Lo que vuestro postureo hace con mis neuronas

A mí el postureo en la red me va, no voy a negarlo. La soledad en la que vivo mientras trabajo me juega malas pasadas y acabo poniendo una de esas ridículas fotos «que dan un rollo intelectual que te cagas». Busco un poco de atención, no sé… un comentario, un RT, lo que sea que me saque de mi onanismo laboral. Y funciona. Probad a poner una foto vuestra con un libro de uno de esos escritores con –como dice mi amigo Jon– flow, un autor que sea algo conocido (poco) y que se le relacione con lo culto, lo raro, lo complejo y, sobre todo, lo requetecool. Veréis como los FAVs llegan a manadas y dejáis de sentiros una mierda durante un ratito.

No hacemos nada malo, no le jodemos la tarde a nadie, halaga nuestra vanidad y nos hace sentir un poco más importantes durante unos segundos. Pero, ¿y cuando se nos ocurre la original idea de incluir en la foto un vaso de vino? Sí, sí, eso que os gusta tanto: «Aquí, tomándome una caña fresquita», «Vino y lectura para la tarde», «El viernes llega con un buen vino»… Hay días que vuestros tuits son como una ristra de anuncios de Antena3. Ni siquiera os molestáis en eliminar los logos, claro que el postureo también incluye diseñarnos mediante las marcas que consumimos… Que no es lo mismo fotografiar un cartón de Don Simón que una copita de cristal impoluta junto a una botella de… qué se yo… Viña Tondonia, por ejemplo. Nada que ver.

Postureo

Postureo, libros, vino… ¿adónde quiere ir a parar? Pues a mi salud, ¡por supuesto! ¿Qué puede haber más importante para mí que mi propia salud? Resulta que soy una navegante crónica, me paso el día en las redes. Por trabajo o por ocio, siempre acudo a ellas. No puedo, aunque quiera, obviar vuestra movida con las copas de vino y la cerveza fresquita, me topo de golpe con las imágenes y se quedan clavadas en mis retinas. Cuando estaba en desintoxicación era fácil, no tenía acceso a internet y la televisión solo estaba permitida para ver series. No había un solo estímulo que se me colase en casa. Otro asunto era la calle, por supuesto, las terrazas siempre llenas de imágenes capaces de despertar al monstruo del craving. Justo igual que vuestros tuits… ¿Que qué es eso del craving? Pues la antesala de una recaída en la vida de un adicto.

El craving es el ansia por consumir. Cualquier ex-fumador entenderá a qué me refiero. Cuando dejas –con un esfuerzo titánico– cualquier tipo de sustancia adictiva, te pasas unos añitos con un ansia que olvídate de la movida con la caza de pokémons, solo piensas en consumir, si no tienes la droga o el alcohol, el pensamiento se centrará en cómo conseguirla. Al principio evitas todos los estímulos posibles para no revolver a la bestia, eso te lo hace más fácil, pero tarde o temprano volverás a una sociedad alineada a sus hábitos de consumo, y con ella, te estrellarás contra el temido craving, que se caracteriza por su capacidad para instaurar en tu cabeza los pensamientos, sentimientos y conductas que tenías cuando consumías, y ese cocktail molotov tiene muchas posibilidades de joderte la vida y catapultarte hacia la recaída.

Y ojo, que no lo digo yo. Ya en 1999, cuando a mí todavía me quedaban 8 infernales años de consumo, Anna Rose Childress publicó un trabajo de neuroimagen (1) en el que estudió a un grupo de pacientes adictos a la cocaína, una vez desintoxicados. Se trataba de mostrarles imágenes relacionadas con la droga y comparar los resultados de este grupo con otro control sano. Lo que observó podría confirmar mi hipótesis sobre el efecto de vuestras fotos en mis neuronas ya que los pacientes adictos presentaron activación en dos regiones límbicas, la amígdala y el cíngulo anterior. Y resulta que dicha activación es de lo más significativa ya que las dos regiones tienen un papel importante en la conducta afectiva y el aprendizaje emocional. Además, la activación se producía al mismo tiempo que los “pobres” sujetos experimentaban el deseo de consumir. ¡Voilà! lo que viene siendo el craving al que hago referencia.

