Acercando la ciencia al Parlamento

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Las últimas décadas se están caracterizando por impresionantes avances tecnológicos y cambios sociales. Nuestro día a día se ha visto transformado por internet, el GPS, las redes sociales o la biotecnología. Además, cada vez somos más conscientes de que estos avances en la ciencia y tecnología son solo el preludio de lo que se nos avecina: los vehículos autónomos cambiarán la fisionomía de nuestras ciudades, los nuevos materiales harán inequívocamente rentables las energías renovables, trabajar codo con codo con inteligencias artificiales modificará prácticamente todo el mercado laboral y los nuevos avances en terapias avanzadas nos permitirán gozar de una todavía mejor salud. El futuro se presenta prometedor, pero desafortunadamente no exento de importantes retos sociales: el cambio climático, la potencial falta de recursos, una sociedad envejecida, o una creciente desigualdad son algunos de los retos que nos hacen plantear necesarias mejoras en nuestros sistemas de gestión pública.

Los países que pretendan seguir ofreciendo a sus ciudadanos un estado de bienestar deben prepararse para un entorno cada vez más cambiante, donde nuevos conocimientos y tecnologías van a requerir cambios legislativos ágiles que permitan adaptarse a las nuevas necesidades de la sociedad y promover la prosperidad. De hecho, muchos de los países más prósperos de hoy en día basan esa ventaja en su capacidad para haberse preparado para los avances tecnológicos, por haber promovido la innovación de sus economías y por haber conseguido utilizar el conocimiento como motor de sus sociedades.

Hacen falta muchas acciones para conseguir que un país sea capaz de adelantarse a los acontecimientos y consiga aprovechar las oportunidades a la par que afronta los retos. Una de esas acciones es la utilización del conocimiento y las evidencias científicas como una herramienta en las tareas legislativas. Un primer paso para conseguir dicho objetivo es fomentar una estrecha relación y la búsqueda de sinergias entre la clase política y las personas que trabajan en el sector de la ciencia.

Con este objetivo, y basándose en experiencias de otros países, el pasado 1 de enero arrancó la iniciativa civil e independiente #CienciaenelParlamento (@cienciamento) www.cienciaenelparlamento.org. La visión de #CienciaenelParlamento es conseguir que nuestro país apueste por el conocimiento y la innovación como motor de la sociedad. Para ello, se ha marcado como misión poner la ciencia y el conocimiento científico a disposición de la gestión pública basándose en la hipótesis, contrastada en muchos países, de que una gestión pública informada en la evidencia consigue alcanzar un mayor grado de acuerdos que repercutan en una mejora de las personas.

Las jornadas #CienciaenelParlamento 2018

Como primer objetivo concreto para realizar este acercamiento entre Ciencia, del latín “conocimiento”, y Política, del latín “para la sociedad”, #CienciaenelParlamento propuso la realización de unas jornadas anual en el congreso de los diputados similar a los eventos “Science Meets Parliament” clásicos en otros parlamentos como el europeo o el australiano. En pocas semanas, decenas de instituciones y miles de personas tanto del sector de la ciencia como de otras áreas de la sociedad se sumaron a la iniciativa, hasta el punto de atraer la atención de instituciones como la Fundación Cotec para la Innovación o la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT), gracias a las cuales se ha conseguido abrir las puertas del congreso y presentado la iniciativa a la Mesa del Congreso y a todos los grupos parlamentarios. La acogida por parte de la política no ha podido ser más calurosa y, gracias al apoyo de todos los grupos parlamentarios, ya estamos organizando con el congreso las primeras jornadas de #CienciaenelParlamento que tendrá lugar los días 6 y 7 de noviembre en el propio Congreso de los Diputados.

En este primer año, el encuentro #CienciaenelParlamento consistirá en debates públicos y reuniones de trabajo entre científicas/os y políticas/os que sirvan de aprendizaje mutuo. Por una parte, para que la comunidad científica entienda mejor cómo es el proceso legislativo y, por otra parte, para que la comunidad política tenga una mayor exposición al conocimiento y evidencia científica sobre temas concretos útiles para el diseño de políticas específicas.

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¿Es ciencia y política una mezcla imposible?

