muy convincente, pero en el fondo incompleto, pues solo se está teniendo en cuenta una versión sesgada y parcial de la realidad.

Todos debemos reconocer que nos encanta leer aquellos artículos o periódicos que expresan nuestras mismas opiniones, y que tendemos a rodearnos de gente que coincide con nosotros en gustos y forma de pensar. De esta manera inconscientemente nos exponemos a solo una parte de la información.

Alguien podría preguntarse si esto tiene realmente algo que ver con la biología de nuestro cerebro o si es simplemente un tipo de falacia lógica a la hora de seleccionar los datos que vamos a utilizar para argumentar.

El sesgo es parte de nuestra biología

Pues bien, aparentemente y según los expertos, este sesgo tiene por lo menos una componente biológica muy importante. Nuestra naturaleza social por un lado nos hace querer de manera innata pertenecer a un grupo, con el que nos identificamos. Por otro lado, nuestro cerebro considera más eficiente aplicar soluciones conocidas que perder tiempo probando cosas nuevas.

En lo que se conoce en psicología como “Einstellungseffekt” los neurólogos han demostrado que el cerebro, al enfrentarse a un determinado problema, si ya conoce una solución se vuelve literalmente ciego a otras soluciones alternativas, incluso si las tiene delante de sus narices y resultan obvias. Por ciego me refiero a que no procesa la información que le llevaría a esas otras soluciones. Voy a recalcar esto: es nuestro propio cerebro quien decide que cierta información no va a ser procesada, información de la que, por tanto, nunca seremos conscientes. Por desgracia en algunos casos estas soluciones que nuestro cerebro veta podrían ser mejores o más correctas que la que ya conocemos.

De modo que muchas veces lo que ocurre en realidad es que nuestro cerebro nos ayuda a autoconvencernos de algo de lo que ya estábamos convencidos, ya que no procesa de igual manera aquella evidencia que contradice nuestra creencia. Los anglosajones también se refieren a veces a este sesgo con el nombre de “illusion of understanding”, pues consideran que en realidad se trata de formarnos una ilusión de haber entendido algo que en realidad no se ha entendido.

Según dicen los expertos este sesgo es muy común en temas como por ejemplo la política o en las teorías que tratan de predecir el comportamiento de los mercados.

¿Es posible luchar contra este sesgo?

Si resulta que incluso la propia biología de nuestro cerebro conspira contra nuestra racionalidad, ¿hay alguna esperanza de que podamos usar la lógica de manera correcta?

Pues aparentemente sí. Aunque es muy difícil, sino imposible, superar este tipo de sesgos, sí que se pueden minimizar sus efectos. Los psicólogos coinciden en que, metafóricamente, es posible abrir los ojos a esa evidencia que nuestro cerebro tiende a ocultarnos.

El primer paso, evidentemente, es ser conscientes de su existencia y de que no somos inmunes a ellos. Después, los expertos proponen cinco consejos básicos, que convertidos en costumbre pueden librarnos del yugo del sesgo de confirmación.

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Los cinco consejos para pensar sin sesgos

Lo primero es aceptar que podemos estar equivocados. Todos tenemos nuestro ego y a nadie le gusta cometer errores, pero tener excesiva seguridad en uno mismo es el primer paso para que nuestro cerebro se dedique a obviar toda evidencia que no coincida con nuestras convicciones. Buscar la verdad debe de estar por encima de buscar tener razón.

Otro consejo es tratar de fomentar un entorno en el que no todo el mundo esté de acuerdo con nosotros. Conversar de manera amistosa y razonada con personas con opiniones contrarias a la nuestra nos expone a otro tipo de argumentos y obliga a nuestro cerebro a procesar esa información. En este caso, mejor que pasar inmediatamente a defender tu posición es conveniente preguntar a los demás por qué opinan que estás equivocado. También ayuda hacer de abogado del diablo de vez en cuando, y tratar de rebatir tus propios argumentos.

Hacerse mejores preguntas es otro paso en la dirección correcta. A menudo la pregunta que nos hacemos, o que solemos hacer a los demás es “¿Lo he hecho bien?” Para los psicólogos una manera de obtener información más completa y constructiva sería preguntarnos “¿Qué tendría que haber hecho para que hubiese salido mejor?” De esta forma nos obligamos a pensar en esas soluciones alternativas que podrían ser mejores.

También debemos intentar buscar puntos de vista y opiniones alternativas a las nuestras. Hay que recordar que estamos buscando la verdad, y no demostrar que tenemos razón.

