La vida, ante la mirada del mundo

Por Alfonso Araujo, el 6 mayo, 2022. Categoría(s): Antropología • Ciencia ficción • Cine • Curiosidades • Tecnología
The Truman Show

Quien pierde su privacidad lo pierde todo; y aquél que renuncia a ella de forma voluntaria es un monstruo.

Milan Kundera (La insoportable levedad del ser)

La ciencia ficción es uno de los estilos literarios más fascinantes porque nos pone a atisbar e imaginar lo desconocido. Más aún: nos puede poner frente a lo que podría ser en el futuro, dado lo que hoy sabemos. Y finalmente, en sus mejores momentos la ciencia ficción nos pone frente a nuestra naturaleza y nuestra esencia, y nos cuestiona cosas fundamentales acerca de cómo entendemos el mundo.

La ficción “clásica” puso temas en la mesa que aún hoy seguimos explotando: la tecnología de los viajes y la exploración. En la segunda mitad del s. XIX Julio Verne nos propuso ir a la Luna, a las profundidades del mar y al centro mismo del planeta. El asombro de la química hizo que H.G. Wells nos diera al Hombre Invisible en 1897 y por las mismas épocas empezamos a imaginar, gracias a los avances en la tecnología mecánica, a robots humanoides que pudieran un día tomar conciencia de sí mismos.

Los temas de exploración, máquinas inteligentes, y extrapolaciones de los avances en química y medicina, son los que han dominado en la ciencia ficción durante casi toda su historia.

Pero hay otro tema que si bien en los albores de la literatura y el cine fue poco explotado, ha ido tomando más y más relevancia: las telecomunicaciones, la información y su manipulación.

 

Distopías tempranas

Una vertiente muy rica de la ciencia ficcion es la distopía, que es imaginar una tiranía típica, pero con el uso extenso de las nuevas tecnologías que vamos desarrollando.

Todas las distopías se basan en eso: monitoreo y control absoluto de la población, que devienen totalitarismos a los cuales la humanidad nunca se ha enfrentado, pues jamás habían existido medios como los actuales, que puedan infiltrar hasta el último hogar, todo el tiempo.

Ya películas como la rusa Aelita (1924) y la alemana Metropolis (1927) mostraron distopías de control absoluto de la población, aunque en ese momento se representaban como esclavos mecanizados. Pocos años más tarde, las famosísimas obras Un Mundo Feliz (1932), 1984 (1949) y Farenheit 451 (1953) introdujeron el concepto de “Big Brother” en constante observación de las actividades y los pensamientos de la gente a través de video, y un control “suave” a través del adoctrinamiento, el monitoreo masivo, las drogas, el control del lenguaje y el entretenimiento.

Estos temas han persistido en las obras modernas que muestran posibles distopías, pero hay un tema que ha tomado más fuerza (el entretenimiento) y otro tema absolutamente nuevo: el exhibicionismo voluntario.

 

Distopías modernas

En las obras clásicas referidas, el monitoreo de la población se hace, digamos, a la fuerza. Cierto que la población es adoctrinada desde la infancia a ver como natural y hasta deseable la ausencia de privacidad, pero podemos considerarlo como una forma pasiva.

El nuevo elemento que tenemos en nuestras distopías modernas es la forma activa de renuncia a la privacidad, y con frecuencia acompañado de un factor de entretenimiento.

En los últimos 10 años ha habido una explosión de novelas y películas basadas en este tema: el exhibicionismo activo a través de los medios electrónicos, en el que principalmente personas jóvenes desnudan su vida y sus datos, o bien participan en retos y juegos que son vistos por todo el mundo.

Ni los maestros de la literatura distópica clásica imaginaron este escenario, que es en verdad sorprendente por la velocidad pasmosa con la que nos hemos acostumbrado a él.

Hay dos hitos que podemos mencionar. Primero, The Real World: el primer reality show verdaderamente comercial, producido por MTV (1992) que devino en el mucho más exitoso Big Brother (2000), base de los cientos de programas similares que han seguido. Big Brother fue un escándalo mayúsculo cuando salió al aire, con innumerables críticas deplorando su objetivo de hacer virtud de la siniestra premisa de 1984. Pero no pasaron dos años cuando el fenómeno ya había sido normalizado y a dos décadas, apenas nos hace parpadear.

El segundo hito fue The Truman Show (1998), que inauguró exitosamente la crítica a este nuevo fenómeno de monitoreo/entretenimiento. En la película, el protagonista no está consciente de su situación y se rebela al conocerla, pero éste no es siempre el caso en este tipo de historias:

 

Los pioneros

Ya sabemos que casi cualquier tema de ciencia ficción moderno lo podemos encontrar en algún capítulo de The Twilight Zone, y éste no es la excepción: el episodio Special Service (1989), es prácticamente la misma premisa que The Truman Show, aunque al descubrirlo el protagonista pasa del enojo inicial a la fascinación por saberse una estrella.

Un ejemplo más temprano todavía (quizá el primero) es el corto The Secret Cinema (1966) del escritor/director Paul Bartel. Aquí, la protagonista también es filmada sin saberlo, y sus películas son exhibidas en un teatro secreto al que sólo se puede acceder con una clave.

El tono es mucho más oscuro que los ejemplos anteriores, y de hecho su escena final muestra de forma descarnada la deshumanización y la ambición de quienes objetivizan y luego desechan a la protagonista. El mismo director hizo más tarde un remake para la serie antológica Amazing Stories, en 1985.

 

¿Conclusiones?

No podemos sustraernos a la realidad de nuestras nuevas tecnologías, pero parece aconsejable ver la intensa crítica que la ciencia ficción está haciendo de ellas: sabiendo lo que sabemos hoy, ¿qué puede deparanos el futuro cercano, si simplemente nos dejamos llevar?

Cuestinémonos cómo entendemos la privacidad hoy mismo, y cómo podríamos entenderla (o dejar de entenderla) si permitimos que la tecnología nos tiranice.