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Dicen los expertos que el tiempo que una persona puede mantener al máximo su atención escuchando a otra es limitado. Algunos incluso, mediante test y experimentos con público, han cuantificado esa atención y han llegado a una conclusión: Nos aburrimos pronto, las cosas nos dejan de interesar, perdemos el hilo y nos despistamos.

Y con internet las cosas no han mejorado. La inmensa cantidad de información disponible, a tan sólo unos clicks de distancia, ha cambiado la forma en que tratamos y procesamos esa información. Lo dicen varios estudios: leemos en diagonal, pasamos de una página a otra en apenas unos segundos y sólo observamos las noticias con atención durante un tiempo determinado.

Por otro lado, estos datos también están obligando a adaptarse a la otra parte… la parte informadora. A la luz de esta nueva manera de procesar y tratar la información. Así están proliferando eventos con Conferencias rápidas y dinámicas (como TED Talks), Mesas redondas con intervenciones breves y directas. Aparecen programas debate en televisión con tiempos limitados, con micrófonos que se esconden… Si alguien se preguntaba por qué los videos de youtube tan sólo duran 10 minutos, aquí tiene una de las multiples razones.

Cambio de ruedas en Ere Hot | Imagen: Kramer 1647 (Flickr)

Es la típica situación que si no te la cuenta alguien que ha estado allí, creerías que es un chiste de Lepe. El tipo que veis asomarse por la ventanilla está a bordo de uno de los vagones del tren transmongoliano y los operarios de la parte inferior han levantado el tren en volandas y están cambiando literalmente todo el juego de ruedas del convoy. Pero, ¿por qué?

Adriano Morán, que se hizo esta misma ruta el pasado verano, me cuenta que la explicación está en el ancho de las vías. Las vías mongolas y las rusas se construyeron en su día con un ancho distinto de las chinas (en teoría como decisión estratégica para dificultar una supuesta invasión terrestre), así que cada vez que un tren cruza la frontera china desde uno de estos dos países, se ve obligado a detenerse durante unas horas hasta que los operarios lo levantan y le ponen ruedas nuevas a cada vagón. Ojo a la escena:

Si el tren viene de Mongolia, como en este caso, la parada obligada es la estación de Ere Hot, donde el tren se detiene durante alrededor hora y media. Los pasajeros tienen la opción de dar una vuelta o de quedarse en el interior del tren, como veis en las imágenes. La ceremonia se repite día tras día para sorpresa de algunos viajeros y seguirá así hasta que alguno de los países decida que es más racional cambiar las vías usar un sistema de adapatación que andar cambiando a los trenes de ruedas. Mientras tanto, seguirá siendo un ejemplo de que los humanos estamos un poco trastornados.

El gran telescopio. Grabado en Caras y Caretas (1900) | Fuente: Biblioteca Nacional de España

Esta es la historia de una máquina, un monstruo metálico que fue concebido casi como una broma, se llevó por delante un presupuesto nada desdeñable y, tras varios meses de gloria siendo objeto de admiración por parte de medio mundo, terminó sus días como vulgar chatarra. Una pena, ciertamente, porque aunque el gran telescopio de la Exposición Universal de 1900 fuera un fiasco, sólo por su tamaño y su original concepción, merecía un destino más amable.

Celebrada en París, entre el 15 de abril y el 12 de noviembre del último año del siglo XIX, la Exposición reunía todo tipo de sobresalientes obras de arte, edificios singulares que gritaban a los visitantes acerca de las bondades de los países que se habían encargado de su construcción y, además, entre una gigantesca esfera celeste y una noria que, según decían, contaba con un diámetro de cien metros y que pasó a mejor vida a finales de los años treinta sel pasado siglo, había un artilugio que llamaba especialmente la atención. Leer más

Problema de la mosca y los trenes. | Fuente imagen: Revistasacitametan.

John von Neumann (1903-1957) [matemático y científico húngaro, nacionalizado estadounidense] era bien conocido por su asombrosa y casi instantánea capacidad de cálculo. Para que el lector se haga una idea de esta increíble capacidad de von Neumann, expongo una anécdota relacionada con un problema matemático que tiene dos formas de resolverse, una sencilla y otra compleja. Veamos el enunciado:

Dos trenes separados por 200 kilómetros se mueven el uno hacia el otro por la misma vía. La velocidad de ambos trenes es de 50 kmh. En el momento inicial, una mosca situada en el morro de uno de los trenes comienza a volar hacia el otro, en viajes de ida y vuelta, a una velocidad de 75 kmh. Lo hace repetidamente hasta que ambos trenes chocan entre si matando a la mosca. ¿Qué distancia ha recorrido volando el insecto?

