Manual de NO actuación cuando interactuamos con alguien que piensa diferente

“You’re not thinking; you’re just being logical.”

Niels Bohr

Hace unos días leí un post en Naukas titulado “¿Homeopatía? No, gracias. (Y sin ellas)”.

Para mí, es éste un texto que, además de las virtudes de ser informativo, encarna algunos de los prejuicios que lastran la labor de muchas y muchos de los que se dicen del lado de la ciencia. Verás, ser escéptico, si nos referimos a la primera acepción del diccionario de la RAE, es:

escepticismo. (De escéptico e -ismo). 1. m. Desconfianza o duda de la verdad o eficacia de algo.

Es decir, dudar o desconfiar. No imponer visiones, creencias o sistemas de valores alternativos. Al final corremos el riesgo de parecernos a los que están del lado de la ciencia con el mismo ímpetu y presbicia de quien argumenta que el Islam, el cristianismo o las versiones más pintorescas del gnosticismo, Hermes trismegisto y compañía tienen una verdad absoluta y autoevidente que el resto debemos aceptar. No para nosotros ni los nuestros, pero sí para los que no están de éste lado y… ¿quién y por qué necesita predicar al converso?

No digo que no anden en lo cierto los azotes de la homeopatía, digo que así andarán pero no llegarán a ningún lugar. El mundo está hecho de personas, no todas comulgan con los valores de la ciencia y el método científico; también hay quien comulga con esos valores sin practicarlos. Si creemos que este mundo será mejor con un porcentaje mayor de cerebros entrenados en el Método, eduquemos, convenzamos al personal. Yo soy el primero que lo cree y que trabaja en mil proyectos de divulgación para ello. Pero creo que hacen falta más voces que aspiren a seducir y convencer a los indecisos. Voces que eviten la admonición y la severidad digna de un cura en favor de la empatía de un amigo o un mentor. En definitiva, propongo una visión algo más estoica y estratégica sobre el asunto de la homeopatía. Un punto de vista que aplico a éste y muchos otros ámbitos de la vida y de los inevitables conflictos que ésta conlleva.

  1. Aprender a debatir: Usar argumentos que parten de premisas no aceptadas por toda/os [en este caso, aquella/os que deciden tomar homeopatía para lo que sea y no creen en las bondades del método científico] es un error grueso y de base. –> Solo sirve para predicar al converso.
  2. Acusar de ignorante, insultar, denigrar explícita o implícitamente a la supuesta víctima es poco probable que funcione. Si todo lo que se dice aquí es tan obvio y claro [que estoy con vosotros, no me malinterpreten, por favor] entonces quien no lo entiende o sepa es poco menos que imbécil. –> Un insulto no te granjeará la atención y/o simpatía de los no conversos.
  3. En última instancia: ¿Qué daño es mayor: el de la salud privada de alguien que tiene total libertad para hacer lo que buenamente crea que le conviene o el de un derecho que alguien se arroga de decidir por otros qué es mejor y quién está en lo cierto de otros -cuya salud no parece estar en juego porque, entre otras, no pretenden curarse con agua y poco más-? Yo voto por la libertad personal para todo. Incluso cuando me fastidia.
  4. En cuanto a los designios europeos y ministeriales: no sin un poco de cinismo siempre he pensado que tiene una cierta lógica macroeconómica y que tal vez, si lo que un porcentaje de la población quiere es su dosis de “soma”, el “soma” cuesta cero y van a estar contenta/os… ¡¿Qué alternativa tenemos?! Lo mejor que puede suceder es NADA. Lo peor, una nueva presión selectiva -autoimpuesta- en la población que favorezca una reducción de los que escogen no tratarse.

Cerrando ya yo diría, que para que una mayoría de la población comprendiera los motivos por los que tomar homeopatía puede no ser la mejor de las ideas, antes tenemos mucho trabajo que hacer en educación [educación real, a los no conversos], tenemos que aprender a seducir y convencer [no a rayar en el insulto con admoniciones que no nos acercan al pretendido objetivo que perseguimos]. Porque reinan disposiciones y actitudes así es por lo que seguimos a la zaga de los charlatanes, los fundamentalistas religiosos y las “celebrities” de distintos pelajes. Porque no convencemos. Pero, eh, no perdamos la fe [en su 4a acepción, claro].

Recuerda lo que dijo Mario:

La culpa es de uno cuando no enamora

Mario Benedetti

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