Desde el fuego al hongo de Madrid: esbozo histórico de las medidas contra la contaminación atmosférica.

Querido lector, es muy probable que esta no sea la primera vez, ni la última, que te digan que el aire de Madrid se torna de un color raruno cuando llega el invierno a la capital. Y es que, aunque parece que la contaminación de nuestras urbes nos ha importado muy poco hasta ahora, lo cierto es que en el pasado ya hubo gente que se dio cuenta de lo malo que era tener un aire tan difícil de respirar. Sin embargo, estas medidas han ido desapareciendo tras la caída de civilizaciones, muertes de reyes o, simplemente, pasotismo político. Dejadme que os cuente…

Aunque los primeros actos contra la contaminación ambiental datan de Mesopotamia (algo había escrito en el Código Hammurabi del 1728 a. C.), la contaminación lleva coexistiendo con la Humanidad desde la Prehistoria y no es, hasta hace relativamente poco, cuando nos hemos puesto manos a la obra para intentar mitigar toda una existencia de echar (con perdón) mierda al aire.

Se puede afirmar que el descubrimiento del fuego fue el punto de inflexión para muchas cosas. Una de ellas fue empezar a generar lo que se conoce como contaminantes atmosféricos, aunque en aquel entonces nos tragábamos todo lo malo dentro de las cavernas y era muy poco lo que emitíamos a la atmósfera. Si avanzamos un poco en la historia y hacemos caso a estudios glaciológicos hechos en Groenlandia, vemos cómo el forjado de los metales durante la época romana y medieval, en especial del cobre, supone una de las primeras causas de contaminación atmosférica exterior a tener en cuenta (1).

Si hablamos de regiones especialmente afectadas por contaminantes atmosféricos, Inglaterra, en especial Londres, se lleva la palma. Antes de que la Revolución Industrial hiciera estragos en el aire londinense, la quema de carbón en la capital británica suponía un problema de salud pública. En 1285, el rey Eduardo I decidió prohibir la quema de este material para evitar la generación de gases contaminantes (2). Debe ser que no le hicieron mucho caso porque el problema no cesó, e incluso se acrecentó con la llegada de la máquina de vapor. Fue en el siglo XVIII donde el problema se extendió a la mayoría de las grandes urbes del mundo. No obstante, si pegamos un salto en el tiempo, uno de los episodios más representativos fue el “Gran Smog” de 1952. Durante 4 días, la ciudad de Londres sufrió un episodio de contaminación atmosférica que se tradujo en más de 4000 muertes (algunas cifras dan hasta 3 veces más) y una alta cantidad de ingresos hospitalarios y exacerbaciones de enfermedades asociadas. Los niveles de los contaminantes alcanzaron valores diez veces mayores a los habituales para el área metropolitana, llegando a tal punto que las luces de la calle permanecían encendidas de día para poder ver (3). Este problema fue uno de los primeros a los que tuvo que hacer frente la recién coronada Isabel II y su primer ministro, Winston Churchill. Para información más audiovisual, podéis consultar el cuarto capítulo de la primera temporada de The Crown.

Gran Smog de Londres. Fuente Wikimedia Commons.

Pero los seres humanos, que somos animales que tropiezan más de una vez en la misma piedra, decidimos que al otro lado del charco íbamos a replicar algo parecido. Aunque en Chicago y Cincinnati empezaron a legislar sobre contaminación ambiental en 1881, no fue hasta la década de los 40 cuando la contaminación volvió a tomar importancia en la vida política estadounidense, debido a los incidentes de Los Ángeles y Donora. La inversión térmica y la niebla tóxica propiciaron, siete años después, la creación del Acta de Control de la Contaminación Atmosférica (4). Pero visto el compromiso actual de este país respecto a la calidad del aire, parece ser que siguen sin aprender de los errores del pasado.

Barriendo ahora para casa, puede sorprender que en España los primeros vestigios de una ordenanza a nivel de la calidad del aire se remonten a 1521. En la ciudad de Talavera de la Reina se establecieron unos horarios de encendido de los hornos de alfarería para que no interfirieran con la vida de sus ciudadanos, debido a los dearadables gases que desprendían (5). Ya sabéis lo que se dice, la cerámica de Talavera no es cosa menor. Sin embargo, no fue hasta 1972 cuando se empezó a regular la calidad del aire a nivel estatal con la Ley 38/1972.

Las medidas contra la contaminación atmosférica siguen siendo trending topic hoy en día. En los últimos años hemos visto una oleada de nuevas normativas para regular los llamados “episodios de alta contaminación” por la superación de los niveles umbrales del dióxido de nitrógeno. A pesar de todos los planes, cumbres y firmas de tratados que se han desarrollado, la contaminación sigue causando mucha alarma (además de ser un arma arrojadiza que les encanta a los políticos).

Aprovechando la calma del verano, retrocedamos en el tiempo hasta este invierno, donde la escasez de lluvias hizo que una enorme mancha de color marrón tiñera (o engullera) el skyline de Madrid.

