José Manuel López Nicolás: “La gestión científica es farragosa pero necesaria; permite ganar muchas ‘guerras’, como la de reconocer la divulgación”

Por Colaborador Invitado, el 2 abril, 2021. Categoría(s): Especial • Naukas
José Manuel López Nicolás, durante una de sus charlas en Naukas, en 2012. Foto: Javier Pedreira (Wicho)

NOTA: Esta entrevista, realizada por el periodista José A. Plaza, forma parte de una serie de conversaciones-entrevistas con divulgadores y divulgadoras de la ciencia. Antes de ésta se han publicado las entrevistas a Natalia Ruiz-Zelmanovitcha Francis Villatoro, a Clara Grima y a Daniel Marín. La serie surgió tras la publicación este reportaje sobre el décimo aniversario de Naukas y continuará en los próximos meses con nuevas entregas. En cada entrevista se habla sobre la labor de la persona entrevistada como científico/a y/o comunicador/a, sobre su campo científico de trabajo, sobre la relación con Naukas y sobre la divulgación científica en general.

José Manuel López Nicolás toca todos los palos de la ciencia: la investigación, la docencia, la gestión y la divulgación. Un póker científico en manos de una persona apasionada por contar que la ciencia nos rodea y que nos ayuda cada día, en cada momento y en cada lugar. Lleva más de 20 años investigando y dando clases en la Universidad de Murcia, que es como su casa: allí forma parte del Grupo de Excelencia Investigadora ‘Bioquímica y Biotecnología enzimática’, e imparte clases de Biotecnología, Biología Molecular, Bioquímica y Ciencia y Tecnología de los Alimentos. Coordinó entre 2017 y 2020 su Unidad de Cultura Científica y actualmente es vicerrector de Transferencia y Divulgación Científica. Además, lleva más de una década implicado en la divulgación científica; su blog Scientia acaba de cumplir 10 años, ha escrito varios libros y colabora a menudo con medios de comunicación. Es un enamorado de Tolkien y le encantan los deportes, especialmente el fútbol y el Barça, así que no te extrañes si un día te lo cruzas y te cuenta una historia sobre bioquímica con Sauron o Messi de protagonistas.

La ciencia te sale por los cuatro costados, ¿Cuándo te acercaste a ella por primera vez?  

Mi relación con la ciencia comenzó muy pronto. Mi padre era catedrático de Ciencia y Tecnología de los Alimentos en la Universidad de Murcia, por lo que siempre he tenido muy cerca el mundo científico y universitario, que además me atrajo desde el principio. Desde pequeño ya quería ser profesor…Y aquí estoy. Hubo un punto de inflexión muy claro en 2º de BUP, en 1988, cuando tenía 16 años: los profesores y profesoras siempre te condicionan y en mi caso fueron dos, Juan Martínez Muñoz y Obdulia Miralles, que me daban Química y Física, los que me llevaron al ‘lado oscuro’. Gracias a ellos confirmé que quería estudiar Ciencias, aunque la verdad es que dudé mucho qué carrera escoger. ¿Física? ¿Química? Cuando me presenté a la Selectividad aún no había decidido; incluso al rellenar los papeles puse como opciones también Periodismo e Informática. Finalmente opté por Químicas, porque en el fondo me atraía más y, además, no tenía que moverme se Murcia para estudiarla.

Un momento de la entrevista: José Manuel, espadas en mano, habla sobre las cuatro patas de la ciencia.

¿Te adaptaste bien al mundo universitario?

