La muerte de Sally-Anne a manos de un bokken (TOM en otros primates)

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La hipnótica mirada de tres chimpancés, por James Mollison.

Hasta ahora la Teoría de la Mente (TOM, por sus siglas en inglés) en primates no humanos era solo una TOM “incompleta”. Aunque se había demostrado que eran capaces de saber qué saben otros, no estaba nada claro si sabían que otros podían tener información errónea. El clásico ejemplo de esto es el test de Sally-Anne, y hasta ahora solo lo han superado los seres humanos. En el siguiente vídeo lo explican muy bien, aunque en ésta imagen (link) lo entenderás más rápido.

¿Por qué no superan este test los antropoides? (Tomasello, 2009, link) Se ha especulado mucho, pero podría deberse a varios motivos, uno sería que verdaderamente son incapaces de conocer el desconocimiento de otros (poco probable a mi parecer), otro motivo podría ser que los experimentos no están bien diseñados. Frans de Waal habla de esto último en su libro más reciente:

Como dioses omniscientes que somos para ellos, los experimentadores humanos son los últimos sujetos a los que deberíamos recurrir para saber si los antropoides entienden la conexión entre visión y conocimiento. En tal caso, lo que estamos investigando es la teoría antropoide de la mente humana

Estas palabras de Frans de Waal iban referidas a los experimentos fallidos con primates no humanos, debido a nuestra incapacidad de adaptar los test a su propia especie. Es un hecho común y muy repetido a lo largo de la historia de la cognición animal, que cuando un animal falla un test, y parece ser incapaz de realizar tal o cual cosa, a menudo es debido a un fallo a la hora de diseñar el experimento. De Waal suele usar el ejemplo de aquellos experimentos en los que ponía a prueba el reconocimiento de rostros en los chimpancés. En los primeros trabajos, los chimpancés aparecían como mucho peores que nosotros en esta habilidad, tenían problemas a la hora de reconocer las fotografías de caras que se les suministraban. Esto fue así hasta que un día alguien decidió probar el mismo experimento pero cambiando las fotografías de las caras humanas por las de chimpancés. Para sorpresa del antropocentrismo, los chimpancés eran tan capaces como nosotros reconociendo caras, pero, al igual que nos sucede a nosotros, se les daba mejor reconocer las de su propia especie.

El trabajo del fotógrafo James Mollison es una prueba perfecta de cuán variadas son las caras individuales de gorilas, chimpancés, orangutanes y bonobos, (no os lo perdáis, en este link).

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James and other apes

De hecho el Test de Sally-Anne solo lo superan los niños a partir de los 4-5 años. ¿Quiere decir esto que los niños más pequeños son incapaces? Pues no. Se han hecho experimentos en los que se sigue el movimiento ocular de niños muy pequeños y, pese a que no responden correctamente cuando se les pregunta, sí que miran al lugar donde Sally debería buscar el objeto (Cummins, 2012). Tal vez se deba a que los adultos, como los humanos para los chimpancés, parezcan seres omniscientes a esa edad.

Las universidades de Durham y Kioto bajo la dirección de M. Tomasello, han realizado un experimento (¡de diseño alucinante!), en el que, siguiendo la posición de la mirada de chimpancés, bonobos y orangutanes han comprobado como los antropoides son capaces de saber lo que otros no saben. Para comprobarlo se midió la posición de los ojos de los chimpancés, bonobos y orangutanes estudiados. Mirando dónde centraban su atención podía saber donde esperaban que ocurriese la siguiente acción.

En uno de los experimentos, un tipo disfrazado de mono hacía como que golpeaba a un humano, después se escondía en un montón de paja, para cambiar de lugar mientras que el humano aun miraba. El humano desaparecía de la escena y, para desconocimiento del mismo, el hombre-mono también. Entonces el experimentador volvía con un palo (un bokken en realidad), para golpear al hombre-mono escondido. El humano debía pensar que el hombre-mono se encontraba en el lugar donde lo vio por última vez (igual que Sally buscaría el objeto que Anne ha cambiado de lugar).

En otra de las pruebas, el hombre mono escondía una piedra (robada a un humano) bajo una caja. El funcionamiento es prácticamente el mismo. La piedra cambia de lugar en presencia del humano, y también en su ausencia. El sujeto experimental (chimpancé, orangután o bonobo) miraba la caja donde creía que el humano miraría primero, aun sabiendo perfectamente que este se iba a equivocar.

Tanto los chimpancés como los orangutanes o bonobos superaron perfectamente las pruebas. Los antropoides saben si otros tienen información errónea o no.

Es curioso que el test original de Sally y Anne no haya sido superado nunca por los grandes simios, cuando su forma de proceder es casi la misma, aun queda por resolver este misterio. Hay quien apunta a un posible conocimiento tácito o implícito (Alia Martin en NewScientist), conocimiento que serían incapaces de expresar. En lo personal me parece algo muy rebuscado, me pregunto qué ocurriría si disfrazasen de mono tanto a Anne como a Sally. Quizás el problema sea el concepto omnisciente que estos grandes simios podrían tener de los humanos que los cuidan. Quizás podríamos probar si lo que ha impedido el éxito del test de Anne y Sally es esa omnisciencia que según Frans de Waal tenemos de cara a los grandes simios con los que experimentamos. Es posible que añadir un disfraz más de mono a este experimento sea el paso siguiente para diluir esa omnisciencia, ya no solo de cara a nuestra sociedad antropocentrista, sino también de cara a los propios chimpancés.

“Great Apes Anticipate That Other Individuals Will Act According to False Beliefs,” Christopher Krupenye, Fumihiro Kano, Satoshi Hirata, Josep Call and Michael Tomasello. Science, Oct. 7, 2016. http://science.sciencemag.org/cgi/doi/10.1126/science.aaf8110.

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