Realizar un evento “Science Meets Parliament” en nuestro congreso es ya en sí una gran noticia, pero corre el tremendo peligro de ser poco más que un bonito día de excursión que sirva únicamente para conseguir alguna que otra foto. La comunicación entre ciencia y política no es ni va a ser nunca sencilla. Las/os grandes científicas/os son especialmente importantes cuanto más puntera e innovadora es su investigación, pero eso suele implicar un alto grado de especialidad, necesario para llegar a ser las mentes más expertas del mundo en un único tema. Además, las evidencias científicas se alcanzan solo tras el consenso generado por muchos trabajos de investigación y distintos grupos científicos confrontando sus hipótesis, identificando errores propios y de terceros y alcanzando pruebas experimentales reproducibles que validen o refuten sus planteamientos.

Por otra parte, las personas que trabajan en política deben ser capaces de legislar en cada uno de los aspectos de una sociedad, desde la gestión de nuestros impuestos, la educación, la pesca de altura o el tamaño mínimo entre dos asientos en un avión. Tienen agendas apretadas y se espera de ellas que sean capaces de plantear una opinión fundada en un altísimo número de temáticas. Por poner un ejemplo, los presupuestos actualmente en discusión van a requerir la votación en pocos días de más de 7.000 enmiendas, cada una de ellas importante para alguien, desde la rotonda en una carretera nacional hasta una tasa a las empresas tecnológicas. Solo tratar de tener en la mente tal cantidad de cuestiones implica la imposibilidad de profundizar en la mayoría de ellas y limitarse solo a los aspectos más relevantes.

Conseguir una comunicación efectiva entre personas expertas en ciencia, con un lenguaje de comunicación muy alejado de la práctica política, y personas del mundo de la política con agendas por definición complicadas y formación en otros ámbitos del conocimiento no necesariamente relacionado con el mundo científico, se presenta como un enorme reto. Conseguir que estos dos mundos, agua y aceite, sean capaces de unirse y trabajar conjuntamente parece imposible pero no lo es. De igual forma que los catalizadores amfifílicos son capaces de mezclar el agua y el aceite gracias a que tienen dos “caras”, una hidrofílica y otra hidrofóbica, la figura de las/os técnicas/os de asesoramiento científico cumple el papel de interlocutor entre ambos mundos. Presente en muchas oficinas de asesoramiento científico a los parlamentos, esta figura está ostentada normalmente por personas con una contrastada formación científica como haber alcanzado un doctorado y que incluso puedan haber avanzado en fases tempranas de su carrera académica (por ejemplo, investigadores postdoctorales que deciden dar un giro a su carrera o dedicar parte de su tiempo a esta labor). Además, es preciso que estos técnicos de asesoramiento científico cuenten con altas capacidades de comunicación y conocimientos sobre el funcionamiento del mundo de la política o la diplomacia, y sean capaces de recopilar las evidencias científicas sobre un tema concreto y prepararlas en un formato óptimo para que resulte útil a los políticos.

Añadiendo las evidencias científicas entre las fuentes de información de la política

Esta recopilación de evidencias por parte del técnico de asesoramiento científico no es un trabajo rápido ni sencillo. Por ejemplo, en la oficina parlamentaria de ciencia y tecnología del Reino Unido, el proceso consta de una serie de entrevistas con más de 30 personas expertas en el tema y sucesivas revisiones por otros tantos científicos independientes. El objetivo es alcanzar un consenso sobre el tema tratado para que en no más de cuatro páginas se resuman cuáles son las evidencias y sus limitaciones, para que así pueda ser útil para el político. Por tanto, es necesario llegar a mensajes claros y concisos que puedan elevar el nivel del debate parlamentario e implicar medidas legislativas concretas cuya efectividad esté contrastada y donde, a poder ser, existan claros indicadores que permitan evaluar el grado de efectividad.