Imágenes transaxiales que ilustran el aumento diferencial en la amígdala y el cíngulo anterior en un paciente adicto a la cocaína en desintoxicación, mientras ve un vídeo no relacionado con la droga y otro que sí lo está.
Imágenes transaxiales que ilustran el aumento diferencial en la amígdala y el cíngulo anterior en un paciente adicto a la cocaína en desintoxicación, mientras ve un vídeo no relacionado con la droga y otro que sí lo está.

Para daros algo más de detalle, resulta que las regiones cerebrales que se ponen en marcha en mi bonita cabeza cuando me expongo a vuestro postureo alcohólico son, esencialmente, la corteza prefrontal, la amígdala y el núcleo accumbens (NAc). Las conexiones que se producen entre los dos primeros y el NAc son las responsables de que yo asocie el estímulo (vuestras fotos) con la recompensa (el trago de alcohol). Por otro lado, el hipocampo es la estructura clave para que yo procese mi recuerdo y lo relacione en el futuro con el contexto (copita de vino blanco fresquito frente a una puesta de sol, por ejemplo), y así, sin darme cuenta, se produzca el condicionamiento (bendito Pávlov), es decir, la próxima puesta de sol en abstinencia iba a provocarme unas ganas de beber implacables.

Pero, por si todavía os parece poco sofisticado el tinglado, tenemos que añadirle una serie de proyecciones dopaminérgicas que vienen del área tegmental ventral (ATV) y se “lanzan” sobre el NAc, haciendo que yo convierta ese maravilloso contexto en un elemento reforzador o motivador a la hora de buscar el bar más cercano.

Una vez más, fueron los pobres ratones los que pasaron por tiránicos experimentos (2) para darnos a nosotros las claves de todo el asunto. En ellos se ha podido observar que es precisamente el aumento de dopamina provocado por el inesperado estímulo (vuestros tuits), lo que desencadena en los animales la conducta de búsqueda de droga, esa que han aprendido antes. Lo que en humanos –en esta humana concretamente– es el equivalente a desencadenar el deseo de consumo, el maldito preámbulo de la búsqueda de la droga y de la fatídica recaída.

Dicho esto, ¿os imagináis haciéndoos un selfie con una raya de coca o mientras le dais los golpecitos a la jeringuilla? El efecto para una politoxicómana como servidora es el mismo. Así que solidarizaos y matizad un poco el postureo, anda.

Referencias:

1. Rose Childress, A., Limbic Activation During Cue-Induced Cocaine Craving, Am J Psychiatry. 1999 Jan; 156(1):11 doi:  10.1176/ajp.156.1.11

2. Remedios, J., Pavlovian-conditioned alcohol-seeking behavior in rats is invigorated by the interaction between discrete and contextual alcohol cues: implications for relapse, Brain Behav. 2014 Mar; 4(2): 278–289. doi:  10.1002/brb3.216

17 Comentarios

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exorciteexorcite

Aunque la explicación la entiendo perfectamente, no se puede condicionar la vida de una persona por lo que ha vivido otra. Puede que alguien tenga una mala experiencia con los gatos, pero no por eso la gente tiene que dejar de subir fotos de gatos. Recuerda que el vino o la cerveza no están prohibidas por ley, como sí lo están la cocaína o la heroína.

Para finalizar, si tanto te afecta, deja de seguir a esa gente, eso que te ahorrarás.

Santiago Vallejo Muñoz

Hola, Oihana.
No soy mucho de postureos en la web, con o sin drogas presentes, pero te pido perdón si, en alguna ocasión y totalmente falto de la conciencia solidaria necesaria, los he hecho.
También aprovecho el encogimiento de corazón que me producen tus relatos de adicta para pedirte, como ya hice por tuiter, que tengas a bien venir unos días a mi centro docente, para contar en primera persona a los adolescentes a los que doy clase lo oscuro y terrible que es el mundo de las drogas.
Te admiro profundamente desde la primera vez que leí un texto tuyo, y estoy convencido de que eres la persona indicada para despertar esa misma admiración en mis alumnos e inculcar en ellos la conciencia de que caer y recaer es relativamente fácil, y que, aunque es posible salir, requiere un esfuerzo tremendo que sólo los súper-héroes como tú consiguen llevar a cabo, por lo que la mejor opción es no entrar.
Te mando un fuerte abrazo.
Santiago.

