Presentadores del igNobel probando el sujetador-máscara antigás. | Fuente imagen: News.com.au.

No pude evitarlo. El año pasado justo en este mes de octubre, hablé en mi blog del sexo oral y del murciélago frugívoro de nariz corta en un mismo post. Un equipo de científicos chino-británicos habían revelado al mundo que las murciélagas adultas practicaban fellatios a los machos para que la cópula posterior fuera más prologanda.

Tamaña hazaña científica ha merecido este año que el equipo de investigadores recibiesen el Premio IgNobel en categoría Biología.

No han sido los únicos. Los humorísticos premios IgNobel (o Nobel ignominioso) se otorgan a aquellos científicos cuyos trabajos han destacado por ridículos, innecesarios y pueriles. Obviamente no es un galardón que guste recibir.

“Tiene usted mala cara, señor Martínez”. Imagina que te levantas de la cama, te diriges al baño y cuando te pones delante del lavabo el espejo revisa tus constantes vitales y realiza un diagnóstico de tu estado de salud esa mañana. La imagen la hemos visto en muchas películas, pero empieza a ser una realidad gracias a trabajos como el del estudiante del MIT, Ming-Zher Poh, quien explica en este vídeo cómo funciona el prototipo que ha diseñado.

Básicamente el espejo tiene una cámara digital, un ordenador que recoge todos los datos y un software que los interpreta. La cámara analiza la cara del usuario, la temperatura, el pulso, la respiración y mantiene un registro diario de tus constantes vitales que puedes ver mientras te peinas. Este registro puede resultar útil para detectar alteraciones e incluso para enviárselas a tu médico, cuando te puedan hacer un seguimiento desde tu propia casa. Leer más

Sir John Pendry. Físico teórico en el Blackett Laboratory del Imperial College London. Su carrera comenzó en el Cavendish Laboratory de la University of Cambridge (Reino Unido), para pasar a continuación a dirigir durante seis años el grupo de teoría del Daresbury Laboratory del Science and Technology Facilities Council (Reino Unido). Entre las distinciones que ha recibido se encuentran las de Socio Honorario del Downing College de la University of Cambridge y del IEEE (Internacional Electrical and Electronic Engineers), así como la distinción con el título de “Sir” por los servicios prestados a la ciencia.

Ada Yonath. Obtuvo su doctorado en el Instituto Weizmann de Ciencias (Israel), y luego realizó sus estudios postdoctorales en el MIT y en la Universidad Carnegie Mellon. Recibió el premio Nobel de química en 2009, junto con Venkatraman Ramakrishnan y Thomas A. Steitz, por sus estudios sobre la estructura y la función del ribosoma. Se ha convertido en la primera mujer israelí en conseguir un premio Nobel y ha sido la primera mujer que ha obtenido el Nobel de química en los últimos 45 años.

Heinrich Rohrer. En 1960 se doctoró en física experimental en el Instituto Federal de Tecnología (ETH) de Zurich (Suiza), con una tesis sobre la superconductividad. Por la invención del microscopio de barrido de efecto túnel, que realizó en colaboración con Gerd Binnig, el profesor Rohrer compartió en 1984 el galardón especial King Faisal Prize y el Hewlett Packard Europhysics Prize, para posteriormente recibir el Premio Nobel de Física en 1986.

Parece que se ha aceptado que, como los investigadores disfrutamos con lo que hacemos, ese disfrute ya es pago suficiente para nosotros.

Una frase que suelo oír a menudo es que los científicos trabajamos en lo que nos gusta y “encima” nos pagan por ello, como si con dedicarnos a lo que nos gusta ya tuviéramos que estar agradecidos.

También Messi disfruta con lo que hace y no creo que esté de acuerdo en hacerlo gratis. Al igual que los banqueros, los pilotos o los grandes famosos de la televisión. Estoy seguro de que Emilio Botín disfruta mucho con lo que hace, pero no creo que eso sea razón suficiente para estar mal pagado.

En el mundillo de las pseudomedicinas abundan los tratamientos estrafalarios. Los homeópatas elaboran “remedios” con la radiación del teléfono móvil, excrementos de perro o incluso agua diluida en agua, hay quien asegura “detoxificar” a los pacientes colocándoles una vela encendida en la oreja, y no faltan quienes emplean misteriosos aparatos que no hacen nada, pero en cuya descripción aparecen términos como “energía”, “cuántico” o “biorresonancia” que les dan una apariencia la mar de científica.

A su lado, en cambio, el Bálsamo de Fierabrás inventado por Jim Humble asombra por su sencillez: la “Miracle Mineral Solution” o MMS, de la que habló hace poco en su blog el amazing José Luis Castillo, contiene nada más -y nada menos- que una disolución al 28% de clorito de sodio. Sí, han leído bien: clorito de sodio.

