Hitos en la red #107

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Hay semanas en las que este cronista no lo pasa bien escribiendo esta crónica. Y eso es porque hay textos interesantes por lo que aportan pero cuya tesis creemos que es errónea. Es lo que ocurre con Historia del primer estetoscopio: fue la física, no el pudor de Eugenio M. Fernández Aguilar. Lo interesante del texto es que podemos acceder al texto original y, por eso, se nos hace más cuesta arriba que se haya omitido de la cita en la que sustenta la idea principal que recoge el titular la frase que abiertamente lo contradice. El autor fue advertido por quien esto escribe en Twitter y reconoció que era así; sin embargo, ha preferido no enmendar su texto. La cita completa puede encontrarse aquí: El estetoscopio, el símbolo de la medicina moderna. La frase omitida es esta: “Como el otro método ya mencionado [se refiere a la auscultación directa, la aplicación de la oreja al pecho de la paciente] se consideraba inadmisible habida cuenta de la edad y sexo de la paciente, recordé por casualidad un sencillo y conocido hecho de la acústica, […]”. En fin.

Tampoco lo pasa uno bien reconociendo lo útiles que son los consejos para aquellos que buscan su vida como investigador fuera de España. A este respecto las recomendaciones de Pablo Rodríguez pueden solucionar más de un problema: Buscando un puesto fuera.

Más cosas que te enemistan con el mundo. Que gente intente justificar su uso con la misma ciencia que dice que no tiene sentido que la homeopatía pueda ser remedio para nada (bueno sí, es un magnífico remedio para mejorar los márgenes comerciales de quien la vende). Ahí está Arturo Quirantes para rebatir la última memez, aunque esta gente sufre una disonancia cognitiva severa y no atienden ni a sensibilidades de aparatos ni a nada: Otra prueba de las bases físicas de la homeopatía (o no).

Otro texto que debemos recoger porque lo merece pero con el que este cronista discrepa íntimamente es Ciencia emocionante de Ana Ribera. La necesidad de transmitir emociones primarias, esas para las que no hace falta ni ser capaz de explicar (ni entender) de qué se habla, solo sentir, es una forma de postmodernizar la ciencia para hacerla atractiva. La emoción adecuada a la trasnmisión de la ciencia es la que surge de entender, de comprender una idea, de ver el mundo con una perspectiva nueva y contraria al sentido común. Esa es la gran capacidad de transmisión que tenía Carl Sagan, por ejemplo.

La emoción intelectual a la que nos referimos (y que Spinoza llama tercer género de conocimiento o amor dei intelectualis) se alcanza con relativa frecuencia estudiando matemáticas. El lector general puede intentarlo (no es difícil, solo hay que poner voluntad) con este texto de Marta Macho si sigue los enlaces incluidos: La conjetura de Poincaré-Perelman-Miander.

Esta semana además uno ha tenido que leer pamplinas sobre si la detección del bosón de Higgs es un error (y peticiones de devolución del Nobel) porque el run 2 del LHC no lo ha encontrado (aún). Menos mal que tenemos a Francisco R. Villatoro para poner orden: No se observa el bosón de Higgs en las colisiones de 2015 del LHC Run 2.

Más malas noticias: Adiós a Philae (Bitácora de Rosetta 22) de Daniel Marín. Si estás gordo y eres un pingüino te caes más, El balanceo de los pingüinos, de Juan Ignacio Pérez.

Pero bueno, no todo tiene connotaciones negativas.

Así, esto es la leche, si lo pensamos bien: La primera vez que vemos la atmósfera de una supertierra de Dani.

Pero, como es normal, siguen coleando las ondas gravitacionales y Francis les hace un repaso en los aspectos más, digamos, anecdóticos, La paradoja del interferómetro de ondas gravitacionales, Las ondas gravitacionales en la película ‘Interstellar’, o en sus implicaciones desde el punto de vista de la teoría cuántica de campos (donde la interacción gravitatoria está mediada por una partícula elemental hipotética llamada gravitón, al igual que el electromagnetismo tiene el fotón): Las propiedades del gravitón según la señal GW150914.

Para reconciliarnos con la humanidad esta crónica ha sido escrita escuchando el Vespro de la Beata Virgine (1610) de Claudio Monteverdi interpretado por el Concentus musicus Wien dirigido por Nikolaus Harnoncourt (TELDEC, 1989).

P.S.: Nuestro proyecto discreto sigue adelante, Gilbert, el campo y lo eléctrico

Comunicador científico. Químico de formación (UGr’89), trabajo con la Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU y escribo cosas para el Donostia International Physics Center.



Por César Tomé López
Publicado el ⌚ 21 febrero, 2016
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