Imagen | Sea Swarm

Parece que no hay nada como una catástrofe para que aparezcan soluciones por todos lados. Desde que ocurrió la tragedia ecológica en el Golfo de México, han surgido ideas hasta de debajo de las piedras para limpiar el vertido. Bacterias, productos químicos, dispersantes… y aun así, las últimas informaciones alertan de que más del 80% del crudo sigue estando en el agua.

De todas las ideas, soluciones y productos que han ido surgiendo en este tiempo, me ha llamado la atención la que aporta un equipo del Instituto Tecnológico de Massachusetts, el célebre M.I.T. Se llama Sea Swarm y consiste en una flota de robots autónomos flotantes que utilizando nanotecnología limpiarían el vertido.

Flota de Sea Swarm | Imagen Sea Swarm

Según explica Carlo Ratti, director del proyecto, cada robot Seaswarm porta una células fotovoltaicas, y una cubierta de nanocables que opera como cinta transportadora. Las células fotovoltaicas generan electricidad suficiente para mantener la flota en movimiento durante varias semanas. Mientras, la cinta transportadora está girando constantemente y absorbiendo contaminación.

Cómo ya dijimos al inaugurar Amazings.es queríamos hacer un proyecto abierto a todo aquel que estuviera interesado en la ciencia y el escepticismo. Así lo ha entendido “Kavy” que se ha puesto en contacto con nosotros y nos envía el siguiente mail:

Hola. Antes de nada, enhorabuena por la increíble inciativa que supone Amazing.es. Por otro lado aunque soy lector, me habéis inspirado y he querido aportar mi pequeño granito de arena con esta animación sobre la historia del universo. Sé que tiene imprecisiones (debido a lo condensado del mensaje) pero espero que la explicación no se devíe demasiado de las teorías más aceptadas actualmente. Os la dejo aqui por si podéis o queréis darle algun uso. En cualquier caso, un cordial saludo y agradecimiento simplemente por hacer llegar a la gente la ciencia y el conocimiento. Seguid asi.

Mapache | Imagen: Annick Vanderschelden

En multitud de ocasiones me encuentro con personas que me hacen preguntas del tipo: ¿No crees que dos personas se pueden comunicar telepáticamente? ¿No crees que una persona mover objetos sin tocarlos? Y un larguísimo etcétera. Cuando contesto que no hay un solo experimento realmente convincente recibo la consabida respuesta: “¿Lo ves? Eres un dogmático. Los científicos sois (me enorgullece que me consideren como tal, aunque no lo suelo decir en esas conversaciones) unos dogmáticos. No crees en nada que no cuadre con tu forma de ver el mundo”.

¿Debo creer las cosas sin que me den una sola prueba tangible, válida e irrefutable de su existencia? ¿Es acaso eso malo no creer en este tipo de cosas? ¿Debo creer sin preguntar? En realidad, la astrología, los OVNIs, la telepatía, los dioses y los ángeles son como el dragón en el garaje de Carl Sagan. Como decía el mismo Sagan, si compro un coche de segunda mano miraré el motor, los frenos, la chapa, las ruedas, llamaré a un amigo mecánico que me verifique que todo está bien, etc. Y lo haré aunque el vendedor me diga una y otra vez que el coche está perfecto. Y si ante algo tan banal como la compra de un coche tomamos tantas precauciones, ¿por qué no debemos tomarlas ante estas afirmaciones, mucho más trascendentales, sin una sola prueba material?Leer más

Panorámica de Beer, en Devon, Reino Unido.
Beer | Fuente imagen: Wikipedia

En una pequeña y pintoresca villa costera del sur de la Bretaña llamado Beer (nada que ver con la cerveza) unos científicos de la Open University de Milton Keynes (OU) decidieron recoger una colonia de bacterias a las que dieron en llamar OU-20 para mandarlas al espacio.

Una vez en la ISS, estas bacterias demostraron ser uno de los organismos más duros y resistentes de la Tierra. Estas bacterias, recogidas en los acantilados rocosos de Beer han sobrevivido un año y medio expuestas a las condiciones del espacio exterior, y han regresado vivas a casa. Esto las ha convertido en los microbios fotosintetizadores que más han sobrevivido en el espacio.

¿Y por qué les da a los científicos por mandar bacterias al espacio? Pues, en realidad la experiencia formaba parte de un experimento encaminado a identificar microbios potencialmente útiles para su empleo en sistemas de soporte vital, u operaciones de bio-minería, en futuras misiones a Marte o la luna.

Un chiste sobre la anatomía del ornitorrinco, un estudio sobre las extinciones masivas, el vídeo de una hormiga bebiendo una gota de agua… Puede que no sean el típico tema de conversación en el bar, pero en internet causan auténtico furor. Entre los asuntos más leídos de la red se cuelan cada día decenas de historias relacionadas con la ciencia, compartidas y comentadas por millones de usuarios.