Encajé como un guante. La carrera de Químicas me gustó mucho. No tuve problemas de adaptación, hice una buena transición desde el Instituto, iba con gente conocida y amigos, estaba en mi ciudad, me gustaba lo que me enseñaban… Además, en mi primer año la universidad estrenaba campus nuevo, así que en parte fue algo nuevo para todo el mundo y todos partíamos un poco de cero, algo ideal para acostumbrarte y adaptarte. Eso sí, fueron cinco años muy duros. Hubo momentos de dudas y agobios, pero nunca me planteé dejarlo ni nada parecido. Recuerdo que me pasaba los días enteros en la facultad, por las mañanas en clase y por las tardes en el laboratorio y la biblioteca. Había poco tiempo para pensar y para estudiar, así que aquello tenía que gustarte mucho para sacarlo adelante… Y a mí me encantaba.

¿Cómo diste con la rama que más te gusta, la bioquímica?

Me ayudó mucho pasar por varios departamentos: Química, Física, Bioquímica, Química Agrícola… Creo que para un alumno es bueno conocer varias opciones desde dentro. Recuerdo un momento clave en la carrera que definió buena parte de lo que soy ahora. Yo iba muy bien, sacaba buenas notas, pero en tercero me suspendieron un examen de Química Orgánica, con una nota de 4. Pedí la revisión porque no le veía justo, pero me confirmaron el suspenso. Para apoyar el estudio durante el verano me recomendaron un libro, el Vollhardt, y cuando me puse a leerlo se me abrió la cabeza, fue como una especie de revelación: comprendí qué era lo que me gustaba de la Química y, además, entendí que me habían suspendido con razón. De nuevo dos profesores, Amparo Velasco y Mateo Alajarín, fueron fundamentales en el camino que iba a tomar. Ese verano fue clave para saber qué especialidad elegir: entre Química Industrial, Química Agrícola, Química Fundamental y Bioquímica, lo que más se parece a la Química Orgánica es la Bioquímica, así que tiré por ahí. Puedes decirlo: soy bioquímico gracias a un suspenso.

¿Sobre qué hiciste la tesis?

Sobre enzimología y encapsulación molecular, entre 1993 y 1997. No es que yo eligiera el tema, la gente suele pensar que te lo sacas de la manga y no es así; normalmente te dirigen hacia la temática de tu tesis y, una vez llevado hacia un tema, tú concretas y le metes creatividad, pero no se trata de una elección tan abierta. Hay mucho trabajo de equipo detrás para seleccionar la línea de investigación óptima. Fue un acierto, porque sigo trabajando en ese ámbito.

 “Soy bioquímico gracias a un suspenso”

 

¿Te planteaste en algún momento elegir entre investigación y docencia?

No entiendo estar en la Universidad y quedarte sólo con una y desechar la otra; al menos en mi caso van de la mano. Mi investigación, para la tesis y de ahí en adelante, la ha compaginado siempre con las clases, y viceversa. En 1992 entré como alumno interno en el Departamento de Bioquímica y nunca he dejado de dar clases, ni de investigar.

¿Se asocia poco la Universidad a la investigación?

Mucha gente no es consciente de que el 70 por ciento de la investigación en España se lleva a cabo en las universidades. Siempre vienen a la cabeza centros de investigación como el CSIC, pero la Universidad se asocia mucho a docencia y poco a investigación, cuando en realidad la Universidad es el mayor centro de investigación de España. A mucha gente le pasa como a mí, que acumulo muchas más horas investigando que dando clase. Me gusta hacer un poco de todo, y rodearme de gente buena para trabajar, y siempre he tenido la suerte de poder hacerlo.

¿Te dicen alguna vez la frase que protagoniza una de tus entradas más leídas en el blog, Mi jefe no se pone la bata?

A ver, en los grupos de investigación tienen que tener de todo. Esa frase me ha marcado bastante, porque la escuchaba mucho y no terminaba de comprenderla. En los equipos cada persona tiene su papel, con o sin bata. Hay quienes están con las pipetas, quienes buscan información en la literatura científica, quienes tratan de conseguir financiación… Y todo suma. A lo que voy es que el jefe no tiene por qué ponerse la bata sí o sí mientras el trabajo del grupo esté bien repartido y coordinado.

