La pregunta Naukas 2018 – Javier Burgos

La pregunta Naukas 2018
La pregunta Naukas 2018

¿Qué persona o hecho marcó tu carrera, tu interés por la ciencia o tu investigación?

A veces la vida te lleva por caminos extraños.

Seguramente toda la pléyade de profesores, además del resto de influencias, nos han condicionado a mostrar interés por la ciencia, a aprender a mirar al mundo desde la cordura de la lógica. Aunque, en especial, yo no consigo recordar a una persona concreta que me enseñara a pensar de forma meridianamente crítica. Tal vez el resultado final es un proceso de erosión continua que acaba dando sus frutos, y que aglutina todas las palabras que has escuchado, todos los libros que has leído y todas las veces que has reflexionado en silencio frente al mar gris de invierno. Lo que sí recuerdo es la curiosidad temprana, casi infantil, como aquella vez que me eché al campo a buscar huesos de dinosaurios. Los otros chavales, muertos de risa, pensaban que aquel chiquillo estaba un poco chiflado.

Pero, en honor a la verdad, sí que hubo un puñado de profesores que, de una manera o de otra, y en la mayoría de las veces con más voluntad que conocimiento me abrieron a mí, y a los que nacimos en aquella lejana generación de principios de los setenta, algunas puertas que acabamos cruzando años después de una manera inconscientemente voluntaria. Hace poco recordaba a uno de aquellos profesores, don Enrique Corresa, en un artículo que escribí para Jot Down, las matemáticas vigilan tu salud. Pero seguramente, uno de los que más me influenció fue un profesor de biología del instituto. Tanto fue así, que a la postre decidí hacerme bioquímico. Pero no cualquier tipo de bioquímico; iba a ser de los buenos. Así que, en aquellos últimos años de los míticos ochenta, tuve que comprarme el Lehninger (pero el fetén, el gordo, el de tapas azules, no el de Principios de Bioquímica, que era para losers).

Pero los ídolos, a veces, tienen los pies de barro. Hay ocasiones en que los héroes se tornan antihéroes, y el chico de la película se convierte en villano. El recuerdo adolescente de la exploración y de la intriga de la biología no ha envejecido bien. Busqué para documentarme lo que había pasado con aquel profesor de juventud. Hoy en día todo está ahí, a vuelta de clic, dejando en un honroso segundo plano a la antigua Biblioteca de Alejandría, o a la extraordinaria Biblioteca de Beinecke. Aquel profesor que cautivaba en sus clases y que solía empezar hablando bajito para que los alumnos disminuyeran los decibelios de la algarabía del cambio de clase, hoy en día es un ferviente defensor del Creacionismo, soportando sus postulados en la pseudoreligión del diseño inteligente y en la tergiversación de la explosión cámbrica (parece ser que hasta ese momento a dios no le dio por ponerse a crear especies sobre este punto azul pálido). Mi mente juega conmigo a hacerme creer que en el pasado aquel profesor también defendía lo mismo, aunque no existe modo alguno de hacer la empírica comprobación.

Así que ya ven, a veces los antihéroes nos influyen más que los propios héroes. A veces necesitamos un malo de la película que nos dé la razón para seguir luchando, para conocer, para explorar un poco más allá y para buscar la verdad. No podemos bajar la guardia.

Aun así, recuerdo a aquel profesor con profundo cariño, le sigo debiendo, en parte, el descubrimiento de la naturaleza, las salidas al campo en busca de minerales y fósiles, y las observaciones nocturnas de las estrellas del firmamento. La inmensidad y la belleza del universo son necesariamente objetivas, tanto para él como para mí. Y lo seguirán siendo aun en el caso de que exista dios.

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