Jeremiah Horrox, astrónomo aficionado y científico pionero

Tránsito Venus | 08 Julio 2004

Si estás leyendo este artículo antes del 6 de junio de 2012, estás de enhorabuena, todavía estás a tiempo de presenciar un raro acontecimiento astronómico. Si ya te encuentras en el futuro, mi futuro, y has encontrado este texto cerca del año 2117, también eres afortunado.

Pero vayamos por partes…

La ciencia no es una profesión, es una manera de afrontar el conocimiento de la realidad. Aunque los estudios universitarios son normalmente un requisito para entrar a formar parte de instituciones, academias y otros inventos (yo mismo he pasado por ese requisito), desde luego que no son necesarios para hacer ciencia. La ciencia es una actitud, no un título, y cualquier persona puede dedicarse a ella si se enfrenta al conocimiento de la naturaleza desde una perspectiva racional, escéptica, rigurosa y metódica. Lo que ocurre hoy en día es que, debido precisamente al éxito de la ciencia, para avanzar en ese conocimiento normalmente es preciso recurrir a instrumentos de medida caros, equipos de investigación multidisciplinares u otros requisitos que no se consiguen fácilmente fuera del ámbito universitario o empresarial.

Pero desde luego que cada uno, desde nuestra casa, podemos hacer aportaciones de calidad al conocimiento.

Probablemente el mejor ejemplo sean los astrónomos aficionados, que forman una comunidad que no deja de aportar rigor y entusiasmo a la exploración del Cosmos, con una larga lista de importantes descubrimientos. Un ejemplo reciente es la observación que realizó Anthony Wesley, un astrónomo amateur australiano, de una colisión en Júpiter en julio de 2009, confirmada después por los organismos “oficiales”.

Dentro de la larga lista de grandes científicos anónimos, me gustaría contaros la historia de Jeremiah Horrox, el primer ser humano, que sepamos, en observar conscientemente un tránsito de Venus.

En 1639 Horrox era un joven clérigo inglés que tenía a su cargo una parroquia en una pequeña y remota zona del condado de Lancashire. Tenía 21 años y era pobre, muy pobre, pero también era aficionado a la astronomía, así que se las había arreglado para comprar un telescopio. No solo se dedicaba a observar, sino que realizaba cálculos muy precisos de las órbitas de la Luna y los planetas. Sus cálculos le indicaron algo fascinante: debería ocurrir un tránsito de Venus el día 24 de noviembre de 1639 (4 de diciembre según el calendario actual).

Los tránsitos de Venus, paseos que, observados desde la Tierra, realiza el planeta por delante del Sol, son acontecimientos muy poco frecuentes. A veces una vida entera no da para observar uno de esos fenómenos.

Pero Jeremiah estaba de suerte y sus cálculos coincidían en gran medida con los que años antes había realizado Johannes Kepler. El famoso astrónomo alemán había predicho que el fenómeno comenzaría a verse a las 8 h y 1 min; Horrox, por su parte, escribió: “de acuerdo con mis propias correcciones, espero que ocurra a las 5 h 57 min pm en Manchester”. La discrepancia con Kepler le llevó a sugerir que, para estar seguro de no perderse el espectáculo, lo mejor era estar atento todo el día 24, así como la tarde del día anterior y la mañana del siguiente. Estas indicaciones y sugerencias tenían realmente un único destinatario, su amigo William Crabtree, un comerciante de Manchester, también aficionado a la astronomía, al que había avisado del evento.

Jeremiah Horrox observando el tránsito de Venus en 1639 | Fuente

Finalmente llegó la fecha prevista. Horrox había preparado su telescopio para que el Sol se proyectase en un pedazo de papel. Observó el Sol a lo largo del día 23, “de manera cuidadosa y constante”, pero nada sucedió, tampoco lo esperaba. Confiaba en sus cálculos. El día 24 comenzó a observar de nuevo con la salida del Sol, pero precisamente ese día clave tuvo que hacer varias interrupciones: resulta que era domingo y tenía que dar varios sermones! En cuanto podía, regresaba rápidamente a su apartamento, en donde tenía montado el observatorio. Es difícil hacerse cargo de la emoción que Horrox debió de experimentar a lo largo de ese día. La jornada pasaba entre sermones y observaciones, la noche se acercaba y Venos no aparecía.

Pero finalmente, a las 3 h 15 min de la tarde “contemplé un agradable espectáculo, un punto, que había sido el objeto de mis deseos más fervientes”. Efectivamente, era Venus que comenzaba su orgulloso paseo entre la Tierra y el Sol. En ese momento Jeremiah Horrox, un pobre y anónimo jovenzuelo, era el único y el primer ser humano que presenciaba con astronómica premeditación un tránsito de Venus. Si hubo alguien más, no se lo contó a nadie. William Crabtree también estaba atento ese mismo día, pero las nubes que tapizaban el cielo de Manchester fueron menos piadosas con él y no le permitieron presenciar el tránsito hasta las 3 h 35 min, y únicamente durante unos instantes.

Horrox dejó escrito el relato de estos acontecimientos y de esa manera entró en la historia de la ciencia. Aproximadamente un año después había previsto un encuentro con Crabtree, para el 4 de enero de 1641, pero Horrox murió repentinamente el día anterior. A pesar de vivir separados por tan solo unos 50 km, su pobreza les había impedido emprender con antelación tan “largo” viaje. Nunca llegaron a conocerse personalmente. Horrox tenía 22 años.

El próximo tránsito de Venus será el 6 de junio de 2012. No habrá otro hasta el 11 de diciembre de 2117. Así que ya sabes, apúntalo en tu agenda!

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