Y por último: hacer un buen uso de Google. Sí, no es broma. Aparentemente internet no ayuda a deshacernos de este sesgo. Google nos permite buscar aquello que queremos y con tanta información disponible siempre daremos con una opinión que coincida con la nuestra. Por tanto, es mejor hacer búsquedas abiertas, que no estén sesgadas desde el principio.

El que tengamos una determinada opinión muy fuerte sobre un tema no implica inmediatamente que estemos equivocados, pero si lo estamos – equivocados – es posible que este sesgo nos impida descubrir nuestro error. No debería asustarnos poner a prueba nuestras convicciones de vez en cuando. Si estamos en lo correcto, deberían poder pasar el test sin problema, ¿no?

Así que, como ya dije otra vez, seamos críticos con nosotros mismos. Recordando a Sócrates: El que sabe que no sabe nada, ya sabe más que la mayoría.

Este artículo nos lo envía Ricardo Oltra García (@Roltrag) Físico, ingeniero agrónomo y estudiante de muchos idiomas. Tras trabajar algunos años como ingeniero en grandes multinacionales, en 2002 dejó Madrid y se trasladó a La Haya, para trabajar en la Oficina Europea de Patentes, donde mezcla su pasión por la ciencia y la innovación con el mundo de la propiedad intelectual. Imparte charlas y seminarios sobre patentes y propiedad intelectual en general. Para no aburrirse cultiva otras aficiones, y lee todo cuánto cae en sus manos sobre historia, evolución, física teórica y astronomía.


27 Comentarios

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Ecos del futuro

“Tratándose de política esto suele deberse en primera instancia a la introducción de algún tipo de falacia lógica en nuestros argumentos. ”

No necesariamente. La polarización de las opiniones es general incluso en situaciones donde la gente está actuando de manera racional. Richard Feynman siempre ponía el caso del adivino que acierta sucesivamente (por ejemplo el resultado de un dado) hasta que las posibilidades de que lo esté haciendo por azar sean absurdamente pequeñas. Eso haría que la posición de una persona sin prejuicios se desplazara hacia el lado de la creencia en la adivinación (de manera racional) Sin embargo, una persona con experiencia con este tipo de personas, saben que puede haber trucos muy sutiles y por tanto no cambia un ápice su posición. Es más, siendo consciente de que pueden existir trucos tan buenos como el que se está dando en este caso, su posición se haría aún más escéptica todavía; que es lo que ocurre con los magos que conocen todos estos trucos.

Lo anterior es un ejemplo de que en el razonamiento lógico no sólo existen los datos y las reglas lógicas. Existen los prejuicios (técnicamente los a priori). Es lo que nos hace dudar enseguida de resultados experimentales (como los neutrinos superlumínicos por ejemplo) que contradicen conocimiento construido durante décadas. Lo que además es una prueba de que los prejuicios no tienen que ser algo negativo ni mucho menos. Igual que en ciencia los resultados experimentales no son los datos sino lo que afirma un colega que ha obtenido, en política lo que vemos en la tele o leemos en la prensa no es más que lo que dicen los periodistas que ha ocurrido. Y tenemos evidencias por doquier de que esa información suele estar sesgada.

La diferencia entre la convergencia que suele darse en la ciencia según van a pareciendo datos que apuntan en una dirección y la divergencia que suele ocurrir en la arena política no es tanto una cuestión de racionalidad e irracionalidad como una cuestión de que en la primera se ha construido un sistema que prima la honestidad y en la segunda no, por lo que la gente actúa racionalmente sospechando de los datos que no tienden a cambiar su posición. Es más. Si un dato o argumento choca radicalmente con su posición y procede de una fuente del bando contrario, la sospecha racional de manipulación no sólo no lleva a un cambio de posición sino que, racionalmente, lleva a aferrarse a sus prejuicios justo por la misma razón que contaba Feynman en el experimento con el adivino.

En resumen, la gente no siempre actúa de manera irracional o sesgada. Simplemente está actuando de manera racional en un entorno que incentiva la desconfianza en la veracidad de los datos y argumentos puestos sobre la mesa.

