La culpa no fue del gato

Por Txema Campillo, el 13 agosto, 2018. Categoría(s): Ecología • Historia

Les voy a confesar una cosa: cuando en el primer Naukas, llamado Amazings, allá por 2011, me subí al escenario del Bizkaia Aretoa les conté una historia sobre un gato que extinguió a una especie de pájaro, el chochín de la isla de Stephens. La historia era falsa.

Bueno, más que falsa, era exagerada y tergiversada. Porque el gato existió y tuvo su papel en la extinción de una especie de chochín pero la verdadera causa es más compleja, no tiene casi nada que ver con la malvada colonización europea (lo siento, posmodernos) e incluye una parte sobre la miseria y la ambición humana que involucra a un lord, un académico y un naturalista. Por aquel entonces yo desconocía esto pero entono el mea culpa y procedo a enmendar mi error.

Con los datos actuales, que se conocen de los estudios del registro fósil, el chochín de Stephens (Traversia lyalli) fue una especie que habitó toda Nueva Zelanda y cuya extinción fue causada por la rata polinesia (Rattus exulans) introducida por los maoríes varios siglos atrás. Si sobrevivió en ese pequeño islote fue porque la rata nunca llegó allí pero los que si llegaron fueron los europeos con sus gatos (sí, europeos y gatos, en plural) que le dieron el remate final.

En 1894 comienza a funciona el faro y a la isla se trasladan tres familias de fareros con algo de ganado. El farero Lyall, el de la historia, es uno ellos. Una de las familias tiene gatos. En algún punto entre enero y julio una gata preñada se escapó y dio lugar a una población de gatos cimarrones pero estos gatos tampoco son los protagonista de la historia ya que un gato asilvestrado teme a los humanos. Lo más probable es que otra de las dos familias tuviera otro gato que fue el que cazó los chochines. De lo poco cierto que hay en la historia original es que Lyall era aficionado a la naturaleza, que le gustaban las aves, que no tenía gato propio y que uno de los gatos parece ser el único capaz de capturar los pájaros.

Cuando ese gato doméstico comenzó a traer especímenes de ave, el farero preparó las pieles y se las vendió al barquero que les traía provisiones, también naturalista aficionado, para que se las hiciera llegar a Walter Buller, el mayor experto de aves de Nueva Zelanda. Buller se da cuenta de que es una nueva especie y se guarda el secreto (aunque no muy bien como veremos más adelante) para poder publicar su descubrimiento. Envía la piel a Londres para que se realice el dibujo correspondiente.

Xenicus Insularis
Dibujo del chochín de Stephens realizado por John Keulemans para la descripción de Walter Buller. Fuente: Wikimedia

Lyall desconoce que su ave es una especie nueva pero se huele que algo de interés tienen los naturalistas cuando el barquero le pide más pieles. Prepara nueve pieles más que el barquero hará llegar a un personaje clave en esta historia, el abogado y naturalista Henry Travers. Travers se da cuenta al igual que Buller de que se trata de una nueva especie e informa al otro personaje que tendrá mucho que ver en el golpe de gracia de la extinción, Lionel W. Rothschild. Sabiendo que Rothschild está dispuesto a pagar más que Buller y que la fiebre de los ornitólogos por descubrir nuevas especies está desbocada, le ofrece las nueve pieles añadiendo que “en poco tiempo no quedará ninguno”.

Travers conoce la isla y su situación, es plenamente consciente de que hay pocos ejemplares de chochín y presiona a Rothschild para obtener un menor beneficio a corto plazo jugando con la posibilidad de que el barón pueda especular con el precio que alcanzaran las pieles. Rothschild las compra todas. Durante el resto del año se produce un interesante tráfico de especímenes entre Buller, Travers y Rothschild.

En marzo de 1895, Travers escribe a Rothschild para informarle de que no se han avistado nuevas aves y ofrecerle un ejemplar completo conservado en alcohol. Durante ese año se realizan diversas expediciones por parte de Buller y el propio Travers hasta que el 28 de noviembre el abogado escribe nuevamente al banquero y le cuenta que no se ha encontrado ningún ave durante el invierno austral. Aún así, le ofrece dos nuevos ejemplares en alcohol a 50 libras la pieza conseguidos por el hijo de Lyall (cazados por el gato, por supuesto).

El 31 de diciembre de 1896 otro cazador-coleccionista realiza una batida confirmando que no hay más chochines en la isla.

Así que tenemos un claro ejemplo de «entre todos lo mataron y él solito se murió». Más que el gato como auto material de las cazas, fue el afán coleccionista y de lucro de unos hombres así como su desdén por el conservacionismo, lo que le dio la puntilla final a una especie que ya estaba en clara decadencia endogámica debido a otras introducciones accidentales de especies por otros grupos humanos. Espero que el gato me disculpe allá en el cielo de los gatos.

Spin off: La disputa por descubrir una especie.

Walter Buller, un hacha de la discreción. Fuente: Wikimedia.

Si el afán de lucro traficando con una especie que se sabía que se iba a extinguir os ha parecido mezquino, esperad a leer como se las gastaba Rothschild para manejar los hilos y conseguir prestigio como ornitólogo.

Rothschild supo que lo que le había vendido Travers era una nueva especie ya que el comerciante le sugirió que en el nombre del pájaro hiciera referencia a él y al farero pero también supo que Buller había “descubierto” la misma especie, a la que había llamado Xenicus insularis, y que pretendía publicar su descubrimiento en unos meses, en la edición de abril de 1895 de la revista oficial del Club Británico de Ornitólogos. ¿Y cómo supo esto último? Porque el propio Buller se lo había contado en una carta.

Lionel W. Rothschild, de los Rothschild de toda la vida. Fuente: Wikimedia.

Para adelantar a Buller por la derecha, el banquero preparó su propia descripción del ave, a la que llamó Traversia lyalli (cumpliendo con lo que le había solicitado Travers), e hizo que su empleado, el ornitólogo alemán Ernst Hartert, la leyera en el Club, presentando una de sus pieles disecadas en lugar del dibujo. El presidente del club, que al mismo tiempo era editor de la revista, argumentó que la descripción de Buller era anterior y que solo le faltaba ser publicada. Hartert dice algo así como que lo que ha sido escuchado no puede retirarse y al final Rothschild se sale con la suya. Yo me pregunto si medió algo más que una descripción en esa victoria estando un Rothschild implicado.

En abril de 1895, con la publicación del boletín, Buller descubre el engaño, ve como su Xenicus queda reducido a un sinónimo de taxonomía y acaba con la relación entre los dos naturalistas.

Y con todo esto aún nos queda una pregunta por responder: ¿de dónde procede la leyenda del gato? Cuando Rothschild publica en 1907 su libro “Extinc birds” culpa de todo al gato y el resto es historia conocida (de Internet).

Fuentes bibliográficas:

The tale of the lighthouse-keeper’s cat: Discovery and extinction of the Stephens Island wren (Traversia lyalli). Galbreat y Brown. Notornis, 2004, Vol. 51: 193-200.

The land bird fauna of Stephens Island, New Zealand in the early 1890s, and the cause of its demise. Medway. Notornis, 2004, Vol. 51: 201-211



Por Txema Campillo, publicado el 13 agosto, 2018
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