El cráneo del hombre de Kennewick | Imagen: Benjamin Benschneider / The Seattle Times

Hay quien afirma que la ciencia es, tan sólo, otro tipo de creencia. Discrepo totalmente. No tiene nada que ver una cosa con la otra y, en multitud de ocasiones, se dan contradicciones entre ambos modos de entender la Naturaleza. Un bonito ejemplo en el que se puede comparar el comportamiento de creyentes y científicos está en unos párrafos del libro “Destejiendo el Arco Iris”, de Richard Dawkins.[/cite]

El hombre de Kennewick es un esqueleto descubierto en el estado de Washington en 1996, y cuya edad, estimada por el método del carbono radiactivo, es de más de 9.000 años. Los antropólogos estaban intrigados por ciertos rasgos anatómicos que indicaban que podía no estar relacionado con los amerindios típicos, y por lo tanto podía representar una migración antigua y distinta a través de lo que ahora es el estrecho de Bering, o incluso desde Islandia.

Cuando se disponían a realizar pruebas de ADN de suma importancia, las autoridades legales se apropiaron del esqueleto con la pretensión de cederlo a representantes de las tribus indias locales, que propusieron enterrarlo e impedir cualquier estudio ulterior. Naturalmente, hubo una protesta generalizada por parte de la comunidad científica y arqueológica. Incluso si el hombre de Kennewick es un amerindio de alguna clase, es muy improbable que tenga afinidades con cualquiera de las tribus que viven casualmente en la misma región 9.000 años después.

Socio fundador del Museo de las Momias de Guanajuato | Fuente imagen: Adam Coster.

Ahí lo tenéis. Esto es lo que queda de un trotamundo francés llamado doctor Remigio LeRoy, cuyo cadáver fue enterrado allá por 1860 en el nicho 214 del Panteón de Santa Paula, del ya entonces ex-virreinato español de México. ¿Y qué pinta ahora expuesto detrás de un cristal?

La historia es muy curiosa. Al parecer, en 1865 la ciudad de Guanajuato había comenzado a exhumar los cadáveres de aquellos inquilinos cuyas familias no estaban al día con el pago de las tasas por los nichos. Básicamente lo que hacían era “echar a la calle” a aquellos vecinos olvidados por sus herederos, que no habían pagado los preceptivos 5 años de ocupación. Y es que los vivos, que si pagaban impuestos, necesitaban reservar espacio para su último viaje. ¡Hotel dulce hotel!

Y así empezó la mudanza. El primer cadáver exhumado fue el de nuestro pobre doctor francés, ya que no se le conocían familiares en México que pudieran satisfacer sus deudas.

Así actúa el Ophiocordyceps unilateralis | Imagen: David Hugues

Los aficionados a ver documentales seguro que habéis oído hablar de los parásitos que controlan la mente de sus víctimas. Entre ellos, el hongo Ophiocordyceps unilateralis es uno de los más conocidos y siniestros: sus esporas entran en el cerebro de la hormiga carpintera (Camponotus leonardi) y manipulan su comportamiento hasta convertirla en una especie de zombi. Una vez ‘infectada’, la hormiga entra en un estado de confusión, se dirige a la parte más alta de la planta y se ancla con sus mandíbulas antes de morir y servir de maceta para el parásito.

Ahora, un equipo de la Universidad de Exeter dirigido por el doctor David P. Hughes acaba de descubrir la presencia de este hongo en un fósil de 48 millones de años, lo que indica que este parásito lleva repitiendo la fórmula bastante tiempo. En concreto, se trata de una hoja fosilizada encontrada en las proximidades de un lago cerca de Hesse, en Alemania, en la que se aprecia, según los paleobotánicos, una serie de 29 marcas de mordiscos que coinciden con las que dejan hoy en día las hormigas infectadas por el hongo-parásito.

La hoja fósil de 48 millones de años analizada | Imagen: Torsten Wappler (Physorg)

“Esta es”, asegura el doctor Hugues, “la evidencia más antigua de parásitos que manipulan el comportamiento de sus huéspedes y muestra que esta relación es relativamente antigua”. Para conocer cuál es el comportamiento que este parásito lleva repitiendo desde hace casi 50 millones de años os dejo, como otras veces, con un excelente fragmento de un documental de sir David Attenborough. No apto para aprensivos:

La inteligencia del kea (Nestor notabilis) y su capacidad para abrir cerraduras y resolver problemas le ha convertido en una especie de celebridad en la red y sigue siendo objeto de estudio científico. Este loro, que habita en la Isla Sur de Nueva Zelanda, es un habilidoso abridor de cerraduras, capaz de sortear los más variados obstáculos para alcanzar sus objetivos. Ahora, un grupo de investigadores de la Universidad de Kyoto acaba de publicar un estudio [Ver PDF] que se centra en la capacidad de los keas para “planificar antes de empezar a resolver los problemas” y profundiza en sus capacidades cognitivas.

En concreto, el equipo de Hiromitsu Miyata, asegura haber demostrado que los kea resuelven los problemas más rápido si se les deja estudiar el escenario unos segundos antes de actuar, una capacidad comparable con la que se da en los bebés humanos y en algunos tipos de primates, según los investigadores. En el siguiente vídeo, grabado durante las pruebas, podéis ver con qué facilidad sortea el kea el triple cierre con el que han escondido la recompensa y cómo lo hace el único orden que permite su apertura:

En pruebas anteriores, el kea ha mostrado sobradamente que su capacidad para analizar el escenario y la manera más rápida de obtener lo que se propone. En este otro vídeo, por ejemplo, un ejemplar de kea es capaz de manipular sucesivos resortes y conseguir su recompensa en menos de un minuto:

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Imagen | Miguel Artime Creative Commons

John Snow fue un médico inglés que, pese a ser uno de los precursores del uso de la anestesia, así como de las prácticas higiénicas en entornos médicos, ha pasado a la historia como el padre de la epidemiología moderna por su trabajo al frente de la epidemia de cólera de Londres en 1854, donde fue capaz de identificar la fuente.

