Conchi Lillo: “Debemos esforzarnos mucho más para que la sociedad conozca, comprenda y valore la ciencia”

Por Colaborador Invitado, el 29 septiembre, 2021. Categoría(s): Actualidad • Naukas

NOTA: Esta entrevista, realizada por el periodista José A. Plaza, forma parte de una serie de conversaciones-entrevistas con divulgadores y divulgadoras de la ciencia. Antes de ésta se han publicado las entrevistas a Natalia Ruiz-Zelmanovitcha Francis Villatoro, a Clara Grima, a Daniel Marín, a José Manuel López Nicolás, a Marian García y Gemma del Caño y a Carlos Briones. La serie surgió tras la publicación de este reportaje sobre el décimo aniversario de Naukas y continuará con nuevas entregas. En cada entrevista se habla sobre la labor de la persona entrevistada como científico/a y/o comunicador/a, sobre su campo científico de trabajo, sobre la relación con Naukas y sobre la divulgación científica en general.

 

‘Buenos días, ojazos’. Con este saludo se presenta en sociedad la mayoría de días Concepción Lillo (Minas de Rio Tinto, Huelva, 1973), Conchi para mucha gente, una científica especializada en neurobiología de la visión que lleva desde niña mirando el mundo con curiosidad. Su mirada es algo distinta a la tuya o la mía, quizá porque tiene la capacidad de ver más allá: sabe que los ojos, que gracias a su conexión con el cerebro nos permiten disfrutar del mundo, son una herramienta poderosa, compleja y apasionante. Los ojos tienen muchos secretos, de hecho. Conchi lleva muchos años dedicándose a estudiarlos desde un laboratorio, tratando de ofrecer respuestas y soluciones al daño que en ocasiones sufre nuestra mirada.

Conchi Lillo se licenció en Biología por la Universidad de Salamanca  en 1996 y se doctoró en Neurociencias en 2001. Antes de consolidar su carrera profesional en España realizó varias estancias en el extranjero, en centros de investigación de Suecia, Alemania y Estados Unidos. Pasó cinco años formándose como investigadora post-doctoral en el Scripps Research Institute de La Jolla (California), y en 2006 se reincorporó a la Universidad de Salamanca, en el Departamento de Biología Celular y Patología, gracias a un contrato Ramón y Cajal.

Desde 2011 es Profesora Titular del área de Biología Celular en la Facultad de Biología, una labor docente que compagina con su gran pasión, la investigación, que desarrolla principalmente en la Universidad y en el Instituto de Neurociencias de Castilla y León (INCYL) estudiando el funcionamiento sistema visual y las enfermedades que en ocasiones lo dañan. Además, está adscrita al Instituto de Investigación Biomédica de Salamanca (IBSAL) y dirige el Servicio de Microscopía del Servicio de Apoyo a la Investigación (NUCLEUS) de la Universidad de Salamanca. El trabajo de su laboratorio de investigación está muy bien explicado aquí, y los proyectos concretos que ha desarrollado en los últimos años los tienes aquí.

También es divulgadora. Divulga mucho y cuenta la ciencia de muchas maneras y en muchos lugares. Desde el principio de su carrera entendió que la comunicación es fundamental en su trabajo, y va más allá: considera que la divulgación es imprescindible y, de una u otra manera, casi una obligación para quien se dedica a la ciencia. Mucho ojo con Conchi Lillo.

 

¿Cómo comenzó tu relación con el mundo de la ciencia?

La verdad es que durante mis años de colegio aún no sentía vocación científica, es algo que me llegó en el Instituto. Soy de un pequeño pueblo de Huelva, Minas de Riotinto, en el que la minería es parte fundamental de la vida. Desde pequeña la Biología me gustó mucho; uno de mis recuerdos preferidos es cómo me fascinaban los dibujos de Érase una vez la vida. Era una chica muy curiosa y me pasaba el día preguntando sobre animales, sobre plantas, sobre la vida en general…Cuando llegué al Instituto la Biología me enganchó porque resolvía muchas de las preguntas que me hacía. El profesor que tuve sabía comunicar muy bien, me motivaba mucho y solía salirse del guion en las clases, cosa que me gustaba. También había cosas que me gustaban en Letras, y que no se me daban mal, como la Literatura y el Latín, pero no me llamaban tanto ni me provocaban el interés de la Biología.