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Esta ardua labor de preparación debe ser tremendamente escrupulosa: un único fallo, una frase sin suficiente base de evidencia, puede implicar la pérdida de credibilidad e independencia del asesoramiento científico. De hecho, existen casos en otros países en los que eventos Science Meets Parliament han podido causar un desprestigio de la ciencia debido a la sobreestimación de sus capacidades. Tratar de abordar temas donde las evidencias científicas no sean suficientemente firmes puede llevar a que dudas en aspectos concretos invaliden también aquellos puntos donde el conocimiento científico es firme. Además, la existencia de evidencias científicas sobre un aspecto técnico no implica que existan necesariamente acciones legislativas asociadas que puedan ser útiles a los políticos. Por ejemplo, existen contrastadas evidencias sobre la efectividad de las vacunas o la peligrosidad de muchas drogas y, sin embargo, las evidencias científicas al respecto de las medidas legales eficaces para conseguir una mayor implantación o rechazo pueden no estar tan consolidadas. Es importante entender que no se puede tratar de plantear el conocimiento científico como un Pepito Grillo que todo lo sabe. Existen innumerables fuentes de información que el poder legislativo debe tener en cuenta. Al igual que sucede con la aparición de nuevos paradigmas científicos, los cambios legislativos efectivos rara vez pueden ser rápidos y requieren de la toma en consideración y modificación de un importante número de aspectos legales, sociales, económicos e incluso psicológicos.

La hoja de ruta de #CienciaenelParlamento 2018

Conseguir que la ciencia pueda demostrar todo su potencial y servir a la labor legislativa implica una importante labor de preparación. Con ello en mente, #CienciaenelParlamento está desarrollando una hoja de ruta que incluye varias etapas:

  • Selección de los temas concretos en las que las evidencias científicas pueden ser de utilidad y que sean de claro interés para nuestro parlamento (abril-mayo)
  • Identificación y preparación de las/os técnicos de asesoramiento científico (mayo-julio).
  • Preparación de las evidencias científicas mediante reuniones y revisiones de científicas/os expertas/os (julio-octubre).
  • Presentación de las evidencias científicas contrastadas de forma clara y eficaz para la labor legislativa (noviembre).

Los temas de #CienciaenelParlamento 2018

En referencia a la selección de las temáticas para este primer año de #CienciaenelParlamento, el pasado mes de marzo estuvo abierta una convocatoria para que toda la sociedad plantease aquellos temas en los que considerase que las evidencias científicas estaban lo suficientemente consolidadas como para ser de utilidad para el poder legislativo. Solo se marcaron dos condiciones para este primer año:

  • Evitar temas con claras diferencias ideológicas. No buscamos arreglar un tema en concreto, sino mostrar como el método científico puede ser de utilidad. El número de temáticas donde la ciencia puede ayudar es enorme y es crucial que la ciencia sea entendida como una herramienta útil, transversal y necesariamente independiente de planteamientos políticos.
  • Evitar temas relacionados con la política científica. No porque no sean tremendamente relevantes y donde las evidencias son claras, sino porque ya existe un alto número de instituciones y asociaciones que están haciendo una titánica labor tratando de convencer a nuestros políticos de la importancia de mejorar la gestión de la ciencia. Además, corremos el peligro de ser percibidos como parte interesada y perder credibilidad en el ejercicio de este asesoramiento científico por un claro conflicto de interés.

La convocatoria ha sido todo un éxito: se han presentado casi 100 propuestas de interesantísimas temáticas distribuidas en las 4 áreas temáticas que planteábamos:

  • Ciencias biológicas y de la salud.
  • Ciencias físicas, matemáticas e ingenierías.
  • Ciencias medioambientales y energía.
  • Ciencias sociales.

Se tomó la decisión de utilizar estas muy amplias cuatro áreas temáticas siguiendo el ejemplo y asesoramiento de la Oficina Parlamentaria de Ciencia y Tecnología de Reino Unido. Se trata de una compartimentalización ficticia donde conceptos como ciencias sociales incluyen desde psicología hasta sociología o antropología mientras que dentro de epígrafes como ciencias físicas se incluye desde astrofísica hasta geología pasando por química. El uso de los epígrafes genéricos tiene la ventaja de sugerir ideas y trata de que todas aquellas disciplinas donde la experimentación y el método científico sean el motor del progreso estén representadas. Afortunadamente, el conocimiento no conoce barreras y la gran mayoría de temáticas donde la ciencia puede ser de utilidad deben ser tenidas en cuenta desde varios puntos de vista, e incluso el conocimiento más puramente tecnológico debe tener en consideración las implicaciones psicológicas y sociológicas en su aplicación.