Oihana

Hola Santiago, muchas gracias por tu mensaje. Si quieres comentamos por email: oiturbide(arroba)nextdooreditores(punto)com

Un abrazo fuerte.

MaxiMaxi

Hola, muy buen artículo. Sólo por matizar a exorcite, lo ilegal a nivel penal es la comercializaron de cocaína y heroína (y otras drogas); la tenencia en vía pública para consumo sólo implica sanción administrativa (como por ejemplo si tiras la basura fuera horario o cambias el aceite del coche en la calle); el consumo en lugar privado, esta totalmente permitido por la ley.

gabriela

Oihana, describes tan perfectamente lo que sucede a un adicto (de cualquier cosa), que no importa qué sustancia sea, el sufrimiento es el mismo, y la fuerza de voluntad que hay que tener es tremenda…

Esto hace falta que lo sepan los jóvenes…así, con toda crudeza, porque es mucho más fácil aprender a decir “no” y dejar fuera la tentación, que después tratar de salir…caer, volver a salir…

Oihana

Gracias, Gabriela. No creo que mi testimonio haga que las personas no consuman, pero por lo menos, sí sabrán qué ocurre cuando no puedes dejar de hacerlo.

Un abrazo grande.

Setzko Yesaki CavazosSetzko Yesaki Cavazos

Dice que me puedo suscribir sin hacer un comentario y al hacerlo me marca error.

ValentinaValentina

Hola Oihana. Creo entender entre líneas que te influyen mucho experiencias ajenas. Pues bien, ahí va la mía por si te sirve de algo. Yo tuve cáncer de mama (muy agresivo) y lo superé por mor de la quimio y el cobalto. Las secuelas son sólo físicas pero cuando tuve mi tratamiento me acordaba en cada sesión de los adictos que lo eran porque querían y lloraba mucho porque pensaba que yo no lo quería. Yo lo que quería era vivir y sentir cada día el ansia de hacer cosas, de soñar con cosas o simplemente de sentir el aire o la lluvia en mi cara. No soy de redes. De vez en cuando me asomo a este balcón proceloso y expectante y me acuerdo de aquellos meses infernales que nadie debería añorar por voluntad propia. Que mis lagrimas de entonces sean sonrisas en gente que aprecia la vida como tu. Un beso

CarlosCarlos

Gracias Oihana por el trabajo que haces y por el proyecto que tienes entre manos. Gracias por devolver gran parte de lo que has recibido con tu recuperación.

Por mi experiencia, la formación debería empezar por el sector médico. Muchos siguen viendo el consumo excesivo de alcohol y otras sustancias como una consecuencia y no como una enfermedad. Tratan una adicción con pastillas. Sorprende que esto siga ocurriendo en pleno siglo XXI.

En el país de la cultura del alcohol, muchos siguen pensando que un alcohólico es alguien que no sabe beber y los médicos no son una excepción.

Gracias y sigue con tu trabajo reparador.

OihanaOihana

Gracias Carlos, así es, resulta inaudito que en muchos estamentos de la sanidad sigan mostrando semejante ignorancia. Cuanto cambiarían las cosas si la información llegara adonde debe llegar.

Un abrazo.

VictorVictor

Desde mi solidaridad con el sufrimiento padecido por Valentina….los adictos no lo somos porque queremos, el consumo no es un acto voluntario para un adicto, obedece a un pensamiento obsesivo que condiciona dicha conducta.
Tener o no ese pensamiento obsesivo con el consumo, marca la diferencia entre ser adicto o no, entre poderte tomar sin más, una cervecita con tapa y poder marcharte a casa sin desear tomarte 25 más.
Mi abrazo más solidario Valentina. Otro para ti Ohiana.

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