Hay varias cosas que hago por lo menos una vez al año porque me ponen de excelente humor. Algunas de ellas son:

– Ver la película Noises Off, con Michael Caine, Carol Burnett y Christopher Reeve. Es una comedia de equivocaciones magistral

– Escuchar The Raven, declamado por sir Christopher Lee, que aunque muchos dicen que Frank Sinatra era “La Voz”, para mí es el insuperable Sr. Lee.

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Este es el signo de nuestros tiempos, y no lo que canta Harry Styles, Agua cruda, la nueva moda antiprogreso del primer mundo, por Déborah García Bello

Eugenio Manuel (tiene apellidos, pero los artistas no gastan) tiene un libro cocinándose y nos regala un capítulo que hará las delicias de los aficionados a la historia de la ciencia en general y de la quimica en particular: Aquí está Rodas, ¡salta!

La pareja recibe la noticia con desolación. Su veterinario acaba de confirmarles lo que ya sospechaban, pero se negaban a admitir: su perrita, una preciosa bóxer, la alegría de la casa, tiene un cáncer de mama muy agresivo. Según el facultativo, le quedan entre 3 y 6 meses.

Es frecuente que las personas que conviven con perros y gatos se tengan que enfrentar a la dura realidad de que estos animales pueden, al igual que nosotros, desarrollar tumores, tanto benignos como malignos. Tan sólo en los EE.UU, a 6 millones de animales se les diagnostica este tipo de dolencia anualmente. Y, en muchas ocasiones los canes sufren tumoraciones idénticas, o muy parecidas a las que podemos padecer los humanos: sarcomas, cáncer de huesos, de estómago, de mama, linfoma o melanoma. El cáncer es la primera causa de mortalidad canina una vez rebasan los diez años de edad.

Linfoma en un perro. Fuente Wikipedia Commons
Linfoma en un perro. Fuente Wikipedia Commons

Si tenemos en cuenta que además de sufrir tipos de cáncer parecidos a los nuestros, los perros y nosotros tenemos un código genético bastante similar (compartimos un 85% de material genético), resulta lógico llegar a la conclusión de que el estudio oncológico en las mascotas puede arrojar luz sobre el cáncer en las personas.

BCAM NAUKAS, Día de Pi. 14 de marzo de 2018 en el Bizkaia Aretoa de Bilbao
BCAM NAUKAS, Día de Pi. 14 de marzo de 2018 en el Bizkaia Aretoa de Bilbao

El próximo día jueves 14 de marzo 2018, celebraremos un evento especial dedicado a las matemáticas en el Bizkaia Aretoa (UPV/EHU) de Bilbao que se llamará: BCAM NAUKAS, el día de Pi.

Estamos ultimando todos los detalles y os ofreceremos el programa completo lo antes posible. Mientras tanto, os adelantamos que este evento se realiza gracias al Basque Center for applied Mathematics y la Cátedra de Cultura Científica de la Universidad el País Vasco, y que contará con algunas de las figuras más interesantes de la divulgación matemática de nuestro país.

Organizad bien vuestras agendas porque este año tendremos un buen puñado de eventos en diferentes ciudades, algunos inéditos y originales, empezando por este próximo 14 de marzo: BCAM NAUKAS, el día de Pi.

Planta de A. thaliana creciendo entre adoquines
Planta de A. thaliana creciendo entre adoquines

La RAE define a “mala hierba” como aquella planta herbácea que crece espontáneamente dificultando el buen desarrollo de los cultivos. Por lo tanto, bajo esta denominación realmente se incluye cualquier pequeña planta capaz de crecer en una superficie de terreno que pretende ser utilizada en la agricultura, pero que no repercute en un beneficio directo para el agricultor o no se incluye dentro de aquellas plantas que él realmente está cultivando.

Entonces, existe una enorme variedad de plantas (por no decir todas) potencialmente “malas hierbas”, pero dependiendo del lugar geográfico donde nos encontremos podremos encontrar unas u otras con mayor facilidad. Por ejemplo, la familia de plantas de las crucíferas (Brassicaceae) incluye unas 4 mil especies dentro de las cuales algunas son ampliamente utilizadas en agricultura (coliflor, brócoli, colza, etc.), pero muchas de ellas no tienen mayor interés aparente. Una de las representantes de esta familia es la planta Arabidopsis thaliana, la cual crece espontáneamente en el campo a latitudes templadas y a simple vista no parece que pueda aportar nada al hombre, ya que sus órganos no son atractivos para su consumo y tampoco destaca visualmente para ser utilizada como planta ornamental. Pero A. thaliana ha terminado siendo la principal “planta modelo” en investigación sobre biología molecular, genética y fisiología vegetal.

Es una planta herbácea de pequeño tamaño (10-30 cm) con hojas en la base del tallo formando una roseta a su alrededor y alguna pequeña hoja aislada a lo largo de la planta. Sus flores presentan 4 pétalos en forma de cruz (de ahí su pertenencia a las crucíferas) y se acumulan en racimos al final de los tallos, terminando por formar silicuas tabicadas repletas de pequeñas semillas (0,5 mm de diámetro) ovoideas.

A muchas personas, incluyendo científicos destacados, les parece prácticamente inevitable que el progreso de la inteligencia artificial desemboque algún día en la fabricación de robots libres. La literatura y el cine de ciencia ficción están repletos de historias en las que el robot se rebela contra su creador, recogiendo por otra parte un mito que se remonta a la antigüedad. Los ejemplos son innumerables, y más en tiempos recientes, pero el paradigma sería la película Blade Runner, de Ridley Scott (1984), con su secuela Blade Runner 2049 (Denis Villeneuve, 2017). Ahora bien, ¿puede ser verdaderamente libre un robot? Responder a esta pregunta es especialmente interesante si la respuesta nos ayuda a entender mejor no solo qué es un robot, en tanto que máquina computacional, sino sobre todo en qué consiste la libertad. Empecemos por clarificar los términos de la cuestión.

