Siete fascinantes casos neurológicos del doctor Ramachandran

Hace unas semanas tuve la oportunidad de leer el último libro de V. S. Ramachandran, “Lo que el cerebro nos dice”, publicado por la editorial Paidós. Ya había tenido ocasión de leer otros libros como “Los laberintos del cerebro” y “El mandala del cuerpo” (que no es suyo, pero se centra en su obra), ambos publicados por la editorial “La liebre de marzo” y recomendadísimos. La lectura de la última entrega me dejó tan fascinado que tenía previsto hacer una reseña, pero revisando las páginas recordé que el propio Ramachandran hacía un magnífico avance en la introducción que explica perfectamente de qué va el libro y adelanta los casos de los que hablará. He pedido permiso a Paidós para reproducir aquí ese fragmento íntegramente porque me parece una auténtica delicia de texto. Espero que despierte vuestro interés tanto como despertó el mío. Estos son, en exclusiva para Amazings, siete de los muchos e increíbles casos neurológicos que el doctor Ramachandran abarca en “Lo que el cerebro nos dice”:

• Siempre que Susan mira números, ve cada dígito teñido de su color inherente. Por ejemplo, el cinco es rojo, el tres es azul. Esta afección, denominada sinestesia, es ocho veces más común en artistas, poetas y novelistas que en la población general, lo que da a entender que está ligada a la creatividad de una manera un tanto misteriosa. ¿Podría ser la sinestesia una especie de fósil neuropsicológico, una pista para entender los orígenes evolutivos y la naturaleza de la creatividad humana en general?

Humphrey tiene un brazo fantasma a consecuencia de una amputación. Los miembros fantasma constituyen una experiencia habitual de los amputados, pero en Humphrey advertimos algo inhabitual. Imaginemos su asombro cuando al verme acariciar y dar golpecitos en el brazo de un alumno voluntario siente realmente esas sensaciones táctiles en su fantasma. Cuando ve al alumno acariciar un cubito de hielo, nota el frío en los dedos fantasma. Si ve que el alumno se masajea la mano, ¡siente un “masaje fantasma” que alivia los dolorosos calambres en su mano fantasma! Su cuerpo, su cuerpo fantasma, y el cuerpo del desconocido, ¿en qué lugar de su mente se fusionan? ¿Qué es, o dónde está, su verdadero sentido del yo?

Un paciente llamado Smith es sometido a neurocirugía en la Universidad de Toronto. Está totalmente despierto y consciente. Se le ha introducido un anestésico local en el cuero cabelludo y se le ha abierto el cráneo. El cirujano le coloca un electrodo en la corteza cingulada anterior, una región cercana a la parte frontal del cerebro donde muchas de las neuronas responden al dolor. Y en efecto el médico es capaz de encontrar una neurona que se vuelve activa cada vez que pincha la mano de Smith con una aguja. Pero lo que ve a continuación lo deja estupefacto. La misma neurona se activa con el mismo vigor cuando Smith solo “mira” a otro paciente que recibe pinchazos. Es como si la neurona (o el circuito funcional del que forma parte) estuviera estableciendo lazos de empatía con otra persona. El dolor de un desconocido se convierte en dolor de Smith, casi de forma literal. Los místicos hindúes y budistas afirman que no hay diferencias esenciales entre “yo” y “otro”, y que la verdadera iluminación viene de la compasión que disuelve esa barrera. Yo antes creía que esto era una superchería bienintencionada, pero el caso es que aquí hay una neurona que no sabe la diferencia entre el yo y el otro. Nuestro cerebro, ¿tiene un cableado duro excepcional para la empatía y la compasión?

Se pide a Jonathan que imagine números, y él siempre ve cada número en una ubicación espacial concreta delante de él. Todos los números del 1 al 60 están dispuestos de forma secuencial en una línea de números virtuales que aparece minuciosamente retorcida en un espacio tridimensional, incluso doblándose sobre sí misma Jonathan llega a afirmar que esta línea retorcida le ayuda a efectuar las operaciones aritméticas (curiosamente, Einstein solía decir que veía números en el espacio). ¿Qué nos dicen casos como el de Jonathan sobre nuestra extraordinaria facilidad con los números? La mayoría de nosotros tenemos una vaga tendencia a imaginar los números de izquierda a derecha, pero ¿por qué Jonathan los retuerce y los deforma? Como veremos, se trata de un llamativo ejemplo de una anomalía neurológica que no tiene sentido alguno salvo en términos evolutivos.

