Vladimir Komarov | Imagen

La seguridad en los viajes espaciales es un tema al que se le presta mucha atención y pocas veces ocurren accidentes graves. Sin embargo, siempre existe una pequeña probabilidad de que surja un error inesperado que arruine la misión.

Y, por desgracia, esos pequeños errores también pueden acabar con la vida del astronauta que las lleva a cabo, como le ocurrió a Vladímir Mijáilovich Komarov, el primer hombre que murió en una misión espacial.

Komarov nació en Moscú el 16 de mayo de 1927. El inicio de su carrera como cosmonauta empezó en la década de 1960, coincidiendo con un momento de gran desarrollo espacial: El lanzamiento de las misiones Vostok.

Imagen: Life

La mujer que veis en la imagen dedicó treinta años de su vida a estudiar algo tan aparentemente insignificante como las pulgas. Gracias a sus noches sin dormir y a su tesón, conocemos el mecanismo que les permite saltar una altura equivalente al Empire State building y descubrimos que las hembras sólo pueden reproducirse aprovechando el ciclo hormonal de su víctima.

Sus descubrimientos le sirvieron para ayudar a solucionar la plaga de conejos australianos y le llevaron a ser reconocida por decenas de universidades e instituciones. Aunque ella misma admitía que era una aficionada, y no una zoóloga profesional, publicó más de 250 trabajos científicos que la consumaron como una autoridad en el estudio de los parásitos y la convirtieron en una naturalista extraordinaria.

Se llamaba Miriam Rothschild y era hija del famoso banquero Charles Rothschild. La inmensa colección de pulgas de su padre (con más de 30.000 especies) contribuyó a su afición por estos animales, a los que estudió día y noche durante años con auténtica pasión. Su posición privilegiada no hizo de ella una criatura convencional: fue atea, vegetariana, rechazaba el maquillaje y las restricciones impuestas al sexo femenino, jugó en el equipo nacional de críquet de incógnito durante años, ayudó a la descriminalización de la homosexualidad en el Reino Unido y participó en el proyecto para desencriptar el código de la máquina Enigma durante la Segunda Guerra Mundial.

Una tirada de dados, aunque lanzada en circunstancias de eternidad desde el fondo de un naufragio, jamás ABOLIRÁ el azar.

“Un coup de dés”, S. Mallarmé

Wikileaks juega a los dados con el poder. Introduce variables impredecibles. El azar domina sobre la necesidad sociopolítica, más política que social. La pregunta que me hago tiene que ver con las consecuencias de estas filtraciones. Creo que gana la libertad porque pone al descubierto la doble moral de la política aunque salte la duda sobre si los países son algo más vulnerables. Con este miedo último juega la necesidad de los mandatarios, aquellos que quieren instalar al culpable de tanta información sin control en el paredón de los inmorales cuando, en realidad, lo verdaderamente inmoral es corregir, manipular, mentir simple y llanamente a la opinión pública.

El observatorio IceCube, en comparación con la torre Eiffel | Imagen: National Science Fundation

Para hacerse una idea de lo que estamos hablando, conviene echarle un ojo al gráfico y ver la comparativa de la profundidad a la que están enterrados los componentes del observatorio. Después de casi una década de trabajos, las obras de construcción del mayor observatorio de neutrinos del planeta, el IceCube, terminaron el pasado sábado 18 de diciembre con la introducción de los últimos 86 cables con fotodetectores sensibles hasta una profundidad de dos kilómetros y medio bajo el hielo antártico.

El proyecto ha sido posible gracias a la colaboración de un consorcio internacional y los esfuerzos de ingenieros y científicos de varios países. Cada uno de estos cables ha descendido a través de profundos agujeros en el hielo, realizados con una taladradora especial que utiliza agua caliente y que ha horadado el terreno hasta colocar más de 5.000 equipos sensores, del tamaño de una pelota de baloncesto. En total, la instalación ocupa alrededor de 1 kilómetro cúbico bajo el hielo y todo con un solo objetivo: detectar el esquivo neutrino y tratar de determinar su masa y su naturaleza.

IceCube es un telescopio que toma una imagen del Universo utilizando neutrinos en lugar de luz“, asegura Francis Halzzen, investigador principal del proyecto. Estas diminutas partículas atraviesan nuestro planeta, nosotros incluidos, por trillones cada segundo, pero por su escasísima masa (menos de una milmillonésima de la masa de un átomo de hidrógeno) rara vez colisionan con algún átomo y resultan prácticamente indetectables. Por eso se construyen instalaciones gigantescas en lugares apartados de las interferencias: para detectar algunas de estas raras colisiones con el núcleo de los átomos que contiene el hielo.

Pincha para ver la viñeta | Imagen: La pulga snob

“Aunque hay muchas y buenas razones para que científicos y periodistas colaboren y hagan llegar su información sobre ciencia a la población, también existen algunos “peligros” que hacen que bastantes científicos tiendan a huir de los periodistas como de la peste. Muchos pueden ser los miedos de un científico cuando contacta con un periodista pero, sin lugar a dudas, el principal temor es que el periodista exagere o tergiverse (de forma consciente o no) lo dicho por el científico.”

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