Alerta magufo: La ozonoterapia no sirve para todo

Durante el periodo de documentación para escribir “Los Productos Naturales ¡vaya timo!” me encontré con que en el mundillo de la medicina alternativa, perdón, complementaria, estaba ganando predicamento una terapia que a diferencia de otras si que tenía cierta evidencia científica detrás, pero como también suele pasar, esto se aprovechaba para venderla como remedio mágico contra cualquier tipo de dolencia.

La Ozonoterapia todavía esta lejos de alcanzar el top 3 de las terapias “naturales”, cómodamente ocupado por la fitoterapia, la acupuntura y la homeopatía. No sé que tienen de naturales estas dos últimas, aunque puestos a ser exigentes hoy en día hasta la fitoterapia se da en pastillas, con lo que llegamos a la conclusión de que medicina natural es cualquier cosa que alguien te vende diciéndote que es natural.

El que la ozonoterapia se incluya en la terapias naturales también es un poco peculiar. Supongo que se ha ganado un sitio en el mundillo alternativo por las famosas campañas para proteger la capa de ozono de los gases CFC, lo que le granjeó al ozono una fama de molécula guay y de buen rollo, imprescindible para triunfar en el campo de las terapias sin evidencia científica que las respalde.

La realidad es que el ozono tiene un papel fundamental en filtrar la radiación ultravioleta proveniente del sol en las capas altas de la atmosfera, pero a ras de suelo es un oxidante muy potente, que procede, entre otras fuentes, de los tubos de escape de los coches y de las emisiones industriales. En proporción con otros gases contaminantes su impacto no es muy significativo en humanos y animales.

No obstante es tremendamente agresivo con las plantas, y no es raro ver los efectos de la contaminación por ozono en plantas que están cerca de calles o carreteras con mucho tráfico. En este potencial oxidante radica el único efecto terapéutico comprobado. En casos de hernia discal o de dolor fuerte en la espalda, las infiltraciones con ozono mitigan este dolor, probablemente por que la fuerte oxidación inerve esa zona.

A partir de ahí cualquier otro tipo de aplicación no tiene respaldo científico.

En el libro describo un caso de un individuo que se anunciaba como médico naturista y que aplicaba la ozonoterapia en dosis homeopaticas, es decir, que ni siquiera se molestaba en aplicar ozono. Lo más sangrante es que la paciente que se mostraba contentísima con este tratamiento sufre ELA, una enfermedad degenerativa y progresiva.

Recientemente he tenido conocimiento de otro uso “imaginativo” de la ozonoterapia. La cosa consiste es que te sacan una pequeña cantidad de sangre, le aplican el ozono y teóricamente la “purifican”. El paciente ve como la sangre oscura se vuelve clara y de un color rosa precioso y luego ya “limpia” te la vuelven a inyectar. El paciente que conocí asegura que después del tratamiento se siente con mucha energía y muy vital. El cambio de color es fácilmente explicable por la hemólisis de los glóbulos rojos y a la oxidación, pero eso no es ninguna purificación, más bien matas a la sangre.

Por suerte el ozono es muy inestable y cuando te lo reinyectan ya ha reaccionado todo y apenas queda ozono, aunque se producen radicales libres que todavía rondan por la mezcla. Inyectar ozono directamente en sangre sería como inyectar agua oxigenada o lejía, es decir, perjudicial o incluso mortal. Por lo demás como suele ser norma en estos casos, los beneficios son imprecisos y subjetivos (energía, vitalidad), pero nada que se pueda seguir en un análisis como marcadores tumorales, hematocritos o glóbulos blancos. Esto puede ser debido lisa y llanamente al efecto placebo, o siendo muy mal pensado (y quiero insistir en que esto es una elucubración personal) a que en la sangre que vuelve al cuerpo junto con el ozono se le ha añadido alguna cosilla más, una anfetamina por ejemplo, que explicaría la mejoría. No sería el primer caso. Las anfetaminas son un ingrediente de muchas pastillas mágicas para adelgazar ya que cortan el apetito. También las utilizaba un médico de estos que inventó un remedio contra el cáncer que servía para desplumar a pacientes desesperados y así simulaba una aparente mejoría.

Lo dicho, hay gente que no tiene ningún escrúpulo en aprovecharse de la desesperación ajena.

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