Los principales científicos y divulgadores ganan miles de seguidores en Twitter, y la mitad del planeta anda pendiente de cada mensaje que la NASA o el CERN envían a través de las redes sociales.

¿Alguien es capaz de sostener aún que la ciencia no interesa?

Categorías

Maurizio Montalbini | Imagen: Selfportrait

Perder la noción del tiempo no es tarea fácil. Estamos inmersos en un mundo de referencias temporales, aún cuando pretendamos prescindir de un reloj. Los movimientos en nuestro barrio, el nivel de tráfico, la cantidad y el estereotipo de peatones que caminan frente a la ventana, los ruidos que se suceden a lo largo del día, de la noche, e incluso las propias horas de luz natural y oscuridad. Estamos rodeados de señales temporales. Y en el caso imaginario de que las señales desaparecieran, nuestro último recurso a la hora de estimar el paso de las horas estaría determinado a través de nuestro reloj interno, conocido como ritmo circadiano.

El ritmo circadiano es la variación rítmica fisiológica que organiza el funcionamiento de nuestro cuerpo, entre ellas los patrones de sueño o alimentación. Los ritmos circadianos están determinados por factores endógenos, tales como hormonas y neurotransmisores, que coordinan el funcionamiento de nuestro reloj biológico interno, en relación a factores externos, entre los que se destacan las oscilaciones naturales de luz y de temperatura entre el día y la noche. Leer más

En ocasiones a uno le gustaría ser inglés. Ciertamente no por su clima, su cocina, o el nivel de su selección de fútbol, sino por la enorme calidad de su televisión pública. El vídeo que os muestro sobre estas líneas es un extracto del documental de la BBC 4 “Absolute Zero”. En él se puede observar al helio líquido enfriarse por debajo del punto lambda (momento en que cesa de burbujear) y transformarse en un superfluido.

Entre las increíbles características que muestra el helio superfluido está la de gotear a través del fondo del receptáculo de cristal. En este estado, el helio carece casi por completo de viscosidad, y es capaz de fluir a través de los diminutos poros del cristal del vaso de precipitados.

Imágen | fuente Discovery

El dichoso volcán de nombre impronunciable (Eyjafjallajokull) no fuma, pero hace anillos de humo tan preciosos como el de la imagen superior. El pasado 1 de mayo un sorprendido geólogo de la Universidad de New Hampshire llamado Joseph Licciardi, tomaba la fotografía que véis sobre estas líneas: el volcán expulsando un anillo de vapor y gas a lo alto del cielo islandés.

Imágen | fuente Discovery

No hay forma de saber como se produjo el fenómeno, aunque el autor de la imagen cree que posiblemente se debió a una súbita erupción de gas liberada a través de una estrecha ventila. El anillo permaneció 5 minutos en el aire antes de disiparse. Curiosamente no es la primera vez que alguien fotografía el fenómeno. En Discovery enlazan a otra preciosa instantánea tomada en el Etna en el año 2000.

Se ve que en esto de hacer anillos de humo gigantes, la naturaleza también supera a nuestras creaciones más espectaculares.

Comparto con vosotros un e-mail que me remite Iván Jiménez, en el que me informa del lamentable estado en el que se encuentra La Casa Amarilla, un lugar declarado Bien de interés cultural con categoría de monumento por el decreto 21/1999 que, actualmente, y a pesar del esfuerzo de múltiples asociaciones, se encuentra practicamente en el suelo.

Mi nombre es Iván Jiménez, vivo en Tenerife y estoy permanentemente rodeado de turistas. Uno de los sitios más frecuentados por éstos, es la localidad de Puerto de la Cruz donde abundan hoteles y apartamentos como en prácticamente todo el litoral. Sin embargo, en medio de la especulación inmobiliaria y la presión urbanística existe un pequeño solar con una casa en ruinas sobre la cual me gustaría centrar la atención de aquellos que estando de vacaciones sientan curiosidad por la historia de la ciencia.

Francisco José de Caldas | Fuente

Para poder entender el alcance del título de este post nos debemos situar a finales del siglo XVIII en el llamado, por aquel entonces, Nueva Granada. En una localidad situada al sur vivía Francisco José de Caldas. Este personaje se caracterizaba por ser un apasionado lector, inclinado por los temas científicos los cuales devoraba con extrema facilidad.

Por situaciones, que no vienen al caso, terminó recorriendo en mula los diversos caminos que atravesaban las cordilleras que separaban los principales pueblos del “reino”. Fue en estos interminables viajes que aprovechó el tiempo para aplicar y extender sus conocimientos como astrónomo, geógrafo y naturalista. Comenzó a registrar fenómenos astronómicos, elaborar mapas con base en triangulaciones geodésicas y realizar aportes en el campo de la orografía.

Sumado a todo esto, con el tiempo se interesa por la botánica lo que lo lleva a clasificar y registrar diferentes especies que encontraba día tras día. Es aquí donde requiere establecer con precisión los límites altitudinales de las principales especies. Leer más