Transbordador Challenger aterrizando en el Centro Espacial Kennedy después de la misión STS 41-G | Fuente NASA

Diez de octubre de 1984. El transbordador espacial Challenger orbita la Tierra a 365 km de altura durante la misión STS 41-G con siete tripulantes a bordo. Era el sexto vuelo del Challenger y la primera vez que dos mujeres formaban parte de una tripulación. Una de ellas, Kathryn Sullivan, realizaría el primer paseo espacial de una norteamericana en lo que sería el momento álgido de la misión.

Sally Ride (izqda.) y Kathryn Sullivan (dcha.), miembros de la tripulación de la STS 41-G (NASA). | Fuente NASA

Sin embargo, ese día tuvo lugar un grave incidente que puso de manifiesto que el enfrentamiento entre las superpotencias había llegado al espacio. Mientras la nave sobrevolaba la Unión Soviética, un láser de baja potencia iluminó el vehículo repetidamente. Varios sensores ópticos de navegación resultaron afectados e incluso un miembro de la tripulación resultó cegado momentáneamente. Si la potencia del láser hubiese sido ligeramente mayor, la ceguera podría haber sido permanente. Al desplazarse a 28000 km/h en su órbita, el Challenger pronto dejó atrás la zona de origen del láser atacante. Aunque los daños fueron despreciables, se trataba a todas luces de un acto hostil en plena Guerra Fría cuyas consecuencias podrían haber sido gravísimas.

Los EEUU presentaron una queja formal ante la Unión Soviética, aunque el asunto pasó bastante desapercibido en la prensa de la época. Probablemente, porque los Estados Unidos no querían atraer excesivamente la atención de los medios sobre este tema, ya que ellos mismos llevaban años investigando el uso de armas láser en el espacio.Leer más

Traje canino espacial soviético de la década de 1950 | Crédito imagen: Greyherbert.

Este traje canino, capaz de soportar presiones a grandes alturas, fue diseñado por los soviéticos a finales de la década de los 50, en plena carrera espacial. Antes de que los rusos se atrevieran a mandar al espacio a Yuri Gagarin, los primeros astronautas eran cánidos, a quienes se subía a la cápsula que coronaba un cohete y se lanzaba a 80 kilómetros de altura, esperando que regresaran luego a tierra en paracaídas vivitos y “coleando”. Todos recordamos a Laika, el primer animal que orbitó la Tierra y regresó para contarlo (aunque apenas sobrevivió siete horas en el Sputnik 2, probablemente a causa del estrés y sobrecalentamiento) pero lo cierto es que antes que ella la carrera espacial estuvo plagada de víctimas anónimas peludas que no pasaron a la historia.

Por cierto, si vais a estar cerca de Leicester (Inglaterra) estos días, podéis acercaros a ver este traje a la exposición “Space Race” organizada por el Centro Nacional del Espacio. (Me enteré leyendo el Guardian.)

“El 20% de todos los embarazos acaban en abortos espontáneos durante los dos primeros meses, debido a que el sistema reproductor humano está muy mal diseñado. Si dios es el responsable de ese diseño, eso le convierte en el mayor abortista del mundo, que tiene que dar cuenta de 20 millones de abortos anuales. Si eso no es una blasfemia, no sé qué es.”

Por Francisco J. Ayala en Público. (Nos lo envió Carlos Lobato).

Igor Tamm | Imagen vietstamp.net

La guerra pone a los hombres en situaciones límite. Dejan de ser lo que algún día fueron para convertirse en soldados, en uniformes anónimos de un ejército o en un número frío estadístico de bajas. Si además hablamos de una guerra civil, las consecuencias son siempre más amargas.

Durante la guerra civil rusa (1917-1923) el enfrentamiento fratricida se personificaba en la lucha de bolcheviques contra zaristas. El ejército rojo contra el blanco… colores, bandos, absurdas convicciones políticas por las que mataron y murieron millones de rusos. Sólo la cuenta de bajas civiles ascendió a los 13 millones.Leer más

Como primera participación en Amazings nada mejor que hablar de los rompehielos. Barcos reforzados capaces de abrirse camino utilizando algunos inteligentes trucos físicos donde la fuerza bruta sería incapaz.

| Fuente Flickr Creative Commons

Imagino que los primeros barcos que se encontraron con el hielo se limitarían a huir del mismo. Un bloque de hielo de gran tamaño tiene una enorme energía cinética y gran momento lineal aunque se desplace a baja velocidad. Suficiente para dañar o hundir cualquier frágil embarcación de madera. En esas condiciones, la idea de viajar hacia el hielo o, aún peor, abrirse camino, estaba descartada.