Tenías claro qué carrera hacer…

… Biología, por supuesto. La verdad es que no recuerdo el momento exacto en que lo decidí, creo que no hubo uno concreto, fue un proceso natural. También tuve claro dónde quería ir a estudiar: a Salamanca. Quería salir de mi pueblo, irme lejos, vivir otras cosas y de otra manera. En el Instituto aprendí un montón y lo pasé muy bien, pero quería más, algo distinto. Mi familia hizo un gran esfuerzo para que pudiera salir de Huelva y estudiar en Salamanca. Mis padres son de origen modesto, él trabajaba de administrativo en las minas y ella, peluquera.

 

¿Respondieron Biología y Salamanca a tus expectativas?

En Salamanca estuve muy a gusto, con el ambiente de las residencias universitarias, donde hicimos mucha piña y un montón de actividades. Y la carrera de Biología me gustó desde el principio. No era una alumna brillante, más bien de la media, pero sí trabajadora. Con algunas asignaturas, como Ecología, me costó más porque no me gustaban del todo, pero con Biología Celular y Molecular encontré mi sitio y decidí que era eso lo que quería hacer. En el último año de carrera ya estaba muy enfocada y me dieron una beca de colaboración en el Departamento de Biología Celular. Quería ver si la investigación era lo mío, así que me integré mucho en el Departamento, especialmente en uno de los ámbitos de estudio, el sistema nervioso y visual. Y confirmé que sí, que eso era lo mío.

Para tu tesis te centraste en el sistema visual de los peces. ¿Por qué?

Hice la tesis también en este Departamento, que tenía una de sus líneas de investigación sobre este tema. La tesis se tituló ‘Estudio ultraestructural de la retina y el nervio optico de un teleósteo en procesos de degeneracion y regeneracion’. Los peces tienen un sistema nervioso muy particular y curioso, se pasan la vida sumando neuronas y su ojo está siempre evolucionando, creciendo. Durante mi tesis descubrimos que, aunque elimináramos las células madre de la periferia de la retina, fuente conocida de suministro de nuevas células al sistema visual, el sistema nervioso de los peces encontraba otras maneras de continuar aportando neuronas en las retinas.

¿Trabajabas ya con una de tus grandes pasiones, la microscopía electrónica?

Todo este estudio de regeneración visual en peces lo hacíamos con herramientas de microscopía electrónica, sí. Fue entonces cuando se convirtió en uno de mis ámbitos preferidos.

Conchi Lillo, en un momento de su primera charla en Naukas Bilbao, en 2016 (foto: Xurxo Mariño).

Estabas muy enfocada en investigación, pero también tomaste el camino de la docencia. ¿Cómo fue?

La verdad es que investigando estaba muy a gusto, entendí que era lo mío, y nunca me vi como docente. La vida te lleva a veces por caminos que en principio no eliges, pero en los que al final también te sientes cómoda. Me fui de España a principios de siglo y estuve varios años en California, en La Jolla, haciendo sólo investigación, y a la vuelta logré un contrato Ramón y Cajal, por lo que seguía pensando sólo en la investigación. El caso es que, al acabar los 5 años de contrato Cajal, en mi universidad [Salamanca] salieron plazas para profesora. Era el año 2011, estábamos en plena crisis, no era fácil el camino de la investigación y mucha gente que conocía dejó el mundo de la ciencia. Aunque no lo tenía previsto, oposité y saqué la plaza de profesora titular.

Desde entonces ha dado clase a farmacéuticos (Biología en primer curso) y biólogos (también en primer curso, con la asignatura de Citología, en la que explicamos la estructura celular basándonos en la microscopía electrónica); también doy clases en el Máster en Trastornos de la Comunicación, que está centrado en comprender los problemas neurológicos que provocan que las personas pierdan capacidades comunicativas y en el que imparto una asignatura centrada en los problemas visuales. La verdad es que puse mucho trabajo y empeño en sacar la plaza, pero la verdad es que fui afortunada, porque eran años difíciles y estuve en el lugar adecuado en el momento idóneo. La suerte hay que buscarla…

Ya como profesora universitaria, también encontraste también tu lugar -lugares, de hecho- como investigadora.