• Un paciente de San Francisco está cada vez más enloquecido, pero empieza a pintar cuadros inquietantemente bellos. Su cerebro dañado, ¿ha desatado de algún modo un talento oculto? En el otro lado del mundo, en Australia, un típico universitario voluntario llamado John está participando en un experimento inusual. Sentado en una silla, lleva puesto un casco que le envía pulsos magnéticos al cerebro. Algunos de los músculos de la cabeza se contraen involuntariamente debido a la corriente inducida. Lo más asombroso es que John empieza a realizar dibujos preciosos —a veces dice que antes no era capaz de hacerlo—. ¿De dónde salen estos artistas interiores? ¿Es verdad que la mayoría de nosotros “usamos solo el 10 % del cerebro”? ¿Tenemos cada uno dentro un Picasso, un Mozart, un Srinivasa Ramanujan (un prodigio de las matemáticas) a la espera de ser liberado? ¿La evolución ha reprimido nuestros talentos interiores por alguna razón?

• Hasta su apoplejía, el doctor Jackson era un destacado médico en Chula Vista, California. Después le ha quedado paralizado parcialmente el lado derecho, pero por suerte solo ha resultado dañada una parte pequeña de la corteza, la sede cerebral de la inteligencia superior. Sus funciones mentales superiores están en gran medida intactas: comprende casi todo lo que se le dice y puede mantener una conversación razonablemente bien. Mientras exploramos su mente con diversas preguntas y tareas sencillas, surge la gran sorpresa cuando le pedimos que explique el proverbio “no es oro todo lo que reluce”:

—Significa que solo porque algo sea brillante y amarillo no va a ser forzosamente oro. Puede que sea cobre o alguna aleación.

—Ya —digo—, pero ¿tiene además algún significado más profundo?

—Sí —responde—, significa que has de ir con cuidado cuando vas a comprar joyas; a menudo te estafan. Supongo que se podría medir la gravedad específica del metal.

El doctor Jackson sufre un trastorno que denomino “ceguera a la metáfora”. ¿Se deduce de esto que el cerebro humano ha desarrollado un “centro de la metáfora”?

Jason es un paciente de un centro de rehabilitación de San Diego. Antes de ser visitado por mi colega el doctor Subramaniam Sriram, ha estado varios meses en un estado semicomatoso llamado mutismo acinético. Jason está postrado en cama, y es incapaz de andar, reconocer o interaccionar con personas —ni siquiera con sus padres—, aunque está totalmente alerta y a menudo sigue con los ojos a la gente de alrededor. Pero si su padre se va a la habitación de al lado y le telefonea, Jason es plenamente consciente en el acto, reconoce a su padre y conversa con él. Cuando el padre regresa a la habitación, Jason vuelve enseguida al estado de zombi. Es como si en su cuerpo hubiera dos Jason atrapados: uno conectado con la visión, que está alerta pero no consciente, y el otro conectado con la audición, que está alerta y consciente. Estas misteriosas idas y venidas de la personalidad consciente, ¿qué podrían revelar sobre como genera el cerebro conciencia de uno mismo?

Estas fantasmagóricas historias breves acaso nos recuerden a Edgar Allan Poe o Philip K. Dick. Sin embargo, son todas ciertas, y constituyen solo algunos de los casos que aparecen en este libro. Un estudio a fondo de estas personas puede ayudarnos no solo a determinar por qué se producen estos síntomas extraños, sino también a entender las funciones del cerebro normal —el del lector y el mío—. Quizás algún día lleguemos incluso a responder a la pregunta mas difícil de todas: ¿cómo da origen el cerebro humano a la conciencia? ¿Qué o quién es este “yo” dentro de mí que ilumina un diminuto rincón del universo mientras el resto del cosmos sigue su curso indiferente a cualquier preocupación humana? Estamos ante una cuestión que se acerca peligrosamente a la Teología.