RickbaneRickbane

Muy interesante lo que cuentas, me ha gustado mucho. Pero, ¿no te parece que en el fondo de lo que hablas es de un prejuicio que se puede identificar con una falacia lógica? En concreto, y siguiendo tu ejemplo, con la falacia de asumir que porque una persona no es de fiar su argumento ha de ser mentira siempre. Es la falacia que se conoce como argumento ad hominem. Se desacredita a la persona que argumenta y se crea un prejuicio contra ella, sin atacar el argumento, y de este modo cualquier argumento que venga de la persona es falso.
Si la gente actúa descartando argumentos o datos por desconfianza, sin ponerlos a prueba, está actuando de manera irracional e ilógica. En política esa desconfianza es muy común: todo el mundo piensa que los del otro partido mienten, son corruptos y no son de fiar (porque son fachas, rojos, perroflautas… lo que quieras).
Esto en el fondo es un argumento ad hominem, y una falacia lógica clásica.

Ecos del futuro

Dudar de una fuente no tiene por qué ser una falacia ad hominem ni mucho menos. Existe desde la posibilidad de error (el aso de los neutrinos superlumínicos) hasta el intento de manipulación del medio típico en política.

RickbaneRickbane

Sí, eso es correcto si se duda de la fuente no por la fuente en sí misma, sino por la metodología que utiliza (en el caso de los neutrinos que mencionas nunca se desconfió del CERN, sino de cómo se había hecho el experimento) o por haber pruebas de manipulación, en el otro caso. Pero entonces, y corrígeme si te he entendido mal, si por un prejuicio no nos creemos lo que dice un político, no estamos buscando el fallo en su postura o en sus propuestas, simplemente estamos atacando a la fuente por ser quién es. Y esto sí es una falacia ad hominem (también se la llama a veces atacar al mensajero). Piensa que si es cierto que la fuente no es de fiar es racional sospechar , como bien dices, pero no es racional desechar sin más sus argumentos. Y recalco lo de “sospechar”, ya que hay que confirmar esa sospecha racionalmente. Hay que poner los argumentos a prueba y, si estamos en lo cierto no la pasarán. Pero si la pasan, el prejuicio que mencionas nos podría haber hecho tomar una mala decisión. No me entiendas mal, creo que lo que dices tiene mucho sentido, solo digo que en política se tiende a caer mucho en prejuicios que nos llevan a falacias ad hominem.

Ecos del futuro

“si por un prejuicio no nos creemos lo que dice un político, no estamos buscando el fallo en su postura o en sus propuestas, simplemente estamos atacando a la fuente por ser quién es.”

El asunto es que el dato o el argumento que te presenten no tengas manera de saber si es cierto o falso sino que tengas que valorar su plausibilidad. O incluso si el dato incontrovertible (como el porcentaje de parados sobre la población activa ha disminuido en la última legislatura) existen diferente hipótesis que lo explican. Es a dónde iba con el ejemplo del adivino. Puedes tener los datos incontrovertibles de que el adivino a acertado 10 veces seguidas el resultado de tirar un dado, pero tienes hipótesis alternativas al poder genuino de cómo ha podido obtener ese resultado.

No estoy diciendo que ese siempre sea el escenario, es decir, que la gente siempre sea racional. El cherry-picking obviamente existe. Pero a donde quiero llegar es a que los sesgos no son necesariamente siempre equivalente a irracionalidad.

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RawandiRawandi

“La diferencia entre la convergencia que suele darse en la ciencia según van a pareciendo datos que apuntan en una dirección y la divergencia que suele ocurrir en la arena política (…) es una cuestión de que en la primera se ha construido un sistema que prima la honestidad y en la segunda no”

No. En política también se castiga al mentiroso. En realidad ocurre que la política es ‘más compleja’ que la ciencia, pues esta última busca meramente ajustarse a los hechos empíricos, mientras que la política busca ajustarse tanto a los hechos empíricos como a los valores éticos (cómo deberían ser las cosas). Resumiendo, la ciencia es unidimensional (empírica), mientras que la política es bidimensional (empírica y ética).

David

Ver literatura sobre partisan bias. Los agentes no juzgan racionalmente con distintos priors, sino que juzgan irracionalmente (motivated cognition)

YeilYeil

Ojo, que dos personas no se pongan de acuerdo no quiere decir que alguno utilice falacias o no esté siendo racional, se puede defender posturas opuestas con argumentos perfectamente válidos. El ejemplo típico es el de libertad vs seguridad, esto ya lo puso de manifiesto Weber (el filósofo, no el piloto): en algunos debates llega un momento en que los argumentos se terminan, porque pueden ser igual de válidos en ambas partes y el debate pasa de ser racional a un simple choque de voluntades, según la postura que prefiera cada uno.

