La ciudad cuántica

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Bienvenidos/as a la ciudad cuántica, un lugar sumido en el caos y reinado por la más sorprendente anti-intuición. En ella, la realidad se convierte en un mundo de ciencia ficción, un mundo gobernado por probabilidades y donde lo más elemental conforma nuestra realidad. En definitiva, un lugar regido por leyes que desafiarán nuestro conocimiento y entendimiento del universo. Para descubrirlo, subámonos a una de sus partículas, nuestros guías aquí nos dirigirán el viaje.

Y es que en esta extraña metrópoli, el tráfico y la circulación difieren en gran medida con nuestra concepción habitual. Aquí, los policías se han topado con un problema que les dificulta enormemente realizar su labor. La cuestión tuvo su inicio cuando un tal Heisenberg apareció clamando que existía una limitación en la precisión de nuestras mediciones en la ciudad. La afirmativa de Heisenberg era la siguiente: independientemente de las cámaras o sensores utilizados por la policía, se podía concluir que cuanto más precisamente midiésemos la posición de uno de los coches cuánticos, mayor sería la incertidumbre en la determinación de la velocidad del mismo, y viceversa.

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Esto era grave, pues con tal conclusión, la ciudad se convertía en una ejemplificación de la indeterminación, un hecho que atentaba contra la seguridad de la urbe como consecuencia de la falta de control policial. ¡Los policías no podían multar por excesos de velocidad! Pues no podrían conocer el lugar en el que ocurrió… El tema se les empezaba a ir de desmadre…

Pero no creáis que esto acaba aquí, pues montar en uno de estos coches cuánticos puede acabar en toda una aventura. Resulta que una de sus autopistas nos lleva, sin remedio alguno, a una bifurcación con dos túneles, los llamados túneles de Bohr y Einstein, un debate singular. Al final de estos, existe un campo abierto donde se acaba la ciudad. Es importante destacar que el paso solo está permitido de un coche en uno, los cuales entran indiferentemente por uno de los túneles guiados por una señalización aleatoria y a estos se les obliga a parar llegados a un cierto límite debido a las fronteras. Así mismo, por una insólita desconexión, nos es imposible conocer en qué túnel va a entrar el coche en cuestión.

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Es curioso, pues en esta zona concreta de la ciudad suelen ocurrir fenómenos desconcertantes. Es por ello, que se han llevado a cabo investigaciones minuciosas. Dentro de los túneles se han colocado cámaras, para así poder conocer en cuál de los dos túneles finalmente ha entrado el coche. Nuestros resultados son obvios, el 50% de las ocasiones se encontraban en el túnel de Bohr y el otro 50% en el túnel de Einstein. No obstante, todavía desconocemos el desenlace final, así pues, vayamos más allá.

En ocasiones, uno de los dos túneles se encuentra cerrado en su salida por obras. Es entonces, cuando dependiendo del túnel abierto, los coches salen a parar mayoritariamente en dos zonas concretas. Esto tiene sentido pues los túneles se encuentran orientados hacia estos puntos principalmente.

Empero, ¿qué ocurre cuando ninguno de los túneles se encuentra en obras y apagamos nuestras cámaras situadas en el interior? Es ahora, cuando esta ciudad nos vuelve a sorprender con creces.

Los coches que salen de los túneles se concentran ahora en muchas más zonas que las anteriores. Algo estremecedor cuando antes eran dos áreas las que acaparaban toda la atención…

Parecía como si los túneles, cuando ambos estaban abiertos, compartiesen información. Para comprobarlo, decidieron aumentar y reducir la distancia entre los túneles, algo que les costó un pastón en construcción, mas valía la pena.

El resultado fue sorprendente, si aumentaban la distancia entre los túneles también lo hacían las zonas en las que paraban los coches, y si se disminuía la distancia, del mismo modo ocurría con nuestras concentraciones de coches. ¡Los túneles estaban actuando en combinación! La solución parecía difícil de admitir, pero todo indicaba que cuando nos olvidábamos de mediciones, bien directas como con las cámaras o condicionadas como el cierre de obras, el coche debía estar en los dos túneles al mismo tiempo. Solo así, la información de cambio en la distancia podía ser transmitida al aparente túnel vacío.

Pero, ¿Y si lo comprobamos? Ahora hemos encendido de nuevo las cámaras y las hemos situado en la salida de los túneles, para poder así discernir de qué túnel sale nuestro coche. Y… ¡Sorpresa! Cuando hacemos esto, si bien comprobamos que el coche no sale de ambos túneles al mismo tiempo, nos damos cuenta de que vuelven a concentrarse en las dos primeras zonas. Probamos a apagar las cámaras y… ¡Magia! De nuevo, la segunda disposición aparece. La idea de que nuestro coche, ante la ausencia de mediciones, se encuentra en los dos túneles al mismo tiempo coge fuerza y esto desquicia a nuestros ciudadanos, pues no pueden creer lo que ven.

Cambiando de tema, antes hemos hablado de construcciones, bien, pues esta es otra de las peculiaridades de la ciudad. En la ciudad cuántica, no utilizan ladrillos, sino fermiones, y en vez de cemento, emplean algo que denominan bosones. Hablemos sobre esto.

Resulta que tienen ladrillos o fermiones para dar y tomar. Por características y colores no será… Si entras a una obra para hablar con el arquitecto encargado, probablemente suelte vocablos del tipo quarks, leptones o incluso neutrinos, el llamado material del futuro. Lamentablemente, este último es todavía un prototipo, pues parece como si se nos escapase de las manos…

En cuanto a los cementos de la ciudad, también gozan de una gran variedad, dependiendo del tipo de relación que quieran conseguir entre los fermiones. Son capaces de juntarlos con gluones, de separarlos con bosones W y Z o incluso de conseguir interacciones muy interesantes con los denominados fotones. Los más atrevidos afirman incluso que podrían conseguir un nuevo tipo de cemento, suelen referirse a él como gravitón, pero esto sí que es un tema de debate entre los arquitectos más reconocidos de la actualidad.

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Tal vez, es debido a esta arquitectura tan poco estándar, que se consiguen algunos de los edificios más excepcionales antes vistos. Sea como sea, debemos reconocer esta nueva forma de edificación a arquitectos ilustres como Dirac o Majorana.

Por cierto, ¿Os he dicho ya que, en esta ciudad, los habitantes se están volviendo locos con sus gatos? Comentan que un tal Schrödinger los captura por las noches y los mete en cajas para hacer experimentos un tanto sospechosos. Desde entonces, según testifican los dueños, sus gatos ya no son los mismos…

Este artículo nos lo envía Santiago Hernández Díaz, @Vdimension5, apasionado por la física y la astronomía, autor del proyecto V Dimensión, un blog dedicado a la divulgación científica.

Bibliografía utilizada:

  • Joanne Baker, 50 cosas que hay que saber sobre física cuántica.
  • Brian B. Greene, El universo elegante.
  • Fred Kuttner y Bruce Rosenblum, El enigma cuántico.

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