El ascenso de Jacob Bronowski

Si hay una figura de la divulgación científica tan influyente como olvidada en el mundo hispano, es la del británico de origen polaco Jacob Bronowski (1908-1974).

Basta con hacer una pequeña encuesta en nuestro entorno más cercano, incluso entre los aficionados a la ciencia y su divulgación, para conocer cuántos lo conocen realmente. Pocos, muy pocos contestaran. Un hecho sorprendente, a la par que injusto, sobre todo si tenemos en cuenta que su obra documental El ascenso del hombre, emitida por la BBC en 1973, aparte de un éxito en el mundo anglosajón cuando fue emitida, fue la obra que inspiró la celebérrima Cosmos: un viaje personal de Carl Sagan.

Jacob Bronowski nació en Łódź (Polonia) el 18 de enero de 1908. Era el hijo mayor de Abram Bronowski, propietario de una firma comercial de mercería que exportaba sus productos a Inglaterra, y de Celia Flatto. Al comienzo de la Primera Guerra Mundial la familia Bronowski se vio obligada a huir hacia Alemania tras la ocupación de Polonia por parte de Rusia. En 1920, poco más de un año después del final de la Gran Guerra, fijaron su residencia definitiva en Londres. Fue una llegada difícil para un niño de 12 años en un nuevo país, del que desconocía totalmente el idioma, y tuvo que integrarse en el estricto sistema educativo de la Inglaterra de los años veinte. Estudió en la Central Foundation Boy’s School y fue allí donde nació su interés por la integración entre ciencia y humanidades, una obsesión que marcó su trayectoria y obra personal posterior. Como él mismo dijo: «Me crié para ser indiferente a la distinción entre la literatura y la ciencia, que en mi adolescencia eran simplemente dos idiomas para la experiencia con los que he aprendido conjuntamente

Bronowski era un buen estudiante, pero destacaba especialmente en matemáticas. Sus buenas notas en esta disciplina le llevaron a la Universidad de Cambridge con una beca, consiguiendo unos resultados académicos excelentes, llegó a ser Wrangler en 1928 y Senior Wrangler en 1930.

Pero las inquietudes de Bronowski en su etapa de estudiante no se limitaban en exclusiva a las matemáticas. De hecho, era un gran aficionado al arte en sus diversas manifestaciones, especialmente de la obra de William Blake, e incluso llegó a editar en octubre de 1928, junto con el también estudiante de matemáticas William Empson, una revista literaria a la que llamaron Experiment. En esta revista universitaria participaron grandes autores que se consagrarían con el tiempo: T.H White, muy conocido por sus libros inspirados en las leyendas artúricas, el poeta y novelista Malcom Lowry, y otros ilustres de las letras como Richard Eberhart, Kathleen Raine o James Reeves.

Sobre sus años en Cambridge escribió algunos años después: «Toda la vida intelectual era un estímulo en movimiento durante los seis años que pasé allí. La Física cuántica fue transformada por Dirac y otros. Cockcroft dividió el átomo, y Chadwick descubrió el neutrón. Al mismo tiempo, la literatura y la pintura se forjaron por el choque del surrealismo, y las películas (y poco después la radio) crecieron como un arte».

Amigo personal de Robert Graves y Laura Riding, vivió en Mallorca muy cerca de ellos durante el invierno de 1933. Poco antes había pasado una temporada en París, donde conoció a Samuel Beckett, y con el que colaboró en una antología poética.

Compaginando sus inquietudes literarias con las académicas, finalmente Bronowski se doctoró en matemáticas en 1935 con una tesis sobre geometría algebraica y ocupó una plaza de profesor en la Universidad de Hull hasta 1942.

Durante la Segunda Guerra Mundial, debido a su fama y formación matemática, ocupó un papel importante en el desarrollo de la estrategia militar del Mando de bombardeo de la RAF, creando modelos matemáticos para mejorar la eficacia de los ataques aéreos. Una etapa de su vida que contrastaba con su declarado pacifismo y cierta simpatía por el comunismo que le llevó a estar considerado como un riesgo por el MI5, el servicio de inteligencia interior británico. En 1945 fue uno de los primeros observadores internacionales en ser enviados a la devastada Nagasaki para inspeccionar los daños de la bomba atómica, una experiencia que le marcó profundamente de por vida.

En su libro Ciencia y valores humanos (1956) narró en parte los horrores de la devastación producida por la bomba atómica. Tras la guerra, Bronowski abandonó la docencia y enfocó sus intereses hacia nuevos campos relacionados con la ética de la ciencia y la biología. Además trabajó como director de investigación de la National Coal Board, participó con la Unesco en la aplicación de la estadística a la industria, y fue, junto con Francis Crick, uno de los asesores fundadores del Instituto Salk en La Jolla (California).

También tuvo tiempo para el ajedrez. Fue un gran jugador y durante el periodo 1926-1970 colaboró esporádicamente con la revista British Chess Magazine planteando problemas ajedrecísticos. Actualmente existe en Londres un importante torneo que lleva su nombre.

Sus primeras apariciones televisivas fueron en la BBC. Bronowski intervenía habitualmente en un programa titulado The Brains Trust, en donde se dedicaba a responder diversas preguntas, básicamente sobre ciencia, planteadas previamente por los espectadores. Tal era la fuerza de Jacob Bronowski que incluso fue parodiado en 1970 en el programa Monty Python’s Flying Circus y calificado como el hombre «que todo lo sabe.»

La culminación de la obra de Jacob Bronowski vendría en 1973 con la serie documental El ascenso del hombre (The ascent of man). Tras el éxito de la serie Civilization (1969) de Sir Kenneth Clarke, la BBC se planteó una continuación de la misma desde otra perspectiva diferente. Una perspectiva, en la que la idea del arte como fuerza impulsora de la cultura y la ciencia tuviera presencia y para la que Bronowski era el mejor candidato. Durante 13 episodios (rodados en más de 30 países) Jacob Bronowski nos propuso un fascinante viaje hacia las profundidades del ser humano a través de la ciencia, el humanismo y el arte.

Posteriormente, tras el éxito de la serie, se editó un libro homónimo recogiendo el contenido de los episodios que la componían de forma casi literal. Un libro que se ha reeditado hace un año con prólogo de Richard Dawkins. [No, no busques esta nueva edición en castellano, no existe todavía.]

Pocos años después, muchos de nosotros recorrimos un inolvidable viaje parecido al de Jacob, de la mano de Carl Sagan en la nave «Imaginación» de Cosmos. Un viaje en 13 capítulos, los mismos que en El ascenso del hombre.

Bronowski «no era un hombre, sino una multitud», como dijo sobre él un buen amigo suyo tras su inesperada muerte en 1974 en Nueva York, después un ataque cardíaco. Desaparecía así uno de los grandes divulgadores científicos de la historia, todo un hombre del renacimiento, al que tanto le debemos por su influencia y que escribió una de las frases más evocadoras sobre la importancia de la ciencia que he leído nunca:

El descubrimiento más maravilloso hecho por los científicos es la ciencia misma (The most wonderful discovery made by scientists is science itself)

No se me ocurre mejor final para este pequeño homenaje que ver y escuchar al propio Bronowski en este vídeo, rodado en el campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau, con el que finaliza uno de los episodios de su inmortal e imprescindible serie. Nadie queda indiferente después de conocerlo.

http://www.youtube.com/watch?v=ABomby1mTek

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Más información:

http://drbronowski.com/

Arte y ciencia [Extracto del libro ‘El sentido común de la ciencia’ de Jacob Bronowski]

A literary history of Cambridge, Graham Chainey (1995)

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