A día de hoy, un bar del Soho lleva su nombre, por estar situado junto a la bomba de agua que contenía el agua contaminada. Sin embargo, la investigación histórica reciente ha hecho replantearse su trabajo en esta epidemia.

La revisión de los datos recogidos por el propio Snow aquel 1854 ha llevado a la conclusión de que la epidemia de cólera ya se estaba desvaneciendo antes de que la bomba de agua identificada por Snow fuera inutilizada. Todo esto ha hecho tirar de la cuerda hasta llegar a la conclusión de que el estudio de Snow no se basó fundamentalmente en las pruebas existentes, sino en su propia creencia de la teoría de que la enfermedad estaba causada por gérmenes (teoría muy impopular en la época).

Rastreando sus fósiles, los científicos han llegado a inferir que los primeros animales aparecieron sobre la faz de la Tierra hace alrededor de 550 millones de años (y digo animales y no seres vivos puesto que hay que recordar que las cianobacterias fueron los primeros seres que aparecen en el registro fósil).

Aquel primer animal del que se tenía constancia era un Namacalathus, organismo rígido pariente de los corales descubierto por un grupo del MIT comandado por John Grotzinger en el año 2000.

Ahora, gracias al descubrumiento de fósiles de esponja encontrados en el sur de Australia, el récord ha tenido que retrasarse 70 millones de años más (o al menos eso se afirma en la edición del 17 de agosto de la revista Nature Geoscience).

¿Cansado de escuchar cómo los periodistas miden el tamaño de cualquier objeto en campos de fútbol? La BBC acaba de lanzar una herramienta maravillosa para comparar tamaños, que permite personalizar las comparaciones en tu propia ciudad, calle o el lugar del mundo que se te ocurra. La web se llama Dimensions y funciona de forma muy sencilla. Uno puede entrar y elegir el tipo de objeto que quiere comparar, ya sean objetos del espacio, ciudades o monumentos de la Antigüedad o desastres ambientales como los vertidos de crudo en el océano. A continuación, eliges una ubicación y la herramienta coloca la comparación sobre el mapa correspondiente.

Así, gracias a este sencillo programita podemos ver el tamaño de la Estación Espacial Internacional sobre la plaza de Cibeles de Madrid…

Las dimensiones que tendrían pirámides de Giza sobre la ciudad de La Coruña…

Uno de los bebés, de 14 meses, durante las pruebas | Imagen: Todd Heisler/The New York Times

¿Hay una manera más fácil de meterse en la cabeza de un niño que saber hacia dónde mira? Un grupo de investigadores de la Universidad de Nueva York lleva algún tiempo utilizando aparatos adaptados de eye-tracking (seguimiento de ojos) en bebés de 5 a 14 meses de edad y está llegando a algunas conclusiones interesantes. Curiosamente, como resumen en The New York Times, los pequeños necesitan prestar menos atención y comprenden lo que ven a su alrededor mejor de lo que pensábamos hasta ahora.

Hasta el momento los investigadores han realizado las pruebas a más de 70 niños a los que observaban, en grupos de seis, mientras interactuaban con sus madres en una habitación llena de juguetes y obstáculos. El aparato, adaptado especialmente para no molestar a los bebés, monitorizaba cada movimiento de los ojos durante la prueba y permitía comprender en qué forma se relacionaban con el entorno.

Los resultados del estudio muestran, por ejemplo, que en una buena parte de sus encuentros con los obstáculos los bebés pueden sortearlos sin necesidad de fijar la mirada en ellos. Los adultos, explican los investigadores, nos fijamos en los obstáculos que tenemos en frente durante un tercio del tiempo, mientras que los bebés lo hacen durante un 60 por ciento del tiempo. Pero aún así son capaces de pasar junto a ellos sin tener que dedicar atención exclusiva.

Las constelaciones nos engañan, nos hacen creer que estrellas muy alejadas están agrupadas y cercanas. Del mismo modo, cuando observamos dos acontecimientos simultáneos tendemos a relacionarlos y creer que uno es causa de otro. Y eso ocasiona todo tipo de errores.

Correlación no implica causalidad. Esta frase resumiría todo el contenido de esta anotación pero parece necesario explicarla un poco viendo como se confunden en el día a día. Imaginemos que un investigador intenta averiguar las causas de la calvicie. Un análisis muy simple demuestra que las personas sin pelo suelen tener peor audición. ¿Hemos descubierto una relación importante entre la calvicie y la sordera? Tal vez no. Todos perdemos audición con la edad. Y la mayoría también pelo.

Podemos encontrar otras muchas correlaciones sin causa real. Desde estudios que demuestran la relación entre la población de cigüeñas en una localidad y el numero de nacimientos a los que vinculan el aumento de la temperatura en nuestro planeta con la disminución del número de piratas en activo. Si las comparaciones son lo bastante chocantes, nuestro sentido común nos ayuda a rechazarlas. Pero es bueno recordar que, a veces, el sentido común se equivoca totalmente.