Y como suele ocurrir en el mundillo de las pseudomedicinas, la cosa tiene su lógica, aunque sea peculiar y, en el fondo, completamente disparatada. Los homeópatas mantienen su fe en remedios inverosímiles simplemente porque, como dijo el propio Hahnemann, se trata de incorporarles el “espíritu curativo” de la sustancia original, de modo que esta no tiene ni que existir siquiera. Los usuarios de las “velas Hopi” se fían de la sabiduría ancestral de los nativos norteamericanos (a pesar de que estos han negado tener absolutamente nada que ver con semejante majadería), hasta el punto de que si luego les duele la oreja se preguntan desconcertados por qué será. Y los clientes del “biofeedback cuántico”, por su parte, se dejan deslumbrar por la idea de que si alguien utiliza semejantes palabrejas será por algo. Leer más

Roald Hoffman. Doctor en la Universidad de Harvard en 1962. Desde 1965 es catedrático de Ciencias físicas en la Universidad de Cornell. Descubrió que el mecanismo de muchas reacciones queda determinado, por el del mantenimiento de una simetría identificable en la descripción matemática de los orbitales afectados, formulando una serie de principios que constituyen la teoría de la conservación de la simetría orbital molecular. Recibió el premio Nobel de química en 1981 por su teoría sobre el transcurso de las reacciones químicas.

Claude Cohen-Tannoudji. Pionero en la investigación de procedimientos para enfriar, ralentizar y atrapar átomos con rayos láser. En 1995 Cohen – Tannoudji y su equipo lograron enfriar átomos, alcanzando una temperatura de 0,2 millonésimas de un grado por encima del cero absoluto. Premio Nobel de física en 1997 por el desarrollo de métodos para enfriar y atrapar átomos con radiación laser.

Luis de Pablo. Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes, Premio CEOE de las Artes, Medalla de las ciudades de Rennes y Lille, y miembro de la Sociedad Europea de Cultura desde 1966. Ha compuesto más de 150 obras de todos los géneros.

Continuamos con la crónica de estas jornadas de ciencia y cultura que se están desarrollando en Donosti con el sugerente título de Passion for Knowledge y hoy se han reunido en el Aquarium de San Sebastián dos mujeres que, hoy por hoy, ya son leyendas vivas de la ciencia y la investigación.

Por un lado Ada Yonath, la única mujer que ha conseguido el Premio Nobel de Química en los últimos 45 años y por otro, Sylvia A. Earle, oceanógrafa y exploradora de National Geographic nombrada “heroína del planeta” por la Revista Time.

Sí, este tipo de preguntas son un poco absurdas e imprecisas pero a todos nos encantan, y más si la comparación del peso se hace… ¡en ballenas azules! ¿Cuántas ballenas azules pesa un huracán? La duda se la plantea el equipo de Robert Krulwich en la NPR, quienes han elaborado otro de esos fantásticos vídeos divulgativos para hacer un cálculo aproximado. Atentos:

Como veis, Krulwich calcula primero el peso de una nube normal, una de esas nubecillas blancas y algodonosas que vemos cruzar por el cielo. Teniendo en cuenta que las dimensiones pueden variar, estimaremos que una de estas nubes pesa en promedio alrededor de 100.000 kilos, lo que equivale al peso de unos 2/3 de una ballena azul de gran tamaño. ¿Cuánto pesa una nube de tormenta de panza oscura? Los autores del vídeo calculan la cifra en 47.990.073 kg, es decir que, explican, el interior de una tormenta contendría agua con el peso equivalente al de unas 353 ballenas azules (como para que se te caigan encima). Leer más

La bellísima Hedy Lamarr, inventora de un sistema de torpedos. | Imagen: hedylamarr.com

Deja de engañarte con estos 3 prejuicios sobre la ciencia:

1. Los científicos son pobretones

La idea de que la ciencia no paga y está llena de sacrificios materiales es… MENTIRA. Estos son dos ejemplos concretos. Un ejemplo histórico, el principal accionista del Banco de Inglaterra y primero en medir la masa de la Tierra fue el notable físico Henry Cavendish, se le llamaba “más rico de todos los sabios y el más sabio de todos los ricos”. Mi ejemplo moderno, Nathan Myhrvold, fue postdoctorante de Stephen Hawking, su trabajo de investigación ha sido publicado en prestigiosas revistas: Science, Nature, Paleobiology, y Physical Review, además cuenta con una empresa desarrolladora de tecnológica que ha registrado más de 30,000 patentes (a toda la manera de Edison), si alguien tiene dinero y tiene historia de actividad científica ese es Myhrvold. Ciertamente, el trabajo científico es caro, por ello los investigadores son como empresarios que buscan financiamiento de diferentes fuentes, algunos llegan a crear fortunas en el proceso.

PS1, 1º de los observatorios de vigilancia que integrarán Pan-STARRS. | Fuente imagen National Geographic

A finales del pasado junio, los medios especializados en divulgación se hicieron eco de la entrada en funcionamiento del observatorio PS1 en el Monte Haleakala de Hawái. Este dispositivo fue el primero en alcanzar la operatividad de los varios previstos para integrar el Sistema de Rápida Respuesta e Inspección Telescópica Panorámica o (Pan-STARRS).

Con su cámara de 1,4 gigapixels apuntando hacia el cielo, el PS1 ha sido diseñado para buscar objetos potencialmente peligrosos para la Tierra (o PHA). No han pasado ni tres meses y el telescopio vuelve a saltar a los informativos. Acaba de encontrar el primero.

Se trata de un asteroide al que los astrónomos han bautizado como 2010 ST3 (véase imagen inferior), y el próximo mes de octubre pasará a 6,44 millones de kilómetros de la Tierra. Al parecer existe un ligero riesgo de que nos golpee en el año 2098. El pedrusco mide unos 46 metros de largo y si nos alcanzase tendría el efecto de una bomba de 20 megatones (eso es un “pedazo de avería” teniendo en cuenta que la de Hiroshima fue solo de unos 15 kilotones). Leer más