¿Cuántos sentidos tiene una planta?

En los últimos años, la vieja idea enseñada en las escuelas referida a que los seres humanos tenemos cinco sentidos está cada vez más desechada. Por supuesto somos capaces de oler, oír, tocar, ver y saborear, pero estos sentidos deben subdividirse a su vez en otros, como pueden ser la percepción de la luz y de los colores o los diferentes sabores. E incluir otros sentidos como el equilibrio, la capacidad de sentir el funcionamiento de los órganos internos, la termocepción, la nocicepción o percepción del dolor, e incluso la capacidad de ser conscientes de las variaciones de azúcar en sangre, hasta un total de unos 26 sentidos en los seres humanos.

Campo de girasoles
Campo de girasoles

En el caso de las plantas, aunque su historia evolutiva ha sido totalmente diferente a la de los animales, podemos encontrar en ellas numerosos sentidos, algunos de los cuales muy similares a los de humanos. Las plantas han centrado su evolución en ser autosuficientes y fabricar por sí mismas su propio alimento, gracias al proceso de la fotosíntesis, a partir de agua, dióxido de carbono y energía lumínica. Por otro lado, los animales se han basado simplemente en consumir a otros organismos para alimentarse, ya sea plantas u otros animales. Por ello, los sentidos de ambos grupos deben ser entendidos de forma diferente.

Por lo que se refiere a la vista, está claro que las plantas no tienen ojos, pero pueden y deben percibir la luz mediante otros mecanismos, pues la necesitan para vivir. Gracias a unas moléculas fotorreceptoras repartidas por toda su superficie, aunque mucho más concentradas en las hojas, son capaces de percibir no sólo la intensidad lumínica sino también su calidad, pues reconocen los diferentes tipos de luz y su longitud de onda. De esta forma, son capaces de crecer en dirección a ese estímulo lumínico que más les beneficia, por ejemplo, mediante la utilización de zarcillos que les permita “escalar” en altura, o de girar completamente según se va moviendo el sol, como ocurre con los girasoles, e incluso les sirve para que las raíces sepan donde está el suelo y donde está la superficie.

Zarcillo
Zarcillo

En la percepción del sonido por parte de las plantas, seguramente nos venga a la cabeza la típica idea de que si se les habla crecen mejor. Esto no es totalmente real, pero tampoco es totalmente incierto. En Italia, ya existen varias explotaciones vitivinícolas que emiten conciertos de Mozart en sus campos, obteniendo unos rendimientos significativamente mayores que sin el estímulo musical. En este sentido, está plenamente descrito y conocido que las plantas tienen la capacidad de captar las vibraciones de su entorno, pues les sirve ,desde para ser conscientes de que se acerca un herbívoro, hasta para que las raíces crezcan por el suelo hacia las corrientes de agua. Pero ¿realmente Mozart aumenta los rendimientos agrícolas?, lo único que puede afirmarse es que determinadas frecuencias de sonidos (entre 100 y 500 Hz) favorecen el crecimiento y correcto desarrollo de las plantas, y que por encima de estas frecuencias los efectos son perjudiciales, pero aún se desconoce a qué se deben estas respuestas.

En lo concerniente al tacto, las plantas presentan su propia epidermis y es en ese lugar donde son capaces de captar cualquier tipo de objeto que entre en contacto con ellas. Por ejemplo, las hojas de la mimosa se cierran en cuanto les roza cualquier objeto, como método defensivo frente a ser consumidas por los herbívoros. Y las raíces perciben la presencia en el suelo de diferentes obstáculos, como pueden ser piedras, rodeándolos.

A parte de emitir olores, también son capaces de percibirlos, gracias a una gran diversidad de receptores celulares que captan los compuestos orgánicos volátiles. Estos compuestos avisan a la planta de alguna de las situaciones que ocurren a su alrededor, como puede ser la presencia de plagas y/o patógenos, e incluso pueden avisarse entre ellas de la presencia del enemigo emitiendo ellas mismas diferentes volátiles que avisen a sus compañeras.

Hojas de acacia
Hojas de acacia

En el caso del gusto, la cosa es más compleja y este sentido se relaciona directamente con la capacidad que tienen sus raíces para estar constantemente captando los elementos químicos presentes en el suelo, que son necesarios para su crecimiento y desarrollo (principalmente nitrógeno, fósforo y potasio) haciendo, de esta forma, que sus raíces crezcan en aquellas direcciones en las cuales hay más y mejores nutrientes.