Históricamente, la capital de España no ha tenido muchos problemas respecto a la contaminación. Pero desde los años 70, debido a las calefacciones de carbón que había en las casas, se empezó a desarrollar un ambiente propicio para el caos. La acumulación de dióxido de azufre provocó un episodio de inversión térmica, que movió al Ayuntamiento a crear un sistema de renovación de calderas para reducir la contaminación por este gas. ¿Qué ocurrió entonces? Al descender los niveles, el NO2 derivado del tráfico rodado, que en aquella época estaba en auge, se convirtió en el nuevo problema a tratar, y este perdura hasta nuestros días.

Tanto la Comunidad de Madrid como el Ayuntamiento, han creado en los últimos años una legislación propia para controlar los niveles de NO2 y actuar cuando estos se superen. Con anterioridad se estipulaba que el plan propuesto en el Decreto 10/2011 se activase cuando los niveles superasen los 400 μg/m3 de NO2 durante tres horas consecutivas. Aunque este escenario nunca se ha producido, visto el problema generado con los niveles prolongados de NO2 por encima de 200 μg/m3, la Comunidad de Madrid decidió crear un nuevo decreto en noviembre de 2017 para un mejor abordaje de estos episodios.

Las Cuatro Torres cubiertas por la contaminación. Fuente Wikimedia Commons.

Este Decreto deja espacio a los protocolos locales, centrándose específicamente en aquellas competencias propias de la Comunidad, como es el caso de carreteras, obras públicas y ordenanza regional. Deja recogido y definido cómo se debe actuar en cada caso, las medidas a adoptar, cómo se debe informar a los ciudadanos y la forma de coordinarse con las administraciones locales (6).

En el contexto de conseguir una ciudad con una mayor calidad del aire, Madrid presentó su plan “Más aire, aire +” con 30 medidas a implantar hasta 2030. Este plan se centra en la movilidad sostenible, la regeneración urbana, la sensibilización y comunicación. Las inversiones más importantes se harán en materia de renovación de parque móvil municipal, aumento de la red de transporte público y la remodelación de las vías para la generación de una ciudad más sostenible (7). La restricción al tráfico rodado, prohibiéndose la entrada al área central a vehículos que no pertenezcan a residentes, transporte público o mercancías, es una medida que ya se ha implantado en otras ciudades europeas como Londres o Bolonia.

No obstante, el problema de la contaminación ambiental no es algo exclusivo de Madrid y su región. Numerosas ciudades españolas, como Vitoria, Palma de Mallorca o Valladolid, están tomando medidas respecto a este problema y cuentan con protocolos de actuación muy similares. Barcelona es otra de las grandes damnificadas por los niveles de contaminación y para ello prohibirá en 2019 la circulación de vehículos de transporte de mercancías matriculados antes del 1 de octubre de 1994 y de los turismos que lo estén antes del 1 de enero de 1997.

Como vemos, todos se quieren subir al carro de la reducción de los niveles de dióxido de nitrógeno. Esto deja de lado a otros actores, como las partículas de diámetro menor a 2,5 micras, pero como bien dice el refranero español, quien mucho abarca, poco aprieta. Veamos primero si tanta medida surte el efecto buscado.

Este artículo nos lo envía Juan Carlos López (@JuanCLopezBio) Farmacéutico recién salido del horno y biotecnólogo a medio cocinar. Aunque esté enfocando mi carrera hacia la investigación biomédica, eso no quiere decir que no me apasionen otras cosas. Siempre me ha gustado escribir y dar rienda suelta a mi imaginación… Salvo cuando hablo de ciencia, donde la verdad debe primar siempre a cualquier ida de olla, venga de quien venga.

Bibliografía, fuentes y referencias científicas:

  1. Hong Sea. History of Ancient Copper Smelting Pollution During Roman and Medieval Times Recorded in Greenland Ice. Science. 1996:246-8.
  2. Bowne A. London’s air cleanest since 1585. The Guardian. 2001 Junio 10.
  3. Wilkins ET. Air pollution aspects of the London fog of December 1952. Quaterly Journal of the Royal Meteorological Society. 1954:267-71.
  4. Fleming JR, Knorr BR. History of the Clean Air Act. American Society of Meteorology [Internet]. 2017 Noviembre 10. Available from: http://www.ametsoc.org/sloan/cleanair/.
  5. Atenza Fernández J, Moreno-Grau S. Notas sobre paleolegislación ambiental. Revista de Salud Ambiental. 2016:78-80.
  6. Protocolo Marco De Actuación Durante Episodios De Alta Contaminación Por Dióxido De Nitrógeno (NO2) En La Comunidad De Madrid. Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid. Madrid, Comunidad de Madrid, España: Comunidad de Madrid; 2017.
  7. Más aire, aire +. 30 propuestas para mejorar el aire de Madrid. Madrid; 2017.

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