Empecé a simultanear investigación y docencia. Durante los años que pasé en California se gestó en Salamanca el Instituto de Neurociencias de Castilla y león (Incyl), pero al principio no tenía espacio físico, era un proyecto virtual. Poco antes de mi vuelta se consolidó ya con una estructura y un edificio propios. Cuando llegué de nuevo a España uno de los Departamentos del Incyl, que surgió como un Instituto universitario dependiente de mi universidad, me acogió. De forma paralela surgió el Instituto de Investigación Biomédica de Salamanca (Ibsal), que dependía del Hospital de Salamanca, del que también entré a formar parte en uno de sus grupos de investigación.

Investigación básica e investigación clínica de la mano…

Efectivamente, pude unir un poco la investigación básica que hacíamos en el Incyl y la investigación más clínica del Servicio de Oftalmología del Hospital. Son dos entornos diferentes pero muy complementarios: tener clínicos implicados en ciencia básica y científicos ligados a la Medicina es muy satisfactorio.

¿Cómo explicarías a qué te dedicas?

Me dedico a la investigación del sistema visual y las enfermedades que lo dañan: estudio los ojos. Estoy centrada en problemas de ceguera y, sobre todo, en dos patologías: la Degeneración Macular Asociada a la edad (DMAE), que es una enfermedad degenerativa de la zona central de la retina, y la retinosis pigmentaria, que agrupa a un conjunto de enfermedades genéticas que dañan la retina y provocan pérdida progresiva de visión. En cierto modo, me centro en problemas irreversibles. No trabajo directamente con pacientes, aunque sí colaboro con médicos que lo hacen; mis investigaciones las hago en el laboratorio, con modelos celulares [investigación in vitro], y con animales. Aunque no trabajo directamente con ella, entre mis intereses también está la optogenética, una disciplina relativamente nueva que combina estudios genéticos y ópticos para comprender mejor el funcionamiento de los sistemas biológicos y buscar soluciones a, por ejemplo, enfermedades neurodegenerativas.

¿Cuál es la línea de investigación en la que más centras tu trabajo?

Una de nuestros ámbitos de estudio más destacados consiste en cultivar en laboratorio células del epitelio pigmentario, la capa más externa de la retina, e imitar en ellas lo que las enfermedades como la DMAE provocan realmente en los pacientes. Se trata de estudios que llamamos in vitro, que hacemos en el laboratorio en un ambiente controlado fuera de los organismos vivos. Aunque menos, también trabajo con modelos animales, en los que también tratamos de imitar la enfermedad para avanzar en su curación y luego poder probar posibles tratamientos en pacientes.

En los últimos años también trabajas con CRISPR, que está abriendo todo un mundo de posibilidades a la Biomedicina. ¿Cómo ves el futuro a corto plazo de esta herramienta?

CRISPR-Cas, la tecnología de edición genética, permite modificar genes y variar su función. Nuestro equipo la está aplicando en el epitelio pigmentario. CRISPR es uno de los mayores hallazgos biomédicos del siglo y es una tecnología muy prometedora, pero por el momento está más centrada en enfermedades provocadas por defectos en un solo gen, como las enfermedades raras.

Conchi Lillo, con algunos componentes de su laboratorio de investigación.

Siempre te has sentido muy cerca de la comunicación científica. ¿Cómo entiendes esta faceta?

Desde que empecé a investigar me di cuenta de lo importante que eran la comunicación y la divulgación. Lo primero, lo básico, quería que me entendieran, que la gente supiera qué hacía y para qué. Tuve la suerte de conectar con las personas que trabajaban en el Departamento de Comunicación de la Universidad y me decían que se me daba bien, que explicaba muy bien las cosas y trasladaba los mensajes de forma muy sencilla y comprensible. Además, tanto en la universidad como en los centros de investigación me di cuenta de que entre las personas que hacíamos ciencia había un déficit en temas de comunicación, y decidí unirme con más gente para impulsar talleres, charlas… Enseguida vimos que eran actividades muy satisfactorias, y confirmé que la divulgación me gustaba mucho y que me apetecía dedicarle tiempo.

