Hacerse invisible cerrando los ojos

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Hace mucho tiempo tuve un gato llamado Micha, era famoso en la familia por ser asimétrico y feo, pero también era muy gracioso y se llevaba estupendamente conmigo. Uno de sus comportamientos que más llamaba la atención aparecía cuando jugaba a pelear (tengo las manos llenas de cicatrices después de muchas generaciones de gatos), cuando se escondía solo lo hacía con la cabeza. Yo le atacaba y el me atacaba a mí, cuando huía corría hacia una cortina o mesa camilla y allí metía la cabeza. En aquellos momentos eso nos parecía una “particularidad” más de su ser.

Cualquiera que haya jugado con un niño pequeño reconocerá un comportamiento muy parecido. Si le pides a un niño pequeño que se esconda, es muy probable que solo se tape los ojos. Ahora aquel gato no te parecerá tan idiota. Esto se ha interpretado durante mucho tiempo como un comportamiento resultado del egocentrismo de los niños. Esta idea del egocentrismo se explicaría con que son incapaces de ponerse (visualmente) en la piel de los demás y, de algún modo, asumen que todos deben poseer la misma perspectiva del mundo que ellos mismos poseen.

Pero dicha hipótesis ha sido puesta a prueba y no ha sobrevivido, en cambio ha salido a flote una alternativa muchísimo más interesante. En un artículo publicado en 2012 por James Russell descubrieron algo alucinante: Los niños dicen esconderse cuando se tapan los ojos, pero si te tapas tú los ojos y le preguntas a un niño si puede verte, dirá que no puede.

Es curioso que los niños distinguen entre su cuerpo y ellos (como si viniésemos al mundo siendo dualistas), admiten que puedes ver su cuerpo, pero no a “ellos”.

Hasta ahora esto parecía restringido a la visión, pero un artículo publicado hace unos días, sugiere que esto podría ser resultado de algo mucho más profundo. Moll y Khalulyan han puesto a prueba esto mismo, pero aumentando el espectro, ahora han tapado ojos, bocas y orejas. 

¿El resultado? Como se esperaba, los niños (entre 3 y 4 años) creen que no pueden ver a adultos que tienen los ojos tapados, pero tampoco creen poder oír a aquellos que tienen las orejas tapadas, ni pueden hablar a aquellos que tienen la boca tapada. Parecen poseer en su conciencia cierta necesidad de reciprocidad para que cualquier interacción pueda darse (tú me ves si puedo verte, me oyes si te oigo, y te hablo si tú me puedes hablar).

El experimento constaba de dos partes, que llamaron experimento 1 y experimento 2. En la primera parte pusieron a prueba todo lo que ya he descrito, y la segunda se usó como control para estar seguros de que el efecto no se debía a un problema de comprensión de la pregunta. Tal vez los niños no entendían lo que se les preguntaba y, bueno, respondían erróneamente. Para probar la validez del resultado dividieron el experimento 2 en dos variantes: una en la que se invertía el experimento 1 (los niños se tapaban los ojos, orejas o boca), y una segunda en la que, en lugar de tapar el órgano correspondiente, se tapaba una parte de la cara no relacionada con la acción (ej. se tapaban las orejas y les preguntaban si los podían ver). 

Los resultados eran concluyentes, los niños requieren de esa doble interacción, y su conciencia es mucho más extraña de lo que pensábamos.

-Traduzco el abstract de Moll y Khalulyan (2016)

Se ha identificado un fenómeno curioso en el desarrollo cognitivo-social temprano: Los preescolares niegan que puedan ver a aquellos que no pueden verlos (Russell, Gee, y Bullard, 2012). La atención exclusiva en la visión ha sugerido que este efecto pueda estar limitado a ese sentido, pero la negación de los niños podría reflejar un fenómeno más amplio, uno que se extienda hasta la comunicación verbal. En el experimento 1 (N=24), se les preguntó a niños de 3 a 4 años si podían ver, oír, o hablar a alguien que tuviese tapados los ojos, orejas, o la boca. En todos los casos las respuestas negativas fueron más numerosas que en el control (donde no se tapaban ojos, orejas o boca). El experimento 2 (N=24) aporta evidencia de que la negación por parte de los niños no proviene de un problema de entendimiento de la pregunta. Los resultados sugieren que los niños pequeños aplican un principio de relación de reciprocidad que no se limita a la visión.

Si tenéis niños en casa, deberíais probar esto y comentar vuestros resultados.

Papers:

“Not See, Not Hear, Not Speak”: Preschoolers Think They Cannot Perceive or Address Others Without Reciprocity Moll y Khalulyan (2016)
Why Do Young Children Hide by Closing Their Eyes? Self-Visibility and the Developing Concept of Self Russell, Gee, y Bullard (2012)

2 Comentarios

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KurcoKurco

Tal vez la asociación cognitiva ver-ojo (u oir-oreja, hablar-boca) prevalece sobre la distinción entre yo-otro, lo cual puede parecernos egocentrista. El niño relacionaría el ojo con el acto de ver y no llegaría al siguiente paso de preguntarse quién es el sujeto que ve o no ve en ese momento. Parece más sencillo este modo de comprender el mundo que hablar de un dualismo cognitivo innato de materia-espíritu o de la necesidad de reciprocidad en el acto de ver, oir o hablar.
El modo de comprender se desarrolla desde los procesos más simples a las asociaciones más complejas. En un primer nivel de abstracción estaría la relación ojo-ver y tu-yo, y en un segundo nivel aparecería la de yo veo con mi ojo y tu ves con tu ojo.
En un nivel superior de abstración tendríamos los juegos de palabras y los dobles sentidos. Decidle a un niño, incluso mayor que los de este experimento: “vino tinto y se fue blanco”. Aunque hagáis una pausa a mitad de la frase o le enseñéis una botella y hagáis el gesto de iros, difícilmente os entenderá.
Este es sólo mi punto de vista. El artículo me parece interesantísimo y ofrece mucho sobre lo que reflexionar. Gracias por compartirlo con nosotros.

Javier Castaneda de la TorreJavier Castaneda de la Torre

Acabo de hacer el experimento con mi hija que cumple cuatro años a finales de enero (tiene tres años y diez meses) y claramente me ha dicho que sí puede verme cuando me tapo los ojos y que sí puede oirme cuando me tapo las orejas. Supongo que entrará dentro del grupo que de los que contestaron afirmativamente. Aún así lo intentaré probar con otros niños, por curiosidad 😉

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