¿Cómo vives tu perfil de gestor de la ciencia?

Estoy muy a gusto en la gestión científica. Es muy necesaria, para la propia ciencia y para su divulgación. Me siento muy orgulloso de que mi universidad, la de Murcia, pusiera un vicerrectorado con nombre concreto para la divulgación. Durante mucho tiempo, y aún pasa, la divulgación no ha sido bien vista en ciencia, especialmente en la Universidad. Pero esto va cambiando, y acciones como esta ayudan un montón. Por el mismo motivo defiendo que haya un Ministerio de Ciencia: tener un nombre ayuda.

Ahora que la divulgación crece y gana peso, la gestión podría considerarse el patito feo de la ciencia, en el sentido en que para mucha gente no es algo atractivo. ¿Qué opinas?

Que la gestión puede no gustar, pero es donde se ganan muchas ‘guerras’, donde se consiguen muchas cosas que sólo desde un laboratorio, un blog o la televisión no es posible lograr. Trabajar en gestión permite cambiar las cosas desde dentro. Y una cosa: si gestionas bien, puedes mejorar las demás cosas, la investigación, la docencia y la divulgación. Si la divulgación se está valorando más, por ejemplo con el sexenio de transferencia del conocimiento en el que ya está incluida, es gracias a labores de gestión. Hay quien sigue negando que la divulgación cuente más ahora para la carrera científica, pero se equivoca: todavía se puede hacer más, pero ya está formalmente reconocida. Gracias a la lucha desde la gestión, insisto. Estar en este ‘lado oscuro’ es fundamental para la ciencia.

¿Cuándo y cómo entraste en el mundo de la divulgación?

Hacia el año 2.000, poco después de acabar la tesis, empecé a escribir en La Verdad, el periódico de Murcia, en una sección que se llamaba Cuadernos de Salud. Es una gozada colaborar con La Verdad, creo que no conozco ningún otro periódico que lleve tanto la Ciencia a su portada. Unos años después, en 2004, escribí mi primer libro, no tan enfocado a la divulgación como a la docencia: Nuevos alimentos del siglo XXI, se llamaba. Es curioso, ahora escribiría en ese libro todo lo contrario a lo que escribí hace 17 años, porque es lo que tiene la ciencia: las evidencias van cambiando, la hemeroteca puede ser engañosa y hay que tener claro que cambiar es la base de la actualización científica. Años después, hacia 2009 o 2010, mi amigo Daniel Torregrosa, que fue compañero en la Facultad de Químicas, comenzó a mandarme enlaces a varios blogs, y yo no conocía nada de ese mundo…

¿No te atraía el mundo digital, la explosión de Internet, los blogs, etc?

Yo no vengo del mundo de Internet, ni de las web ni las redes sociales, yo vengo de la investigación y la decencia universitarias. Recibía esas cosas de Dani y pensaba: ¿Un blog? ¿Eso qué es? Casi creía que era como un bloc, un cuaderno de anillas. La cosa es que él solía enviarme cosas de su blog y de otros, pero reconozco que casi ni abría sus correos, hasta que en julio de 2010 me envió uno que se llamaba ‘la triple hélice de Linus Pauling’. ¿Cómo que triple hélice? Un bioquímico lee eso y se pone nervioso. Pinché, lo leí…y eso fue el principio de todo. Descubrí muchos más blogs, descubrí Naukas (que por entonces se llamaba Amazings) y se me abrió todo un mundo por delante. Pensé que, si me gustaba la ciencia y contar historias, ¿por qué no salir de la clase y del laboratorio y hacerlo en otras plataformas? Recuerdo que colaboré con Principia, cuando ni siquiera se llamaba así, porque Quique Royuela me lo propuso. Ya en 2011 cree mi espacio Scientia, con el blog, y empecé a colaborar también con Naukas.

¿Cómo definirías Naukas?

