Megainundaciones: ¿cuánto contribuyen al relieve terrestre?

Antes de la geología había el mito. Catástrofes épicas que explicaban porqué vemos fósiles de seres que no existen y porqué otros fósiles que reconocemos como animales marinos se encuentran en lo alto de las montañas. Esa visión, fuertemente consolidada por las religiones, tenía respuesta para todo.

Cuando la revolución copernicana emergió del renacimiento, esa forma mágica y extraterrenal de entender el mundo dejó de ser suficiente, y surgió la necesidad de comprender en base a lo cotidiano, a lo empírico, y con un alcance universal. Nicolas Steno desarrolló en 1669 los principios de la estratigrafía, y un siglo después el concepto trending de la época, el uniformismo, fue incorporado a la geología bajo el nombre de gradualismo (Hutton, 1785). Postulaba que las rocas han registrado los mismos procesos que observamos hoy en día y actuando a velocidades parecidas durante periodos de tiempo larguísimos.

Así pues, desde los orígenes de la geología como una ciencia moderna más, el relieve de la Tierra ha sido visto como el resultado de lentos procesos: la erosión de los ríos; el movimiento y la deformación de los continentes. La ciencia geológica se fraguó por tanto en contraposición con aquella visión religiosa de grandes cataclismos. El gradualismo se convirtió en uno de sus más sólidos mantras científicos.

Y todo fue muy bien durante 150 años hasta que, a principios del siglo pasado, un hombre se atrevió a blasfemar contra ese paradigma tan lentamente consolidado. Se llamaba J. Harlen Bretz.

Bretz estudió el paisaje de la región de los Scablands, que ocupan buena parte del estado de Washington (EEUU). Y encontró formas erosivas y acumulaciones de sedimento que sólo podía explicar invocando megainundaciones de una magnitud sin precedentes, hoy bien conocidas como las Inundaciones de Missoula. Inundaciones descomunales ocurridas hace unos 17.000 años y que debían haber excedido en varios órdenes de magnitud las inundaciones que habitualmente, en base a nuestra corta experiencia histórica, consideramos catastróficas.

Pese a su conocido carácter terco, Bretz tardó décadas en convencer a la comunidad geológica de que su interpretación, por excéntrica que pareciera, era la más sencilla. Se estaba enfrentando a siglos de lucha entre la concepción geológica y la religiosa del mundo, y muchos de sus colegas le consideraban un lunático defensor de la segunda. A su manera, Bretz se convirtió en un hereje de la ciencia.

Todavía hoy en día, la noción de que inundaciones excepcionales contribuyen al modelado del paisaje sigue siendo vastamente ignorada.

Pero ¿cuáles son estos fenómenos? ¿Cuanto contribuyen? ¿Sabemos hoy cuan excepcionales son?

El desbordamiento de grandes lagos es uno de los mecanismos responsables de estas megainundaciones. El fenómeno es idéntico al que ocurre cuando una avalancha de roca bloquea el valle de un río de montaña y forma un lago: Cuando el lago rebosa, aunque inicialmente lo haga muy lentamente, la erosión puede desencadenar un aumento exponencial del flujo de agua, hasta producir caudales enormes de agua que pueden causar importantes pérdidas humanas y económicas río abajo.

El fenómeno es el mismo que el que estudiamos en este experimento en el USGS-Oregón en el que formamos un lago tras una barrera de arena compactada:

La erosión que produce el agua en el canal de salida se retroalimenta con el flujo de agua que dicho canal permite evacuar:

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