Un científico o científica tiene incentivos para desarrollar su carrera. Lograr proyectos de investigación, formar jóvenes investigadores, lograr financiación, conseguir admisión de patentes… Y, por supuesto, publicar. Nada es ciencia hasta que no esté publicado. Y no en cualquier sitio, sino en revistas al efecto, no dirigidas a la población general sino a aquellos que trabajan en el mismo campo. Revistas con un filtro previo; en las que otros científicos leen, corrigen, juzgan y finalmente admiten el trabajo de sus compañeros y compañeras de profesión (lo que se llama revisión por pares o peer-review).

Gracias a todo ello crea el científico su currículum.

Viñeta | Clay Bennet

¿Ves en esos méritos algo relacionado con comunicar sus investigaciones a la población? No hay nada. No reciben ningún mérito por divulgar a la población general. A pesar de que no es fácil traducir una investigación a lenguaje asequible, hacerla llegar a través de un medio adecuado, convertirlo en un hábito… Además, muchos investigadores no creen que sea necesario, o ni siquiera se han planteado la necesidad de hacerlo, o directamente piensan que no es posible.Leer más

Dormir, comer y el resto de actividades forman parte del ciclo fisiológico de 24 horas conocido como ritmo circadiano. Este reloj interno es controlado por las neuronas de una región cerebral llamada núcleo supraquiasmático (NSQ), y en condiciones normales, la “reprogramación” de este reloj se basa en la luz.

Eso explica que cuando viajamos de una zona horaria a otra, el cuerpo termina por adaptarse a los ciclos noche-día del nuevo territorio (aunque en el proceso se sufra el famoso “jetlag”).

Sin embargo, todo aquel que haya fumado marihuana alguna vez ha experimentado un cambio de ritmo en la percepción del tiempo, (de hecho para algunos, esto forma parte del encanto de esta droga).

Imagen | Flickr Creative Commons

La pupila de nuestros ojos, que parece un punto negro, no es más que un agujero para dejar que entre la luz, está protegida por la Córnea por delante, y una especie de lente llamada Cristalino dentro del ojo.

El Iris es la membrana coloreada que cambia de tamaño para permitir que entre más o menos luz en nuestros ojos para permitir una buena visión.

En la mayoría de los animales, el iris se expande y se contrae de forma circular, permitiendo cierto rango de apertura máxima y mínima, como el diafragma de las cámaras fotográficas.

Imagen | MRO

La famosa cara de marte que tanto y tanto ha dado que hablar desde que en julio 1976 fuera captada por la Viking 1 no es más que una meseta en el planeta rojo. Procedentes de la Mars Reconnaissance Orbiter, nuevas imágenes mucho más detalladas de la supuesta cara se han hecho públicas este pasado miércoles desmontando así todas las locas conspiraciones que sobre ella se habían montado.

Puedes conocer todos los detalles en el artículo de L.A.Gámez en Magonia.

Hace unos días, saliendo de la Tenerife Lan Party con algunos bloggers, y camino del primer bar abierto que encontrásemos, se nos acercó una mujer que paseaba por allí con algunos perros. Disimuladamente, la señora se unió a nuestra comitiva y, más o menos con estas palabras, nos explicaba su particular conspiración mundial de la que extraigo algunas ideas:

Vosotros que habláis de “esas cosas de internet” tenéis que explicar lo del fin del mundo, decir que el hombre comenzó siendo un canibal y ahora hay que ser vegetariano, aunque tambien las plantas sufren, pero ya lo decían los mayas que llegaron del espacio para construir sus pirámides y ahora nadie dice nada…

No os podéis imaginar la cara con la que nos mirábamos… continuamos andando, aguantando alguna risa que otra cuando, al ver que nadie decía nada y casi sin pensar, me acordé de esta anécdota y me dirigí a la mujer preguntándole:

La mayoría de vosotros no entiende la evolución.

Toma ya. Así, con estas maneras, empieza PZ Myers un interesante post (que ha colgado tanto en su blog, Pharyngula como en Panda’s Thumb, y por tanto tenemos doble ristra de comentarios para leer).

Dejando aparte creacionistas y personas a las que la evolución les importa un Raphanus, muchos defensores de la evolución tendrían, según Myers, un concepto que podría resumirse así (traduzco):

El calzoncillo que aguanta un mes sin lavarse. | Fuente imagen: Ecouterre.

Japón, verano del 2010, altas temperaturas, asiáticos sudorosos moviéndose por las calles atestadas. Podemos imaginar el olor de las partes pudendas de los nipones con tanto ajetreo. Pero, snif snif… ¡algo está cambiando!

Según comentan en Bloomberg, el producto estrella de este verano no es un helado que incorpore los grandes éxitos de Georgie Dann, o un robot abanico. No, en la tierra del sol naciente lo que triunfa es el gallumbo (o calzoncillo) espacial. Y es que a medida que las temperaturas suben en el archipiélago, batiendo récords de calor, las ventas de ropa interior masculina absorbe-olores (diseñadas originalmente para astronautas) suben más que el consumo de refrescos.Leer más

La hora del té, por Alex Méndez | Foto Omar Parada

Alex Méndez se doctoró en informática gráfica y desde hace algo más de tres años se encuentra en una de las ciudades universitarias con más historia del mundo: Cambridge. Cuna de la Cátedra Lucasiana por la que han desfilado personajes como Isaac Newton o Stephen Hawking, hogar de los Laboratorios Cavendish, alma mater de Charles Darwin o sede del famoso King’s College.

Desde este punto crucial en la historia, Alex nos hará de corresponsal y desde Cambridge, inaugura hoy una nueva sección en Amazings que se llamará “La hora del té”, uniéndose así al resto de crónicas y postales desde lugares interesantes de la ciencia que estamos añadiendo al proyecto.

La hora del té” nos traerá anécdotas y curiosidades, noticias y personajes, entrevistas y panoramas desde Cambridge en un formato mensual que seguro nos sorprenderá, divertirá e informará a partes iguales.

Actividad cerebral durante las inhalaciones | Imagen: PNAS

La paciente tiene 51 años y está en un hospital israelí después de que un accidente vascular le dejara literalmente encerrada en su cerebro, lo que se conoce como “síndrome del cautiverio”. La mujer, a la que los investigadores identifican como LI1, no puede hablar ni moverse en absoluto, pero después de meses de silencio ha conseguido escribirle una carta a sus hijos gracias a un dispositivo desarrollado por un equipo del Instituto Weizmann de Ciencias. El mecanismo, que se ha mostrado eficaz en otros casos, aprovecha la única vía que la paciente puede controlar: la respiración a través de la nariz.

El dispositivo funciona detectando los pequeños cambios de presión que se producen cuando una persona regula la respiración y mueve la campanilla. “Los seres humanos”, dicen los autores del estudio, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences, “podemos modular nuestras inhalaciones rápidamente… y las inhalaciones pueden ser utilizadas para producir señales binarias y direccionales de manera bastante precisa”. Leer más