Décimo Junio Bruto y el río del olvido

Tapiz | Décimo Julio Bruto cruzando el Limia

Durante siglos, y a pesar del establecimiento de colonias comerciales en la Península Ibérica durante el primer milenio antes de nuestra era, fenicios y griegos consideraron los territorios peninsulares como un lugar de leyenda, e incluso ubicaron aquí algunos de sus episodios mitológicos más destacados. No en vano, la Península Ibérica era entonces el “lejano Occidente”, el fin del mundo conocido, donde el Sol era devorado por las aguas del Atlántico y todo era posible, incluyendo la existencia de terribles monstruos y criaturas fantásticas. Con la llegada de los romanos a la Península y el progresivo conocimiento de los territorios, esta imagen mítica se fue diluyendo poco a poco, aunque pervivió parcialmente durante bastante tiempo.

Un buen ejemplo de esta “tardía” percepción legendaria de nuestra piel de toro lo tenemos en un episodio recogido por varios cronistas de la Antigüedad, y que tiene como protagonista al general y cónsul romano Décimo Junio Bruto. Hacia el año 135 a.C., el militar romano se encontraba en plena campaña bélica para conquistar el noroeste peninsular cuando, en tierras de la actual provincia de Ourense, sus tropas se encontraron frente a las aguas de un río –posiblemente el Limia, próximo a Xinzo de Limia–, deteniendo su avance. Los hombres de Bruto, curtidos en mil batallas, quedaron sin embargo paralizados de miedo por aquellas cristalinas e inofensivas aguas. Para disgusto de su general, la tropa se negaba a atravesar aquella corriente. ¿La razón? Los hombres, llevados por su creencia en los mitos clásicos, identificaron aquel río –que se encontraba cerca del fin del mundo conocido– con el legendario Lete (Lethes), “el río del olvido” ubicado en el Hades, y del que se creía que sus aguas eran capaces de borrar los recuerdos de aquél que las bebiera o cruzara.

Según el relato, Décimo Junio Bruto arrebató el estandarte al signífero y, sin dudarlo, atravesó las aguas del Limia, alcanzando sano y salvo la otra orilla. Desde allí, según la historia, gritó los nombres de sus soldados, uno por uno, para demostrarles que no había perdido la memoria y que era seguro cruzar el río.

Aunque es difícil determinar si este curioso episodio –mencionado de varias maneras por autores como Estrabón, Tito Livio o Apiano– es poco más que una leyenda o posee visos de verosimilitud, de lo que no hay duda es su existencia demuestra que en época romana la percepción de Hispania como un lugar mágico, donde los mitos podían hacerse realidad, estaba todavía viva.

Curiosamente, hoy las aguas del río Limia son un lugar para el recuerdo, y no para el olvido. De hecho, cada año los habitantes de Xinzo de Limia realizan una recreación del episodio supuestamente protagonizado por Décimo, que se celebra el penúltimo fin de semana de agosto, y que se conoce como Festa do Esquecemento (Fiesta del Olvido).

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