A tu cerebro le altera la vagancia.

Por Rosa García-Verdugo, el 4 febrero, 2014. Categoría(s): Biología • Ciencia • Neurociencia

La vida activa y el ejercicio son buenos para nuestro cerebro. Eso ya se sabe desde hace años, entre otras cosas porque se ha visto que favorece un proceso conocido como neurogénesis -producción de nuevas neuronas- en el hipocampo, que es una región del cerebro implicada en memoria (1). Esto está muy bien y es una razón de peso para calzarse las zapatillas y salir a correr unos kilómetros, pero ¿le molesta a nuestro cerebro que estemos tirados en el sofá sin hacer nada, o simplemente le resulta indiferente?

Hasta hace un par de días yo hubiera pensado que a nuestro cerebro le daría un poco igual, pero resulta que la plasticidad cerebral, ese fenómeno por el cual el cerebro es capaz de adaptarse a las cambiantes condiciones ambientales por medio de modificaciones en las redes de conexiones, o en la intensidad de los contactos entre unas y otras, sí sufre variaciones -y no demasiado deseables- con la práctica masiva del sillónball, según un estudio publicado en la revista Journal of Comparative Neurology y sobre el que leí en The New York Times.

Vagancia 101

Vamos a hincarle el diente al estudio: dos grupos de ratas, unas en una jaula molona con rueda para correr -porque a las ratas les ENCANTA correr- y otras pobres aburridas en una jaula desangelada y sin nada con lo que entretenerse. Al cabo de tres meses, los investigadores inyectaron un marcador que tiñe las neuronas de una zona del cerebro, la médula rostroventrolateral (editado la traducción correcta al español debería leer bulbo raquídeo, como dice el comentario #3), parte del sistema nervioso simpático que para los que no lo sepáis se encarga de funciones automáticas e inconscientes tan importantes como la respiración, el control de la presión sanguínea…Como una de las funciones principales de estas neuronas es controlar la vasoconstricción para preparar al animal en el caso se una respuesta rápida del tipo lucha-escape (¿recordáis el post de estrés del otro día en el blog?).

Por otro lado, se ha demostrado que la hiperactividad del sistema nervioso simpático contribuye a la enfermedad cardiovascular al producir cambios erráticos en la contractilidad de los vasos sanguíneos (que se cierren o se abran demasiado, o cuando no toca). En base a estas evidencias, los científicos del estudio supusieron que una desregulación de la actividad de las neuronas de la médula podría estar detrás de la hiperactividad del sistema nervioso simpático y, de hecho, cuando miraron los cerebros de los dos grupos de ratas observaron diferencias significativas en la forma de las neuronas de unos y otros animales.

Jaula paraíso para ratas felices. Aquí pueden jugar y moverse a su antojo. Un placer, vamos.
Jaula paraíso para ratas felices. Aquí pueden jugar y moverse a su antojo. Un placer, vamos.

Mediante un programa informático -benditos ordenadores- reconstruyeron la estructura de las neuronas de los animales que habían estado corriendo en la rueda alegremente y vieron que su apariencia era normal, vamos la típica neurona que todos imaginamos: sus dendritas, su soma, axón. Todo normal. Cuando por contra miraron las de los ratones obligados al sedentarismo observaron que a esas neuronas les habían crecido brazos de más. Donde digo brazo léase dendrita. Y estas nuevas dendritas permitirían a las neuronas de nuestros ratones aburridos y vagos conectar con más neuronas -y quizá con otras- que antes, lo que las hace más sensibles a las señales que las atraviesan, al mismo tiempo que las amplificarían. Y esta hiperactividad podría conducir a la desregulación del sistema nervioso simpático y a los problemas cardiovasculares asociados con ella, y con el sedentarismo, por otra parte.

¿no os encanta cuando todas las piezas del puzzle parecen encajar? no es lo más común en ciencia, y sin duda esta es una versión simplificada de lo que puede que ocurra en realidad pero lo grande de este trabajo es que demuestra dos cosas: una, que no hacer nada también altera el funcionamiento de nuestro cerebro -porque nada es nada para él- y dos, que el daño del sedentarismo sobre nuestra salud empieza por la cabeza. Por cierto, no olvidemos que los resultados de los experimentos son en ratas, y aunque en algunos casos la extrapolación a humanos supone un salto muuuuuy largo, estos sistemas de los que hablamos -el sistema nervioso simpático y la médula- están muy conservados en mamíferos, así que en este caso aceptamos barco.

Y ahora qué ¿nos hacemos unas carreritas por el parque?

Mischel NA, Llewellyn-Smith IJ, Mueller PJ. “Physical (in)activity-dependent structural plasticity in bulbospinal catecholaminergic neurons of rat rostral ventrolateral medulla” J Comp Neurol. 2014 Feb 15;522(3):499-513. doi: 10.1002/cne.23464.



Por Rosa García-Verdugo, publicado el 4 febrero, 2014
Categoría(s): Biología • Ciencia • Neurociencia

 

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