Vagando por lo inconmensurable

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Wiston Churchill dijo que la historia la escriben los vencedores. Es por eso, que los vaivenes de la humanidad, tal y como los explican los libros de historia, reflejan un punto de vista concreto, subjetivo, ligado a los intereses, prejuicios y predilecciones de una generación determinada. Pero hay una parte de la historia, ligada no a los intereses pero sí al progreso, que se encuentra escrita en un lenguaje diferente. Un lenguaje imparcial y objetivo: las matemáticas.

El hecho es que la naturaleza es matemática. El mundo físico puede describirse a partir de una serie de reglas básicas, relativamente sencillas, expresadas a través de fórmulas y ecuaciones. Un hecho, sin duda, destacable. La naturaleza no tendría porqué estar escrita en un lenguaje que los humanos podamos comprender. El problema, paradójicamente, es que sí que lo está. Eugene Wigner expresaba así su conmoción ante la magnitud del asunto en su artículo The Unreasonable Effectiveness of Mathematics in the Natural Sciences”:

El milagro de las matemáticas como formulación de las leyes de la física es un regalo maravilloso que ni comprendemos ni merecemos. Debemos dar gracias y esperar que permanezca así en las investigaciones del futuro y que se extienda, para bien o para mal para nuestro placer o para nuestra confusión, a otras ramas del conocimiento.”

Las ecuaciones de hoy se apoyan sobre los signos de igualdad de las ecuaciones del siglo pasado. La relatividad especial se sustenta sobre las ecuaciones de Maxwell. La relatividad general, sobre la ley de la gravitación de Newton. De esta manera podemos trazar una línea continua que nos lleva de descubrimiento en descubrimiento para llegar a comprender dónde estamos hoy. La historia de la ciencia es la verdadera historia de la humanidad.

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Pero las matemáticas no solamente representan la verdad, sino que además la hacen con cierta elegancia. Bertrand Russell, en una cita incluida en al comienzo del artículo de Wigner, expresaba que:

Las matemáticas, vistas correctamente, poseen no solo la verdad, sino una belleza suprema, una fría y austera belleza, como la belleza de la escultura.”

Esa belleza de las matemáticas como elemento de verdad se encuentra representada en la plaza Galileo Galilei del CERN. La escultura “Wandering the immeasurable”, del escultor canadiense Gayle Hermick, es un homenaje a los grandes descubrimientos de la historia de la física: desde el descubrimiento en Mesopotamia del cálculo sexagesimal hace tres mil quinientos años hasta el descubrimiento del bosón de Higgs, unos cien metros debajo de donde se encuentra la escultura.

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Cada uno de los descubrimientos está inscrito en láser a lo largo de 37 metros de acero en el lenguaje de las matemáticas. La escultura se retuerce en el aire simbolizando el camino impredecible que recorre la ciencia en su afán por el descubrimiento. La obra se encuentra justo delante del emblemático Globo de la Ciencia y de la Innovación. Un espacio abierto a los visitantes que se acercan al laboratorio representando un puente entre la ciencia y la sociedad.

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Sin duda, esta es una obra inacabada. El gran objetivo de la física es encontrar la ecuación que ponga el punto y final. La ecuación que englobe a todas las anteriores en una teoría definitiva. Por el momento, no sabemos cuantas líneas más deberemos escribir en la historia de la ciencia hasta alcanzar nuestro objetivo. Ni sabemos siquiera si esa historia realmente va a tener un final.

Este artículo lo escribe Héctor García Morales. Estudió física en la Universitat de Barcelona, completó un máster en aceleradores de partículas para posteriormente acabar realizando el doctorado en el CERN. En paralelo al doctorado hizo un Máster en Comunicación Científica en la UPF. Actualmente es postdoc en el CERN a través de la Royal Holloway University of London y trabaja en la mejora del LHC. Posee un canal de divulgación sobre el CERN: CERNtrípetas (Youtube y Twitter). Explicar ciencia es lo mejor que le puede pasar a un científico.


1 Comentario

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MiguelMiguel

“La naturaleza no tendría porqué estar escrita en un lenguaje que los humanos podamos comprender. El problema, paradójicamente, es que sí que lo está.”
Mis padres no tendrían porqué expresarse en un lenguaje que yo pueda comprender. El problema, paradójicamente, es que sí lo hacen.

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