Alerta Zombi

Recientemente, la serie The Walking Dead batió récords de audiencia en La Sexta.  El argumento es similar al de otras películas, como 28 Días Después o la serie Resident Evil. Un puñado de supervivientes de un holocausto zombi se esfuerzan por sobrevivir.  Los zombies atacan, los humanos disminuyen en número, pero la esperanza nunca se pierde.  Qué remedio, no queda nada más que perder.

El guión ha cambiado con los años.  De las películas gore en las que los zombies solamente sirven para que los protagonistas se luzcan (y el espectador pase miedo) se ha pasado a las situaciones posapocalípticas de final incierto.

También hay lugar para el humor, como la estupenda Shaun of the Dead o la norteamericana Bienvenidos a Zombieland, o para variantes como los vampiros de Soy Leyenda o el virus de Estallido. La mayoría de las veces, el mundo acaba en poder de los zombies.  En otros casos, son finalmente contenidos por los humanos sobrevivientes.  Implícitamente se nos hace creer que el resultado final dependerá de la rapidez con que evolucione el contagio zombi, las agallas de los protagonistas, y en cierto modo las disponibilidades de armas y municiones.

Pero ese será nuestro destino personal.  ¿Qué pasará en el resto del mundo?

Sorprendentemente, podemos echar mano de las matemáticas para ayudarnos en la tarea.  En ciencias se utilizan mucho las ecuaciones diferenciales.  En una ecuación normal y corriente, digamos F=ma, se relacionan cantidades entre sí: la masa, la aceleración la fuerza.  Pero en una ecuación diferencial, relacionamos el valor de una cantidad y la rapidez con la que ésta cambia; y la rapidez de la rapidez, si es necesario.  De hecho, en la formulación original de Newton, la fuerza es igual a la tasa de variación del momento lineal.

Compadezco a los profesores de matemáticas que tienen que enseñar ecuaciones diferenciales a sus alumnos.  Es un tema árido y proclive al aburrimiento.  Pero ¿y si el destino de la Humanidad dependiera de ello?   Imaginemos un mundo Walking Dead con zombis y humanos.  Los humanos van disminuyendo en número debido a que los zombis les atacan; a su vez, pueden eliminar a esos molestos muertos vivientes (golpe duro y a la cabeza, receta infalible).  También tendremos podríamos tener zombis resucitados, humanos que nacen y mueren de modo natural, infectados latentes, grupos en cuarentena… todos ellos contribuyendo a aumentar o disminuir su propio grupo.

En 2009, los matemáticos canadienses Philip Munz, Ioan Hudea, Joe Imad y Robert J. Smith publicaron un artículo con el nombre de !Cuando los zombis atacan!  Modelado matemático de un estallido de infección zombi, en el que proponían una serie de ecuaciones diferenciales para calcular el futuro de la humanidad.  Puede parecer poco serio que se publiquen artículos así en revistas científicas, pero resulta que tiene aplicaciones epidemiológicas serias, por ejemplo para estudiar enfermedades latentes.  Y además, qué córcholis, es divertido.

Pueden ustedes leer el artículo original aquí [1], pero por si están muy ocupados preparando los bates de béisbol, yo se lo resumiré por ustedes.

La conclusión es: nos van a dar hasta en el cielo de la boca.

Veamos las diferentes opciones, o escenarios, que nos plantean los autores.  Algunos son cuestionables, porque parten de premisas sujetas a debate.  Por ejemplo, se supone que los zombis no mueren más que cuando los matan los humanos.  En algunas películas, de hecho, la epidemia acaba cuando los zombis mueren de hambre (aparentemente, zombi no come zombi).  Pero por otro lado, en Resident Evil 3 les hacen durar años.  Supongamos, por tanto, zombis resistentes y humanos decididos a sobrevivir. Esto es lo que nos espera.

