El VLA busca nombre

Las grandes instalaciones científicas son usadas de modo habitual en muchas películas.  Desde la serie de Antena-3 El Barco, que comienza con la destrucción mundial causada por un experimento del CERN, hasta la película de 007 Goldeneye, donde el malo de turno tiene su base secreta en la gigantesca antena radioastronómica de Arecibo, y pasando por las instalaciones de lanzamiento desde donde la NASA lanza los transbordadores contra mil y un asteroides asesinos, la lista es muy larga.  Si hace algún tiempo vimos cómo Hollywood ha comprendido por fin la utilidad de llamar a un científico, parece que hay un “extra bonus” si, encima, colamos alguna instalación molona de alta tecnología.

Una de las más llamativas es el VLA (Very Large Array), que podríamos traducir como “cadena (o sistema) muy grande”.  Se trata de un sistema de radiotelescopios ubicado en medio de ninguna parte, Nuevo Méjico.  Sus 27 grandes antenas pueden proporcionar una resolución equivalente a la de un solo radiotelescopio de 35 kilómetros de diámetro.  Ya ha salido en varias películas, algunas de las cuales puede que haya usted visto.

La primera, por supuesto, es Contact.  Los espectadores (y los lectores del libro de Carl Sagan en que se basa la película) recordarán cómo la abnegada Eleanor Arroway se dedica a escudriñar el cielo, día tras día, en busca de señales de inteligencia extraterrestre.  En una escena podemos ver a una doctora Arroway (interpretada por Jodie Foster) con grandes auriculares sobre sus orejas, la mirada soñadora, sentada en el suelo de la pradera.  Teclea unos comandos en su ordenador, y de inmediato las antenas que hay tras de ella se mueven al unísono.  Desde allí se reciben las primeras señales de otra civilización, se diseñan las tácticas a seguir; y allí es donde acaba la película, con nuestra doctora dando una clase de campo a los niños.

Si le suena la clase, es porque ya la hemos leído antes. El propio Carl Sagan aparece junto al VLA al final del documental El filo de la eternidad, el que hace el número de 10 de su nunca bien ponderado Cosmos.  En mi copia del libro, el VLA aparece en la página 261, curiosamente traducido como “Dispositivo de Muy Gran Amplitud.”

El VLA también aparece en 2010, Odisea Dos, una película que pretende ser una secuela de la obra de Kubrik.  Comienza con imágenes del radioobservatorio en todo su esplendor. El doctor Floyd, antiguo presidente del Consejo Mundial de Astronáutica, trabaja ahora allí, como “rector de la Universidad”.    Caído en desgracia por la pérdida de la Discovery, se entretiene haciendo nadie sabe bien qué. En un mundo dominado por una guerra fría en proceso de calentamiento, el VLA sirve para poco más que para presentar a Floyd con un nuevo enigma.  No les cuento el resto por si desean ver la película (cosa que, ya les digo, se pueden ahorrar si quieren).

Con un poco más de respeto, y una pizca de humor, nuestro VLA aparece al comienzo de Independence Day. Allí aparece bajo el epígrafe de “S.E.T.I., Nuevo Méjico, Instituto para la Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre.”  En este caso, el modo de trabajo es algo menos serio que en Contact.  Un becario (o así) aburrido juega al minigolf en su puesto de trabajo, mientras suena de fondo It´s the End of the World as we Know it (“es el fin del mundo tal y como lo conocemos”) de los REM.  Suena un pitido de aviso, y a partir de ahí todo el mundo se pone en acción.  Los alienígenas vienen de camino.

Hay un par de películas más en las que aparece.  En Armageddon, aparece brevemente siguiendo la trayectoria del asteroide.  O al menos, eso dice la Wikipedia.  Yo no he podido confirmarlo (y lo siento, pero me niego a ver a Ben Affleck otra vez cantando como un adolescente).  De nuevo según la Wikipedia, también aparece en Terminator Salvation, donde se supone que es un centro informático de Skynet.  En este caso, sin embargo, discrepo de tal afirmación.  Es cierto que lo han intentado asemejar al VLA, pero si ven los fotogramas iniciales verán que se le parece bien poco.  Aun así, los cineastas lo consideraron una instalación futurista, que valía la pena introducir en el mundo futuro.

Sin embargo, el VLA cumple con misiones de observación científica mucho más prosaicas.  Recientemente, se ha terminado un gran proyecto de modernización que lo ha colocado en el siglo XXI (a tiempo para avisarnos de apocalipsis alienígenas y asteroides asesinos).   Y para celebrarlo, nada mejor que bautizarlo a lo grande.  Por lo visto, eso de llamar “sistema muy grande” a un sistema que es muy grande les parece ligeramente autoalusivo.  Puede que le tengan envidia al telescopio espacial (Hubble), quién sabe.  El caso es que buscan nombre.  Y quieren nuestra colaboración.

Ha leído bien.  El NRAO, propietario del cacharro, quiere que le ayudemos a poner nombre al VLA. En la web namethearray.com están recogiendo ideas para un nuevo nombre.  El nombre finalmente escogido será anunciado el próximo 10 de enero en una reunión de la American Astronomical Society.

Desde esta web, nos apuntamos al concurso (sin premio) y os animo a todos vosotros a participar.  Nuestra elección, por motivos obvios (pero que podéis añadir vosotros mismos en los comentarios) es, tachán, tachán …

y creo que sobran las palabras.

namethearray.com

 Venga, todos a votar.  Larga vida al Carl Sagan Very Large Array.

Soy profesor titular de Física en la Universidad de Granada, padre y esposo, lector, escritor y divulgador científico por vocación. Encuéntrame aquí y en elprofedefisica.es. Recuerda: la ciencia mola, sólo que aún no lo sabes.



Por Arturo Quirantes
Publicado el ⌚ 20 octubre, 2011
Categoría(s): ✓ Astronomía