La ciencia, si no se cuenta, pierde mucho…

Comprendiendo la importancia de la comunicación entendí también la necesidad de hacer saber que la ciencia y la investigación son necesarias, y de ahí a la divulgación. Además, yo creo que quienes hacemos ciencia debemos devolver a la gente al menos parte de lo que nos da con sus impuestos. Creo que debemos esforzarnos más para que la sociedad valore la ciencia y la investigación, porque muchas veces nos quedamos en nuestros laboratorios, nuestras publicaciones y nuestras clases. Tenemos que poner más de nuestra parte para que se entienda que necesitamos apoyo y financiación para que haya más y mejor ciencia. Si nos financia la gente creo necesario que expliquemos en qué trabajamos y por qué es importante.

¿Debe ser obligatoria la divulgación?

Sin obligar a cosas concretas, creo que todos tenemos que poner nuestro granito de arena. Tengo mucho debate sobre este tema con muchos colegas, porque hay quienes creen que comunicar y divulgar no es tan importante; incluso aún hay personas que lo ven una molestia o una pérdida de tiempo. Estos casos van disminuyendo y vamos avanzando para bien. Por otro lado, en los proyectos de investigación nacionales y europeos cada vez se pregunta más de forma explícita cómo se van a divulgar a la sociedad los resultados concretos de ese proyecto. Como esto supone ya un apartado más dentro de la evaluación de proyectos, la gente va considerando más la necesidad de la divulgación, aunque es cierto que puede ser que lo hagan por cumplir con una obligación del proyecto y no tanto por convicción. Con esta situación se fomenta un debate interesante: ¿es esta obligación beneficiosa para la divulgación de la ciencia o no?

En todo caso, se nota mucho, y para bien, el trabajo de los Departamentos de Comunicación, de las Unidades de Cultura Científica e Innovación, la relación con los medios… Desde hace años casos como el de Naukas, y muchos otros ejemplos, están haciendo muy buena labor divulgativa.

¿Cómo conociste Naukas?

Gracias a uno de mis compañeros en el Departamento, José Ramón Alonso. Yo hacía ya muchas cosas de divulgación, en Salamanca me conocen por meterme en todo tipo de fregados y organizar mil saraos. José Ramón, que fue mi profesor antes que compañero, me dijo que por qué no colaboraba con Naukas. Poco después me llamó Javier Peláez para ver si quería participar en el Naukas Bilbao de 2016. No me lo pensé mucho y allí que fui, con la charla “¿Perdemos el sentido cuando perdemos los sentidos?”. Desde entonces sólo he faltado en la edición de 2017.

Una curiosidad: Naukas comenzó siendo una plataforma de blogs, y creo que tú nunca has escrito uno. ¿Alguna razón en particular?

Mi relación con Naukas siempre ha sido con charlas en directo, que es lo que más me gusta, también es normal porque llegué cuando Naukas Bilbao ya estaba bastante consolidado. Nunca he tenido un blog, es cierto. ¿Por qué? Creo que hay que dedicarle mucho tiempo y creo que no lo tengo. Un blog obliga mucho y, aunque nunca se sabe, hoy por hoy no lo veo. Hay muchos colegas que tienen más capacidad que yo para hacer mil cosas, como Gemma del Caño y Marian García, José Manuel López Nicolás, Carlos Briones, Clara Grima, el propio José Ramón… Además de investigar y dar clases hago mis pinitos en gestión, ya que soy la directora del Servicio de Microscopía en el hospital, lo que me obliga a tratar temas de gestión científica y sanitaria. Creo que no doy para mucho más…

¿Es Twitter tu red social favorita para divulgar?

En Twitter estoy muy a gusto. Empezó como un mero entretenimiento, pero vi que era un canal para llegar a más gente, y a gente distinta. En todo caso, lo que más me gusta son las charlas, la divulgación en directo, y los talleres en colegios, porque creo que los niños y niñas son uno de los públicos más importantes para dar a conocer la ciencia. También me muevo mucho en el medio rural, y creo que también es algo muy satisfactorio. Soy de las que creen que debemos hacer ver a los niños y los adolescentes que la ciencia está en todas partes, y que conocerla les puede ser muy útil en su día a día.

¿Cómo ves la situación actual de la divulgación científica en España?