Es algo especial. Hace comunidad, y eso es importantísimo. Es un grupo de gente muy heterogéneo del que han salido muchas colaboraciones y amistades. Y luego está su gran baza: que es un espectáculo en directo con personas que saben muchísimo y que saben contarlo muy bien. Además, Naukas permite cosas alucinantes. En mi caso, por ejemplo, una charla que di en un Naukas Bilbao, el huevo y la niña, me llevó a abrir en mi departamento una nueva línea de investigación sobre una enfermedad rara, el síndrome de Niemann-Pick. También he escrito libros que han partido del entorno de Naukas. Pero si me tengo que quedar con un momento es con el Naukas que se hizo en Murcia, con el teatro Romea lleno durante un día entero hablando de ciencia. Fue increíble. La verdad es que con la pandemia estas cosas, ojalá este año puedan volver… [nota: hay programada una nueva edición de Naukas Bilbao para septiembre, sujeta a la evolución de la pandemia]

López Nicolás, a la izquierda, junto a un cartel de la iniciativa MurCiencia.

¿Cómo entiendes la divulgación? Puede hacerse de mil maneras…

Me gusta muchísimo contar historias. Soy un contador de cosas. Suelo acaparar conversaciones, sin querer, pero porque me encanta hablar. Me apasiona, y puede ser un problema porque no callo. Pero no hablo de cualquier cosa, sino de lo que me apasiona, que es do lo que sé. Creo que la divulgación puede ser una herramienta de apoyo a la investigación. Yo sólo divulgo de lo que conozco, que básicamente es ciencia, sobre todo bioquímica, deporte y mi entorno, Murcia. A mí me gusta hablar de la ciencia cotidiana, de la ciencia del día a día y de las pequeñas cosas. Es mi forma de divulgar, lo que más me pone. Para llegar a la gente me parece fundamental hablarle de las cosas que tiene alrededor y que le son útiles, de sus aficiones, sus intereses…

 “Lo que más me gusta en ciencia es simultanear investigación, docencia, gestión y divulgación”

 

Utilizas para divulgar ganchos como el fútbol, el Señor de los Anillos, los fuegos artificiales, los yogures…

La alimentación, la salud, el deporte y el ocio son un buen marco para hacerlo. ¿Qué ciencia hay detrás de cómo se mueve un balón de fútbol? ¿Qué ciencia hay en la explosión de los fuegos artificiales? ¿Y en las cosas que hay en tu nevera? Eso es lo que me interesa y lo que creo que interesa a mucha gente.

López Nicolás, con Antonio Martínez Ron, hablando sobre su libro (uno de ellos).

¿Cómo harías para hablar de un tema que no es el tuyo?

Como te decía, no suelo hacerlo. Pero, si por ejemplo me lo piden y creo que puede ser interesante, trato de acercarlo a mis intereses. Hay un ejemplo muy bueno para explicar esto. Hace años me propusieron hablar de los Premios Nobel que acababan de fallarse, pero ninguno me tocaba de cerca. Coincidió en el tiempo con un episodio que nos marcó mucho a las personas que somos de Murcia, la muerte de un montón de peces en las lagunas del Mar Menor. No paraba de darle vueltas a esa imagen de los peces muertos, así que se me ocurrió una idea para enlazarlo con una divulgación sobre los Nobel, que ese año habían premiado, en Medicina, los hallazgos sobre la adaptación celular al oxígeno; en Química, el desarrollo de baterías de ion-litio; y en Física, al descubrimiento de exoplanetas. Vi que había una manera de conectar estos tres premios con la imagen de los peces muertos. Ya que la contaminación les había provocado falta el oxígeno en su medio natural, tuvieron que salir fuera del agua a buscarlo hasta morir: así hablé del Nobel de Medicina. Por otro lado, las fotos que dieron la vuelta al mundo de los peces muertos se tomaron con teléfonos móviles, que tienen baterías de ion litio: así hablé del de Química. Finalmente, la búsqueda de vida más allá de nuestro entorno, que culminó en el descubrimiento de exoplanetas, fue lo que impulsó a los peces a abandonar su hábitat para tratar de sobrevivir: así hablé del Nobel de Física. Creo que es un buen ejemplo de cómo, cercando a la cotidianidad de la gente cosas que quizá le pillen muy de lejos, podemos facilitar que se interesen por ellas.