El resto de sentidos están representados por multitud de procesos y mecanismos, por citar alguno, la capacidad de sentir las diferencias de humedad, haciendo crecer las raíces hacia unas u otras direcciones, la percepción de la presencia de compuestos contaminantes perjudiciales tanto en el suelo, como en las aguas y el aire, o su capacidad de situarse gravitacionalmente y en conjunción con los campos electromagnéticos, sabiendo así que las raíces están creciendo correctamente hacia el interior del suelo y el tallo lo hace en dirección contraria, hacia el Sol. De esta forma, se han descrito entre 15 y 20 sentidos en las plantas, dependiendo de como los describa y agrupe el autor.

La ciencia que no es divulgada hacia la sociedad es como si no existiera

Este artículo nos lo envía Jorge Poveda Arias, Graduado en Biología y trabaja en una empresa dedicada a la cría a nivel industrial de insectos con fines de alimentación. Además, realiza una tesis doctoral en el estudio de las interacciones planta-microorganismo. Entre sus campos de interés, destacan la biotecnología, la agricultura, la alimentación, la microbiología, la entomología y la divulgación científica en general, dentro de los cuales presenta una variada formación, destacando un Máster Universitario en Agrobiotecnología, un Máster Europeo en Calidad y Seguridad Alimentaria, o diferentes Posgrados de Experto Universitario, en Biotecnología Alimentaria, Entomología Aplicada, Diagnóstico Molecular Ambiental y Divulgación Científica.

Podéis encontrar más artículos de Jorge Poveda en este enlace.

Referencias bibliográficas y más información:

Baluška, F., & Mancuso, S. (2016). Vision in plants via plant-specific ocelli?. Trends in plant science, 21(9), 727-730.

Hamant, O., & Moulia, B. (2016). How do plants read their own shapes?. New Phytologist, 212(2), 333-337.

Karban, R. (2017). Plant communication increases heterogeneity in plant phenotypes and herbivore movement. Functional Ecology, 31(5), 990-991.

Maher, C. (2017). Plant Minds: A Philosophical Defense. Taylor & Francis.

Mancuso, S., & Viola, A. (2015). Sensibilidad e inteligencia en el mundo vegetal. Galaxia Gutenberg.

Zhu, J. K. (2016). Abiotic stress signaling and responses in plants. Cell, 167(2), 313-324.


6 Comentarios

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Artemio EstrellaArtemio Estrella

Hace tiempo vi un documental donde mencionaban que un tipo de árbol que servía de alimento para las jirafas, había cambiado la química de sus hojas para evitar seguir siendo consumidos.

En el documental no lo dijeron, simplemente así lo mencionaron: todos los árboles de la región (del mismo tipo) cambiaron la química de sus hojas.

Pero no dijeron o no explicaron el cómo. Yo supuse que de alguna forma los árboles se comunican entre ellos, con algún tipo de sustancia y sus sensores los ayudan a reaccionar ante el ambiente, a veces, adverso.

chifuschifus

Extraido del articulo “Los hombres que miraban fijamente a las plantas ” de José Luis Fernández Casadevante
un antiguo experto en polígrafos de la CIA llamado Cleve Backster, al que se le ocurrió conectar un galvanómetro a una planta de su despacho. Al principio no recibió respuestas, pero p ara su sorpresa cuando pens ó en hacer daño a la planta para estimularla el polígrafo se volvió loco. Un resultado que llevó a Backster a obsesionarse con la realización de investigaciones que demostrasen c ó mo reaccionaban distintas plantas ante pensamientos positivos o negativos sobre ellas, así como la existencia de una memoria vegetal o la capacidad de estas para familiarizarse con las personas.

Recientemente el periodista y profesor de la Universidad de Berkley, Michel Pollan actualizaba los debates científicos sobre la inteligencia de las plantas, valorando si se puede hablar de una “neurobiología vegetal”, e n un breve y recomendable texto traducido como Tesis, antítesis y fotosintesis . En é l plantea c ó mo la planta tiene que encontrar todo lo que necesita y defenderse sin moverse de su sitio. Hace falta un aparato sensorial muy desarrollado para ubicar el alimento e identificar las amenazas. Las plantas han desarrollado entre 15 y 20 sentidos diferentes, entre ellos cinco homólogos de los nuestros: olfato y gusto (sienten y responden a los productos químicos contenidos en el aire o en sus propios organismos), vista (responden de maneras distintas a las diversas longitudes de onda de la luz y también a la sombra) y tacto (las plantas trepadoras y las raíces “saben” cuándo se topan con un objeto sólido). Y también oído: Heidi Appel, ecóloga especializada en química de la Universidad de Mis so uri, ha descubierto que cuando se reproduce una grabación en la que se oye a una oruga masticando una hoja, la planta pone en marcha mecanismos genéticos para generar productos químicos defensivos.