Está evolucionando para bien. Igual que la comunicación científica, está en muchos más sitios: Unidades de Cultura Científica, medios de comunicación, eventos, libros… Hay mil cosas que se pueden hacer para divulgar. Lo que necesitamos es no estancarnos, que este crecimiento no pare y se consolide del todo, con nuevas fórmulas, nuevos públicos… Que la divulgación esté en los medios de comunicación es fundamental. Hay tantos opinólogos que las personas que sabemos de ciencia, no sólo científicos, debemos implicarnos para hacer llegar bien los mensajes. Y tenemos que conseguir que se valore nuestra presencia, tirando de fundamentos.

Con una maqueta de un ojo, explicando el funcionamiento del sistema visual en uno de sus vídeos divulgativos.

¿Qué papel está jugando la pandemia en el progreso de la divulgación científica?

La pandemia está siendo una buena piedra de toque, quizá demasiado extrema. Tenemos que aprovechar que hay más interés, incluso necesidad, de comprender la ciencia. Hay mucha gente divulgando, y muy bien, pero también casos en los que no siempre habla quien debería o sobre lo que debería. A mí me paso: Empezaron a llamarme para hablar sobre el virus y la COVID-19 y dije que no, que yo no sabía de eso y que había gente más experta e interesante que yo para hacerlo. ¿Para qué hablar y opinar tanto de algo que no es lo tuyo? Hay que decir más veces que no, no pasa nada por hacerlo. Teníamos que haber tenido más frenos, aunque entiendo que haya gente que crea que puede aportar y que siempre se muestre disponible, pero no se puede ni se debe llegar todo, ni estar en todos los fregados. Y hay otro efecto de la pandemia que nos afecta a casi todos: tuve un momento que tuve que dejar de leer sobre ella. Estaba hastiada de tal bombardeo de información, datos, debates y opiniones.

Además de tu ámbito de trabajo, ¿hay alguna otra cuestión sobre la que te guste hablar?

Yo divulgo sobre lo que sé, que es la neurociencia, el sistema nervioso y visual, y la microscopía electrónica. Me gusta mucho disfrutar del retorno que permite la divulgación científica. También me gusta hablar de la ciencia general y de su importancia, de la necesidad de apoyarla. Y trabajar en divulgación con otras personas que hacen cosas distintas a la mía; a veces me he asociado con gente que sabe para unir mis campos con otros como la botánica, la audición, la neurología… Durante la pandemia ha habido una idea en la que me he centrado mucho: hay ciencia y sanidad más allá de la COVID-19. Es algo que la gente no debe olvidar, porque hay muchas otras prioridades que han quedado atrás.

¿Es la divulgación una vía para que la ciencia gane enteros en España, o es al revés: la ciencia debe tener más peso y relevancia para que la divulgación triunfe?

Lo primero es que la sociedad conozca la ciencia y tenga posibilidad de comprenderla, para que pueda valorarla. Una vez esto suceda, creo que la gente será consciente de que es muy necesaria y de que hay que pelear por ella, por la financiación y por los recursos. Sin más interés social la realidad de la ciencia no va a mejorar. Ahora estamos ante una gran oportunidad, porque la gente lo está pidiendo, aunque tanto ruido no ayuda. Sabemos que España no está en los primeros puestos de la carrera científica, pero estamos en ese punto de posibilidad de subir. Sólo con inversiones puntuales no será suficiente, para que esta tendencia positiva actual se mantenga la sociedad debe estar detrás reclamándolo. En España ya hacemos mucho con poco, y creo que es el momento de que podamos hacer más con más. Hoy día la gente se va porque fuera le ofrecen mejores condiciones, pero es que se van muy bien formados porque España en eso es muy buena. Generamos, pero no somos capaces de consolidar. Con toda esta situación, la divulgación es importante para llegar a más gente y llevar los mensajes adecuados, generar interés y despertar conciencias. Si queremos mejorar creo que tenemos que asentar la idea de que la divulgación es obligatoria, casi imprescindible.

Susana Escudero, Javier Pedreira (Wicho) y Conchi Lillo como ganadores del Premio Tesla de divulgación 2021


Por Colaborador Invitado, publicado el 29 septiembre, 2021
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