RickbaneRickbane

Si se parte desde un mismo punto y se usa la lógica de manera correcta sí se debería llegar a un acuerdo. Lo que expones se refiere al hecho de personas que, por tener valores o escalas de valores diferentes, no parten desde el mismo punto. Una persona que piensa que lo más importante en la vida es el amor no parte del mismo punto que una persona que piensa que lo principal es el dinero, y por mucha lógica que utilicen no se pondrán de acuerdo. Estos puntos de partida distintos se deben al cómo se ha formado nuestra personalidad y nuestra escala de valores, y son fuente de prejuicios cognitivos si nos impiden entender el porqué de la diferencia. No hay porqué estar de acuerdo en todo con todo el mundo, pero sí podemos dejar de pensar que otra persona con otra escala de valores diferente es mala y tiene que estar equivocada. Si entendemos esto se puede simplemente “agree to disagree”, o dicho de otra forma “live and let live”, sin imponer a los demás un único punto de vista

YeilYeil

Precisamente por eso le llama choque de voluntades, porque parten de puntos distintos. Pero ambos defendidos con argumentos igualmente racionales, simplemente uno prefiere uno y la otra persona el contrario, por gustos personales. Elegir entre uno u otro es meramente personal pues no hay argumentos racionales que decanten la balanza hacia un lado.

Es uno de los principales motivos por el que hay debates que da igual el número de veces que se hagan que nunca se llega a nada. El otro sería la semántica, muy relacionado también con este.

Abraham

Buen ejemplo, Yeil, bien elegido (¿por tu sesgo o por el mío?).
Precisamente, “libertad” y “seguridad” son abstracciones utópicas: sólo tienen sentido en el discurso moral, pero no se corresponden con ningún contexto físico (¿”indeterminación” y “equilibrio”?). Sólo tienen sentido previa proyección de una intención psicológica. Pertenecen al terreno del “deber ser”, y ese es un mundo de ficción.
Pudiera decirse que todo conocimiento y todo discurso es “en realidad” un texto de ficción. La verosimilitud radica en la coherencia entre las reglas de género discursivo. En este sentido, el discurso de la física y el discurso de la moral pertenecen a géneros distintos.
En el mundo del “ser” solemos buscar objetividad lógica. En el mundo del “deber ser” cada cual defiende la subjetividad de su deseo: “ES así, pero DEBIERA SER como yo quiero”. Por eso distintas posturas morales pueden quedar a la misma altura de validez, siendo contrarias. El sesgo moral viene al considerar que ese discurso subjetivo, individual, es un discurso común y/u objetivo.

RawandiRawandi

“En el mundo del “ser” solemos buscar objetividad lógica. En el mundo del “deber ser” cada cual defiende la subjetividad de su deseo”

No. En el mundo del “deber ser” también buscamos la objetividad (la verdad ética), al menos respecto a los ‘valores comunes’ (a saber: la libertad y la seguridad de los individuos) que fundamentan el Estado liberal y que se reflejan en la legislación.

El Estado liberal es el que promueve los valores éticos comunes y se mantiene neutral respecto a los valores diferenciales mientras estos últimos no atenten contra los valores comunes.

Daniel Beenal

pos guau en verdad tienes razon, ahora que lo pienso verdaderamente he sufrido del sesgo de confirmacion de manera muy seguida, y casai nunca juego a ser “el abogado del diablo” la proxima ves que aparentemente esto me ocurra, seguire gran parte de tus consejos

MariaMaria

Me ha gustado mucho el artículo, pero no me convence el hecho de que el autor considera que siempre hay una verdad que debemos encontrar. Creo que en política no tiene por qué haber una verdad absoluta, no hay una sóla solución o forma de gobernar un pueblo, sinó que todas tienen ventajas e inconvenientes, y es una cuestión personal aceptar ciertos inconvenientes porque las ventajas que conllevan compensan los inconvenientes. Por ejemplo, hay personas que están dispuestas a subir una cima, con el esfuerzo y las desventajas que conlleva, porque el hecho de llegar a ella le compensa todo lo negativo, en cambio hay personas a las que no les compensa, y prefieren invertir sus esfuerzos en otra actividad que les compense más. En política creo que es lo mismo: es evidente que un Estado no puede invertir en todas las deficiencias que tenga un país, hay que repartir los fondos, y en función de tus prioridades preferirás que se invierta más en una cosa o en otra, no hay una solución única, a mi entender…

RawandiRawandi

“En política (…) en función de tus prioridades preferirás que se invierta más en una cosa o en otra, no hay una solución única”

Como le he dicho a Abraham más arriba, en política es posible aproximarse a la verdad ética siempre que consideremos prioritarios los valores éticos comunes (la libertad y la seguridad de las personas) y dejemos a un lado los valores diferenciales (como por ejemplo la raza, la religión o el idioma).