Qué es una máquina computacional

Generalmente se entiende que un robot es un dispositivo mecánico que está controlado por un programa de ordenador, o un conjunto de programas. El aspecto físico es secundario: el robot puede parecerse o no a un ser humano (se suele hablar de androide masculino o ginoide femenina), pero también puede ser simplemente un brazo mecánico, o un electrodoméstico de cocina (por ejemplo, una máquina programable para hacer pan casero); incluso puede ser un robot “virtual” que habita en la red. También es secundario el hecho de que el robot esté hecho de materiales inorgánicos, materiales orgánicos, o una mezcla de ambos. Lo esencial es que un robot está controlado por un programa que corre en un ordenador; es decir, el robot es una máquina algorítmica o computacional. Se diferencia de otras máquinas (como un motor de combustión interna, un telescopio o una antigua radio de transistores) en que su funcionamiento está codificado en un programa que es relativamente fácil de cambiar, sobre todo si lo comparamos con aquellas máquinas cuyo funcionamiento es invariable.

Estructura cristalina deducida de la proteína Cas9 (en azul), alrededor de una molécula de ADN (en amarillo) y formando complejo con una molécula de ARN guía (en rojo). Crédito de la imágen: Bang Wong, Broad Institute of Harvard and MIT, Cambridge, MA, USA.
Estructura cristalina deducida de la proteína Cas9 (en azul), alrededor de una molécula de ADN (en amarillo) y formando complejo con una molécula de ARN guía (en rojo). Crédito de la imágen: Bang Wong, Broad Institute of Harvard and MIT, Cambridge, MA, USA.

La revolución biomédica desatada por las herramientas CRISPR de edición genética ha generado también una enorme expectativa frente a la previsible utilización de las mismas en estrategias innovadoras terapéuticas, en nuevas terapias génicas somáticas, esto es, en individuos nacidos, adultos, afectados por algún desorden congénito. Sin embargo, un artículo reciente del laboratorio de Matthew H. Porteus (Universidad de Stanford) acaba de detectar, en la sangre de personas, células del sistema inmune y anticuerpos específicos contra un componente esencial de las herramientas CRISPR, la proteína Cas9. Este contratiempo inesperado deberá tenerse muy en cuenta antes de saltar a la utilización efectiva de las herramientas CRISPR en terapias génicas para pacientes de enfermedades congénitas.

Las herramientas CRISPR, que derivan de las bacterias y que fueron descubiertas por Francis Mojica, microbiólogo de la Universidad de Alicante, se han usado para editar genes a voluntad en múltiples organismos. Por ejemplo para incorporar alteraciones genéticas específicas en animales de laboratorio, en ratones, y estudiar el efecto de las mismas mutaciones en los mismos genes tras el diagnóstico genético de los pacientes de alguna enfermedad con base genética. Son los llamados ratones avatar. Obviamente, si es posible usar las herramientas CRISPR para incorporar mutaciones también pueden usarse para corregirlas. Desde principios de 2016 conocemos ya el éxito de múltiples experimentos pre-clínicos (en animales, no en personas) en los que usando ratones o ratas modelo de alguna enfermedad congénita y la administración de los componentes del sistema CRISPR de edición genética ha sido posible revertir las mutaciones en genes específicos en un porcentaje significativo de las células del órgano afectado. Estos experimentos pioneros han suscitado, lógicamente, una extraordinaria esperanza entre los millones de pacientes afectados de alguna enfermedad congénita, para los cuales no hay ningún tratamiento actualmente disponible.

Las herramientas CRISPR se suelen representar como unas tijeras moleculares. El componente principal es la proteína Cas9, una enzima endonucleasa que corta un gen (ADN) determinado guiada por una pequeña molécula de ARN, de ahí que sean unas tijeras programables. Hace un par de meses pudimos observar imágenes microscópicas de la proteína Cas9 cortando específicamente un gen. El corte específico en el ADN pone en marcha los sistemas de reparación de la célula que serán los encargados de generar una mutación en el lugar del corte o utilizar un ADN molde aportado para substituir y corregir la mutación pre-existente. La proteína Cas9 es una molécula de gran tamaño (1368 aminoacidos), con múltiples dominios y funciones. Habitualmente se utilizan dos proteínas Cas9, derivadas de las bacterias patógenas Streptococcus pyogenes (SpCas9) o Staphylococcus aureus (SaCas9). Esta última (SaCas9) es más pequeña (1053 aminoácidos) y, por ello, es la preferida para aplicaciones terapéuticas, pues el gen que la codifica cabe en los vectores derivados de virus adeno-asociados (AAV) usados en terapia génica. Ambas bacterias son muy comunes y están presentes, a veces sin necesidad de producir una infección, en muchas personas. S. pyogenes puede causar faringitis, otitis, mastitis y otras infecciones en la piel. S. aureus puede causar infecciones graves y aparece regularmente asociada como la causante de muchas infecciones nosocomiales (hospitalarias).

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La noticia de la semana, un defecto en los procesadores informáticos que afecta a la seguridad, fue tratado en detalle por Francisco R. Villatoro en Meltdown y Spectre: Tu microprocesador Intel es inseguro desde 1995. Los comentarios, en especial el de Iñaki Úcar, son muy interesantes también.

Como a nadie se le oculta a estas alturas la debilidad de este cronista con los reportajes viajero-histórico-astronómicos de Paco Bellido, aquí no podía faltar la última entrega: El Observatorio de París (II)