¿Somos siempre igual de listos?

Hay personas más inteligentes que otras. Eso es algo que hace tiempo que sabemos. Pero seguramente habrás notado que tú mismo no estás siempre al máximo de tus capacidades cognitivas. Hay días malos, en los que uno apenas puede concentrarse porque ha dormido poco o ha tenido un disgusto. Incluso dentro de un mismo día, no rendimos igual a todas horas. Mucha gente nota un bajón mental después de comer o a media tarde, mientras que otros no son persona hasta una hora o dos después de levantarse. Así que nuestra experiencia nos dice que hay variaciones en nuestra inteligencia a lo largo del tiempo.

Sin embargo, hasta hace poco, la ciencia no había tratado de investigar estas variaciones. Tradicionalmente, el campo de la inteligencia humana se ha centrado principalmente en entender las diferencias entre personas en el nivel de inteligencia. Pero desde hace unos pocos años, un nuevo enfoque de la inteligencia centrado en la persona está dando lugar a interesantes descubrimientos.

Fluctuaciones en niños

Por ejemplo, un grupo de científicos alemanes vio que la memoria de trabajo, es decir, la capacidad de retener información temporalmente para poder procesarla, fluctuaba a lo largo del tiempo en niños con edades comprendidas entre los 8 y los 11 años. Su memoria de trabajo variaba entre días pero también entre momentos dentro de un mismo día. Y lo que es aún más interesante, estas variaciones no eran igual de pronunciadas en todos los niños. Los niños de cursos más avanzados presentaban de media menos variabilidad, lo que lleva a pensar que una mayor madurez hace que los niños consigan regular mejor su conducta y se vean menos afectados por las circunstancias. Esto es importante, ya que la memoria de trabajo está muy relacionada con el desempeño escolar.  De hecho, los investigadores vieron que los niños que tenían más dificultades en pruebas matemáticas y de lectura eran precisamente los que presentaban mayores fluctuaciones en su memoria de trabajo de un día para otro. Estos resultados hacen que nos preguntemos sobre las posibles causas de estas fluctuaciones.

El grado con el que el desempeño cognitivo fluctúa a lo largo del tiempo varía entre unos niños y otros.

Para intentar responder a esta pregunta, los investigadores llevaron a cabo otro estudio en el que estudiaron la posible influencia del estado emocional de los niños en el desempeño cognitivo. Vieron que, aunque en general las puntuaciones en memoria de trabajo empeoraban con un estado de ánimo negativo, existía mucha variabilidad entre los niños en el grado en el que su estado emocional influía en su rendimiento cognitivo. La mitad de los niños no se veían influidos por su estado emocional, mientras que algunos niños eran sensibles sólo a las emociones negativas; otros, sólo a las positivas; y otros, a ambas.

Además del estado emocional, también se ha investigado cómo influye la fatiga cognitiva en el desempeño escolar. En este caso se estudió el efecto de la fatiga mental en las puntuaciones de pruebas cognitivas en más de 500.000 estudiantes entre 8 y 15 años en escuelas danesas. Como cabía esperar, las puntuaciones empeoraban significativamente en las últimas horas de clase. Sin embargo, los investigadores encontraron que un descanso de tan sólo 20 minutos era suficiente para mejorar esas puntuaciones, con un efecto equivalente a 19 días más de escuela, 1.900 dólares más de ingresos familiares anuales o 2 meses más de educación de los padres. Quizás puede parecer poco, pero podría marcar la diferencia entre aprobar o suspender.

Otro factor que influye en las habilidades cognitivas de los niños es el sueño. En concreto, se ha visto que una mayor calidad del sueño está asociada a una mejor memoria de trabajo a la mañana siguiente, mientras que el desempeño cognitivo durante la tarde se ve más influido por los acontecimientos del día que contribuyen a un mayor cansancio. Incluso la acústica de las aulas puede influir el desempeño cognitivo de los niños, algo que no afecta a los adultos en la misma medida.

La calidad del sueño puede afectar al rendimiento de los niños a la mañana siguiente.
Fotografía de Lars Plogumann.

Fluctuaciones en adultos

Pero las fluctuaciones en las habilidades cognitivas a lo largo del tiempo no son exclusivas de los niños. En un grupo de adultos con edades entre 20 y 31 años se vio que existía también variabilidad a lo largo del tiempo. Es más, la puntuación de una persona en una prueba concreta en un día determinado no permitía predecir qué tal lo haría en otras pruebas ese mismo día si no se había estudiado a esa persona a lo largo del tiempo.

Sin embargo, estas fluctuaciones en adultos disminuyen con la edad. En un estudio con un grupo de adultos jóvenes con edades entre los 20 y 31 años y un grupo de adultos de edad avanzada, entre 65 y 85 años de edad, se vio que, pese a tener un peor desempeño cognitivo, el grupo de adultos de mayor edad mostraba menos fluctuaciones entre días y entre diferentes momentos durante un mismo día. Los investigadores proponen que esto podría deberse a diferentes factores, como niveles más estables de motivación, estilos de vida con menos estrés, una menor exploración de diferentes estrategias cognitivas y metas menos ambiciosas en el caso de los adultos de mayor edad.

Otro factor a tener en cuenta es la pobreza. En un estudio con un grupo de agricultores de caña de azúcar de la India se investigó el efecto de esta variable en su capacidad cognitiva, ya que sus ingresos variaban a lo largo del ciclo de plantación, experimentando épocas de pobreza (antes de la recolección) y de riqueza (después de la recolección). Efectivamente, en los momentos de pobreza, el desempeño cognitivo de los agricultores era peor que después de cobrar la recolección de la cosecha. Es importante destacar que los agricultores no comían menos en la época de pobreza y que las variaciones en su función cognitiva tampoco se podían explicar por marcadores fisiológicos de los niveles de estrés.

La capacidad cognitiva podría verse afectada en periodos de pobreza.

Los investigadores de este estudio proponen que los periodos de pobreza llevan consigo procesos mentales para manejar las finanzas y tomar decisiones difíciles que podrían estar presentes de manera constante. Según esta hipótesis, estas preocupaciones distraerían y dejarían menos recursos cognitivos disponibles.

Conclusión

Todavía queda mucho por estudiar en este campo, ya que aún no sabemos exactamente qué factores tienen un mayor impacto en las fluctuaciones en nuestra inteligencia. Lo que sí queda claro es que nuestras capacidades cognitivas se ven afectadas por el ambiente y el estilo de vida. Por lo tanto, entender qué factores tienen un mayor impacto y cómo varían estas fluctuaciones entre personas puede ayudarnos a emprender cambios que mejoren nuestras vidas en multitud de ámbitos, ya sea en la escuela, nuestros puestos de trabajo o en terapias cognitivas para pacientes neurológicos. En resumen, conocernos mejor puede ayudarnos a desarrollarnos al máximo como individuos.

 

Este artículo nos lo envía Clara García, licenciada en Bioquímica, máster en Neuroimagen y doctora en Neurociencia por la Universidad de Barcelona. Actualmente está finalizando un posgrado en Comunicación Científica en la Universidad de Cambridge (Reino Unido). En su canal de YouTube “Cerebrotes” habla sobre el cerebro y cómo nuestro estilo de vida impacta nuestra salud física y mental. Podéis seguirla también en Twitter: @Cerebrotes.

Referencias bibliográficas y más información

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  8. Vídeo «Nuevo enfoque revolucionario en el campo de la inteligencia humana«

 



Por Colaborador Invitado
Publicado el ⌚ 23 junio, 2019
Categoría(s): ✓ Ciencia • Neurociencia