¿Hay algo que consideres imprescindible para hacer divulgación científica?

La pasión y la emoción. Para llegar a la gente, además del fondo es clave la forma: hay que emocionar al público. Yo tengo que ser un apasionado de lo que cuento porque creo que, si no me emociona a mí el primero, no lo transmito bien. El valor añadido que intento aportar es que a mí me pone, me interesa, me emociona, me dejo la piel en ello, y creo que eso se transmite y ayuda.

¿Crees que no se puede divulgar sobre algo en lo que no estés especializado? Salvando las distancias, porque divulgación y periodismo son distintas cosas, es algo que los periodistas hacemos a menudo, hablar de lo que a veces sabemos poco…

Eso es verdad, y también es un arte saber y poder hacerlo. En absoluto digo que no se pueda divulgar sobre lo que no te interesa o sobre lo que no eres un experto, sólo digo que yo no puedo ni quiero hacerlo. Hay gente que sí tiene esa capacidad.

¿Cómo haces para ‘vender’ la ciencia que te interesa? Por ejemplo, tu especialidad es la encapsulación molecular. ¿Cómo explicarías este concepto para enganchar a alguien?

Utilizando una sola frase: “Rexona no te abandona”. ¿Cómo lo ves? Casi todo el mundo conoce ese eslogan del anuncio de desodorantes. ¿Qué mejor manera de explicar la encapsulación molecular que explicando cómo consigue un desodorante, gracias a la química de la encapsulación, liberar sus propiedades poco a poco para mantener un buen olor durante más tiempo? Podría empezar a hablar de ello de manera técnica, aunque sencilla, y buscarme las vueltas para enganchar a la gente. Pero, de esta manera, sólo con esa frase inicial ya tengo al público interesado, sorprendido y expectante. Lo que decíamos antes: la ciencia de lo cotidiano, con emoción.

 “Veo un peligro: que la gente se desencante con la ciencia y no confíe en ella al ver que los resultados no llegan de forma inmediata…pero la ciencia no entiende de atajos”

 

¿Cómo valoras el buen momento que vive la divulgación científica en España?

La divulgación científica en España vive un gran momento, pero voy a matizar esta afirmación. Vive un gran momento de puertas para fuera, porque se ve que hay más divulgación científica que nunca, está en más lugares, se habla más de ella y se ve más. ¿De puertas para adentro? Los que estamos en este mundo vemos que hay divulgación buena y no tan buena; al haber más también aumenta la menos buena. Crece lo bueno, que muchas veces es buenísimo, y lo no tan bueno, que a veces es incluso malo. En todo caso, quiero quedarme con que, en esta balanza de más divulgación pero quizá no siempre buena, podemos pensar que el “ruido” bien entendido, el hecho de que se vea mucha divulgación y mucha ciencia, es positivo y un buen comienzo.

¿Cómo saber qué está bien, regular o mal en divulgación científica? ¿Y cómo regularlo, si es que eso se puede o se debe hacer?

La cosa es que no hay estándares y parámetros de calidad conocidos, admitidos y compartidos, por lo que entramos en el terreno de lo subjetivo. Entonces, ¿cómo valoramos la divulgación? ¿Cómo medimos su calidad y utilidad? Ahí estamos… Quizá a la divulgación no le gusten los parámetros, pero podría estar bien tener una manera de valorarlo, de poner algunos filtros de calidad, algunas evaluaciones, sitios y personas que se encarguen de ello… Pero no es nada fácil.

¿Y el debate, que parece ganar peso, de quién debe hacer divulgación?