V. S. Ramachandran | “Lo que el cerebro nos dice”, editorial Paidós, 2012

Si te has quedado con ganas de más, lee el artículo de Biotay “La anosognosia de Nora”.


19 Comentarios

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gatameigagatameiga

Apasionante y a la vez escalofriante.
Resulta muchas veces temible pensar que todo lo que somos, esa complejidad que nos hace ser humanos, y más allá de humanos, nosotros mismos en una definición única de cada uno, de nuestra individualidad, puede ser a menudo, tan fácilmente trastornada por fenómenos que no podemos controlar.
No somos intocables, como personas, como entidad, más allá de la integridad física de nuestro cuerpo (Que también comprende el cerebro que nos hace ser tal cual somos), somos débiles, frágiles ante nuestro ambiente.
Más que perder un brazo, o una pierna, me resulta más escalofriante pensar en perderse a uno mismo. Seguir en el mismo cuerpo, realizar las mismas acciones, e incluso tener recuerdos vívidos, pero haber dejado de ser quien fuiste en un pasado, sustituido por tu propio cerebro, siendo alguien que ya no reconoces.

Manuel

Muy interesante, me haré con ese libro, sinceramente no conocía a V. S. Ramachandran.
Me han venido a la cabeza los libros de Oliver Sacks, con temática muy parecida (de hecho un par de los casos que mencionas han sido tratados por Sacks).
Sacks es un neurólogo de gran prestigio, famoso por una de sus experiencias clínicas llevada al cine con el título de “Despertares”. Posteriormente se ha dedicado a estudiar los fenómenos neurológicos más extraños. Os recomiendo libros como “El hombre que confundió a su mujer con un sombrero” y “Un antropólogo en marte”

Saludo

PoldetePoldete

Yo también acabo de terminar un libro Sacks y me parece que éste que recomienda Aberron es perfecto para seguir aprendiendo.
Saludos,

Konamiman

Qué curioso. Yo desde muy pequeño, y por alguna razón que desconozco, asocio las vocales con colores específicos: A = rojo, E = verde, I = amarillo, O = marrón, U = negro. ¿Significa esto que soy “sinestésico”?

MarcelinoMarcelino

A mi exactamente con vocales no me pasa pero si relaciono otros conceptos con otras “cosas” de todo tipo

Creo que es una especie de asociación por muchos motivos, quizas tu cabeza haya encontrado relaciones entre la E y que verde la contiene 2 veces,
la I con por contenerla el amarillo así como el marrón la o. Luega las otras 2 puede llevar su logica en que la U es la mas oscura de pronunciar, la rara o menos usual, y eso te haga relacionarla con el negro…. y la A con el rojo por la intensidad de los dos y lo presente y principal que es la A.. (esto son divagaciones mias por supuesto) pero quien sabe, quizas nuestro cerebro use asociaciones de cualquier tipo, la escala cromatica y su intensidad relacionada con la presencia de estas vocales en las palabras.. o por su sonido al pronunciarlas….
muy interesante todo esto… :/

MarcelinoMarcelino

Y por cierto, no se si eso significa estrictamente tener sinestesia, pero si creo que cada uno lo tenemos en mayor o menor medida..

Por si te puede aclarar algo, te dejo un par de links que ofrecen test para sinestesia de la universidad de granada,

Aqui te lo explica un poco:

http://www.ugr.es/~sinestes/quieresparticipar.html

Y en este link tienes el test sobre sinestesia Grafema-color, que es lo que comentas que te sucede:

http://ncog.ath.cx/colorpsicker/

MIGUELMIGUEL

Hay neurólogos que dicen que todos tenemos un cierto grado de sinestesia, pequeño en la mayoría de la gente. Por ejemplo:

Te dicen que hay dos figuras, una con pinchos y otra redonda y lisa; por otra parte hay dos nombres, kiti y bobo. Ahora asocia cada nombre con la figura que crees que le corresponde.

