Cuando las plantas cazan moscas

Planta carnívora - Drosera rotundifolia
Planta carnívora – Drosera rotundifolia

La primera descripción exhaustiva de la existencia de diferentes plantas capaces de atrapar insectos fue realizada por Charles Darwin, cuya curiosidad por el tema nació tras observar las hojas de una planta del género Drosera llenas de insectos muertos adheridos a su superficie, gracias a ello publicó el libro “Plantas insectívoras”. Posteriormente, pudo observarse como este tipo de plantas no sólo atrapaban insectos, sino que también arácnidos, moluscos y otros invertebrados, e incluso pequeños vertebrados como lagartos o murciélagos, razón por la cual se pasó a denominarlas como plantas carnívoras. En la actualidad, se han descrito 583 especies diferentes de estas plantas, dentro de 20 géneros y 12 familias, habiendo surgido evolutivamente a partir de nueve orígenes totalmente diferenciados.

Aunque estas plantas tienen la capacidad de realizar la fotosíntesis de una forma totalmente eficiente y similar a otras muchas plantas, se han asentado evolutivamente en hábitats con déficits en gran cantidad de nutrientes en los suelos, como nitrógeno o fósforo. Esta falta nutritiva les ha obligado a desarrollar diferentes estrategias para conseguir suplir esas deficiencias y sobrevivir, en su caso, suplementando su nutrición con animales. Para ello requieren de tres procesos indispensables y presentes en todas ellas: la atracción de las presas, su captura y su posterior digestión y absorción de nutrientes.

Para la atracción existen muy diversas estrategias desarrolladas por estas plantas, pero basadas siempre en el olor, el color o la presencia de néctares. Por lo que se refiere al olor, la planta carnívora puede simplemente imitar los olores de otras flores que sean polinizadas por insectos, además de sus colores y de acumular néctar, así, el insecto confundirá su flor favorita con una trampa mortal. Incluso pueden imitar los olores de carne en putrefacción que va a atraer a gran cantidad de insectos, muchos de ellos moscas, para alimentarse de esa carne muerta inexistente o intentar poner allí sus huevos, siendo atrapados por la planta.

El siguiente paso se basa en la captura de las presas, y para ello la cantidad de mecanismos desarrollados por estas plantas es enorme, a cada cual más llamativo. Por ejemplo, existen trampas adhesivas, basadas en pequeños pedúnculos capaces de sintetizar y recubrirse por diferentes sustancias viscosas y muy pegajosas que atraerán a los insectos pensando que puede ser néctar, entonces el animal queda totalmente inmovilizado en la superficie pegajosa y es envuelto por la propia hoja de la planta para ser digerido (presentes en plantas del género Drosera). También existen las típicas y más conocidas hojas de plantas carnívoras en forma de dos conchas o cepos, denominadas venus atrapamoscas (Dionaea mascipula), las cuales se recubren de néctar y presentan unos pelos en forma de resorte, que en canto son rozados varias veces por un animal se cierran automáticamente, quedando la presa totalmente atrapada por la “mandíbula”.

Planta carnívora - Nepenthes harryana
Planta carnívora – Nepenthes harryana

Otra estrategia desarrollada por estas plantas para la captura, se basa en la succión en ambientes acuáticos mediante una estructura denominada utrículo (da nombre a las plantas de este género, Utricularia) en forma de pequeño “globo de agua” que cuando siente un pequeño animal cerca se hincha en cuestión de milésimas de segundo, absorbiendo todo el agua cercana junto con la presa, para su digestión.

Pero también existen estrategias pasivas de captura, como las de las plantas de los géneros Sarracenia y Darlingtonia. Estas plantas han modificado sus hojas para que formen grandes jarras que se llenan del agua de lluvia. Los insectos son atraídos hacia la apertura de las jarras mediante la secreción de néctar, una vez se posen sobre los bordes de estas estructuras resbalarán hacia el fondo de la jarra debido a sustancias que segregan las propias plantas y a unos pelos colocados en esa dirección. Los pequeños animales terminarán muriendo ahogados por agotamiento, y en ese mismo medio acuoso comenzará la digestión de la presa.

Llegados a este momento, comienza la parte más difícil de todo el proceso, la digestión de animales completos hasta nutrientes absorbibles por los epitelios de las plantas. Para ello se han desarrollado tres mecanismos diferentes de digestión, que pueden actuar de forma aislada o simultánea, dependiendo de la planta a la que nos refiramos. Las propias hojas que han atrapado al insecto son capaces de secretar diferentes enzimas digestivas al medio en el que se encuentra la presa, las cuales romperán estructuras fisiológicas, celulares y macromoléculas. También pueden existir simbiosis entre estas plantas y bacterias que sean capaces de descomponer las presas, o incluso relaciones mutualistas con otros insectos que se alimenten de las presas de las plantas y a su vez las plantas adquieran los nutrientes que necesitan de los excrementos de sus insectos “amigos”.

La forma en la que las plantas carnívoras han tenido que evolucionar para poder sobrevivir en ambientes muy pobres les ha dado un abanico enorme de estrategias para alimentarse animales, y no al revés.

La ciencia que no es divulgada hacia la sociedad es como si no existiera

Este artículo nos lo envía Jorge Poveda Arias, Graduado en Biología y trabaja en una empresa dedicada a la cría a nivel industrial de insectos con fines de alimentación. Además, realiza una tesis doctoral en el estudio de las interacciones planta-microorganismo. Entre sus campos de interés, destacan la biotecnología, la agricultura, la alimentación, la microbiología, la entomología y la divulgación científica en general, dentro de los cuales presenta una variada formación, destacando un Máster Universitario en Agrobiotecnología, un Máster Europeo en Calidad y Seguridad Alimentaria, o diferentes Posgrados de Experto Universitario, en Biotecnología Alimentaria, Entomología Aplicada, Diagnóstico Molecular Ambiental y Divulgación Científica.

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Referencias bibliográficas y más información:

Givnish, T. J. (2015). New evidence on the origin of carnivorous plants. Proceedings of the National Academy of Sciences, 112(1), 10-11.

Hedrich, R. (2015). Carnivorous plants. Current Biology, 25(3), R99-R100.

Lloyd, F. E. (2013). The carnivorous plants. Read Books Ltd.

Mithöfer, A. (2017). Plant carnivory: Pitching to the same target. Nature Plants, 3, 17003.


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