Siracusia, el tatarabuelo del Titanic

Fotografía de John W. Kempster sobre la botadura del casco del Titanic en 1911.
Fotografía de John W. Kempster sobre la botadura del casco del Titanic en 1911.

Con impaciencia mal disimulada, como si quisiera ocultar su entusiasmo, un caballero con traje y sombrero se pone de puntillas y ladea el torso para mirar por encima de la multitud. A dos pasos de él un niño se alza sobre los hombros de su padre (probablemente). Es miércoles. 31 de mayo de 1911. Y el astillero Harland & Wolff, en el puerto de Belfast, es un hervidero de curiosos. Todos observan en la misma dirección: el final del dique, donde el imponente casco del Titanic –el mayor alarde de la ingeniería naval de principios del siglo XX- se deslizaba poco a poco desde su grada hacia las frías aguas del Mar de Irlanda. Faltan aún 305 días para que la construcción del transatlántico se complete y 319 para que protagonice uno de los mayores dramas de la historia de la navegación.

El Titanic saliendo de Southampton el 10 de abril de 1912.
El Titanic saliendo de Southampton el 10 de abril de 1912.

La instantánea, que perteneció al director de Harland & Wolff, Johh W. Kempster, y estuvo perdida hasta hace unos años, muestra en tonos sepias una imagen bastante similar a la que debió de vivirse alrededor del 240 a.C. en la ciudad de Siracusa, cuando se presentó el Siracusia, el gigantesco buque diseñado por Arquímedes. Además de una botadura multitudinaria y digna de película, Titanic y Siracusa comparten varios detalles a pesar de los miles de años y kilómetros que los separan. Ambos fueron prodigios de la ingeniería de su momento, auténticos colosos marinos, y -por paradójico que resulte- ambos disfrutaron de un único viaje. El Titanic se hundió en el Atlántico la madrugada del 14 al 15 de abril de 1912, solo unos días después de partir en su travesía inaugural desde Southampton. Del Siracusia –rebautizado como Alejandría– no quedan menciones más allá de su primer viaje, entre Sicilia y Alejandría. La tradición dice que zozobró en aguas cretenses.

El Titanic en las gradas del astillero de Belfast, entre 1909 y 1911.
El Titanic en las gradas del astillero de Belfast, entre 1909 y 1911.

Más allá de su final trágico, lo que une a los dos navíos es que fueron auténticas ciudades flotantes. Con sus más de 269 metros de eslora, el RMS Titanic fue el buque de pasajeros más grande de su época –mérito que le arrebató brevemente a su gemelo mayor, el Olympic-. El Siracusia alcanzaba los 55 metros de eslora, tamaño que algunas fuentes elevan a 110, unas dimensiones que lo convertían en un ingenio sin parangón en la Antigüedad. La descripción más precisa de esta mole de los mares la dejó Ateneo, quien a su vez toma detalles de una obra anterior de Mosquión. En su escrito Deipnosophistae se relata que el velero podía transportar a 1.940 pasajeros –el Titanic tenía capacidad para cerca de 2.800 viajeros, a los que se podían sumar otros 885 tripulantes- y su capacidad de carga era más que notable: entre 1.600 y 1.800 toneladas. En su viaje entre Sicilia y el puerto de Alejandría, de hecho, se llenaron sus bodegas con grandes cantidades de grano, pescado salado, lana, agua e incluso caballos.

Arquímedes pensativo, obra de 1620 de Domenico-Fetti
Arquímedes pensativo, obra de 1620 de Domenico-Fetti

Los suntuosos salones, biblioteca, cuartos… del Titanic tampoco desmerecen a los del Siracusia. Cualquier caballero de primera clase del siglo XX se encontraría a gusto en el interior del buque siciliano. Cuando el tirano Hierón II de Siracusa (308-215 a. C.) ordenó su diseño a Arquímedes no escatimó en lujos ni boato. Las dimensiones colosales del buque tenían su reflejo en la elegancia de su interior. Al construirlo, Arquías de Corinto –siguiendo las indicaciones de Arquímedes- usó madera de ciprés y boj, mármol, marfil, bronce, ágata, azulejos… Mosaicos con escenas de la Ilíada adornaban los suelos, junto con estatuas, jarrones y cuadros. Había jardines con plantas que se mantenían frescas –relata Ateneo- gracias a un ingenioso sistema de barriles repletos de tierra y que se regaban con frecuencia. El Siracusia disponía además de un templo dedicado a Venus, salón, gimnasio y biblioteca. Para extraer el agua de la sentina, el barco incorporó además uno de los grandes inventos de Arquímedes, su “tornillo”.