La [b] gran mayoría [\b] asocia figura con pinchos-kiti y figura redonda-bobo. ¿Por qué, si no hay nada a priori para llamarle de ninguna manera a las figuras?

el fleael flea

Me parece que parte de este artículo debería venir con la etiqueta de “alerta magufo”.

Manuel

Tienes razón pero no lo está afirmando, está lanzando la pregunta (supuestamente invitándonos a leer el libro para entender la respuesta).

salu2

daviddavid

jajaja pero que dices? Es por la forma redondeada o puntiaguda de las letras.

ÁngelaÁngela

Este libro tiene muy buena pinta. Supongo que ya lo conoceréis pero hay un libro que trata temas parecidos llamado “El hombre que confundió a su mujer con un sombrero” El título viene por un hombre que tenía un trastorno tan grave en la percepción que en ocasiones en donde había, por ejemplo, una zapatilla, el veía unas tijeras, de manera que para teber certeza de qe cosas tenía delante debía tocarlas.

Un saludo,

Manuel

Ángela, no has leido mi comentario ¿verdad? 🙂 🙂 🙂

Veo que tú también lo has leído. Ese caso era muy interesante, me parece que se llamaba “agnosia visual”

salu2

GuillermoGuillermo

Se me ocurren tantas preguntas…
Susan… Como ve las combinaciones de números “51” es un color entre el del 5 y el del 1… Es solo cuando ve los dígitos o cuando viasualiza “5 unidades de algo” mentalmente?’.
Humprey… No pasa lo mismo con personas que SI tienen el brazo?. Es decir ¿Si pinchan a alguien… a mi también me impresiona, incluso físicamente… y tengo los dos brazos … supongo que con un poco mas de sugestión (inducida o no)… ya me entendeis.
Johnatan.. no lo entiendo muy bien. Einstein no sé si vería números… pero en sus matemáticas… je je no hay muchos “numeros” (me temo).

Smith … un poco lo de Humprey… y claro que habrá alguna “neurona” que no sepa si eso le pasa a otra persona o a mí… es el “conjunto” el que cuenta. no me parece tan sorprendente.

El pintor… la belleza no está en el autor sino en quien lo observa… en sus criterios. Un cuadro de un “alucinado” puede resultar bello a algunas personas por lo diferente por lo “radicalmente diferente”, simplemente por eso.

lo del 10%… pues eso… ¡Alerta!

Lo de la ceguera a las metáforas… las metáforas se captan o no, en función de tus propios recuerdos y asociaciones de ideas. No me parece tampoco demasiado sorprendente… tras un incidente cerebral. Otra cosa es que no lo entienda tras explicársela… ¿O si?.

El último caso… ese si que me sorprende. Lo que nunca nadie explica en estos casos sorprendentes es… como el “paciente” analiza, interpreta la situación.
Me explico, Jason sabe que ha hablado con su padre.. NADIE le pregunta por teléfono qué le pasa?.. O es que no es tan “dicotómica” la situación como se describe (zombie / no zombie)?.

Me he debido levantar hoy con las gafas de aumento escéptico puestas.

MarcelinoMarcelino

“Me he debido levantar hoy con las gafas de aumento escéptico puestas”

jajaja me ha hecho mucha gracia eso ultimo!

Yo también me cuestiono la relevancia de algunas de las cuestiones que trata, creo que algunos de los casos que comenta en el texto pueden deberse a muchas cuestiones que no creo sean tan tan… radicales en la incógnita que el autor plantea, claro que no dejan de ser intrigantes e interesantes!

LaertesLaertes

¡Ay! ¡Qué daño me ha hecho lo de “cableado duro”! ¿Quién ha traducido eso? ¿No conoce la palabra “innato”?

titowtitow

Hablando de kinestesia ¿Es normal que yo al percibir un evento sin ningún tipo de sonido (aún cuando éste normalmente lo tenga) mi cerebro “fabrique” o recree los sonidos faltantes?…Por ejemplo, ver la TV o jugar algún videojuego sin volumen, inhibir mi audición en una situación real, etc…

Siempre pensé que era normal, hasta que supe la existencia de la kinestesia, sin embargo esta es la primera vez que se lo cuento a alguien.

Saludos 😀

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