1) Escenario básico.  Tenemos tres grupos: humanos, zombis y “retirados” (muertos, vamos).  Los humanos pueden morir por muerte natural, o ser zombificados.  Los zombis, a su vez, pueden ser “retirados” por el típico tiro en la frente.  Suponemos que el tiempo transcurrido es tan pequeño que el número de nacimientos humanos es cero (tampoco es que en esas condiciones la gente esté por la labor de hacer más gente).  En ese caso, se puede demostrar que es imposible alcanzar una coexistencia pacífica entre humanos y zombis.  Mala cosa para los humanos, ya que la situación final verá el triunfo de los muertos vivientes.  Algunos habrán acabado retirados, pero el resto dará buena cuenta de todos los humanos.

2) Escenario con infección latente.  Ya sabemos que los humanos no se zombifican de inmediato.  De hecho, un elemento dramático estándar en las pelis de zombies es el hermano de alguien, que ha sido mordido e infectado.  Mientras sus seres queridos se aferran a la esperanza, hagamos números.  El resultado es parecido al anterior, con la diferencia de que los zombis tardan el doble de tiempo en tomar el mundo.  Mejor pegarle el tiro al hermanito, que al final todos vamos a acabar igual.

3) Escenario con cuarentena.  Los escenarios anteriores presuponen que humanos y zombis van encontrándose los unos a los otros por ahí.  Vamos a segregar a unos de otros.  Cada vez que alguien comienza a mostrar los síntomas, lo separamos de la población sana. Aparecen aquí las tropas mecanizadas, los helicópteros, las tiendas verde oliva rodeadas por alambradas. Por supuesto, la cuarentena no es perfecta.  Siempre hay algún idiota que se atreve a entrar en zona peligrosa, o bien algunos infectados rompen la cuarentena; eso si los zombies no irrumpen en la fiesta a estilo Thriller.  En este caso, hay esperanza.  Si conseguimos separar a grandes segmentos de infectados o de zombis; si liquidamos sin contemplaciones a cualquiera que se salte la cuarentena; y si somos expeditivos a la hora de eliminar a los muertos vivientes sin contemplaciones, entonces tendremos una oportunidad de erradicar la infección.  De otro modo, los zombis vuelve a ganar.

4) Escenario con cura. Al fin una buena noticia.  Los chicos de los trajes de colorines brillantes se han ganado el sueldo.  ¿Problema resuelto?  De nuevo, depende.  Ahora no necesitaremos cuarentena, ya que basta con una inyección en el brazo.  Pero una cura no es una vacuna, así que el recién curado será a su vez vulnerable a ataques por parte de los otros zombis.  En ese caso, hay una solución de coexistencia estable.  Humanos y zombis convivirán en relativa armonía, pero ninguno de los dos grupos conseguirá eliminar del todo al otro.  La mala noticia es que los humanos seremos minoría.

5) Guerra Mundial Z.  Nada de cuarentenas, nada de cura, nada de tonterías.  Se acabaron las contemplaciones.  ¿Acaso no somos los humanos expertos en el arte de la destrucción?  Lancemos contra los zombis todo lo que tengamos, desde revólveres hasta misiles crucero.  Ataquémosles duro, en todas direcciones, con todos los recursos disponibles.  ¿Sobrevivirán ahora los zombies?  Buenas noticias: !no lo hacen!  Su instinto destructor no está a la altura de nuestra capacidad destructora, y en más o menos tiempo, lograremos acabar con ellos.  Resulta interesante ver cómo la novela Guerra Mundial Z [2], de Max Brooks, se adapta a este último escenario, combinado con una pizca de cuarentena.

En resumen: si queremos evitar el colapso de la civilización, hemos de lanzarnos contra los zombis con rapidez.  Golpear mucho, golpear duro, golpear una y otra vez.  Y si todo falla, atrincherarse y esperar a que se mueran ellos solos.  Después, el mundo será nuestro.

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[1] http://mysite.science.uottawa.ca/rsmith43/zombies.pdf

[2] http://es.wikipedia.org/wiki/Guerra_mundial_Z_(novela)

Soy profesor titular de Física en la Universidad de Granada, padre y esposo, lector, escritor y divulgador científico por vocación. Encuéntrame aquí y en elprofedefisica.es. Recuerda: la ciencia mola, sólo que aún no lo sabes.



Por Arturo Quirantes
Publicado el ⌚ 3 marzo, 2011
Categoría(s): ✓ Divulgación • Matemáticas