El pasado 17 de mayo, la comisión mixta formada por el grupo de científicos coordinadores de #CienciaenelParlamento, por los portavoces de I+D+I representantes de todos los grupos parlamentarios, y por los miembros de la mesa de la Comisión de Economía, Industria y Competitividad del Congreso de los Diputados, revisaron las propuestas y consensuaron los siguientes temas por tratar en este primer año de #CienciaenelParlamento:

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Convocatoria de participantes de las Jornadas de Preparación de #CienciaenelParlamento

Como parte de la ruta hacia #CienciaenelParlamento 2018, desde el pasado 14 de mayo y hasta el próximo 1 de junio está abierta una convocatoria para las personas interesadas en participar como potenciales técnic@s de asesoramiento científico en el encuentro #CienciaenelParlamento 2018, para lo cual recibirán la formación necesaria en las jornadas preparatorias de #CienciaenelParlamento 2018. Esta convocatoria y las jornadas contarán con el apoyo y colaboración de la FECYT, una fundación pública que lleva trabajando en asesoramiento científico y en programas de conexión ciencia-política durante los últimos años.

¿En qué consisten las jornadas preparatorias de #CienciaenelParlamento?

Durante los meses de julio y octubre, se celebrarán sesiones preparatorias de #CienciaenelParlamento 2018 donde las personas interesadas en realizar las labores de técnic@s de asesoramiento científico en las jornadas de 2018 recibirán formación mediante una serie de seminarios impartidos por profesionales del asesoramiento científico nacionales e internacionales, participarán en talleres de desarrollo de habilidades diversas (identificación y preparación evidencias, comunicación, negociación, etc.) y se expondrán a los actuales mecanismos de asesoramiento científico de las Cortes Generales.

En concreto, las sesiones incluirán 4 días presenciales más una labor de preparación y tutorización entre julio y noviembre. Todo ello con el objetivo de preparar a estos participantes para que puedan realizar las tareas que corresponden a los técnicos de asesoramiento científico: preparar las evidencias, reunirse con las/os expertas/os, participar en debates públicos y en grupos de trabajo mixtos. Aquellos que demuestren buenas capacidades serán seleccionados para participar en las jornadas de noviembre donde se presentará la evidencia científica recogida sobre los temas seleccionados.

¿Cómo puedes participar en #CienciaenelParlamento?

Si has llegado a leer hasta este punto, si estás de acuerdo con al menos una importante parte del espíritu aquí planteado para #CienciaenelParlamento y además estás convencida/o de que serías capaz de transmitir estos mensajes de forma más clara y concisa, entonces eres la persona perfecta para presentarte a la convocatoria y formarte como técnica/o de asesoramiento científico. Encontrarás todos los datos sobre como participar en www.cienciaenelparlamento.org o Bases convocatoria. La fecha límite es 31 de Mayo.

Si, por otra parte, eres un/a experta/o en uno de los temas que se van a presentar este año, pero no te sientes con el tiempo y la capacidad para hacer las labores de técnico de asesoramiento científico, ¡Te necesitamos en el panel de expertas/os de #CienciaenelParlamento! Puedes inscribirte en el directorio de expertas/os para #CienciaenelParlamento: Formulario alta como científica/o experta/o

¿Tienes cualquier duda? Ponte en contacto con #CienciaenelParlamento en info@cienciaenelparlamento.org.

“La ciencia y la vida, ni pueden, ni deben estar separadas” Rosalind Franklin

Este artículo nos lo envía Andreu M Climent (@amcliment), Laboratorio de Investigación Traslacional en Cardiología del Hospital Gregorio Marañon de Madrid y Adjunto a la dirección del Centro de Investigación Biomédica en Red en Enfermedades Cardiovasculares (CIBERCV). “Me doctoré en ingeniería electrónica en 2011. He desarrollado mi investigación en el área de la investigación cardiovascular desde la electrofisiología cardiaca al estudio de las terapias avanzadas basadas en células madre. Apasionado consumidor de divulgación científica y firme convencido de que la ciencia y el método científico es la principal herramienta de la humanidad”.


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