Representación del navío Siracusia, diseñado por Arquímedes
Representación del navío Siracusia, diseñado por Arquímedes

No toda eran lujos. El velero -de tres mástiles- disponía de ocho torres de vigilancia ocupadas, cada una de ellas, por cuatro jóvenes armados y dos arqueros. La defensa estaba reforzada además con una catapulta y centenares de soldados. El navío tenía sus propias cuadras, con capacidad para 20 caballos, una cisterna de agua dulce y un pozo para el pescado. Cuatro anclas de madera y ocho de hierro permitían fondearlo. Cuenta Ateneo que para dar forma a ese gran titán marino fue necesario cortar “tantos árboles en el monte Etna como habrían sido suficientes para sesenta trirremes”. A pesar de todos estos datos, aportados por el cronista de Náucratis, quizás el que mejor reflejen el tamaño del Siracusia es la carga con la que Hierón II decidió enviárselo a Ptolomeo, rey de Egipto. Al comprobar que ningún puerto en Sicilia era lo suficientemente grande como para acoger el buque, el tirano de Siracusa decidió cambiarle el nombre por Alejandría y enviárselo al rey de Egipto. En su interior iban 60.000 medidas de grano, 10.000 frascos de pescado salado siciliano y 20.000 talentos de otras cargas, además de agua y gran cantidad de lana.

Si la botadura del Titanic generó expectación en los muelles de Belfast, la del Siracusia no debió de ser menor. Sus gigantescas dimensiones suponían todo un reto, por lo que Arquímedes tuvo que recurrir a todo su ingenio y echar mano de su arma más poderosa: la Física. Ante el asombro del tirano Hierón II, el sabio logró que el casco del velero entrase en el agua gracias a un sistema de poleas. Comenzaba así una singladura corta en millas náuticas, pero que suma miles de año como gran hito histórico.

Este artículo nos lo envía el periodista Carlos Prego Meleiro (@CarlosPrego1). Trabaja en Faro de Vigo y en la actualidad cursa el Máster en Periodismo y Comunicación Científica de la UNED. Amante de la historia, colabora con webs de divulgación científica como E-ciencia, Acercaciencia y Mujeres con ciencia.

Bibliografía

Navarro Yáñez, Alejandro. (2013). El científico que derrotó a Hitler y otros ensayos sobre la Historia de la Ciencia. Barcelona. Editorial Almuzara S.L.

Nenova, Stella. The Syracusia (Siracusa)-sailing vessel designed by Archimedes. The Wonders of Sicily. http://www.wondersofsicily.com/syracuse-siracusia-ship.htm

Athenaeus, The Deipnosophists. London. Henry G. Bohn, York Street, Covent Garden. 1854. Capítulos 40-44. http://www.perseus.tufts.edu/hopper/text?doc=Perseus:text:2013.01.0003:book=5:chapter=pos=377&highlight=archimedes

Toomer, Gerald J. Archimedes. Greek mathematican. Encyclopedia Brittanica. https://www.britannica.com/biography/Archimedes

BBC Mundo. 15 de octubre 2014. Imágenes inéditas de la botadura al mar del Titanic. BBC. http://www.bbc.com/mundo/noticias/2014/10/141014_titanic_fotos_exhibicion_jgc

Tikkanen, Amy. Titanic. Encyclopedia Brittanica. https://www.britannica.com/topic/Titanic

 

4 Comentarios

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OscarOscar

60.000 medidas de “maíz”, ¿ya conocian esa semilla en aquellos lugares por esos tiempos?

10.000 “francos” de pescado salado, ¿se refiere a la moneda francesa o a frascos?

El leñoEl leño

El maiz, antes de 1492, en Europa, complicado. Parece un false friend que se le ha colado al autor.

Irreductible

Hola a todos. Ya está corregido. Sí, el autor (Carlos) se refería a “frascos”. También está corregido el término “maiz” por el más adecuado “grano”. Gracias por estar atentos

FaradayFaraday

La segunda fuente (Nenova) habla de “60, 000 measures of corn”. Corn en este contexto sería cualquier planta cultivada por su grano o cereal. Tampoco es un falso amigo. Errare humanum est.

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