Así que, más allá de las disquisiciones terminológicas, este debate sobre la inteligencia de las plantas resulta muy inspirador para reflexionar sobre la inteligencia o estupidez de una sociedad aterradoramente despreocupada de su ecodepencia. Extraemos de la naturaleza los recursos que nos permiten sostener nuestra vida y a largo plazo cualquier idea de buena vida debe garantizar la reproducción de los ecosistemas naturales de los que depende, sin ellos no hay modelo socioeconómico perdurable en el tiempo.
Nuestra preocupación por la inteligencia artificial o por saber si hay vida inteligente fuera del planeta son metáforas perfectas del desapego por lo material (agua, clima, tierras de cultivo, cuerpos…) de una matriz de pensamiento científico-productivista. Una inteligencia ecológica necesitaría de lo que Sousa Santos llama un acto de justicia cognitiva global , sustituyendo la monocultura del conocimiento científico por una ecología de saberes ( locales, campesinos, indígenas, cosmopolitas…) que lo complementen con otras formas de saber y de producir conocimiento. Un a manera de avanzar hacia las culturalezas que plantea Narciso Barrera donde prácticas culturales y naturaleza se se encuentran, superponen, condicionan y retroalimentan hasta convertirse en un misma cosa.

Ilustre ignoranteIlustre ignorante

No lo dices pero dejas caer cierto lamarkismo. Yo no creo que la nueva defensa química que desarrollaron estos árboles se haya comunicado. Simplemente los árboles que la desarrollaron sobrevivieron y se expandieron donde los que no la tenían pues fueron consumidos y no podían competir con los modificados.

ManuManu

Hola Jorge.
En uno de los comentarios atribuyes consciencia a las plantas.
Teniendo en cuenta que carecen de SNC, es sólo una forma de hablar o realmente les consideras seres conscientes?.
Me interesa tu respuesta, de verdad.

Jorge PovedaJorge Poveda

Hola Manu

Gracias por tu comentario.

Mi intención es hacer ver que las plantas responden a estímulos externos modificándose físico-químicamente a sí mismas.

Por supuesto, no son seres conscientes tal cual lo entiende la RAE, pues no tienen un cerebro propiamente dicho.

Espero haberte ayudado

Un saludo

Manu

Hola otra vez Jorge.
Gracias por molestarte en responder a mi pregunta.
En realidad era una curiosidad sobre tu planteamiento al respecto, sin mayor trascendencia.
Ya sé que actualmente se considera que sin SNC (osea, neuronas) es impensable que exista ningún grado de autoconsciencia. Sin embargo, yo soy de la opinión de que la vida implica autoconscienca (aunque sea de forma inconsciente, valga la contradicción). Y cuando digo la vida, me refiero a cualquier tipo de ser vivo, desde los unicelulares a los pluricelulares, independientemente de sus peculiaridades morfológicas y fisiológicas.
Es decir…yo entiendo que cualquier organismo vivo, por el simple hecho de estarlo, tiene que tener una mínima “noción de sí mismo”, que distinga su unidad viviente del entorno. Y no me refiero a ninguna noción mística ni nada de eso…sino a algo físico y lógico, producto de la evolución natural de las reacciones químicas que suponen el hecho de estar vivo.
Ya sé que no es la definición científica ortodoxa actual, sino sólo mi planteamiento personal intuitivo.
Entiendo que las transducciones de señales moleculares o energéticas a nivel celular es lo que realmente da lugar a la ” consciencia individual” al interactuar la química celular con el entorno.
Evidentemente, un desarrollo evolutivo posterior, con el surgimiento de los eucariotas y los seres pluricelulares, forzosamente implicaría otro grado de autoconsciencia colectiva del conjunto celular de los nuevos organismos.

Bueno, que no quiero dar más la paliza.

Gracias otra vez. Y un saludo.

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