En realidad la mosca toca cada tren un número infinito de veces antes de morir aplastada, y uno podría resolver el problema a la manera difícil, usando lápiz y papel para sumar la serie infinita de distancias. Sin embargo el método simple funciona así:

Campaña de vacunación | fuente Unicef

No sé a vosotros pero a mí me parece la noticia del día. Sí, lo reconozco, le tengo pánico a las agujas… Me mareo, me quedo blanco y no puedo mirar ni siquiera cuando aparecen en alguna película. Y la verdad es que no lo podía entender: Hemos llegado a la luna, enviamos sondas a casi cualquier planeta, descubrimos los sorprendentes caminos de la mecánica cuántica y somos capaces de colisionar hadrones a velocidades cercanas a la luz… vale, muy bien: y ¿por qué seguía existiendo esa diabólica tortura medieval punzante? :)

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Los servicios ecosistémicos son algo esencial en nuestra vida. No los percibimos habitualmente, es cierto. Hasta que nos faltan o lo que nos dan se convierte en escaso. Es decir, hasta que hay que ponerles precio. De hecho, que un ecosistema (o algo que nos proporcione) tenga precio es una mala noticia. Significa que es escaso.

Hay una manera de averiguar qué nos suministra un ecosistema: quitándolo de en medio. No es una buena manera, pero es la que parecemos haber elegido.

Es el caso de la selva amazónica. Seguro que no tienes ni idea de si guarda alguna relación con tu vida, de si te proporciona algo. Ni yo. Ni la inmensa mayoría de la gente. ¡Pues nada, a quitarlo! A convertirlo en productos. De los cuáles sólo unos poquitos serán de primera necesidad. La mayoría, probablemente, serán perfectamente prescindibles.

Esquema de la pila en la pista de squash. | Fuente imagen: Kos.net.

El 2 de diciembre de 1942, científicos de la Universidad de Chicago produjeron en secreto la primera reacción nuclear autosostenida y controlada del mundo ¡bajo las gradas de una instalación deportiva! El experimento formaba parte del Proyecto Manhattan y al mando del grupo de investigadores se encontraba el Premio Nobel Italiano Enrico Fermi.

Fermi, diseñó este experimento – crucial para el control de fisión nuclear y para la producción de la bomba atómica – en una cancha de squash situada en los bajos de Stagg Field, el estadio de Atletismo de la Universidad de Chicago.

El tosco reactor atómico, que tenía una forma casi esférica, era en realidad una pila de ladrillos de grafito puro, que actuaban como ralentizador del uranio 235 situado estratégicamente a distancias regulares, siguiendo un esquema geométrico. Como mecanismo de seguridad, Fermi situó barras de cadmio horizontales (un material que absorbe gran cantidad de neutrones) que podían extraerse del núcleo a voluntad, para permitir que las partículas emitidas por la desintegración del uranio pudieran impactar con otros átomos, dividiéndolos (o fisionándolos), provocando más partículas que a su vez podrían fisionar más átomos. Es decir, si todo iba bien, al retirar las barras de cadmio debería comenzar una reacción en cadena. Leer más

Michio Kaku | Imagen: Skeptic cards

A la tierna edad de 17 años, y como proyecto de ciencias para su instituto, el popular físico y divulgador Michio Kaku construyó un colisionador de átomos en el garaje de sus padres con la intención de crear antimateria (ahí es nada). Los que somos seguidores de Kaku, le hemos leído la anécdota en más de una ocasión, la última en el prefacio de su libro “Física de lo imposible:

“Fui a la compañía Westinghouse y reuní 200 kilogramos de chatarra procedente de un transformador. Durante las navidades bobiné 35 kilómetros de cable de cobre en el campo de fútbol del instituto. Finalmente construí un betatrón de 2,5 millones de electronvoltios que consumía 6 kilovatios (toda la potencia eléctrica de mi casa) y generaba un campo magnético 20.000 veces mayor que el campo magnético de la Tierra. El objetivo era generar un haz de rayos gamma suficientemente potente para crear antimateria”.

La hazaña la explica con algo más de detalle en la introducción de su libro más conocido, Hiperespacio, donde aporta algunos datos muy interesantes. Para la construcción del betatrón pasó semanas documentándose y leyendo sobre los fundamentos de la máquina. Una vez convencido de que podía hacerlo, compró una pequeña cantidad de sodio -22, construyó una cámara de niebla y revolvió las basuras de los grandes almacenes de electrónica de la zona hasta reunir varias toneladas del material necesario.