Los valores diferenciales surgen de circunstancia caprichosas o accidentales (como el gusto especial por el alpinismo, en el ejemplo que tú has puesto), mientras que los valores comunes se fundamentan en dos rasgos universales de la naturaleza humana: la razón y la compasión. Todo agente racional y compasivo que no esté cegado por prejuicios irracionales admitirá que la libertad y la seguridad de los individuos son éticamente muy valiosas.

YeilYeil

Yo lo veo complicado, de hecho creo que no se entendió cuando hablé de libertad/seguridad. Este ejemplo quiere dejar a la vista que el aumento de uno disminuye el otro, cuanta más libertad, menos seguridad y viceversa.

El ejemplo extremo sería el anarquismo, sin contrato social voluntario (lo que sería anarcocapitalismo) la seguridad no existiría, pues no habría nadie para garantizarla. Del mismo modo, una ciudad con cámaras en cada casa eliminaría la libertad de acción del individuo.

Ambos conceptos son defendibles, ambos tienen argumentos irrefutables a su favor, decidir inclinar la balanza hacia uno u otro lado ya es pura voluntad, no razón.

JorgeJorge

En política no hay una solución única y óptima a cada problema.
Lo que hay son diferentes formas de abordar un mismo problema atendiendo a diferentes criterios y prioridades que se escogen dependiendo de factores como la ética, la moral, la filosofía,…

Lo mismo sirve para la economía, que pese a utilizar muchas matemáticas no se trata de una ciencia como la física. En economía hay diferentes puntos de vista, según el enfoque que se adopte, y diferentes teorías económicas que a menudo se acercan más al a filosofía que a la ciencia.

JorgeJorge

Respecto al sesgo cognitivo, es algo cotidiano en política.
La gente tiende a informarse en los medios afines a sus preferencias (que ya están proporcionando de base una información parcial y sesgada), y eso conduce a una espiral de “realimentación positiva” de la que es difícil salir.

En todo caso, la clave es que no hay “soluciones únicas” en política (que no deja de ser una ciencia social como la filosofía o la sociología).
Las diferentes ideologías y partidos defienden intereses de colectivos distintos, que a menudo son divergentes entre sí.
Si no fuera así, y hubiese una solución única y óptima a cada problema de organización social, la democracia en sí misma no tendría sentido, y el gobierno ideal estaría formato por “tecnócratas” que tomarían cada decisión exclusivamente en base a la lógica.

JorgeJorge

Por cierto, a ese tipo de gobierno se le llama “tecnocracia”, y lleva mucho tiempo inventado.

RawandiRawandi

“la clave es que no hay “soluciones únicas” en política”

Sí que las hay, aunque no sean muy abundantes. Los derechos a la libertad y la seguridad son “soluciones únicas” en las que actualmente todos los partidos democráticos coinciden.

En política existe el progreso hacia la verdad ética, igual que en ciencia existe el progreso hacia la verdad empírica. Por ejemplo, hubo un tiempo en que los conservadores defendían la esclavitud y negaban a la mujer el derecho a votar. Ahora ningún conservador defiende tales posiciones. Eso es progreso político.

RickbaneRickbane

Rawandi, muy bien expresado. Estoy de acuerdo con todos tus comentarios.

pvlpvl

Otro ejemplo de progreso político: hubo un tiempo en que los socialistas defendían la abolición de la propiedad privada. Ahora ningún socialista defiende tal posición.

GuidoGuido

Una muestra de que el término “progreso” es a su vez arbitrario. Para muchos esta afirmación puede significar retroceso, de la misma forma que desde el punto de vista de una mentalidad religiosa el avance de derechos de la mujer también lo es. El concepto de progreso depende de los supuestos previos éticos en los que nos situemos. No hay “verdad moral”, por tanto, excepto que se demuestre que nuestra especie tiene un camino predeterminado que vamos recorriendo al margen de nuestra voluntad.

traduccion de medicina

Interesante post, pero queremos recalcar que no es que a veces se sea menos listo de lo que se parece, es que en ciencia, como en medicina, existe el progreso hacia la verdad empírica.

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