Hubo que esperar al siglo XIX para que los viajes de exploración a los polos y la búsqueda del Paso de Noroeste impulsasen el desarrollo de nuevos diseños pensados para surcar esas aguas. La base de partida fue la construcción de cascos reforzados y de gran resistencia que pudiesen soportar golpes ocasionales con pequeños trozos de hielo. Si además se utilizaban dobles cascos y compartimentos estancos se reducía bastante el riesgo de hundimiento. Sin embargo, esto no era suficiente para acercarse a la banquisa polar. Las misiones de exploración podían provocar que un buque quedase atrapado al cerrarse el hielo a su alrededor. En estas condiciones, un barco sufre brutales presiones laterales capaces de destrozar su casco como sucedió con famosos navíos como el Endurance. Incrementar la resistencia del casco era una solución limitada que también aumentaba el peso y coste. Claramente, se necesitan nuevos diseños para los nuevos problemas.Leer más

Creacionismo en las escuelas | Imagen: Campus Explorer

La tabla que veis sobre estas líneas refleja la realidad de las escuelas en EEUU en base a un estudio publicado por PLoS Biology en 2008 bajo el título Evolution and Creationism in America’s Classrooms: A National Portrait. Según estos datos, el 47% de los profesores de Biología en los institutos estadounidenses (en naranja) considera que “los humanos han evolucionado a lo largo de millones de años pero que Dios guió este proceso”, el 28% (en morado) cree en la evolución pura y dura y que Dios no ha tenido que ver este asunto, el 16% (en rojo) cree que Dios creó a los humanos en su forma actual en algún momento en los últimos 10.000 años, y el 9% (en verde) no sabe no contesta.

Los datos se publicaron en 2008, pero PZ Myers los recupera hoy en Pharyngula a raíz de la publicación de un gráfico bastante elocuente en Campus Explorer. En el estudio original se comparaban las convicciones de los profesores de instituto con las del ciudadano de la calle, que salía aún peor parado (ver PDF).

Como explica Myers, a este 47% de profesores se les suele incluir en el lado no creacionista de las estadísticas porque, a diferencia de los otros, no suelen dejar que sus creencias interfieran en sus clases de Biología. Pero estos profesores creen en el “Diseño Inteligente” y el hecho de que una buena parte de las personas que enseñan ciencia tengan creencias sin ningún fundamento científico es un buen indicador de lo que sucede en el resto de la sociedad y por qué la Evolución sigue siendo una asignatura pendiente en EEUU.

El váter como salvavidas | Visto en FreePatentsOnLine.com.

Ayer, cenando con Natalio, un amigo granadino físico que trabaja en una oficina de patentes (y aquí termina todo el parecido con Einstein), descubrí entre risas que en los archivadores de su oficina, la frontera entre la genialidad y el más absoluto de los absurdos dista solo unos centímetros. Como ejemplo me habló de la patente que cito al final del post, y que pretende evitar víctimas en los incendios gracias al socorrido y nunca bastante alabado inodoro.

La idea del inventor era salvar la vida a las personas que quedan encerradas en un hotel durante un incendio (en salas que carezcan de ventanas) y que por tanto corren riesgo de morir por asfixia. El concepto es sencillo, buena parte de las muertes en los incendios tienen que ver con la inhalación de humo tóxico. Para evitarlo, el autor propone usar un tubo respirador que atraviese el sifón del retrete hasta llegar al conducto del desagüe (que normalmente se extiende hasta el tejado del edificio) y así permitir el acceso a aire no viciado a cualquier humano atrapado por el incendio. Idealmente, el agua del sifón actuaría como filtro evitando que el humo alcanzase el conducto del desagüe, garantizando el suministro de aire “fresco” (es un decir). Leer más

Imagen | Aula9

Con más de 30 años de experiencia docente a sus espaldas, Juan Diego Caballero, catedrático y divulgador en internet mediante el gran blog “Enseñ-arte“, realiza una imprescindible reflexión en voz alta sobre “la prisa en aprobar”.

Un mal que se está extendiendo cada vez más, tanto en alumnos como en padres, como si lo primero fuese una exigencia social inaplazable y lo segundo no tuviese más que un simple carácter complementario.

Un artículo que todos deberíamos leer con tranquilidad y autocrítica.