Ese debate de quién es, o no, divulgador, no me atrae. Me atrae el contenido, no de dónde venga, ni qué profesión o perfil tenga quien la haga. Es un falso debate, con intereses, contaminado por las “parcelitas”, que siempre las hay.

Ya hemos hablado de investigación, docencia, gestión y divulgación. Lo haces todo…

Trabajo en esas cuatro patas de la ciencia, sí. No digo que todo el mundo que trabaja en la universidad deba hacerlo, en absoluto, sino que a mí me gusta combinarla y  lo hago .Si me preguntas cuál es mi valor añadido, es ése: estar en los cuatro sitios al mismo tiempo al máximo nivel posible. Publico mucho, sigo investigando un montón, doy muchas clases, hago gestión desde dentro y no paro de divulgar.

Hay una posible quinta pata: la política científica. La relación entre ciencia y política nunca ha sido muy cercana en España…

Mira, te voy a ser sincero. Entiendo que los políticos, a veces , no hablen de ciencia. Los políticos solo hablan de lo que le preocupa a la gente, de lo que está en la calle, de lo que interesa…porque es lo que les puede dar votos. Por eso hablan de sanidad (ahora), de trabajo, de economía y por eso no hablan de ciencia ni de investigación…porque, desgraciadamente, ni la ciencia ni  la investigación formaban parte hasta antes de la pandemia, de las preocupaciones de la gente. Los políticos prestarán más atención a la ciencia cuando la gente lo haga, y a día de hoy mucha gente no valora aún la ciencia porque no saben que la tienen al lado en su día a día, no saben que les soluciona la vida continuamente, no saben que sin ella no podrían vestirse igual, comer igual, ver la tele, hablar por el móvil, navegar por internet, conducir su coche… Cuando sepamos cómo hacer llegar el mensaje, pero de verdad y no sólo de palabra, de que la ciencia es necesaria para avanzar como sociedad, la gente presionará más por ella, la peleará más, y los políticos asumirán que deben incorporarla entre sus prioridades.

Ahora, con la pandemia, ciencia y política sí caminan de la mano, aunque no sé si hay idilio o es una relación forzosa. ¿Cómo lo ves?

Es un momento clave. Como dices, la ciencia está ahora todos los días en boca de todo el mundo, de la gente y de los políticos, porque la vemos necesaria a corto plazo. Nunca ha habido un mayor y un mejor caldo de cultivo para impulsar la importancia de la ciencia como ahora. El famoso Pacto por la Ciencia tendría que hacerse realidad ahora, de verdad, porque este momento inédito va a pasar, y la ciencia podría quedar de nuevo relegada. ¿Nos pondremos de acuerdo de una vez?

En este tema hay algo que veo preocupante. ¿Comprendemos la ciencia? Nos hemos dado de bruces contra ella y…

…Y no siempre nos gusta. Sí, es verdad. Hay que comprender la ciencia para apoyarla. Y, sí, estamos viendo que mucha gente no la entiende. Aunque no la tuvieran al lado, ni les importara mucho, la concebían como algo infalible, seguro, inmutable. Y no es así: la ciencia es muy útil, pero a veces cambia, evoluciona, se equivoca, se contradice, falla… Con la pandemia lo estamos viendo. Y la gente, o no lo sabía, o no lo entendía. El caldo de cultivo ideal para hacer de la ciencia una política de país tiene dos enemigos. El primero, que la política se enfangue, que los acuerdos y las acciones se estanquen, y que se nos pase este momento clave. Y la segunda es la que dejas caer: que la sociedad se desencante con la ciencia al ver que las vacunas definitivas y los fármacos contra al Covid-19 no han llegado aun, y que deje de confiar en ella. Pero la sociedad debe entender que la investigación tiene sus ritmos, que la ciencia no entiende de atajos…y para ello la comunicación y la divulgación son importantísimas.